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LOS MÉTODOS UTILIZADOS POR LOS GRANDES EDUCADORES CATÓLICOS

31 de agosto de 2012

San José de Calasanz

San Juan Bosco, San Juan Bautista de la Salle, y San José de Calasanz, son, sin duda de los más grandes exponentes de la educación católica de la niñez y de la juventud.

Un hijo espiritual de Don Bosco, el Padre Ricaldone, decía acerca del llamado «Sistema Preventivo de Don Bosco»: «lo único que Don Bosco escribió fue un tratadito de unas cuantas páginas, pero él mismo era el sistema en acción. ¡La misma conducta de Don Bosco era el desarrollo de aquello que después enseñaba». De aquí se ha dicho de Don Bosco: «El Sistema Preventivo hace bueno al alumno porque primero hace bueno al educador».

Don Bosco lo entendía muy bien y por eso gustaba de repetirles a sus hijos: «Yo les soy de ayuda mientras esté con Dios; ¡Ay de mí si me apartase de Él! Más que una ayuda les sería un estorbo».

«La educación es el educador» gustan decir los estudiosos modernos. La filosofía lo señala repetidamente: «todo agente hace algo semejante a sí mismo» y se ha convertido en una frase popular: «nadie da lo que no tiene». Esta verdad incontrovertible encuentra su perfecto ejemplo en Nuestro Señor Jesucristo de quien nos dice el evangelista: «que empezó a hacer y enseñar». Primero hay que que empezar a hacer en uno mismo, para después poder comunicarlo a los demás.

Don Bosco

Esta verdad, que todos conocemos y entendemos, es frecuente que no la llevemos a la práctica. Los santos, en cambio, la realizaron plenamente. Así hizo San Ignacio de Loyola, quien leyendo la vida de N. S. J. C. y de los santos, entendió que «los verdaderos reformadores son aquellos que se reforman a sí mismos primero», y de ahí el ánimo decidido que lo lleva a exclamar: «Si ellos pudieron, ¿Porqué no yo?» San Agustín empezó su conversión, en el momento en que, invitado por unos amigos, fue a ver a San Ambrosio de Milán. Ni siquiera pudo hablar con él, simplemente lo vió mientras San Ambrosio hacía su lectura espiritual. ¿Que fue lo que vió San Agustín? No lo sabemos, pero eso le bastó para salir decidido a «llegar a ser como ese hombre».

De modo que estudiar un sistema educativo, es estudiar al hombre que lo pensó y el modelo de hombre que se tiene como meta, como ideal. Es importante no perder esto de vista, el sistema educativo que la Iglesia ha enseñado tiene como principio al mismo Dios hecho hombre, y tiene como finalidad, reproducir esos mismos rasgos de Cristo en cada uno de nosotros, los cristianos.

De ahí que se hable del método que utilizó San José de Calasanz, San Juan Bautista de la Salle, San Juan Bosco, San Carlos Borromeo, y que producen frutos como Domingo Savio, Santa María Mazarello, San Ceferino Namuncurá, Beata Laura Vicuña y otros tantos, innumerables, de los que sólo nos enteraremos en el cielo.

Santos que educan y producen santos, ese es el ideal que nuestra Iglesia nos propone. Es el Dios tres veces santo, quien le enseño a la Santa Madre Iglesia cual es el camino y los instrumentos para que sus hijos alcancen la perfección humana que engloba todas las demás perfecciones y las sobrepasa: la santidad. Mucho se habla de los DISTINTOS sistemas de educación  que existen y han existido siempre. Totalmente distinta era la educación como la concebían los espartanos a como la pensaban los romanos. Ya en el mundo antiguo se preferían a los educados en ciertas cortes reales (Egipto, Constantinopla, Milán) por sus condiciones particulares. Con la llegada del Cristianismo, la educación encuentra su coronamiento, ya no se trata sólo de hacer hombres, se trata de forjar hombres hechos a imagen y semejanza de Dios, y que, por lo tanto, debe tener rasgos propios  y características que señalen su linaje divino. Se trataba, antes, de educar a los hijos y ahora se trata de educar a los «hijos de Dios».

Aquí hace falta una aclaración importante. Alguno podría pensar: Enfocar así la educación ¿no es coartar, limitar la perfección de un sólo ámbito de la vida? ¿dónde dejan la cultura, la ciencia, el arte, etc.? Es una objeción típicamente liberal, que considera al hombre NO como un todo SINO como un conjunto de aspectos distintos que apenas guardan relación mutua. Hay que traer aquí el principio y fundamento de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio. «El hombre está hecho para conocer, amar y servir a Dios en esta vida y gozarlo en la otra». De aquí resulta que el hombre que está en buena relación respecto a Dios, está cumpliendo toda su finalidad propia, toda su razón de ser, y es en éste ámbito de paz y amor con Dios que el hombre se encuentra en pleno desarrollo de sus distintas facultades. La cultura, la ciencia, y el arte tienen su máxima expresión y perfeccionamiento en el desarrollo que de ellas hace un hijo de Dios. Un santo no es un hombre incompleto, o limitado; un santo, un verdadero hijo de Dios, es el modelo del hombre perfecto, dueño de sí mismo, de lo que le rodea, a imagen de N. S. J. C. verdadero Dios y hombre perfecto. ¡No!, no hay que olvidarlo nunca, la santidad es el verdadero humanismo. Y se puede ver bien, el caso contrario: un hombre dado a la ciencia, al arte o a la cultura, pero que no guarda ninguna relación con Dios puede mostrar su genialidad en ciertas ocasiones, como «chispazos» pero nunca podrá ser reflejo continuo y acabado de quien es la Luz Eterna. ¿Eso es un bien hombre? ¿Un hombre que supo hacer de todo, pero que no supo salvar su alma? Bien lo canta el genio español: «Al final de la jornada, se verá la verdadera ciencia: pues el que se salva; SABE y el que se condena, ese NO SABE NADA».

Así que la perfección en la educación es el hacer hijos de Dios, trabajo primeramente, de Dios mismo quien por medio de su gracia, nos comunica su misma vida divina y nos hace verdaderos»hijos de Dios y herederos de la gloria». Y así la parte «humana» de la educación es secundar la acción de dicha gracia en el alma del hombre, allanándole el camino y permitiendo que alcance toda su perfección y desarrollo.

Como se puede ver, el tema da para mucho, bien se podría hablar  de cada uno de estos aspectos que van apareciendo pero sería para «gentes mayores». Aquí parece bueno hablar de ciertos aspectos característicos que son comunes a todos los distintos santos que se han dedicado a la educación para intentar ver en ellos un reflejo del Maestro Bueno que bajó de los cielos para hacernos Hijos de Dios.

Hasta aquí la primera parte.

4 comentarios leave one →
  1. josé mª ribé permalink
    31 de agosto de 2012 6:27 AM

    Perdón, pero el nombre del santo es: San José de Calasanz.

  2. Jose de Jesus Monroy Figueroa permalink
    31 de agosto de 2012 7:03 AM

    En esencia los seres humanos llevamos la semilla de la santidad, nadie, por supuesto, es malo por propia voluntad al nacer, la maldad invade el alma y se transmite al nuevo ser por la propia maldad del mundo en que es recibido al llegar. La iglesia y sus educadores han siempre luchado contra esos demonios, Cristo lo hizo a la perfección creando un ejemplo que sera perpetuo. La educacion Cristiana busca por los caminos del corazon, dulcificar la dureza del frio y materialista conocimiento de las ciencias con la inspiracion en Dios.

    • 1 de septiembre de 2012 1:50 AM

      La semilla que llevamos es el pecado original (y esto es dogma de fe). No por propia voluntad, ciertamente, pero pretender que el mal simplemente está fuera de nosotros que, si no, seríamos santos, no sólo va contra la fe católica, sino que muestra además un enorme desconocimiento de la realidad humana que podemos percibir en nosotros mismos a poco que busquemos.

    • 1 de septiembre de 2012 8:51 PM

      Estimado Sr. Monroy:

      Por medio de la presente, lamento informarle que:
      En virtud de que su forma de pensar no se basa en el Dogma Catolico, sino que son ideas frutos del modernismo y anti-dogmaticas, he de hacerle saber, para su propio beneficio, que en cuanto a sus creencias religiosas, no pertenecen las suyas a la Iglesia Catolica.

      Asi pues, ya sea que suceda solo materialmente o formalmente, porque Vd. realmente tiene fijada su mentalidad en esos principios/ideas, Vd. milita en el campo de los herejes.

      Los Dogmas que Vd. niega en su corta misiva son:
      – El Pecado Original
      – La NECESIDAD de la Redencion
      – «Extra Eclesiam, nulla salus»

      Y eso solo de entrada… Ojala que Vd. tenga a bien, conocer la Fe Catolica para que, reparando sus faltas a la Fe retorne Vd. a la Unica Iglesia Verdadera.

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