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NUEVO SUFRIMIENTO DE LOS CRISTEROS

31 de octubre de 2014

LA GRAN CAMPAÑA

Gral. Eulogio Ortíz

Gral. Eulogio Ortíz

El día 28 de mayo principio en toda forma la campaña. Los cinco mil soldados de Eulogio Ortiz, en combinación con fuerzas de Jalisco al mando de José Ortiz, otro general de la tiranía de que ya se ha hablado, atacaron los campamentos del general Andrés Salazar en Cerro Grande. No fue posible impedir el avance de los impíos; pero se peleó con valentía, principalmente en Campo Cuatro, el día 29.

Bajo el mando inmediato del capitán cristero Leocadio Llerenas se hizo frente al furibundo ataque de las fuerzas enemigas, las cuales, en este encuentro, sufrieron más de ciento cincuenta bajas. Desalojados los cruzados de estas primeras posiciones, se parapetaron, algo más arriba del cerro, sobre un alto corte de la antigua vía del ferrocarril, en donde continuó encarnizada lucha. A rifle y con bombas de mano, hicieron los soldados cristeros, a las mismas filas enemigas de Eulogio Ortiz, nuevo y tremendo destrozo. Los nuestros, por visible y maravillosa protección divina, del todo ilesos, sin tener ni un herido.

El mismo día 29, en Rosa Morada, del mismo Cerro Grande, el teniente coronel Jesús Mejía hizo frente al arrollador empuje de las fuerzas de la persecución, que con ingente número de soldados, artillería y aviones militares, trataban de exterminar a los cruzados.

Ese mismo día, en El Zapote, támbién de Cerro Grande, el mayor Vicente Contreras detuvo, durante corto tiempo, el ataque enemigo del general Eulogio Ortiz.

Al tercer día, o sea el 30, siendo materialmente imposible a los soldados cristeros de la zona oriental de Cerro Grande detener el arrollador empuje de las ingentes columnas enemigas -las venidas del norte al mando de Eulogio Ortiz, las de Jalisco y Colima-, por disposición del jefe de Estado Mayor del general Salazar, general Alberto B. Gutiérrez, evacuaron sus cuarteles, marchando rumbo al Municipio de Coquimatlán, Col., distribuídos en pequeños grupos para mejor defenderse, siguiendo el sistema de guerrillas.

Saldo total de los dos días de combate, en los djversos campamentos de Cerro Grande: de las fuerzas libertadoras, tan duramente combatidas, no hubo sino un herido. De parte de los perseguidores, más de trescientas bajas.

Con esta victoria creyeron los callistas que con igual facilidad tomarían las posiciones del Volcán, pero no encontraron sino su ruina, desde el primer impulso que hicieron.

EN EL CUARTEL DE EL BORBOLLÓN

Era el medio día del cuatro de junio cuando las crecidas tropas de la tiranía, movilizadas con inusitada rapidez, se presentaron frente al campamento de El Borbollón, a donde al mando del mayor Félix RamÍrez se encontraban treinta y siete soldados cristeros. Cuando los perseguidores se acercaron, estaban ya bien parapetados los libertadores, esperando gustosos el momento del combate, sin arredrarles ni la tan celebrada bravura, ni el número de aquellos enemigos, ni los elementos de guerra con que contaban.

Tiempo hacía que en el campamento habían estado preparando sus fortines los libertadores, sabedores de la campaña que se acercaba. Habían talado el campo por donde el enemigo debía atacar, a fin de que éste llegase por campo descubierto, y defendieron sus trincheras con alambrado de púas, para resguardarse de las cargas de caballería. Sobre todo, tenían mucho ánimo y plena confianza en Dios.

TREINTA Y SIETE CONTRA MAS DE CUATRO MIL

campamento-del-volcc3a1nCuando el momento del combate llegó, los cruzados se ocultaron tras sus trincheras y esperaron en completo silencio. En tanto, los perseguidores avanzaban con ímpetu formidable.

Al llegar al campo desbrozado hicieron alto para ver cuál sería la manera más efectiva de atacar. Allá enfrente se veía una alambrada, y el lomillo de tierra que tras ellas estaba, claramente les decía que allí se encontraba el enemigo, no obstante que todo estaba en el mayor silencio.

La caballería fue la encargada de dar el primer asalto. Así se creyó que, al primer empuje, aquellas posiciones quedarían en poder de los callistas del general Eulogio Ortiz.

Los escuadrones encargados de atacar, se formaron en línea desplegada en donde principiaba el terreno limpio. El deseo de los jefes era saltar la alambrada y hacer inútil aquella defensa de los libertadores.

El mayor Ramírez, viendo que la caballería era la primera en atacar, ordenó que la primera descarga se hiciera sobre los caballos y la segunda sobre los jinetes.

Los soldados cristeros esperaron serenos aquella avalancha, que a carrera tendida se les venía encima, listos para disparar. Cuando los soldados callistas picaron espuela para obligar a sus caballos a brincar la alambrada y la trinchera, el mayor Félix Ramírez descargó una de sus pistolas sobre el animal que montaba el jefe, el cual pretendía salvar las trancas de la entrada, al mismo tiempo que una descarga cerrada de sus treinta y seis cristeros, al grito de ¡Viva Cristo Rey! hacía rodar a los demás caballos que ni siquiera llegaron a tocar los fortines. La segunda descarga fue sobre los soldados, que sólo atendían a librarse de caer debajo del animal; los que venían detrás se vieron detenidos en su intento de seguir, por los que caían delante, y los cristeros pudieron diezmar a su sabor a tan altanero y gigantesco contingente enemigo, que pronto desistió. La caballería había fracasado.

Después de este descalabro; empezaron a funcionar las ametralladoras y los cañones del callismo y, alternando con éstos, se sucedieron oleada tras oleada de infantería, pero los libertadores con sus gritos de ¡Viva Cristo Rey! y ¡Viva Santa María de Guadalupe! y aun cantando tonadillas populares, en el fragor del combate, como esta:

cristero1¡Que viva mi Cristo!
¡Que viva mi Rey!
¡Que impere doquiera Triunfante su ley!
¡Viva Cristo Rey!
¡Viva Cristo Rey!

pudieron nulificar todas aquellas cargas causando innumerables bajas al enemigo.

Los callistas, en cambio, como azotados por la mano de Dios, caían sin interrupción, agonizantes o muertos, y el pánico en sus filas comenzó a cundir.

El canto de los cristeros bendiciendo al Señor, contrastaba con la desesperación y la rabia de los atacantes, al palpar que eran inútiles sus gigantescos ímpetus, con sus maldiciones, aullidos y blasfemias, cuando caían heridos.

Pronto la vanguardia retrocedió, duramente escarmentada, y fue introducida una nueva columna para que atacase. Después de ésta, una tercera, y una cuarta, y una quinta y más, y durante la tarde entera se estuvieron turnando sin que pudiese resistir ninguna, principalmente al finalizar, ni siquiera media hora de lucha. Entretanto los jóvenes macabeos, al pie de su trinchera, sin turnarse, sino todos ellos con ímpetu unánime, seguían resistiendo con entereza, entre cantos y gritos no interrumpidos. Y esa tarde los cristeros eran 37 exactos, contando entre ellos al mayor Félix Ramírez, y las fuerzas que atacaban subían de 4,000 (cuatro mil).

Los jefes callistas, al darse cuenta de que no era tan fácil desalojar a los libertadores de sus fortines, pidieron la ayuda de dos aeroplanos de guerra, que se sumaron a los ataques de infantería, pero todo resultó inútil; las bombas que arrojaban y las ráfagas de ametralladora que mandaban al campo cristero, enfilando los fortines, más parecían lluvia inofensiva que elementos de destrucción. También fracasaron.

Al anochecer, amparados por las primeras sombras, salieron los cristeros de sus fortines y recogieron veinte máuseres, varias pistolas y muchos miles de cartuchos, al grado de tener más parque al terminar el combate, que cuando se había iniciado.

Tenían ese día, sin embargo, aquellos cristeros de El Borbollón una pena: un compañero suyo agonizaba, Jesús Solís, jovencito de unos 16 años, única víctima en los campamentos del Volcán en éste y en los últimos once días que siguieron. Murió momentos después de que cesó el combate, y sus compañeros diéronle sepultura inmediatamente, cerca de la capillita de aquel campamento cristero.

Y las columnas de Ortiz, que se creían invencibles, después de sufrir centenares de bajas, tuvieron, derrotadas, que retroceder a San José del Carmen, Jal., para sepultar sus muertos que pudieron llevarse, conducir sus heridos a Colima, descansar y rehacerse un poco de la magna derrota que habían sufrido, para reanudar el ataque a la mañana siguiente.

Amaneció el día 5 y, con las primeras luces, el enemigo reanudó el combate. El mayor Félix Ramírez, viendo que la cosa iba para largo, mandó correo al general cristero Miguel Anguiano Márquez pidiendo refuerzos y alimentos, porque ellos no habían comido nada desde hacía ya 24 horas y no era posible dejar la trinchera para preparar aigo qué comer.

Entre tanto, el combate seguía rudo: oleada tras oleada, los callistas seguían alternando con los aeroplanos, mas los cristeros vitoreando a Cristo Rey y a Santa María de Guadalupe y aun cantando sus letrillas populares, como que se habían pegado al terreno; allí estaban, rechazando con vigor, ataque tras ataque, no dando al enemigo ni la más ligera esperanza de triunfo.

La llegada del refuerzo, que lo formaban veinte hombres, entre soldados de la escolta del general Anguiano y del escuadrón de Jesús Alonso, puestos al mando del mayor Salvador Melgoza, colmó el ardor de los libertadores de El Borbollón. Mientras éstos comían, los soldados. del refuerzo recién llegado se fogueaban rechazando al enemigo.

El mayor Ramírez, una vez que sus soldados hubieron comido, y sintiéndose fuerte con los veinte muchachos de refresco y viendo que ya los atacantes no eran las gigantescas columnas de más de cuatro mil soldados del día anterior, sino mucho menos y se les veía agotados y desalentados, se sintió capaz de atacar, y cambiando los papeles, y saliendo de los fortines se arrojó con su grupo de héroes sobre el enemigo.

Cristo Rey quiso premiar el arrojo de sus leales y el enemigo huyó, dejando buen botín de guerra.

El enemigo tuvo que lamentar centenares de bajas entre muertos y heridos; entre unos y otros, oficiales y jefes de alta graduación. En cambío los cristeros sólo tuvieron a J. Jesús Solís de que ya se habló.

El enemigo había anunciado que en esta acción, que duró la tarde del día cuatro y la mañana del día cinco, tomarían parte unidades de aquellos Dorados que tan famosos se hicieron en tiempos de Francisco Villa. Nosotros no sabemos si esto fue cierto o no, el hecho es que así lo propalaron. Tal vez lo hicieron con el objeto de amedrentar a los cristeros; pero si fue así, no les dio ningún resultado.

Y en el campo cubierto de sangre que las fuerzas de Eulogio Ortiz abandonaban, no obstante los muertos que éstos llevaron consigo para darles sepultura, quedó gran cantidad de cadáveres que los mismos cristeros sepultaron. Sin embargo, no hubo necesidad de cavar fosas para ellos: estaban las que las bombas explosivas de los aviones habían abierto. Hubo hoyos tan profundos que pudieron contener hasta veinte cadáveres, y éstos eran de aquellos hombres grandeS y robustos que eran o habían hecho el menos pasar por miembros del cuerpo Dorados que allí vino a parar.

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LA NIEBLA INFAUSTA

En la tarde de ese mismo día, viendo los cristéros que ya el enemigo se había retirado, se replegaron también para descansar un poco en sus cabañitas del campamento, se tiraron de largo a largo para dormir en sus rústicos catres formados con varas y no quedaron en pie sino los centinelas de costumbre y el mayor Ramírez que, aunque dentro de su cabaña, no se confió del todo y permaneció, ratos recostado y ratos en pie, siempre alerta.

Creyendo el mayor Félix Ramírez que ya no eran necesarios los soldados cristeros del refuerzo que había enviado el general Miguel Anguiano, que en esos días se encontraba herido, tendido en su catre de varas en el cuartel general de Santiago -a corta distancia del campamento de El Borbollón, sólo separados por la barranquilla que forma el Arroyo de la Lumbre- porque ya el enemigo había corrido, volvieron a su campamento de Santiago con un recado suyo, dando las gracias al general.

El general Anguiano no estuvo conforme con el regreso del refuerzo.

No hay que hacer confianza al enemigo -dijo.
– Mi general -contestó el mayor Melgoza-, nosotros dijimos al mayor, que si gustaba que nos quedáramos; pero él dijo que no lo creía necesario, porque ya los guachos habían corrido y que ya no volverían pronto; que nos viniéramos y le diéramos a usted las gracias en su nombre; que después mandaría, por escrito, el parte del combate.

El general Anguiano Márquez, aunque no quedó muy conforme, contestó:

- Ahora ya está hecho. A ver qué dice Dios.

Entre tanto, la tarde declinaba y mientras el silencio reinaba en los campamentos cristeros del Volcán, una densa niebla infausta los cubría, no permitiendo que a seis u ocho metros de distancia pudiesen verse personas o cosas.

Y en este ambiente de quietud aconteció lo que nadie esperaba y que ni siquiera había sido objeto de plan enemigo: las fuerzas callistas de Colima, al mando del general Heliodoro Charis, llegaban silenciosamente y se posesionaban de las trincheras cristeras del campamento de El Borbollón. Los cristeros -veinte o treinta metros adentro- muertos de cansancio en sus cabañitas, en donde descansaban, nada advirtieron, hasta que el clarín de las fuerzas callistas del general Charis les hizo saber que allí estaba el enemigo.

¿Cómo había acontecido?

Cuando el general Eulogio Ortiz tuvo en Comala, Col., las primeras noticias de que los cristeros del cuartel de El Borbollón resistían y no había sido posible vencerlos, mandó orden a Colima al general Heliodoro Charis, para que, con el contingente de soldados federales suyos, fuese de refuerzo al campamento de El Borbollón.

El general Charis, que estaba resentido con el general Eulogio Ortiz, porque éste, altanero, violento y soberbio, aún con él, se había portado majadero y duro cuando llegó con sus fuerzas a Colima, echándole en cara que a causa de su impericia y cobardía, el problema cristero no se había resuelto antes en la región, no recibió de buen grado la orden.

Obedeciendo, juntó a sus tropas y de mal talante se marchó, porque no había más que plegarse al mandato del general Ortiz; pero no se dio mucha prisa y así llegó al campamento de El Borbollón cuando ya caía la tarde del día 5, en medio de la densa niebla que cubría el campo.

Cuando llegó, encontró el campo desierto, lleno sólo de los rastros de la lucha; sangre en abundancia, apenas oreada; por todas partes, pedazos de ropa ennegrecidos por la sangre, algodones sucios, etc. El combate había terminado, era claro, ¿pero quiénes habían triunfado? Probablemente los soldados callistas de Eulogio Ortiz; pero no había seguridad. De aquí que entró, se posesionó de los fortines y no avanzó por precaución; ordenó al clarín que tocase pidiendo contraseña y esto fue lo que salvó a los cristeros del campamento. (Este relato viene del mismo general Charis).

Al sonar el clarín de las fuerzas callistas del general Charis, el mayor Félix Ramírez y los dos o tres cristeros que estaban despiertos, con sorpresa tremenda advirtieron que tenían al enemigo ya dentro de su cuartel y se ordenó la defensa. Al correr a sus fortines, los vieron ya ocupados y sólo pudieron hacer algunos tiros. A gritos despertaron a los dormidos, a algunos de los cuales hubo necesidad de tumbarlos de su catre de varas para que despertaran. Tuvieron entonces los cristeros que batirse en retirada hacia una loma inmediata, abandonando todos los caballos y las monturas, pero sin dejar ninguna de sus armas. En ese lugar, llamado La Delgada, separado de El Borbollón sólo por una barranquilla, quedaron los libertadores, frente a frente de sus adversarios; siguieron provocándolos con gritos y llamadas, pero no fueron correspondidos con un nuevo ataque.

En este tiempo, el jefe inmediato del escuadrón de El Borbollón no era ya el capitán J. Inés Castellanos, que víctima de la viruela había muerto muy cristianamente hacía un mes. En su lugar estaba el joven Eusebio González, y, además, se encontraba de ordinario en su compañía el mayor J. Félix Ramírez.

LA RESISTENCIA SUPREMA

Al día siguiente, 6 de junio, tomado el campamento de El Borbollón, se encontraban los adversarios frente a Santiago, el cuartel general. Estaba éste, como ya hemos descrito, en una cuchilla corta, rodeada por la Mesa de los Mártires y El Borbollón; paraje que en apariencia puede fácilmente sitiarse, pero que no es fácil de tomarse.

Como no se encuentra agua en el campamento Santiago, o cuchilla de la Laguna Verde, como le llaman los rancheros de la región, se necesitó bajar a los barrancos, al pie de las posiciones enemigas, y esta operación se hizo sumamente difícil, tanto más cuanto que el cerco enemigo se alargó, por uno, dos, tres y más días.

Los alimentos pronto escasearon y los desvelos continuos, unidos al hambre y al trabajo demacraron aquellos rostros varoniles. Los defensores eran la escolta del general Miguel Anguiano Márquez al mando de su hermano el teniente coronel Gildardo Anguiano, y el escuadrón del capitán J. Jesús Alonso, con él a la cabeza. El mismo jefe de la brigada, general Miguel Anguiano Márquez, estuvo dando órdenes y dirigiendo la defensa, aunque imposibilitado para luchar personalmente, porque aún no se restablecía de la herida que había recibido el 12 de enero.

Aquella penosa situación se prolongó hasta el viernes 14, día en que agrupados los enemigos en formidable ejército dieron un golpe verdaderamente irresistible, auxiliados por dos aereoplanos de guerra, ametralladoras y cañones. Una hora se sostuvo aquella desigual batalla, muriendo muchos adversarios y saliendo ilesos por completo los libertadores. En orden perfecto, éstos abandonaron sus posiciones sin que lo adivinase siquiera el enemigo, y quemando ellos mismos, a su paso, sus propios ranchitos, inclusive la histórica capillita del Cuartel General, mientras seguían los federales haciendo temblar toda la montaña, con el furioso estruendo de su ofensiva. Los campamentos de El Borbollón, La Mesa y Santiago, en el Volcán, no fueron ya desocupados por los adversarios, al igual que El Cuatro, en Cerro Grande. Cuando estos libertadores del Cuartel General fueron desalojados de sus posiciones, permanecieron aún dos días más en un lugar inmediato, un poco más arriba, dispuestos a continuar la resistencia; pero el enemigo no siguió avanzando. Entonces, después de haber bajado hasta donde acampaban los callistas y tenido con ellos una escaramuza, en la mañana del 16, subieron los cruzados hacia la cumbre del Volcán para bajar a la región de Tonila, Jal. y San Jerónimo, Col., en donde tuvieron otros ventajosos encuentros. en que adquirIeron más armas y más parque.

En resumen: la gigantesca y formidable ofensiva del general Eulogio Ortiz, se redujo, a costa de muchos centenares de bajas callistas, a hacer un muerto a los libertadores, a hacer cambiar de posición a los del cuartel de El Borbollón, sin atreverse a seguirlos combatiendo, y a facilitar que se acercase a Colima la escolta de la Jefatura al mando del jefe cristero coronel Virginio García Cisneros que estableció su cuartel en El Cedillo, a veinte kilómetros de la capital del Estado, cuando antes estaban a más de cincuenta.

MAS CERCA AÚN QUE ANTERIORMENTE

Hubo también otro combate de importancia el mismo 5 de junio, con las fuerzas libertadoras de La Palmita mandadas por el coronel Verduzco Bejarano, en el que igualmente perecieron muchos soldados de la tiranía.

Saldo final de la campaña contra los libertadores colimenses, tomando en cuenta cuanto hubo en el Cerro Grande, el Volcán Y zona de Pihuamo: por parte de la Guardia Nacional, no obstante la inmensa desproporción en el número de combatientes y elementos de guerra, ocho muertos y cinco heridos. Por parte de las tropas de la tiranía: más de mil bajas, entre muertos y heridos.

SUFRIMIENTOS Y ANGUSTIAS RENOVADAS

Hubo, sin embargo, grandes y crecidos sufrimientos, porque con motivo de la ofensiva, tuvieron que subir las familias hacia el cono del Volcán, en donde no había otra cosa para refrescar la boca abrasada, que quiote, el cual tenía que tomarse de ordinario, crudo; ni más que comer que un poco de maíz que se ponía a tostar cuando espesaba la neblina, porque había temores de que fuese descubierto el paraje a causa del humo.

Era frecuente presenciar escenas como ésta:

Un día, un chiquitín de unos tres años de edad -Guillermo Oseguera, hijo de uno de los soldados cristeros- dice a su madre, allá en las horribles risqueras del Volcán de Fuego, donde se habían refugiado:

- Mamá, ¿todavía no hay agua?
- No, hijito.
- ¿Y pan?
- No, hijo, no hay.
- ¿Y frijoles?
- Tampoco, hijo.
- ¿Y tortilla?
- No, hijo, todavía no tenemos nada, no hay sino sólo maíz.
- Entonces, cuando haya me das, ¿verdad?
- Sí, hijito, luego que haya te doy -dijo la señora y el chiquitín, acurrucado cerca de ella y temblando de frío, se quedó dormido. Era ya el anochecer.

SgreCristColima

LOS ENFERMOS DEL
HOSPITALITO DE CRISTO REY

Cuando principió el ataque al campamento de Santiago que era el Cuartel General, en donde también estaban los heridos, éstos tuvieron que tomar la delantera para ponerse a salvo.

Y había que subir, cuesta arriba, hasta el Cerro Prieto, en la serranía occidental del Nevado en donde podrían estar en relativa seguridad y encontrar algo de agua, aunque fuera en el hueco de las peñas. Ya para esos días caían fuertes tormentas en la montaña.

Provisiones de boca, casi no había; eran uno o dos kilos de arroz y un medio kilo de garbanzo. Eso era el total, para los enfermos, para las señoritas de las Brigadas que los atendían y para las familias de Pedro y Manuel Ramírez que habían sido el respaldo del Movimiento Cristero en la atención de los heridos. Con este grupo, iba también el Padre Ochoa, su Capellán. Pedro Ramírez es aquel mismo de los principios del Movimiento armado en cuya casa, en Tonila, Jal., estuvo alojado Dionisio Eduardo Ochoa.

Para llegar a esas alturas del Cerro Prieto en donde el frío es casi insufrible y en donde abundan, formando casi bosque, los pinabetes, con su color verdinegro, no hay vereda ninguna. Tiene que hacerse la ascensión atravesando el bosque virgen, más que caminando, reptando muchas veces bajo los zarzales densos. Así tuvieron que subir los heridos, más arrastrándose que andando, pues era imposible que fuesen de otra manera, más aún que los soldados que hubieran podido de algún modo ayudarlos se encontraban en la trinchera. Las rodillas de los cruzados de Cristo estaban sangradas al fin de la peregrinación.

Fueron aquéllos días de hambre, sed, frío, soledad y angustia. Sólo, allá, a lo lejos, se oían los disparos de los fusiles y en torno, el zumbar de los pinos y el rugir de los leones.

A la mitad del mes, una vez que el Cuartel General de Santiago fue tomado por los callistas, el mismo general Anguiano, caminando penosamente en ratos, pues aún no sanaba de su pierna herida y tenía necesidad de muletas, y arrastrándose en los pasos difíciles, tuvo que incorporarse al grupo de los enfermos, arriba en Cerro Prieto.

LOS LEONES

Al que esto escribe nadie se lo contó; él mismo fue testigo presencial de estas cosas. Los leones, sí. Abundan estas fieras en esos lugares; pero fue Dios para con sus hijos especialísimamente providente, porque a pesar de que aquellos animales habían sido, por su propia condición, terribles en tiempos anteriores, porque llegaron a devorar a hombres robustos, durante la Cristiada no atacaron ni siquiera a los niños y llegaron a familiarizarse de tal manera, que noche a noche oíanse sus rugidos y aun llegaban con frecuencia al mismo campamento para comer los desperdicios que podían encontrar, principalmente cuando se había matado alguna res.

EL ENVENENAMIENTO Y,
SIN EMBARGO, SALVADOS

Por estos días -el 19 de ese mes de junio- a la primera luz de la mañana, en Ladera Grande, el Capitán Jesús Alonso y sus muchachos fueron atacados por una columna de quinientos soldados callistas provista de artillería. Los cristeros resistieron durante breve y rudo combate en el que hicieron al enemigo más de veinte bajas. Los libertadores tuvieron un muerto. Cuando se vieron en la imposibilidad de seguir resistiendo, se batieron en retirada hacia el cono del Volcán.

En aquel yermo y hosco lugar se encuentran por todas partes especies de pequeños escapes sulfurosos del volcán con su pequeña columna de gases y rodeados de capas de azufre y no hay ni siquiera el quiote que un poco más abajo se puede encontrar. Sólo se dan unos arbustos que producen racimos de frutos pequeños de color rojo y de no muy mal sabor, al menos para el que tiene hambre y rendido de fatiga siente la boca seca y ardorosa. Los que transitan alguna vez estos lugares le llaman fruta del diablo.

Los cristeros iban completamente en ayunas; habían peleado desde la madrugada y no habían tomado ni una sola gota de agua para refrescar sus labios, desde la víspera. De aquí que en aquellas horribles arideces se dispersaron en busca de las frutillas rojas … Un momento más tarde, separados unos de otros, se encontraban casi en su totalidad debatiéndose con los dolores, sufriendo convulsiones agónicas y helado sudor de muerte, y, entre los moribundos, encontrábase el mismo capitán Alonso. A tal grado llegó la gravedad, que pensando que no vivirían más, ordenó el capitán cristero a dos soldados que estaban sanos -uno de los cuales era don Onofre Facio, padre de aquel Manuel Facio, célebre muchacho del 1er. año de lucha cristera-, que recogieran las armas y cartucheras de los demás y las llevaran al jefe del Movimiento Cristero colimense, general Anguiano Márquez, dándole cuenta de lo ocurrido.

Encontrábanse en este estado aquellos cruzados de Cristo, cuando llegó la tormenta y tres de ellos, sin poder ser auxiliados por los compañeros, fueron cubiertos por úna de las gruesas corrientes de agua y arena que en tiempo de lluvia bajan de la cima arrollando cuanto encuentran a su paso. Un voto. a la Santísima Virgen de Talpa, hecho por el capitán cristero Jesús Alonso, jefe de aquel grupo de soldados, fue oído por Dios y ninguno de aquéllos, ya casi agonizantes, murió del envenenamiento. Los que murieron, arrollados por la tonnenta, fueron Santiago Ursúa Rolón, Francisco Rodríguez Martínez y otro muchacho originario de San Marcos por sobrenombre La Zorra.

Al día siguiente, un tanto mejorados los enfermos y recogidos los tres cadáveres que fueron encontrados ladera abajo, entre la arena y las piedras, y sepultados en el lugar que en aquellas áridas risqueras encontraron más conveniente, bajaron los cristeros hacia la región de San Marcos, temblando de frío y debilidad, helados, arrastrando los pies y sin poder casi sostener el arma, por el natural efecto de aquellas alturas, del cansancio, la falta de agua y alimento desde hacía dos días y el envenenamiento.

Poco después, repuestos de la intoxicación, encontrábanse todos lo mismo que antes, con sobrados bríos para continuar la heroica y santa brega.

 

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VENERABLE HOLZHAUSER: TRES DÍAS DE TINIEBLAS CUBRIRÁN LA TIERRA

29 de octubre de 2014
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Venerable Bartolomé Holzhauzer (1613-1658)

 

El Venerable Bartolomé Holzhauser, después de predecir la Revolución Francesa, Napoleón y su caída, dice:
“En medio de esto, la paz no se habrá aún restablecido definitivamente, pues de todos lados conspirarán los pueblos en favor de la república. Y así se verán todavía terribles calamidades por todas partes: la Iglesia y sus ministros serán hechos tributarios; los príncipes serán derribados; los monarcas, muertos y sus vasallos entregados a la anarquía. El Omnipotente, entonces, intervendrá con un golpe admirable que nadie en el mundo puede imaginarse. Y aquel poderoso monarca que debe venir de la parte de Dios reducirá a nada la república, subyugará a todos sus enemigos, destruirá el imperio de los franceses, y reinará de Oriente a Occidente. Lleno de celo por la verdadera Iglesia de Cristo, unirá sus esfuerzos a los del futuro Pontífice por la conversión de los infieles y herejes. Bajo semejante Pontífice será menester que el reino de Francia y las otras Monarquías se pongan de acuerdo después de las sangrientas guerras que las habrán desolado, y que, bajo la dirección de aquel gran Papa, emprendan la conversión de los infieles. Y así todas las naciones vendrán a adorar al Señor su Dios” En la interpretación del Apocalipsis, cap. II, versículos 7 al 13, dice:

“Porque si bien en la quinta edad no vemos por todas partes sino las más deplorables calamidades; devastado todo por la guerra; oprimidos los católicos por los herejes y malos cristianos; la Iglesia y sus ministros hechos tributarios; trastornados los reinos, muertos los monarcas, atormentados los vasallos y conspirando todos los hombres por erigir repúblicas; se hace un cambio admirable, por la mano de Dios Todopoderoso, tal que nadie pueda humanamente imaginárselo. Pues este monarca poderoso que vendrá como enviado de Dios, destruirá las repúblicas hasta los cimientos, someterá todo a su poder y empleará su celo en favor de la verdadera Iglesia de Cristo.Todas las herejías serán relegadas al infierno. El imperio de los turcos será destruido y aquel monarca reinará de Oriente a Occidente…” (S. M. Mirakles, pág. 48; M. Servant, pág. 277).

Todavía sobre el Castigo:
“Durante tres días, la tierra será sumergida en la obscuridad más completa; como antaño en Egipto, el Ángel Exterminador abatirá todos aquellos que se han levantado con odio satánico contra la Iglesia y los sacerdotes” (M. Servant, pág. 376)

Tomado del Ariete Católico

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¿Y LA MISERICORDINA? ATAQUE FRONTAL DE BERGOGLIO A LA FSSPX

28 de octubre de 2014

Los seguidores del obispo francés ahora están siendo atacados por Bergoglio. A través de uno de sus obispos ha prohibido celebrar la misa y administrar los sacramentos.

Y quienes los sigan, están en peligro de excomunión.


Albano FSSPX
Diócesis de Albano 
 
NOTIFICACIÓN A LOS PASTORES [PÁRROCOS]
SOBRE LA “SOCIEDAD DE SAN PÍO X
En las últimas semanas, las solicitudes de aclaración han llegado a la Cancillería Diocesana con respecto a la celebración de los Sacramentos en la “Sociedad de San Pío X” de Albano Laziale.
En cuanto a ella, es correcto y apropiado señalar que la “Sociedad” antes mencionada no es una institución (ni la parroquia, ni la asociación) de la Iglesia católica.
Esto se aplica incluso después de que el decreto de la Congregación para los Obispos del 21 de enero del 2009, por la que el Santo Padre Benedicto XVI, alcanzando a cabo de buena voluntad en respuesta a las peticiones reiteradas por el Superior General de la Sociedad de San Pío X, revocó la excomunión en la que los cuatro Prelados habían incurrido desde 30 de junio 1988.
Esto fue puesto de relieve por Benedicto XVI con su Carta a los Obispos de la Iglesia Católica , de 10 de marzo de 2009: “la Sociedad (FSSPX) no tiene ningún estado canónico en la Iglesia, y sus ministros – a pesar de que han sido liberados de la sanción eclesiástica – no lo hacen ejerciendo legítimamente ministerio alguno en la Iglesia. “ ( enAAS CI [2009], n. 4, p. 272). El mismo Benedicto XVI, en el siguiente mp Carta Ecclesiae unitatem, de 2 de julio de 2009, ha añadido: “la remisión de la excomunión fue una medida adoptada en el contexto de la disciplina eclesiástica para liberar a los individuos de la carga de conciencia que constituye la mayor parte grave de las penas eclesiásticas. Sin embargo, las cuestiones doctrinales, obviamente, permanecen y hasta que se aclaren la Sociedad no tiene estado canónico en la Iglesia y sus ministros no pueden ejercer legítimamente ningún ministerio. “ (AAS en CI [2009], p. 710-711) .
Como consecuencia de lo anterior, es correcto y apropiado para reafirmar lo que se había formulado en la Nota Pastoral sobre la Sociedad de San Pío X de [el ex obispo de Albano] Dante Bernini, en la que se puede leer:
Los fieles católicos no pueden participar en la Misa, ni solicitar y / o recibir sacramentos  de la Sociedad. Actuar de otro modo supondría romper la comunión con la Iglesia católica.
Por lo tanto, cualquier fiel católico que solicite y reciba los Sacramentos en la Sociedad de San Pío X, se colocará a sí mismo de hecho en la condición de ya no estar en comunión con la Iglesia católica. Una readmisión a la Iglesia católica debe ir precedida de un camino personal adecuado de la reconciliación, de acuerdo a la disciplina eclesiástica establecida por el Obispo.
Es triste sinceramente que este tipo de opciones [medidas], sobre todo cuando en referencia a la iniciación cristiana de niños y adolescentes, ya sean en constraste con las orientaciones pastorales de la Iglesia italiana y, en consecuencia, con las opciones de la diócesis de Albano, donde  los  caminos formativos para el crecimiento y la maduración de la vida en la fe son favorecidos.
A los sacerdotes de la parroquia, el deber de proporcionar la información adecuada a sus fieles.
Desde la Cancillería Albano, 14 de octubre de 2014, Prot. 235/14.
+ Marcello Semeraro, obispo.
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«Es necesario resistir, absolutamente aguantar, resistir hacia y contra todo. Y entonces, ahora, llego a lo que sin duda les interesa más; pero yo digo: Roma ha perdido la fe, queridos amigos. Roma está en la apostasía.  ¡No estoy hablando palabras vacías! ¡Esa es la verdad! ¡Roma está en la apostasía! Ya no podemos tener confianza en esa gente. ¡Ellos abandonaron la Iglesia! ¡Ellos abandonaron la Iglesia! Es cierto, cierto. No podemos entendernos. Es eso, les aseguro, es la sítesis. No podemos seguir a esa gente. Verdaderamente  nos enfrentamos a gente que ya no tiene el espíritu católico, que ya no tienen el espíritu católico. Es la abominación, verdaderamente la abominación.

Podemos decir que estas personas que ocupan Roma actualmente son anticristos. No debemos preocuparnos de las reacciones de esas gentes, nosotros no estamos ante gente honesta.»

(Mons. Marcel Lefebvre en Conferencia a los sacerdotes, Ecône, 4 de septiembre de 1987).

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SOR DE LA NATIVITÉ VE UN FALSO PAPA Y LA CRISIS DE LA IGLESIA

25 de octubre de 2014

Sor de la Nativité (1731-1798)

Sobre la crisis de la Iglesia:
“Dios me ha hecho ver la malicia de Lucifer y la intención diabólica y perversa de sus agentes contra la Santa Iglesia de Jesucristo. A las órdenes de su jefe, estos malvados, han recorrido la tierra como furiosos, con los designios de preparar las vías y los senderos al Anticristo. Por el aliento corrompido de este espíritu soberbio, ellos han envenenado los hombres, que como otros apestados se han comunicado el mal los unos a los otros, y el contagio se tornó general. Qué trastorno. Qué escándalo.”

“He aquí, Padre, lo que yo he visto pasar bajo mis ojos. Era satán en persona, que distribuía a sus satélites, que él hacía cómplices de sus criminales disposiciones, una cierta materia infecta con la cual él les tocaba en la frente o sobre cualquier otro lugar de la piel, como para imprimirles carácter. Estos satélites, así tocados, me parecían inmediatamente cubiertos de una lepra con la cual ellos iban infectar todas las personas que se dejaban tocar por ellos. Esta figura, Padre, tiene relación con el interior y el exterior de la Iglesia ; y aunque ella deba tener su perfecto cumplimiento en la Revolución que comienza, expresa bien las disposiciones y los sucesos que la prepararon desde largo tiempo. Son los esfuerzos del infierno para destruir en las almas el Reino de Jesucristo, y perturbar los fieles en el ejercicio de su religión. Estos emisarios del demonio, estos precursores del Anticristo, así se me ha hecho conocer, son los escritores impíos que, por sus sistemas licenciosos y seductores, desde hace mucho tiempo han lanzado los fundamentos de la irreligión que domina la materia infecta, que comunica por todos lados el contagio, y que no es otra cosa que esta impura composición de la impiedad, etc. etc. [*] libertinaje que gana todas partes y que causa todo el mal, bajo el nombre engañoso de ‘filosofía’, que ella no merece jamás.”

Mas, Padre, he aquí las palabras que yo escuché muy claramente, y de las cuales yo os pido nada cambiar; ellas me han parecido venir de parte de Dios: ‘Los centinelas se han dormido; los enemigos han forzado las barreras y han entrado en el corazón de la ciudad. Ellos han llegado hasta las ciudadelas , donde han colocado su sede. La potencia de las tinieblas ha extendido su imperio; se ha hecho una sinagoga; ella se ha erguido altares donde ha colocado los ídolos para hacerse adorar, Satán acaba de entrar en su sinagoga , etc, etc. etc.’

————— [*] Los sucesivos etc. no se sabe si son de el confesor

Se ha como revestido de los poderes del Papa
“Yo he visto una gran potencia elevarse contra la Santa Iglesia. Ella ha arrancado, pillado, devastado la viña del Señor; la ha hecho servir como escabel a los transeúntes, y la ha expuesto a los insultos de todas las naciones. Después de haber injuriado el celibato y oprimido el estado religioso, esta soberbia audaz hay se ha como revestido de los poderes de nuestro Santo Padre el Papa, del cual ella ha menospreciado la persona y la autoridad… He visto tambalear las columnas de la Iglesia, he visto, inclusive, caer un gran número de los cuales se tenía motivo de esperar más estabilidad… Sí, Padre, entre aquellos que debían sustentarla, se han encontrado cobardes, indignos, falsos pastores, lobos vestidos con piel de corderos , que han entrado en el rebaño para seducir las almas simples, degollar el aprisco de Jesucristo, y librar la heredad del Señor a la depredación de los ladrones, los templos y los santos altares a la profanación…”

Desgracia a los traidores y a los apóstatas. Desgracia a los usurpadores de los bienes de mi Iglesia “He aquí lo que dice el Señor en su cólera y en la justa indignación que ha concebido: ‘Desgracia a los traidores y a los apóstatas. Desgracia a los usurpadores de los bienes de mi Iglesia, como a todos aquellos que desprecian su autoridad… Ellos incurrirán en mi indignación. Yo fulminaré esta soberbia audaz, ella desaparecerá como el humo que se evapora en los aires, en punición de sus crímenes. Yo le volveré a pedir una heredad esencialmente destinada al mantenimiento de Mis templos y de Mis ministros, así como al alivio de mis pobres. Yo endureceré su corazón. Yo encegueceré su espíritu. Ella cometerá pecado sobre pecado; haciendo el mal ella creerá hacer el bien; y la caída de aquellos que ella embriaga será tanto más profunda y tanto más funesta cuanto ellos se habran elevado más alto por su orgullo’” ( Soeur de la Nativité, págs. 260-265).

Nuestro Señor Jesucristo lloraba
Nuestro Señor se queja de los escándalos eclesiásticos:
“Los crímenes de los cuales parecía más tocado, y que El lloraba con más amargura, eran las infidelidades, las prevaricaciones y los escándalos de los malos sacerdotes y de todos los eclesiásticos que por sus desórdenes y su vida escandalosa, profanan los sacramentos, deshonran su sacerdocio y hacen blasfemar su Santo Nombre…” ( Soeur de la Nativité, pág. 271).

Más adelante dice:

“Jesucristo lloraba entonces por la ofensa de Dios, por la desolación de la Iglesia, por la extinción de la fe y de la caridad; por la pérdida de las almas y la desgracia de los reprobados, de los cuales el infierno se llena, pese a todo lo que El ha hecho por su perseverancia”.

Nuestro Señor le dice:

“Hija mía, ¿lo creerás tú? se han encontrado en Mi Iglesia Judas que me han traicionado y vendido: Yo he sido abandonado, Yo he sido renegado de nuevo; se ha librado a Barrabás y se me ha condenado a muerte. Yo he sido cruelmente flagelado y coronado de espinas. Se me ha cubierto de verguenza y de oprobios; se me ha conducido al suplicio para ser crucificado por segunda vez… ¨Qué castigos merecen tantos y tan sangrientos ultrajes? Sin embargo, Yo he escuchado las preces de mi Iglesia, sus gemidos y sus suspiros, Me han hecho violencia, y Yo he resuelto abreviar el tiempo de su exilio…” ( Soeur de la Nativité, págs. 272-273).

Sor de la Nativité exclama:

“­Cuantas veces he escuchado las quejas de Jesucristo por diferentes motivos relativos a Su Iglesia!” ( Soeur de la Nativité, pág. 274).

Por la extinción de la fe en los católicos El se iría a los paganos En otra visión Nuestro Señor le dijo a Sor de la Nativité que por la extinción de la fe en los católicos El se iría a los paganos, que pese a no ser bautizados se sentían atraído a conocerlo y adorarlo, además, de una germinativa admiración. El le dijo así: “Mi gracia y mis luces son quitadas a aquel que abusa, para pasar a aquel que se hace más digno, y, por la misma sustitución, mi religión pasa de una nación a otra…” ( Soeur de la Nativité, Tomo I, pág. 301).

Esta herejía, tendrá un aire magnífico y muy importante de bondad, de humanidad, de beneficiencia, y hasta de religión

En los últimos tiempos se levantará una falsa religión contraria a la unidad de la Iglesia. 

Dice Sor de la Nativité:

“Esta herejía hará una devastación, al punto que yo no creo que haya habido una tan funesta… Ella será acreditada, encontrará partidarios, por todos lados, tendrá grandes sucesos, extenderá lejos sus conquistas, y parecerá envolver todos los países y todos los estados, en los que ella tendrá un aire magnífico y muy importante de bondad, de humanidad, de beneficiencia, y hasta de religión, lo que será una trampa seductora, para un gran número aún.

“Sus sectarios, para tener mayores resultados, afectarán al inicio un gran respeto por el Evangelio y la catolicidad; aparecerán libros sobre espiritualidad, que serán escritos por ellos con un color de devoción, y llevarán las almas a un punto de perfección que parecerá elevarlas hasta el tercero cielo. Tampoco se dudará de la santidad de sus autores ni de sus partidarios, que se los pondrá por encima de los más grandes santos, quienes, según ellos, no habrán hecho sino desbastar [el camino de] la virtud…” Ellos tendrán altares y templos “Ellos tendrán altares y templos donde sus sacerdotes tratarán de imitar los ministerios, las ceremonias y el sacerdocio de la religión, en las cuales ellos mezclarán una cantidad de circunstancias extravagantes y supersticiosas, invocando, o más bien, profanando el santo nombre de Dios… Ellos remedarán los sacramentos; al principio ellos bautizarán en nombre de las Tres Personas Divinas, pero después cambiarán el orden de las personas y en seguida las quitarán para substituirlas por algunos de sus santos…

Religión fundamentada sobre los placeres de los sentidos “Estando su religión fundamentada sobre los placeres de los sentidos, despreciarán interiormente la vida crucificada, la mortificación, el sufrimento…

“El ridículo que ellos tratarán de lanzar sobre los cristianos que todavía habrá, hará caer y apostatar un gran número; porque esta especie de persecución es tanto más terrible cuanto que ella es fortificada por el respeto humano, el amor propio, una falsa vergüenza, y sobre todo por las pasiones que nos llevan siempre del lado que más les favorece.

Ellos tendrán religiosas. Ejercerá por ellas prodigios que fascinarán
“Para mejor fingir las santas instituciones de la Iglesia, ellos establecerán pretendidas religiosas, que se consagrarán de palabra a la continencia, y se mostrarán por excelencia las esposas de los Cánticos o las esposas del Espírito Santo. Ellas serán de un gran socorro para la obra del demonio; él las tornará de una belleza arrebatadora, ejercerá por ellas prodigios que fascinarán a todos los ojos y harán mirar estas vestales como divinidades. Las revelaciones, las predicciones del futuro, los éxtasis, los arrobamientos en cuerpo y alma los tendrán frecuentemente y bajo los ojos de todos. Se escuchará hablar de prodigios y de milagros de los ministros del error que, de su lado, no harán menos esfuerzos para ilusionar al pueblo con cosas sorprendentes, donde el demonio entrará muchísimo, hasta que después de su muerte, él los elevará en el aire en globos de fuego, a fin de hacerlos adorar como dioses inmortales. También se pintarán sus imágenes en los templos, y se dirá altamente que una Iglesia que produce semejantes milagros es mucho más santa que la anterior” ( Soeur de la Nativité, Tomo II, págs. 10-14) [*].

————— [*] Sor de la Nativité dice que esta nueva religión aparecerá hacia el fin del mundo, y en las vísperas del anticristo, que nacerá de una “religiosa”, de esta secta; presenta muchas semejanzas con la “Iglesia nueva” de los grupos “profeticos”.

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COMENTARIOS ELEISON CCCLXXX. HISTORIA INTERNA II

25 de octubre de 2014

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Historia Interna – II

Cuando la idea de una Cruzada de Rosarios para la Consagración de Rusia fue primeramente expuesta a Monseñor Fellay en Junio del 2006, él aún no sabía que la idea era de hecho una directiva de Nuestra Señora – la mensajera había tenido timidez en decirle. Así que él no fue en contra de la voluntad del Cielo con conocimiento de causa cuando retornando a Suiza luego de su encuentro con la mensajera, él decidió atender a la idea de una Cruzada pero para aplicarla primariamente a la liberación de la Misa Tridentina, dejando la Consagración de Rusia entre las intenciones secundarias. Así que, como Nuestra Señora le dijo a Su mensajera, si bien Ella bendeciría la primer Cruzada como un signo que los mensajes provenían realmente de Ella, no lo sería para confirmar que la liberación de la Misa era lo que realmente Ella quería. La verdadera respuesta a la crisis de la Iglesia y del mundo yacía en la Consagración de Rusia, como pronto le quedaría bien claro al Monseñor.

Así, dado el respaldo de Nuestra Señora, la primer Cruzada fue un éxito inesperado tanto en el número de rosarios rezados por los fieles como en el cumplimiento por parte del Papa Benedicto XVI del deseo largamente esperado por Monseñor Fellay mediante la declaración en su Motu Proprio de Julio de 2007 que la Misa Tridentina nunca había sido abrogada.

Sin embargo, ya en Agosto del 2006, Nuestra Señora había dirigido a Su mensajera para que enviara a Monseñor Fellay una carta en la cual él esta vez era totalmente informado de todos los detalles de la súplica original de Ella, incluyendo que venía del Cielo. A esta carta el Monseñor había respondido positivamente diciendo que él usaría el impulso brindado por la primer Cruzada para lanzar la segunda, y que lo mejor era si él mismo tomaba cartas en el asunto. Pero, un año más tarde, enseguida después del Motu Proprio y hasta el final del 2007, Nuestra Señora dirigió a la mensajera para escribirle a él una y otra vez para recordarle a él el deseo de Ella de que una segunda Cruzada fuera apropiadamente dedicada a la Consagración de Rusia.

Todavía Monseñor Fellay dudaba en comprometerse a sí mismo, así que al comienzo del 2008 Nuestra Señora retornó aún más insistentemente con la misma súplica de que la Cruzada fuera dedicada a la Consagración. El problema era que Monseñor Fellay había estado por largo tiempo trabajando en su propio plan para resolver la crisis de la Iglesia mediante una reconciliación entre la Fraternidad San Pío X y Roma, y la súplica de Nuestra Señora no encajaba en ese plan. Por lo tanto, cuanto m&#22 5;s progreso él parecía estar haciendo con los romanos hacia la reconciliación, más difícil devenía para él mantener su promesa de hacer lo que Ella pedía porque él sabía que lo que Ella pedía enojaría a los romanos. En efecto . . .

Fue alrededor de este tiempo que la mensajera, no teniendo conocimiento del porque el Monseñor estaba continuando a atascar la súplica de Nuestra Señora, le preguntó a Ella si la razón era que el Monseñor no estaba seguro que la súplica viniera en efecto de Nuestra Señora. “No”, fue la simple respuesta, mientras Nuestra Señora bajaba su cabeza y la movía suavemente de un lado al otro, “ese no es el porque”. Nuestra Señora no dijo cual era la razón real, Ella solamente dijo que no era porque el Monseñor no creyera que era Ella misma la que estaba haciendo la súplica.

Nos aproximamos al clímax del drama. Y drama fue. A principios del 2008 el mensaje de la Santísima Virgen María concerniente a la Consagración de Rusia estaba deviniendo urgente, dado que Ella sabía que el Monseñor estaba seriamente pensando en hacer uso de la segunda Cruzada para sus propios propósitos. Esta vez el quería usarla para conseguir la segunda de las pre-condiciones para las discusiones con Roma – el levantamiento de las así llamadas excomuniones de los cuatro obispos de la FSPX en 1988.

Kyrie eleison.

 

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PRELIMINARES DE UNA GRAN BATALLA

24 de octubre de 2014

EL GENERAL ORTIZ A COLIMA

Vayamos ahora aEC_EulogioOrtiz la última formidable campaña que contra los cruzados de Cristo desarrollaron los enemigos, no sólo con el designio de vencerlos y derrotarlos, sino de aniquilarlos por completo, antes de que, en virtud del modus vivendi, que ya se principiaba a concertar en esos días, se viesen obligados a darles, aunque fuesen momentáneas y aparentes garantías, que serían ocasión de que muchos se salvasen.

Eran los primeros días del mes de mayo. La campaña en contra del general Escobar, que por motivos políticos se había sublevado en el norte de la República, terminaba y, concluída, pensóse emplear en contra de los libertadores colimenses, una de las más fuertes columnas que allá habían operado, al frente de la cual se colocó al general Eulogio Ortiz, uno de los militares que por su impiedad propia de energúmeno, que le llevó alguna vez a decir que su dios era el demonio, figuró destacadamente entre los servidores de Plutarco Elías Calles.

A mediados del mes de mayo llegaron a Colima, en largos trenes militares, las tropas callistas de dicho general Ortiz, haciendo lujo de su gran poderío bélico, pretendiendo infundir, no solamente pánico, sino la seguridad de que acabarían por completo con todos los insurrectos cristeros, despoblando de libertadores las montañas y los valles y barrancos de toda la región de Colima.

De esta suerte, en espectacular desfile, recorrieron, de la estación, al centro de la ciudad, pasando por la calle principal, los 5,000 soldados de la tiranía calles-portesgilista que acababan de llegar, con todo su armamento bélico: fusilería, cañones, ametralladoras y una excelente, magnífica caballada traída del norte; de gran alzada, fuerte, de color rojo retinto casi toda. El desfile por la ciudad de este aparatoso contingente militar, jamás visto en Colima, duró desde las primeras horas de la mañana, hasta después del medio día.

Al campo de aviación llegaron por el aire los aviones de guerra dotados de ametralladoras y de maquinaria especial para arrojar grandes bombas.

Los católicos vecinos temblaban de terror, al contemplar tanto aparato. Muchos derramaban lágrimas:

¿Qué irán a hacer los nuestros? -era la pregunta angustiosa de la mayoría, al contemplar tantos soldados, tan bien armados, tantas piezas de artillería y los temibles aviones de guerra.

- Esto servirá para probarles Dios a los enemigos, que contra sus soldados nada podrán, aunque salga el infierno a combatir -contestaban algunos llenos de fe. Así debía ser, y así fue:

Cantad, cantad, cantad, cantad,
Que al cabo mi Cristo no muere.
Reíd, reíd, reíd, reíd,
Que al cabo contra El nadie puede.
Valor, valor, valor, valor,
Que al cabo el Señor nos ayuda.

ALTANERÍA Y SOBERBIA

Altivo, soberbio, altanero como ninguno, Eulogio Ortiz llegó a Colima y con todos se mostró así. El creía que a la primera acción suya haría lo que nadie había logrado en Colima, ni siquiera el propio Secretario de Guerra y Marina general Joaquín Amaro y así lo decía con toda desfachatez y soberbia.

Haría retemblar los montes y de los cristeros no quedaría ni uno.

Y por conducto del Presidente Municipal citó a Palacio de Gobierno a todos los hacendados, ganaderos, comerciantes e industriales de Colima.

Con garbo de tirano y arrogancia de déspota, se presentó Eulogio Ortiz ante aquel conjunto ciudadano representativo de Colima. Y con lenguaje de cuartel y gritos, culpó a los allí presentes del problema militar de Colima; pues si los cristeros se habían multiplicado, eran ellos los responsables, porque de ellos se sostenían aquéllos. Que él, en su campaña -dijo-, acabaría hasta con los cerros; que se ponía 24 horas de plazo para terminar con todos los insurrectos, y que si éstos después se reproducían y aparecían de nuevo, vendría y acabarla, ya no con los rebeldes del cerro, sino con los hacendados, comerciantes e industriales de Colima. Y, para más ostentación, puso avisos que se fijaron en las esquinas de la ciudad.

LA INSIDIA BIEN URDIDA

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La primera providencia del astuto general Ortiz fue mandar a los campamentos de los soldados de Cristo Rey, al sacerdote J. Andrés Lara, jesuita, que traía preso desde el norte, con el fin de que éste les propusiera la rendición y los inclinase a ella, haciéndoles conocer la terrible persecución que les esperaba.

Mandado por el general Eulogio Ortiz se presentó el aludido sacerdote al atardecer del 24, en el campamento cristero de La Palmita en Cerro Grande, que era el más cercano de la ciudad. La primera impresión que causó, fue de alegría. Corrieron todos hacia él, besaron con reverencia su mano y se agruparon a su derredor. Era la víspera del domingo de la Santísima Trinidad, y los cristeros y sus familias se regocijaron porque iban a tener Misa al día siguiente; pero aquella impresión cambió luego, porque el sacerdote, sin más rodeos, después de decirles que era prisionero, les dijo que iba enviado por el general Ortiz para proponerles la amnistía y recibir su resolución.

¿SACERDOTE O ESPÍA?

Narróles lo formidable del poder enemigo, los elementos de combate de que disponía el general Eulogio Ortiz y cómo no sería posible resistirle. Los libertadores, campesinos casi en su totalidad, sin encontrarse con ellos en aquellos días ni el coronel Verduzco Bejarano, ni el teniente coronel Alvarado, porque habían ido al Volcán a conferenciar con el jefe, empezaron a desconfiar; no creyeron que fuese sacerdote, sino explorador enemigo o, a lo menos, algunos de los sacerdotes cismáticos del Patriarca Pérez.

Lo veían de arriba abajo, con mirada escudriñadora, y todo les parecía confirmar sus sospechas: su sombrero tejano, su pantalón de montar, su calzado, el caballo con la marca del enemigo, etc. Y mientras él procuraba describirles la clase y cantidad de soldados que estaban dispuestos para la campaña y les hablaba de los cañones, ametralladoras, aviones y demás elementos de guerra de que disponía el enemigo, los cristeros con frialdad contestaban:

Con todo eso, usted verá cómo no nos hacen nada, porque Dios nos ayuda.

Llegó pronto el momento en que aquellos soldados cristeros no pudieron guardar en su corazón la grave sospecha que había germinado y creado raíces, e interrumpieron las palabras del sacerdote diciéndole con rústica y varonil franqueza:

- Usted no es sacerdote, por más que lo diga, sino un explorador enemigo que vino a darse cuenta de nuestras posiciones.
– Soy religioso, sacerdote jesuita, a quien el general Eulogio Ortiz trajo prisionero. Mandado por él he venido con ustedes.
– Si fuese sacerdote, no viniera a decirnos que nos rindiésemos a los enemigos.
– No vengo a decirles que se rindan, sino a poner en conocimiento de ustedes la fuerza de los enemigos y cómo, para evitar el derramamiento de sangre, el general Ortiz les propone que se rindan; pero ustedes sabrán lo que hacen.
– Usted es explorador enemigo, nada más, y tenemos que fusilarlo. A un sacerdote prisionero, los enemigos no lo hubiesen dejado venir solo a los campos nuestros, y esto es claro, por más que usted no quiera.

EL ARRESTO

Y mientras salía un enviado al Volcán, pidiendo instrucciones a la jefatura para no ir a obrar indebidamente, lo hicieron prisionero, lo llevaron a dormir entre una veintena de soldados, y ya no hubo razón que valiera para hacerles creer que en realidad era sacerdote.

EL PADRE PUESTO EN LIBERTAD

A los dos días, como el enviado tardaba por haberse iniciado ya la campaña y mediar ochenta o cien kilómetros de distancia entre lugar y lugar, el prisionero fue mandado al campamento del general Andrés Salazar en el mismo Cerro Grande. Compareció ante dicho jefe, quien lo remitió al señor Cura Mota, capellán de aquellas regiones, para que dictaminase si era o no sacerdote, puesto que en caso de no serlo, habían determinado fusilarlo, porque no podría ser otra cosa que un enviado del enemigo.

El señor Cura Mota reconoció que era verdad lo que el prisionero decía de sí mismo, y así lo testificó a los superiores militares.

Entre tanto la campaña había empezado, y el pobre sacerdote tuvo que volverse a pie, pues ya por las circunstancias no era posible hacerlo de otra manera.

Sufrió mucho, es verdad. En su libro Prisionero de Callistas y Cristeros él relata sus sufrimientos, aunque en algunas cosas falta a la verdad, como por ejemplo cuando dice que los cristeros que lo llevaban prisionero le picaban con las puntas de las bayonetas para que se levantase cuando caía (pág. 81 de su libro). ¿Cuáles bayonetas? ¿Cómo le picaban con la punta de las bayonetas, si ni bayonetas traían los cristeros? Nadie traía bayonetas. Que lo trataron duramente, sí es verdad; pero vestido como hombre de la tropa, con sombrero tejano como los callistas y caballo del ejército ¿cómo era posible que simplemente por su dicho creyeran que era sacerdote? ¿Que se mofaban de él, porque aseguraba que era sacerdote? Claro, ya que todo en él indicaba que era un espía, un enemigo que aparentaba ser sacerdote para mejor cumplir su pérfida misión, más aún, cuando él cándidamente les contó que un día antes, en un aeroplano de guerra del gobierno había volado sobre todos los campos cristeros, tanto del Volcán como de Cerro Grande.

No lo fusilaron en la primera tarde, porque tanto decía él que era sacerdote que temieron que en realidad fuera y por eso se detuvieron y no lo ejecutaron. Pero sí lo aprehendieron y así debió ser. Por el temor de que en realidad fuese sacerdote, para no obrar a la ligera, primero enviaron un propio al Volcán, al general Anguiano Márquez, pidiendo instrucciones y luego, después, el general Salazar tuvo la atinada idea de remitirlo a donde estaba el señor Cura Adolfo Mota, para que él diese su opinión de si era o no sacerdote. Cuando el señor Cura Mota dijo que él creía que sí era sacerdote, por las dudas, lo dejaron ir. Ya en eso había principiado la campaña y tuvo que caminar por caminos desconocidos, bajo el ruido ensordecedor de la metralla, hasta que logró llegar a las cercanías de Coquimatlán y, después de muchas aventuras, a Comala, Col., en donde lo esperaba -dice él en su libro- su general Ortiz, y de allí, a Colima.

EL PANEGÍRICO QUE EL HIZO

No obstante lo que el Padre Lara sufrió en los campamentos cristeros de Cerro Grande, he aquí lo que él escribe en su citado libro:

VALIENTES

La manera de combatir era la siguiente: parapetados detrás de las peñas, esperaban tranquilos al enemigo hasta tenerlo a tiro seguro. Los guachos al contrario: ya desde que empezaban a subir el cerro atronaban el aire con sus descargas nutridas y con su gritería infernal. Así que el primer encuentro era desgarrador para los callistas. Sus vanguardias se revolvían en su sangre con la de sus caballos; pero como superaban mucho en número a los cristeros, lograban ocupar el puesto de los suyos que iban quedando fuera de combate. Y así seguía éste hasta que los cristeros veían que los guachos empezaban a sitiarlos. Salíanse entonces aquéllos a fuerza de carrera hasta encontrar otra de sus trincheras naturales, y allí se volvía a repetir la escena anterior, hasta que agotados de cansancio, de hambre o de sed, raras veces de parque, dejaban el campo al gobierno.

CRISTIANOS DE VERDAD

La vida que llevaban los cristeros en el Cerro Grande, prescindiendo del tratamiento que me dieron, era por demás edificante. Embebidos de un grande espíritu de fe, confiaban seguros en la ayuda de Cristo Rey por quien peleaban y exponían su vida. Todos los días, cuando les permitía algo de reposo la guachada, rezaban el rosario hombres y mujeres, con fervor tal, que yo no podía menos que edificarme. Siempre alegres, se reían de los aeroplanos y de sus temidas bombas. Casi todos eran muchachotes robustos, colorados; algunos de ricas familias de Guadalajara y Colima y de otras partes. Allí traté a un simpático muchacho de sólo catorce años, armado de su carabinita 44, muy valiente, de quien decían que se había batido cuerpo a cuerpo con un temible callista, hasta dejarlo muerto en pelea. Cuanto a su moralidad, nunca oí conversación ni menos vi acciones indecorosas; y eso que para nada tenían que cuidarse de mí, porque nadie, excepto mi amigo el capitán, me tenía por sacerdote. Las mujeres que andaban allí eran de las familias de los mismos cristeros. Todas andaban con su rosario en la mano y con la oración en la boca. Andaban también allí ancianos impotentes de portar armas. Muchas familias no pudiendo seguir viviendo en sus ranchos o poblados por los atropellos del gobierno y de los agraristas, buscaban asilo bajo las armas de los cristeros.

LA FIESTA DE MARÍA AUXILIADORA

EC_MAEn tanto que el general Ortiz hacía en Colima los últimos preparativos para la campaña, organizaba sus exploraciones, reconocía las posiciones enemigas por medio de las informaciones de los que las conocían y del examen que mañana y tarde se hacía desde los aeroplanos, y mandaba al campamento libertador más próximo al jesuita prisionero de que ya se habló, como valioso medio para que algunos cruzados se rindiesen y se dividiese así el campo católico, se celebraba en el cuartel general cristero del Volcán una ferviente fiesta religiosa el día 24, festividad de María Auxiliadora de los Cristianos.

Hubo concentración de los soldados cristeros de los campamentos vecinos, no de todos, pues ya propiamente se tenía enemigo al frente. Ya allá, en Cerro Grande, cuyo cielo estaba surcado por los aviones militares del callismo, desde hacía dos días -el día 22-, caían las bombas enemigas que, de no haber sido por la especial Providencia Divina, hubiesen hecho muy grandes estragos. El ruido de las detonaciones perfectamente se oía, con claridad y fuerza, en los campamentos del Volcán. Sobre el mismo cuartel general voló ese día un avión de reconocimiento.

No obstante todo, con gran fervor se tuvo, por la mañana, la Misa de Función cuyo coro, así como en la fiesta de Cristo Rey, en el octubre anterior, fue ejecutado por los mismos cristeros y sus familias.

Bajo la dirección de don Virginio García Cisneros, que ya en esos días se encontraba en los campamentos del Volcán, porque descubierta su actuación de jefe civil en Colima, había tenido imprescindible necesidad de dejar la ciudad, y con la colaboración de la señorita Amalia Castell, la jefe del hospitalito de Cristo Rey en los volcanes, se preparó de nuevo y ejecutó la Misa de Angelis en gregoriano.

La Misa la celebró el Padre capellán señor Ochoa. Habló, en su panegírico, de la Virgen María, Defensora y Auxilio de los cristianos y cómo, bajo su protección, nada puede temer la Iglesia y nada podemos temer sus hijos.

El Santísimo Sacramento, en la pequeña y hermosa Custodia, estuvo expuesto durante todo el día, recibiendo la adoración y homenaje de sus luchadores. Por la tarde, rosario solemne con bendición de Su Divina Majestad.

EL BOMBARDEO

El tremendo bombardeo que desde el día 22 había principiado en los campamentos de Cerro Grande, se extendió a los del Volcán, al día siguiente de la fiesta de María Auxiliadora, o sea el 25.

Aquello era formidable; había bombas que hacían unos hoyancos de unos dos metros y medio de diámetro por unos dos de profundidad, haciendo, retemblar y estremecer la montaña.

Hubo días en que hasta cinco veces volaron sobre los campamentos libertadores los pájaros de acero, repitiendo en cada vuelo el bombardeo, como si hubiesen querido no dejar piedra sobre piedra.

Los cristeros de El Borbollón, jóvenes casi en su totalidad -muchachos de 15 a 22 años casi todos-, se burlaban alegremente de los aeroplanos, de las balas de sus ametralladoras, y de las terribles bombas explosivas. Generalmente, cuando se alistaban a lo lejos como pequeños pájaros grises y principiaba a percibirse su peculiar trepidación, los cruzados de Cristo, en lugar de esconderse en el bosque, corrían a esperarlos a campo descubierto. Así, decían ellos, se podía ver la bomba al desprenderse y había modo de escapar de ella.

De esta manera llegó a constituir aquello una verdadera diversión; porque mientras el enemigo con saña infernal procuraba aniquilarlos, ellos, corriendo sin cesar de aquí para allá, para escapar de las balas, correspondían con gritos y se burlaban de su furia.

Dios los cuidó, pues no hubo, entre todas las fuerzas colimenses, sino dos heridos solamente en toda la campaña, no obstante que en muchas ocasiones, estando el enemigo al frente, tuvieron que resistir impávidos en sus puestos, sin moverse de su lugar y al descubierto. En cambio, con frecuencia, los aviadores se equivocaban y descargaban su furor sobre sus mismos compañeros.

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LA VIRGEN Y RUSIA, POR MONS. FULTON SHEEN

22 de octubre de 2014

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Se ha hecho tan corriente en nuestro mundo juzgar un acontecimiento cualquiera en función de algún otro, que se está despreciando otro elemento de juicio mucho más importante, cual es la intervención de lo Eterno en la historia para anular los mezquinos y fútiles valores del espacio y del tiempo.

Puesto que no cabe esperar que sepan algo acerca de ciertas revelaciones celestiales los que viven en un universo bidimensional en el que sólo existen derecha e izquierda, sin un “arriba” o un “abajo,” será útil recordar que las dos manifestaciones más importantes se produjeron cuando más necesidad tenía el mundo de ellas y cuanto menor atención les prestó el mundo.

La primera de esas manifestaciones celestes se verificó en el año en que nacieron las ideas que han formado nuestro mundo moderno y la segunda en el año en que las ideas se tradujeron en hechos.

Si cabe señalar algún año en que podamos decir que se inició la vida moderna –y como tal entendemos lo que está en contraposición con la vida cristiana-, ese año sería el de 1858.

En dicho año escribió precisamente un tal John Stuart Mill su “Ensayo sobre la libertad,” en que se identifica la libertad con el abuso y ausencia de responsabilidades sociales; EN EL MISMO AÑO, Darwin publicó su “Origen de las especies,” en el que, apartado la atención humana de los fines eternos, hizo fijar la vista de los hombres en un pasado animal. También fue en 1858 cuando compuso sus óperas Ricardo Wagner, en las que hizo revivir el mito de superioridad de la raza teutónica. Carlos Marx, fundador del comunismo, escribió en el mismo 1858 su “Introducción a la Crítica de la Economía Política,” en cuya obra se corona la Economía como reina y base de la vida y de la cultura.

De esos cuatro hombres nacieron las ideas madres que han regido y dominado al mundo por espacio de casi un siglo, sosteniéndose, por ejemplo, que el hombre no es de origen divino, sino animal; que su libertad es abuso y ausencia de autoridad y de ley, y que, privado de espíritu, forma parte integrante de la materia cósmica sin tener necesidad, por consiguiente, de religión alguna.

En tan importante año de 1858, el día 11 de febrero, al pie de los Pirineos franceses, en el pueblecito de Lourdes, aparecióse también la Santísima Virgen María, por vez primera entre dieciocho, a una aldeanita apellidada Soubirous. Hoy la conocemos por Santa Bernadette.

Cuatro años después que la Iglesia había definido el dogma de la Inmaculada Concepción, abriéronse los cielos y la Santísima Virgen, tan bella que no parecía criatura terrenal, hablo a Bernadette para decirle: “Yo soy la Inmaculada Concepción.”

En el preciso momento que el mundo negaba la culpa de origen y, sin que ello le constara, afirmaba que toda persona nace sin pecado original, nuestra Bendita Madre declaraba: “Yo sola soy la Inmaculada Concepción.”

Nótese bien que no dijo: “Yo he sido concebida inmaculada.” Entre ella y la Inmaculada Concepción hay la misma identidad, poco más o menos, que la declarada por Dios en el Monte Sinaí cuando afirmó: “Yo soy el que es.”

De igual modo que el “ser” es la naturaleza esencial de Dios, así la Inmaculada Concepción es el privilegio natural de la Virgen María.

Si solamente fue la Virgen concebida inmaculada, cualquier otro ser humano nace por tanto, con el pecado original; si no existiera el pecado original, todos seríamos concebidos inmaculados. El reclamar la Virgen este privilegio como suyo significó una condena implícita de las ideas que dieron principio al moderno mundo anticristiano.

La Virgen invitaba a los hombres a peregrinar hasta su altar, como señal de reconocimiento del espíritu, en contra de los que sostenían que en el ser humano, solamente existe naturaleza material; la Madre Divina estimulaba a los hombres a elevarse sobre el animal, con su aspiración suprema hacia Dios, en oposición a los que dejaban reducido el hombre a un animal, y éste a la naturaleza; el Eterno reafirmaba que solamente nos hace libres la Divina Verdad, con la gloriosa libertad de los hijos de Dios, en contraposición de los que pregonaban que la libertad era su abuso, haciéndola de general consecuentemente en libertinaje; la Virgen vino a sacar a los hombres del opio de la mentira emponzoñada para llevarlos a la excelsa posibilidad de ser herederos del cielo, en contra de los que proclamaban que la religión es el opio de los pueblos.

El mundo no prestó la debida atención a la llamada del cielo. Las ideas paganas de 1858, de que el hombre era un animal, que la libertad consistía en librarse de las leyes, que la religión era cosa antihumana, salieron pronto de las tapas de los libros y de las cuatro paredes de las aulas para desembocar en la violencia de la primera Guerra Mundial de 1914 al 18.

Pero dirijan una mirada al mundo y fíjense en lo que ocurría el 13 de mayo de 1917 en tres lugares diferentes de Europa (muy poco antes, el Viernes Santo del mismo año, acababan de entrar también en guerra los Estados Unidos). Roma: el 13 de mayo de 1917, Benedicto XV imponía las manos a Monseñor Eugenio Pacelli, haciendo de él un sucesor de los Apóstoles. Mientras las campanas de la Ciudad Eterna tocaban el Angelus, sentaba a la Iglesia de Dios un nuevo Obispo, que ascendería al cabo de los años, por oculto designio de la Providencia, al trono de San Pedro para gobernar a la Iglesia Universal como nuestro actual Padre Santo, Pío XII.

Moscú: el 13 de mayo de 1917 se hallaba María Alexandrovitch en una de las iglesias moscovitas enseñando el catecismo. Tenía sentados en bancos, delante de ella, a unos 200 niños. Percibióse un ruido fuerte en la puerta principal del templo: hombres a caballo irrumpieron en la nave central, saltaron por encima de la balaustrada de la comunión al presbiterio y destruyeron el altar mayor; luego cabalgaron por las naves laterales, destruyeron los altares que había en ellas y se llevaron a los niños, algunos de los cuales mataron. María Alexandrovitch salió a escape de la iglesia dando gritos. Era el primero de los intentos esporádicos de furor que precedieron a la revolución comunista. María fue en seguida a casa de uno de los revolucionarios, que pronto se hizo famoso, y le dijo: “Ha sucedido una cosa terrible: me encontraba enseñando la doctrina en la iglesia cuando de pronto, han aparecido unos hombres a caballo que se han llevado a los niños que había conmigo, matando a algunos de ellos.” El revolucionario le repuso: “Lo sé. He sido yo quien les ha mandado ir.”

Fátima, Portugal: el 13 de mayo de 1917, tres niños de la parroquia de Fátima, Jacinta, Francisco y Lucía, apacentaban su rebaño cuando se oyó el toque del Angelus de la cercana iglesia. Los tres pastorcitos se pusieron de rodillas, y, según su costumbre diaria, empezaron a rezar el santo Rosario.

Al acabar, decidieron hacer una barraca para guarecerse en ella los días de lluvia tormentosa. Los tres pequeños constructores vieron repentinamente interrumpida su labor por un relámpago cegador, lo que les hizo levantar su vista al cielo. Ni una nubecilla velaba el resplandor del mediodía. Se produjo entonces una ráfaga luminosa, seguida de otra. Los niños echaron a correr, pero a unos pasos de distancia, en el verde follaje de una encina vieron a una “señora muy preciosa” más resplandeciente que el sol. Con un ademán de maternal cariño, les dijo la Señora: “No tengan miedo, no les haré ningún mal.” La señora era muy guapa: parecía tener de quince a dieciocho años de edad. Su vestido era blanco como la nieve; lo llevaba sujeto al cuello con un cordoncito de oro y le caía hacia abajo hasta los pies, que apenas se veían y que los tenía descalzos, sobre una rama del árbol. Llevaba un velo blanco recamado de oro que le cubría la cabeza y le caía por los hombros, cayendo hasta los pies, lo mismo que el vestido. Sus manos las tenía juntas a la altura del pecho en actitud e rezar; de la mano derecha le congabe3 un rosario de perlas relucientes con una cruz de plata. Su cara, de belleza incomparable, estaba rodeada por un halo tan brillante como el sol, pero parecía tener un sello de tristeza. Lucía fue la que primeramente habló:

* ¿De dónde viene?

* Vengo del Cielo – contestó la señora.

* ¡Del Cielo! ¿Y para qué ha venido aquí?

* He venido para pedirte que vengas a este sitio durante seis meses consecutivos el día 13 de cada mes, a estas horas. En el mes de octubre, te diré quién soy y qué es lo que quiero.

Precisamente en el mismo instante en que en la extremidad oriental de Europa se había desatado el “Anticristo” en contra de la verdadera religión y contra la profunda idea de Dios, al mismo tiempo que contra la sociedad, mediante la más terrible mortandad de la historia, he aquí aparecer en la extremidad occidental de la misma Europa a la grande y eterna enemiga de la serpiente infernal.

La más importante de las seis apariciones de la Virgen a estos niños fue la del 13 de julio. Hay que recordar que estaba en el tercer año de la primera Guerra Mundial. Después de haber mostrado a los niños una espantosa visión del infierno, la hermosa señora dijo suavemente, con mezcla de tristeza: “Ustedes han visto el Infierno adonde van los pecadores. Para salvar a las almas, Dios quiere que se establezca en el mundo el culto a mi Corazón Inmaculado. Si la gente hace lo que les he dicho, muchas almas se salvarán y encontrarán la paz.”

Hablando luego de la primera Guerra Mundial, dijo: “La guerra terminará. Si la gente hace lo que les he dicho, muchas almas se salvarán y encontrarán la paz.”

Después vino el considerar que tal vez no hicieran penitencia los hombres, lo mismo que ocurrió en Nínive, y la Señora añadió: “Si la gente no deja de ofender a Dios, no pasará mucho tiempo, y será precisamente en el próximo Pontificado, sin que entable otra guerra más terrible.”

Fue en efecto, durante el Pontificado de Pío XI cuando se desencadenó la tremenda guerra española, preludio de la segunda Guerra Mundial.

En ese período, los rojos asesinaron cruelmente, en su odio contra la religión, a 13 prelados y a 14,000 sacerdotes y religiosos y destrozaron 22,000 iglesias y capillas.

La Virgen explicó cuándo sobrevendría la segunda Guerra Mundial. “Cuando vean una noche iluminada por luz misteriosa, sepan que con dicha señal les avisa Dios que está inminente el castigo del mundo por sus muchas maldades a través de la guerra, de la carestía y de la persecución de la Iglesia y del Padre Santo.

Mas tarde se le preguntó a Lucía cuándo aparecería exactamente, dicha señal, y ella dijo que se trataba de la extraordinaria aurora boreal que se vio desde gran parte de Europa en la noche del 25 al 26 de enero de 1938. Hablando de la nueva guerra, manifestó Lucía lo siguiente: “Será horrorosa, horrorosa.” Todos los castigos de Dios pueden evitarse con la penitencia. Fíjense bien que, según expresión de la misma Virgen Santísima, se habría podido evitar la segunda Guerra Mundial, porque dijo: “Para evitar esto a los hombres, pediré al mundo que sea devoto de mi Corazón Inmaculado y la Comunión en el primer sábado de cada mes. Si mis ruegos son atendidos, Rusia se convertirá y habrá paz. De otra forma, Rusia esparcirá sus errores por el mundo, dando lugar a guerras y persecuciones contra la Iglesia. El justo padecerá el martirio y el Padre Santo sufrirá mucho. Quedarán destruidas varias naciones.”

En este punto, la Iglesia ha creído conveniente callarnos una parte del mensaje; ignoramos el extremo al que se refería. Aparentemente, no habrá de contener muy buenas noticias, que probablemente se refieren a nuestros tiempos. De todas formas, conocemos el epílogo del mensaje, rebosante de alegría: “Al fin triunfará mi Corazón Inmaculado. El Padre Santo consagrará a Rusia a mi Inmaculado Corazón y Rusia se convertirá; entonces empezará en el mundo una era de paz.”

La última aparición se efectuó el 13 de octubre de 1917, cuando la Virgen prometió hacer un milagro tal, que todos los que lo vieran pudieran creer en sus apariciones.

En la tarde el 12 de octubre, todos los caminos que llevan a Fátima estaban atestados de coches, bicicletas y gentes de a pie que se dirigían al lugar de la Visión. Se congregó: una multitud de 60,000 personas, en su mayoría curiosos y burlones. Lucía dijo a los reunidos que miraran al sol. Paró de llover e inmediatamente desaparecieron las nubes, dejando ver una gran extensión de intenso azul.

Auque ni una sola nubecilla vela el espacio, no deslumbraba el sol, que estaba en todo su apogeo, y se le podía ver con toda comodidad. De repente, el sol comenzó a vibrar con bruscos movimientos y empezó a girar vertiginosamente sobre sí mismo como una rueda de fuegos artificiales, desprendiendo en todas direcciones chorros de luz verde, roja, violeta, amarilla y azul, coloreando de manera fantástica las nubes, los árboles, las rocas y la tierra. En unos cuatro minutos, el sol se quedó quieto y un momento después volvió a su rapidísimo movimiento, con la sorprendente danza de luz y de color cual no cabe imaginar en el más extraordinario castillo de fuegos de artificio. Una vez más dejo el sol su prodigioso bailoteo al cabo de unos minutos, pero tras una breve pausa, por tercera vez se hizo más brillante. Durante doce minutos pudieron percibir el maravilloso fenómeno en un radio de más de 25 millas todas y cada una de las 60,000 personas congregadas. Pero no fueron estas tres rotaciones del sol lo que más impresionó a la muchedumbre: el mayor estupor lo causó un terrible descenso del sol, que fue el momento culminante del grandioso milagro, el momento más terrible que hizo finalmente que de todos los pechos se dirigiera a Dios un acto único de Contrición y de Amor. En medio de aquella loca danza de fuego y colores, como si una gigantesca rueda pirotécnica que por su excesivo girar se desprendiese del eje que la sujeta, dejó el sol su posición en el firmamento y cayó en zigzag hacia el suelo como si fuera a precipitarse sobre la aterrada muchedumbre, dando a los espectadores una clara impresión de la escena del fin del mundo anunciada por el Evangelio, cuando el sol y las estrellas caerán en la tierra. Aquel momento arrancó de la multitud anonadada un repentino grito de espanto, un inmenso clamor impregnado de religioso temor lanzado por las lamas de los que se preparaban a morir profiriendo actos de fe y pidiendo a Dios perdón por los pecados cometidos. Como si se hubieran puesto secretamente de mutuo acuerdo, los reunidos cayeron de rodillas en el barro y elevaron al cielo con voz interrumpida por los sollozos el más sincero acto de contrición jamás salido de sus corazones. Por fin, deteniéndose el sol de repente en su alocada caída, termino por subir a su sitio en zigzag, conforme había sido el descenso, y acabó recobrando gradualmente su acostumbrada luminosidad en el cielo despejado. Aunque todos habían quedado empapados por la lluvia de la mañana, encontraron completamente secas sus ropas inmediatamente después de la Visión.

No estoy aquí para probar la autenticidad de estas revelaciones, porque quienes creen en el reino del Espíritu y en la Madre de Dios, no necesitan pruebas, y los que reniegan del Espíritu, no aceptarían las pruebas en modo alguno. ¿Qué significado puede tener para nosotros la aparente caída del sol sobre las gentes congregadas en Fátima en aquel octubre de 1917? No podemos estar muy seguros, pero intentaremos una explicación a la vista del espanto que se apoderó de los que la presenciaron. Podría significar que un día se apropiarían los hombres de una parte de la energía atómica solar y la utilizarían, no para iluminar al mundo, sino como bomba terrorífica que lanzarían a través del espacio sobre una población indefensa ante semejante proyectil. Cuando la carestía se enseñoreaba de la tierra, mientras la guerra destruía y consumía los bienes acumulados durante siglos, mientras el hombre se mostraba como un lobo con el hombre, y mientras enormes campos de concentración, cual nuevo Moloch, se tragaba a millones y millones de pobrecitos, los hombres siempre podrían alzar la vista al cielo para esperar. Si esta tierra es tan cruel, podían decirse, al menos se nos mostrará clemente el cielo. Pero tal vez quisiera presagiar la visión de Fátima, que ahora, a causa de las nuevas y terroríficas armas, también se mostrarían los cielos contra el hombre y sus fuegos se abatirían contra los indefensos hijos de Dios. No sabemos, en definitiva, si sería o no un anuncio de la bomba atómica. Pero una cosa es segura, que no perderemos con todo eso nuestra esperanza, pues en medio de tantas nubes, aun podremos alzar nuestra vista para ver a la Virgen con la luna a sus pies, coronada de estrellas y con el sol bajo sus plantas también. El Cielo no está contra nosotros y no nos destruirá para que podamos ver a Nuestra Señora como Reina de Cielos y Tierra.

Otra razón es que la Divina Providencia confió a una mujer el encargo de vencer al demonio. En el primer día tan funesto en que el demonio se introdujo en el mundo, Dios habló en el Paraíso Terrenal a la serpiente para decirle: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya y tú permanecerás a la espera de su talón.”

(Génesis, 3, 15). En otras palabras, el Mal tendría descendientes y simiente, pero que también los tendría el Bien, y que el mal sería derrotado a través de la mujer. Ahora vivimos en la hora del demonio, pues si el bien tiene su día, el mal tiene su hora. Nuestro Señor le dijo a Judas la noche en que fue al Huerto de los Olivos: “Esta es tu hora, el reinado de las tinieblas.” (San Lucas, 22, 53). Todo lo que el demonio puede hacer en su hora es apagar la luz del mundo. Si vivimos entonces en un tiempo en el que se le ha dado una larga cuerda al demonio, no podremos superar el espíritu de Satanás, sino es a través del poder de la Mujer, a la que Dios omnipotente le confió el encargo de aplastar la cabeza de la serpiente.

Traduciendo todo esto a los problemas concretos de nuestro mundo, puede significar que la tercera guerra mundial, que tanto tememos, vendrá a agravar aún más la miseria y el dolor de una humanidad que ha sufrido dos guerras mundiales en veintiún años. ¿Será posible evitar esa catástrofe cósmica? Lo que sí es cierto que no será la política la que pueda detenerla, porque al abandonar los principios de justicia de la “Carta del Atlántico”, se ha esparcido la semilla de otra guerra. También es cierto que no podrán detenerla ni una acción económica, ni social o militar, porque existirá el peligro de conflagración mientras los hombres estén alejados de Dios y sean egoístas y avariciosos de los bienes de la tierra. La única esperanza de salvación es un milagro. Solamente Dios puede paralizar la guerra, y lo hará por mediación de la Santísima Virgen. ¿Cómo sucederá eso?, no lo sabemos, pero es seguro que si Rusia tuviese de nuevo el don de la Fe, ésta conduciría al mundo a la paz. Piensen un momento en la transformación que se produciría en Rusia con una sola visión de la Santísima Virgen. Recordemos que México se convirtió a través de una visión en Guadalupe. La Roma pagana se convirtió después de perseguir a la Iglesia por espacio de trescientos años. La Rusia atea no se halla más alejada de la gracia divina que Roma.

Debemos rogar a Dios por la conversión de Rusia, porque si esta conversión se efectuara, llevaría a todo el mundo a la paz, que sólo puede proporcionar la fe religiosa. Pero el género humano debe hacer lo que le corresponda, pues no debemos olvidarnos de que somos cooperadores de la divina voluntad. Antes de que se produzca semejante milagro, debe haber una gran manifestación colectiva de amor a Dios a través de la devoción al Inmaculado Corazón de María. Nuestra Señor pidió la consagración del mundo, y el Padre Santo consagró el mundo al Inmaculado Corazón de María el año 1942, es decir, en el vigésimoquinto aniversario de su consagración episcopal y en el vigésimoquinto aniversario también de las apariciones de Fátima. Ahora esperamos la consagración de Rusia al mismo Inmaculado Corazón de María hecha por el Sumo Pontífice con todos los Obispos de la Iglesia.

Por nuestra parte, además de llevar el escapulario de Nuestra Señor la Virgen del Carmen, como contribución mínima a esta cruzada de oración, hemos de demostrar nuestra fe:

1) Recibiendo la sagrada Comunión los primeros sábados de mes y rezando durante quince minutos a la Virgen para reparar por los pecados del mundo.

2) Rezando diariamente el santo Rosario por la conversión de Rusia.

Los que creemos, no hemos de olvidar que el día 8 de diciembre de 1846, hace un siglo, el Congreso de Baltimore consagró los Estados Unidos de América al Corazón Inmaculado de la Virgen y ocho años después proclamaba la Iglesia el dogma de su Inmaculada Concepción.

En nuestras monedas está grabada la leyenda: “En Dios confiamos.” Sobre nuestro suelo campea escrita con caracteres invisibles la consagración de nuestra Patria de cien años atrás. Por encima de los Cielos y de la historia está escrita la promesa Divina contra la Serpiente del Mal: “Y Ella quebrantará tu cabeza.” Queda por escribir en nuestros corazones un amor contrito para el Inmaculado Corazón de María. Que este amor pueda expresarse cada día con tales muestras de amor y de virtud, que cuando comparezcamos ante Dios en el último día para ser juzgados, podamos oírle pronunciar las palabras más consoladoras, garantías de nuestra eterna salvación: “He oído a mi Madre hablar de vosotros.”

¡Por el amor de Jesús!

 

FIN

 

angel

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