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ACTUALIDAD DE TOMÁS DE AQUINO

31 de agosto de 2014
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Visión de Santo Tomás de Aquino (Litografía, L. Turgis, siglo XX, Paris)

P. Leonardo Castellani

Santo Tomás es sumamente actual, e irá siéndolo más y más in dies. La razón es que intelectualmente no existirán más que Hegel y Tomás de Aquino trabados en lucha a muerte, dentro de poco. Estamparé aquí una afirmación osada, que a quien le parezca disparatada o temeraria no tiene más que pedirme se la pruebe… Es ésta: en la época en que estamos, la Epoca Atómica (que yo llamaría “Parusíaca”), no habrá más filosofía. Habrá solamente Teología; la filosofía habrá retrocedido a sus raíces religiosas. Habrá una lucha religiosa a muerte entre el ateísmo y la Iglesia Católica, es decir, entre la teología de Hegel y la de Tomás de Aquino. Podemos adelantar que Hegel vencerá, pero no para siempre.
 
Hace ya un siglo, el gran Menéndez Pelayo exclamó (en Ideas Es­téticas, tomo 4, I): “¡No hay filósofos, y quizás no los habrá ya nunca!”, que es lo que estamos diciendo. Tampoco los hubo después del gran crítico hasta nuestros días. Pero, ¿y esa bandada de filósofos disemina­dos por todo? Aquí en Buenos Aires tenemos como cinco… No son filósofos: son profesores de filosofía. Son discípulos, seguidores, epígo­nos de Hegel. Y lo mismo se ha de decir, pese a quien pese, de Bergson, de Max Scheller, de Gentile, de Julián Marías y de Ortega, etc., etc. Son a veces brillantísimos expositores, pero filósofos no son. Son flor de un día.
 
El de Aquino tiene en pos de sí a quienes podemos denominar filósofos sil vous plait: Rosmini, Maritain, Marechal, Zeferino Gonzá­les, Balmes, Ramírez, Josef Pieper, Haecker, Peter Wust… y otros. Y una brillantísima falange de expositores, como Zigliara, Mercier, Gus­tave Truc, De Wulf, Descogs, Rousselot, Sertillanges, Mandonnet, Thon­nard, Mánser, Bochenski, Garrigou Lagrange, Gardeil, Gredt, Gilson, etc. Se podría llenar una página de nombres.
 
Vean por otro lado las numerosas “escuelas” de filósofos actuales, si no están todas (excepto las tomistas) tocadas de una manera u otra por Hegel: desde los neohegelianos puros, que son legión, hasta los ateos, marxistas, materialistas, fenomenólogos, nietzcheanos… Eso irá en aumento hasta que no queden en finiquito más que la religión en su forma más pura y el hegelismo también puro, es decir, panteísta y ateo, con sus derivados, naturalismo y modernismo.
 
El causante de esta polarización en marcha fue un teólogo extraño y poderoso llamado Söeren Kierkegaard –si lo quieren mejor en espa­ñol, Suero Kirkegord–. Al fin de su vida, todas sus posiciones prin­cipales (testigo su expositor, traductor y biógrafo, Knud Ferlov) coin­cidían con las de Tomás de Aquino. Sobre esto hemos escrito un libro (De Kirkegord a Tomás de Aquino).
 
¿Cómo lo hizo? Rebatiendo a Hegel, con una refutación definitiva que está en su Postdata no científica definitiva principalmente, y luego en el resto de su obra. Educado en Hegel y Lutero, se desprendió con energía de los dos en el largo itinerario a Dios de su corta vida. Murió a los 43 años. Si hubiera vivido más, muy probablemente se hubiese reducido a la Iglesia Católica, pues al teólogo oficial de la Iglesia, Tomás de Aquino, ya había llegado solo, a oscuras, sin conocer de él ni una línea.
 
El historiador idealista Kuno Fischer escribió que Hegel era la “cúspide de la filosofía”. Si hubiera añadido “moderna” estaría en lo cierto. Hegel es el final del camino antitomista abierto por Descartes. Es el anti-Aristóteles, el Aristóteles invertido, patas para arriba: el devenir en lugar del Ser. Pero tiene una potencia de pensar y sistemar comparable a la del Estagirita. Pues bien, el endiosado Kirkegord lo derrumba entero con sólo retirarle el cimiento: el comienzo del filosofar no es el Devenir, sino el Ser. Antes que Heráclito, Parménides, y mejor la síntesis de ambos: Tomás, el “Buey Mudo”.
 
Lo primero que conocemos son las cosas sensibles, que por abs­tracción de nuestro intelecto nos llevan a Dios, tanteado en las tinieblas de lo Sumo. El principio de no contradicción, “nada puede ser y no ser” (a la vez, en el mismo sentido), eliminado por Hegel, es inelimi­nable. Es el gozne mismo de nuestro pensar. Claro, el que elimina el principio de no contradicción puede llegar después adonde quiera: a decir que el Espíritu Absoluto es a la vez Dios y el hombre, en con­tinua evolución, por ejemplo.
 
La filosofía greco-latino-cristiana dijo su última palabra en el de Aquino. La filosofía antiescolástica-anticristana moderna dijo su última palabra en Jorge Guillermo Federico Hegel. Ya no queda nada que inventar: sólo se puede glosar y, si acaso, reconstruir y completar. Kir­kegord quedó sepultado casi un siglo, y lo resucitaron los alemanes, traduciéndolo del danés después de la Guerra del 14. Y Santo Tomás estuvo sepultado como seis siglos y fue resucitado por el Papa León XIII. Los dos escribieron para nuestra época, la Época Atómica; o, si quieren creerme, la Época Parusíaca.
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LA  VIRGEN  DE  LA  MATERNIDAD. POR MONS. FULTON J. SHEEN

30 de agosto de 2014

 

ARCHBISHOP FULTON J. SHEEN

«¿Hay entre el público que me está escuchando alguna madre cuyo hijo se haya distinguido en el campo de batalla o en su profesión? Si la hay, le rogamos que diga a los demás que el respeto con que a ella se la distingue no disminuye en nada ni el honor ni la dignidad de su hijo.

¿Por qué, entonces, han de pensar algunos que todo acto de reverencia hacia la Madre de Jesús disminuye el poder y la divinidad de Nuestro Señor? Conozco a falsos e ignorantes que afirman que los católicos adoran a María o la convierten en una diosa; pero eso es una mentira, y como ninguno de los que me escuchan querrá cargar con semejante necedad, continuaré haciendo caso omiso de tal acusación.

¿Sabes de dónde se me figura que procede esta frialdad y olvido para la Bendita Madre? De no considerar que Su Hijo, Jesús, es el eterno hijo de Dios.

Desde el momento en que se ponga a Nuestro Señor al mismo nivel que a Julio César o a Carlos Marx, a Buda o a Carlos Darwin, es decir al considerársele sólo como a un hombre, entonces el pensar reverenciar de manera especial a Su Madre como si fuese diferente de nuestras madres, resulta decididamente repulsivo.

Todos pueden decir: Yo tengo mi madre, que vale tanto como la vuestra. Ese es el motivo de que no se haya escrito mucho sobre la madre de los grandes hombres, puesto que cada cual considera a su madre como la mejor.

Ninguna madre de mortal tiene derecho a que se la quiera más que a las demás madres. No creo que haya ningún hijo que eligiera a la madre de otro por Madre de las madres.

Fijémonos en el caso de San Juan Bautista. De él dijo el Señor: “Es el hombre más ilustre que haya engendrado una mujer.”

Supónganse que se estableciera un culto especial para honrar a su madre, Santa Isabel, como superior a todas las madres: ¿quién de nosotros no protestaría, juzgando excesivo ese honor al considerar que San Juan Bautista era solamente un hombre? Si Nuestro Señor fuera también solamente un hombre, o un reformador de costumbres, o un sociólogo, entonces compartiría el resentimiento del más intransigente fanático sobre que la Madre de Jesucristo sea diferente de las otras madres.

El cuarto mandamiento dice: “Honra a tu padre y a tu madre,” pero no dice a la madre de Gandhi o al padre de Napoleón.

El mandamiento de honrar a nuestro padre no nos impide adorar al Padre Celestial. Si el Padre Celestial envió a Su Hijo a esta tierra, entonces el mandamiento de honrar a nuestra madre terrena no nos vedará venerar a la Madre del Hijo de Dios.

Si la Virgen no fuera más que la madre de otro hombre, entonces no podría ser al mismo tiempo madre nuestra también, porque los vínculos de la carne son demasiado exclusivos. La sangre no admite más de una madre. Largo es el paso entre una madre y una madrastra, y bien pocos son los que pueden dar ese paso. El Espíritu, en cambio, admite otra madre.

Siendo María la Madre de Dios, puede ser también la madre de cualquiera que haya redimido Jesucristo. El secreto para comprender a María es el de tomar a Cristo Hijo de Dios, como punto de partida y no a la Virgen. Cuanto menos se piense en Él, menos pensaré en Ella; cuanto más piense en Él, más pensaré en Ella; cuanto más adore la divinidad de Cristo, más veneraré la maternidad de la Virgen; cuanto menos adore la divinidad de Cristo, menos motivos tendré para respetar a la Virgen.

¡Estoy seguro de que no toleraría ni siquiera oír pronunciar el nombre de la Virgen si estuviese tan pervertido que no creyera en Cristo, Hijo de Dios!

No se encontrará a nadie que ame de verdad al Señor como Divino Salvador y que no ame a María. La maternidad de la Virgen es diferente de todas las demás, precisamente por Su Hijo. Me acuerdo ahora de un chiquito de una escuela parroquial que hablaba de la Virgen con un profesor vecino suyo. El profesor, uno de esos intelectuales con instrucción superior a su inteligencia, se burlaba del chiquillo, a quien decía: “¡Pero no existe diferencia alguna entre Ella (la Virgen) y mi madre!” Eso dice usted –repuso el chico-, pues hay un rato largo de diferencia entre los hijos.” ¡Magnífica contestación!

La Virgen no es una persona “particular” como lo son las demás madres. Pero no somos nosotros quienes la hemos hecho diferente de las demás. No hemos sido nosotros los que la hemos elegido para su excelsa dignidad, sino el Señor.

Pensemos en Jesús y en Su Madre. Jesucristo es mediador entre Dios y la humanidad. Ella es mediadora entre Cristo y nosotros.

Ante todo, Nuestro Señor es mediador entre Dios y el hombre.

Un mediador es como un puente que une las orillas de un río, sólo que en este otro caso el puente está tendido entre el cielo y la tierra.

Así como ustedes no pueden tocar el techo sin la ayuda de una escalera, tampoco podría el hombre pecador llegar a Dios sin la ayuda de Uno que es Dios y hombre al mismo tiempo. Como hombre, puede intervenir en nuestro nombre y cargar con nuestros pecados; como Dios, todas Sus palabras, milagros y muerte tienen un  valor infinito, y puede, por eso recuperar más de lo que hemos perdido.

Dios se hizo hombre sin dejar de ser ni Dios ni hombre, y por eso es nuestro mediador, nuestro Salvador y nuestro Divino Señor.

Hablemos ahora de María, la Mediadora entre Cristo y nosotros.

Estudiando la vida de Nuestro Señor, viendo que fue el primer evadido huyendo de la persecución de un gobierno cruel, que trabajó como carpintero, que enseñó y  nos redimió, sabemos que todo eso comenzó al tomar la naturaleza humana y convertirse en un hombre. Si Jesucristo no hubiese sido hombre, no habrían oído los hombres el sermón de la montaña, ni perdonar a los que habían traspasado Sus manos y sus pies al clavarlo en la cruz. La Virgen María fue quien dio a Nuestro Señor la naturaleza humana. El Señor le pidió a la Virgen que le diese una vida humana, que le diese manos con las que bendecir a los niños, pies con los que andar en busca de las ovejas extraviadas, ojos con los que llorar a los amigos muertos, y un cuerpo, en fin, con el que sufrir para podernos proporcionar una resurrección en libertad y amor.

A través de Ella, se hizo Él puente entre lo divino y lo humano. Sin Ella, o Dios no sería hombre, o el nacido de Ella sería hombre y no Dios.

¡Sin Ella, no tendríamos en modo alguno a Nuestro Señor! Si se tiene una caja de caudales, se sabe que hay que prestar mucha atención a la llave. No se crea que la llave sea el dinero que se guarda en la caja, pero se sabe que sin la llave no se pude sacar el dinero.

Pues bien, la Virgen es como esa llave. Sin  Ella, no podríamos tener al Señor, porque Él nos vino mediante Ella. La Virgen no ha de compararse con el Señor, pues es una criatura, y Él, en cambio, el Creador. Pero sin la Virgen no podríamos llegar al Señor. He ahí la razón por la que debemos prestar tanta atención a la Virgen María; sin Ella, nunca podríamos imaginar cómo pudo tenderse un puente entre el cielo y la tierra.

Se pude objetar: “Me basta con el Señor, no tengo necesidad de la Virgen.”

Pero el Señor sí tuvo necesidad de María Santísima. Y lo que más nos importa es que el Señor dijo que nosotros tenemos necesidad de Ella, porque nos dio a Su Madre por Madre nuestra. En el Viernes que los hombres llamamos Santo, cuando el Señor fue izado en la cruz como bandera de nuestra salvación, miró a las dos criaturas que más apreciaba en la tierra: a Su Madre y a San Juan, Su discípulo predilecto.

En la noche anterior, durante la Última Cena, nos había legado, como última voluntad, lo que ningún hombre ha podido dejar a sus herederos, es decir, a Sí mismo en la Sagrada Eucaristía. De esa forma estaría con nosotros como Él dijo- “siempre, hasta la consumación de los siglos.” En las oscuras sombras del Calvario, aun añadió el Señor un codicillo a Su testamento. Allí, bajo la cruz, pero no postrada, sino de pie, como observa el Evangelio, estaba Su Madre.

Como hijo, el Señor pensó en Su Madre; como Salvador, en nosotros.

Y así, nos dio a Su Madre con estas palabras: “He ahí a tu Madre.” Y al hablarle a Ella, la nombró con el título de una maternidad universal: “Mujer”, y le encomendó a cada uno de nosotros: “He ahí a tu hijo.”

Por fin, es bien clara la descripción que hace el Evangelio del nacimiento de Jesús: María “dio a luz a “Su primogénito” y lo puso en un pesebre.” San Pablo Lo llama “El primogénito de todas las criaturas.” ¿Quiere esto decir que la Virgen debía tener otros hijos?

¡Claro! Pero no según la carne, porque Jesús fue su único Hijo; Ella debía tener otros “espiritualmente,” y de éstos, San Juan era el primero que estaba al pie de la cruz, quizá fuese el segundo San Pedro, Santiago el tercero y nosotros el billonésimo de los hijos.

La Virgen celebró “con alegría” el nacimiento de Cristo, que nos redimió; después celebró “con dolor” el nacimiento a la nueva vida de nosotros, los redimidos por Jesucristo.

Nosotros somos hijos de María, hermanos de Jesucristo, y no figuradamente, no metafóricamente, sino en virtud de los dolores del parto.

Así como aceptamos que Dios es nuestro Padre y le llamamos, a rezar, “Padre nuestro,” del mismo modo no rehusamos el preciado don de su Madre, y al rezar le decimos: ¡Madre nuestra! Así, pues, la caída del hombre quedó cancelada con el árbol de la Cruz; con otro Adán: Cristo; y con otra Eva: María.

Mirando una imagen de una madre con su hijito, no puede uno separar a la madre y pretender conservar al hijo.

Si tocáis a la Madre, estropearéis al Hijo.

Todas las religiones del mundo, con excepción del Cristianismo, se pierden en mitos y leyendas.

Cristo se aparta de todas las deidades del paganismo precisamente por estar vinculado “a la mujer y a la historia”. “Nació de la Virgen María, padeció bajo Poncio Pilatos.” Con razón llama Conventry Patmor a María “nuestra única salvadora de un Cristo abstracto.” No es mucho más fácil representarnos a Cristo manso y humilde de corazón mirando a Su Madre.

La Virgen tiene en sí todas las grandes verdades del Cristianismo de la misma manera que el palo tiene ligada la birlocha. Los niños enrollan el hilo de la birlocha en un palo y luego lo van soltando conforme asciende la cometa balanceándose, hacia el cielo. María es a manera de ese palo, y enrollamos en ella el hilo de las grandes verdades de nuestra Santa Fe: la Encarnación, la Eucaristía, la Iglesia.

Por mucho que nos alejemos de la tierra, como la birlocha, siempre tendremos necesidad de María para estar relacionados con el contenido del Credo. Si desaparece el palo, perderéis la birlocha; sin María no tendréis a Nuestro Señor: se perdería el cielo, como la birlocha, y eso sería terrible para nosotros los de la tierra.

La Virgen no nos impide honrar al Señor. Nada más cruel para Ella que decir que enajena las almas de Cristo. Eso equivaldría a afirmar que el Señor se escogió una Madre egoísta. Por mi parte, puedo deciros que si la Virgen me alejase de Su Hijo, renegaría de Ella.

Si  fuera a verlos a su casa y no quisiera cruzar palabra con su padre, ¡me podrían creer que los aprecio de verdad? ¿Y qué les parece que puede sentir Nuestro Señor de quienes cuenca tienen atención alguna para con Su Madre?

¿No ha sido bastante buena con ustedes la Madre de Jesús? Piensen que si el Señor no la hubiera elegido, no hubiéramos tenido a Nuestro Divino Salvador. ¡Qué feliz me sentiría si en el día del juicio no tuviese el Señor otra acusación que echarme en cara más que la de haber amado demasiado a Su Santísima Madre!

Nuestro amor no tiene su principio en María, y por eso no termina en María. La Virgen es la ventana a través de la cual tiene nuestra humanidad una primera visión de la divinidad en la tierra. Tal vez sea Ella como una lente de aumento que intensifica nuestro amor para con Su Hijo y hace más ardientes y vivas nuestras plegarias.

Dios hijo el sol, pero también la luna. La luna no quita el esplendor al sol. Si no existiese el sol, la luna sólo sería un carbón apagado que vagaría por la inmensidad del espacio. Toda luz de la luna es reflejo de la del sol. La Virgen María refleja a Su Divino Hijo. Sin Él, Ella no es nada. Ella es la Madre del Hombre.

En las noches oscuras nos alegra ver aparecer la luna y su brillo nos dice que existe el sol. Así, en la noche oscura de la vida, cuando los hombres vuelven la espalda al Señor, que es la luz del mundo, miramos a María para guiar nuestros pasos mientras no nos llega el alba.

Les pido que hagan el siguiente experimento. Me dirijo especialmente a tres grupos de personas: a los que desesperan de su salvación, pecadores y confusos que han agotado todos los recursos humanos en busca de la paz; a los que se sienten cansados de la vida y experimentan una sensación de profunda vergüenza y de culpa, y a los que no tienen fe, aturdidos, escépticos y cínicos. Recen el rosario durante treinta días seguidos a partir de hoy mismo.  No digan: “¿Cómo voy a rezar si no creo?” Si se hallan perdidos en una selva, vocearían aunque no creyeran que hubiera alguien cerca. Por eso, empiecen el rezo. Quedarán sorprendidos. Les prometo que la Virgen les responderá.

Mueren soldados en el campo de batalla de Corea; muchos de ellos gritan en su último momento de desesperación: “¡Madre mía! ¡Quiero ver a mi madre!” El mayor soldado de todos los tiempos, hallándose moribundo en el campo de batalla del Calvario, en contra del impulso de la naturaleza, nos dio una prueba superior de amor al darnos a Su Madre: “He ahí a tu madre.”

Que cada uno de nosotros pueda gritar a nuestra Madre Celestial en estos días de guerra y odio, cuando han fallado todos los resortes humanos: “Madre de mi Señor Jesucristo, te quiero. Intercede con tu Divino Hijo por la paz del mundo.”

¡Por el amor de Jesús!»

 

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COMENTARIOS ELEISON CCCLXXII. MOISÉS LO EXPLICA

29 de agosto de 2014

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MOISÉS LO EXPLICA


Si algún Católico busca una explicación profunda de la locura en marcha en Gaza, debería leer a Moisés en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, si los israelitas no mantienen los mandamientos de Dios, serán heridos con “locura, con ceguera y con turbación de espíritu” (Deut.XXVIII,28) entre otras muchas maldiciones. Como dijo el Padre Meinvielle, los judíos son una raza teológica y no pueden escapar de su destino teológico – están ligados a Dios como ningún otro pueblo en la tierra.

En Deuteronomio, Moisés está dando a los israelitas sus últimas solemnes instrucciones antes que entren en la Tierra Prometida y antes que él muera. En el Capítulo 28 (paralelado por Lev.XXVI), Moisés deja bien en claro el espíritu de Jehová (o Yahvé), el Dios del Antiguo Testamento, idéntico al Dios del Nuevo Testamento: los judíos serán especialmente bendecidos (v. 1–14) si ellos obedecen al único verdadero Dios; serán especialmente maldecidos (v. 15–68) si ellos Le desobedecen. De una u otra manera, son una raza especial a la cual se le está otorgando un conocimiento especial del único verdadero Dios para una misión especial que deben cumplir para El, con una recompensa o castigo especiales de El, dependiendo en como cumplan esa misión.

¡No es de extrañar que los judíos piensen que ellos son especiales! Entre las bendiciones listadas aquí por Moisés, Dios los “ensalzará sobre todos los pueblos” (v.1), los “constituirá por pueblo santo suyo” (v.9), para ser “la cabeza y no la cola” (v.13). Pero es de notar que en cada uno de esos tres versículos, Moisés hace que la superioridad de los israelitas dependa de su obediencia a Dios: si ellos “escuchan atentamente la voz de Dios practicando todos sus mandamientos” (v.1), si “guardan los mandamientos y andan por los caminos de El” (v.9), si “escuchan los mandamientos y los guardan y ponen en práctica” (v.13).

Por otro lado, si los israelitas tratan de ser esa nación superior en sus propios términos, desobedeciendo a Dios (v.15), entonces una multitud de maldiciones se les vendrán encima (v.16–68), y serán escarnecidos, odiados y pisoteados por todas las otras naciones: ellos serán “dispersados a través de todos los reinos de la tierra” (v.25), serán heridos con “locura, con ceguera y con turbación de espíritu” (v.28 – ¡piensen en Gaza!), el extranjero que habita en medio de ellos “se elevará cada vez más sobre ellos”, él será la cabeza y ellos la cola (v.43–44), el enemigo de ellos pondrá un “yugo de hierro” en sus cuellos (v.48), el Señor Dios los angustiará con todo tipo de sufrimientos (v.59–61) y ellos serán “arrancados de la tierra adonde vayan para poseerla” (v.63). Y todo esto ellos sufrirán por no haber mantenido y cumplido con las palabras de la ley de Dios (v.58).

¡Ay! ¿Es que todas estas bendiciones y maldiciones anunciadas por el gran Moisés valieron para hacer que los israelitas reconozcan y sirvan a su Mesías y Dios Encarnado cuando El vino, como también lo profetizó Moisés que haría (Deut.XVIII,15–18)? No, lo crucificaron en cambio, lo cual por cerca de 2000 años ahora, hizo bajar sobre sus cabezas todas las maldiciones de Moisés. Ellos se transformaron a sí mismos en la más despreciada y pisoteada nación sobre la tierra, y perdieron su derecho a la Tierra Prometida, habiendo sido expulsados y dispersados por todos otros lugares a partir de la destrucción de Jerusal&#23 3;n en el 70 d.C.

Ni tampoco su recuperada posesión de la Tierra Santa significa que la maldición está siendo levantada porque ellos lo están haciendo en sus propios términos y no en los de Dios, así que la re-posesión ella misma se transforma en parte de la maldición. Como dijo Platón ( Georgias ), es mejor sufrir que cometer una injusticia, y por consiguiente, según la realidad espiritual, los israelíes son más de tenerle lástima que los palestinos. Paciencia. Nosotros “todos hemos pecado y precisamos la gloria de Dios” (Rom.III,22–23).

Kyrie eleison.

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PUREZA DEL HEROÍSMO

29 de agosto de 2014

ZENAIDA LLERENAS

A fines de este mismo noviembre murió en la prisión de Colima Zenaida Llerenas, jovencita que en unión de su madre, la señora Rosalía Torres viuda de Llerenas, hermana del heroico coronel Marcos V. Torres, había sido arrestada el 7 de junio, fiesta del Corpus Christi.

En este tiempo ya no era gobernador del Estado el Lic. Solórzano Béjar, sino Laureano Cervantes, que llegó al poder por gracia y favor de su antecesor, y fue continuador de su obra de impiedades e infamias: en manos de sus esbirros, cayeron estas dos víctimas.

Cuando se las aprehendió fueron internadas en el departamento de la cárcel en que se arresta a las mujeres de vida pública; pero el Ángel de Dios no dejó un momento de protegerlas.

«Es imposible -escribía la señora en una carta de la cual esto está tomado- describir los sufrimientos de esos días. Basta decir que estábamos separadas la una de la otra y sin ningún consuelo. Los que iban a tomarnos declaración nos molestaban con muchas impertinencias. A mí me decían que ya mi hija había sido fusilada, y a ella le decían lo mismo de mí, y nosotras no sabíamos si esto sería verdad. Los dos primeros días se dio orden de que no se nos diese de comer; pero Dios, que obra en todo, puso personas caritativas que nos diesen algo».

LA PRIMERA NOCHE EN LA CÁRCEL

Las celdas o bartolinas en que aquellas dos heroínas cristianas estaban encerradas, eran estrechas, oscuras y hediondas. La puerta no se abría sino para que entraran los verdugos a molestarlas.

La primera noche de la prisión se presentó el general callista Charis para tomar separadamente declaración a las dos presas. Ambas ocultaron todo y nada dijeron de lo que sabían. Zenaida fue amenazada con la muerte; más aún, con la infamia:

- Tu orgullo -dice el’ general, lleno de cólera al ver que la jovencita cerraba los labios y nada declaraba- está en que eres señorita; pero si insistes en tu silencio, te entregaré a estos soldados en este mismo momento.

Y mientras los soldados con diabólicas risotadas, aplaudían la proposición del general, dice ella:

- ¿ Esa es la honra de un militar? Bella honra deberá tener, si así sabe castigar. Tiene usted sus armas, prefiero que me maten.

Y el Señor salvó a su virgen; los soldados no la tocaron y el general salió de la prisión.

brigadas_abastecimientoFARSA FEROZ

En otra ocasión el general dice a la niña mártir:

- Ya maté a tu madre. ¿Por qué no dices lo que se te pregunta? ¿Qué es lo que esperas? ¿Quieres que te mate también?
– ¿Por qué se tarda, general? Lléveme a donde está muerta mi madre y máteme allí también.

Entonces los soldados, para atemorizarla, le pusieron una soga al cuello y simularon que la ahorcarían.

- General -dice la mártir-, no me ahorque, saque su pistola y máteme mejor con ella.
– No, porque el parque me cuesta.
– Yo pago el cartucho que gaste en matarme. Máteme con la pistola en lugar de ahorcarme.

MADRE E HIJA REUNIDAS, FINALMENTE

Después de doce días de atroz martirio en que habían sufrido separadas una de la otra, fueron presentadas al Juzgado de Distrito, en donde por vez primera se vieron madre e hija. De allí fueron de nuevo internadas en la cárcel; mas ya no separadas, sino juntas y en una misma celda.

Entre tanto acaeció la muerte del coronel Marcos V. Torres, hermano de Rosalía. Los gendarmes les llevaron la noticia riendo a carcajadas y llenos de diabólica alegría, mofáronse del dolor de madre e hija.

Así, entre tantas y tan grandes penas, fueron pasando los días. El 23 de noviembre Zenaida cayó enferma de fuerte fiebre contraída ahí mismo con tantos sufrimientos, y no fue posible combatir el mal debidamente con medicamentos, dado que se encontraba en prisión y entre verdaderos verdugos impíos.

LA AGONÍA DEL LIRIO

La noche de su muerte -narra la madre- tuvo un fuerte vómito y empezó a sufrir grande angustia … En la madrugada, viendo que no sentía ningún alivio … quise darle algún remedio … Lo único que tenía era un poco de linaza; pedí un cerillo, y con una escoba vieja que encontré hice un poco de lumbre, la cocí y se la di. Sin embargo, cada vez la veía más grave; entonces, … no siendo posible que recibiese los Santos Sacramentos, le dije: Vamos rezando, hija, a lo cual ella accedió con gusto.
Rezamos el acto de contrición, la comunión espiritual y la consagración de los vasallos de Cristo Rey, a cuya asociación pertenecía ella desde que fue fundada en Comala, pueblo de su infancia. Le recordé la indulgencia plenaria concedida a los que, en el trance de la muerte, dijesen, con el corazón contrito, la jaculatoria: ¡Viva Cristo Rey!, la cual estuvo repitiendo varias veces con mucha devoción. No perdió el conocimiento y continuó tranquila; me dijo que no se acordaba ni sentía remordimiento de ningún pecado grave … y manifestando tener sueño, se acomodó boca arriba, como que dormía, y, sin ninguna agonía, quedó dormida para ya no despertar más en esta vida. Eran como las tres y media de la mañana del 27 de noviembre.
Desde el amanecer no faltó mucha gente que se abría paso para entrar a verla y llevarle flores.

NUEVOS HECHOS DE ARMAS

hughsinceAl llegar diciembre siguió habiendo combates por todas partes. Todos los grupos libertadores hubieron de luchar, ya aquí ya allá, atacando al enemigo o siendo atacados. Por parte de los cristeros, en todos los combates del mes, no hubo sino un muerto. Por parte de los enemigos, más de ochenta; contando los heridos y dispersos subieron a doscientas las bajas hechas al callismo.

En los días de Navidad fue de nuevo a visitar las fuerzas de Colima el jefe de la División, general don Jesús Degollado, quien para la mejor marcha del movimiento, dividió toda la zona en dos sectores: uno, a cargo del general de brigada Miguel Anguiano Márquez, y el otro, a cargo del general brigadier Andrés Salazar.

Esta visita del Gral. Degollado con su escolta y Estado Mayor, duró varios días que pasó en el cuartel del general Anguiano Márquez, el cual, en ese tiempo, no estaba ya en la Mesa de la Yerbabuena, sino en Santiago o cuchilla de la Laguna Verde, en donde también estaban el hospital cristero y la capilla, en que, de una manera habitual, se guardaba el Santísimo Sacramento. Acompañaba en esta gira a la gente del general Degollado, el Padre don Emeterio C. Covarrubias, que aprovechó esta ocasión para venir y visitar a su amigo el Padre Ochoa, capellán de los cristeros del Volcán de Colima.

En esta ocasión tuvo verificativo el ataque a un tren carguero, entre las estaciones de Alzada y Tonilita, Jal., de que se habla en las efemérides, con fecha del 22 de diciembre.

LA NOCHE DE NAVIDAD

Con solemnidad y alegría en campamento Santiago se celebró la Noche Santa de Navidad, comulgando casi la totalidad de los cristeros de todos los campamentos del Volcán que se reunieron allí, incluyendo Estado Mayor y escolta del general Degollado. El Santísimo Sacramento estuvo expuesto toda la noche. Hubo seis misas: las 3 rituales de Navidad, por cada uno de los dos sacerdotes que se encontraban en el campamento. Y hubo, como la añadidura del Evangelio, su alegre buñuelada para todos los cristeros.

 

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LA VIRGEN DE LA ESPERANZA POR MONS. FULTON J. SHEEN

28 de agosto de 2014

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Nuestro mundo moderno se caracteriza por designios profundos.

Advertimos en nosotros miedo y ansiedades.

Los hombres de otros tiempos temían a Dios, pero era un temor distinto al que hoy sentimos; antes se preocupaban de no ofender a Dios porque le amaban. Luego vinieron las guerras mundiales, que infundieron en los hombres un terror irrechazable de unos a otros.

Hoy todos nos sentimos humillados y amedrentados, ante el elemento más pequeño del universo: ¡el átomo!

El mal de un individuo quedó convertido en el mal de toda la humanidad a partir del día en que se arrojó la primera bomba atómica. Desde entonces, la muerte es la pesadilla de la sociedad y de la civilización, y, de esta forma, la Religión se ha convertido, aun por razones políticas, en la base de la vida humana.

En la antigüedad, los babilonios, griegos y romanos se batieron en nombre de sus propias divinidades. Más tarde, el Islamismo oprimió al mundo cristiano, dejando reducidos los 750 Obispos que había en África en el siglo VII a los cinco del siglo XI. Pero el Islamismo no combatió a Dios, sino que solamente luchó contra los que creían en el Dios que se había revelado en Jesús. La diferencia de las teorías consistía en la elección de los medios para llegar a Dios, considerado por unos y por otros como el fin de la vida.

Ahora todo ha cambiado.

Ya no hay guerras de religión. Existe la lucha desencadenada contra toda fuerza, contra toda idea religiosa.

El comunismo no niega a Dios con la misma apatía que lo hace un estudiante de Bachillerato; el comunismo quiere destruir la idea de Dios; no sólo niega su existencia, sino que pervierte el concepto. A Dios quiere sustituirlo con el hombre dictador y dueño del mundo.

Hoy nos vemos forzados a escoger entre Dios y sus enemigos, y entre Democracia y Fe en Dios, y el ateísmo y la dictadura.

La preservación de la civilización y de la cultura está íntimamente ligada a la defensa de la religión. Si los enemigos de Dios fuesen a prevalecer, habría que rehacerlo todo.

Pero en el mundo moderno hay una tercera característica: la tendencia a perderse en la naturaleza.

El hombre debe mantener dos contactos estrechos para ser feliz: Uno vertical, con Dios; el otro, horizontal, con su prójimo.

En la actualidad, el hombre ha interrumpido las relaciones con Dios por medio de la indiferencia y de la apatía religiosa y ha hecho pedazos las relaciones sociales, con la guerra. Y como quiera, que sin felicidad no se puede vivir, ha tratado de compensar los contactos perdidos con una tercera dimensión de profundidad con la que espera anularse en la naturaleza. El que antes se ufanaba de estar hecho a imagen y semejanza de Dios, comenzó a jactarse de ser el creador de sí mismo y de haber hecho finalmente a Dios a su imagen y semejanza.

Con este falso humanismo empezó la bajada de lo humano a lo animal.

El hombre admitió que descendía de las bestias, apresurándose a confirmarlo en enseguida con una guerra bestial.

Más recientemente aún, el hombre se ha identificado por completo con la naturaleza afirmando que no es sino una compleja composición química.

Hace mucho se ha denominado “el hombre atómico”. De esta forma, la Teología se ha reducido a Psicología, la Psicología a Biología y ésta a Física. Ahora podemos comprender mejor lo dicho por Cournot, que en el siglo XX Dios dejaría a los hombres en poder de las leyes mecánicas, de las que Él mismo era autor.

Permitid que me explique:

La bomba atómica actúa sobre la humanidad lo mismo que el excesivo alcohol en un individuo. Si un hombre abusa del alcohol y bebe demasiado, éste se rebela y habla de este modo al alcoholizado: “Dios me crió para curar y proporcionar alegría, usado racional y moderadamente, pero tú has abusado de mí. Por eso me vuelvo contra ti. Desde ahora, tendrás jaquecas, aturdimientos, dolor de estómago; perderás el uso de la razón y te harás mi esclavo, aunque yo no he sido criado para esto.”

Lo mismo ocurre con el átomo, que dice al hombre: “Dios me creó y puso en el universo la energía atómica, y por ello alumbra el sol al mundo. La gran fuerza que el Todopoderoso encerró en mi corazón fue creada para servir a fines pacíficos, para iluminar vuestras poblaciones, para impulsar vuestros motores, para aligerar el trabajo humano. En cambio, vosotros habéis robado el fuego del cielo, como Prometeo, y lo habéis empleado la primera vez para destruir ciudades enteras. Originariamente no se empleó electricidad para matar a ningún hombre, pero, en cambio, la energía atómica la habéis empleado para matar a millares de ellos. Por este motivo me volveré contra vosotros, haré que temáis lo que deberíais apreciar, y millones de pechos de entre vosotros temblarán horrorizados ante los enemigos que vendrán a devolveros lo que habéis hecho con ellos: transformaré la humanidad en un Frankestein que se defenderá metiéndose en los refugios antiaéreos contra los monstruos que habéis creado.” No es que Dios abandone al mundo, sino que el mundo ha abandonado a Dios al unir su suerte con la de la naturaleza, separada de la naturaleza de Dios.

La bomba atómica significa que el hombre se ha hecho esclavo de la naturaleza y de la física que había creado Dios para que le sirviera.

Este estado de cosas hace surgir una pregunta: “¿Hay aún alguna esperanza?” Ciertamente que sí, y ¡una muy grande esperanza!

La esperanza última es Dios, pero la gente está tan alejada de Él, que no logra salvar de un salto el abismo que le separa de Él.

Debemos partir de cómo sea el mundo, y el mundo está absorbido por la naturaleza, cuyo símbolo es actualmente la bomba atómica. El pensamiento de la Divinidad aparece muy alejado.

¿Y no habrá en toda la naturaleza creada algo puro e incontaminado con lo que podamos reemprender el camino de regreso?

Aquí lo tenemos: es lo que Wodsworth llamaba “la única gloria de la naturaleza corrompida”. Esta gloria y esperanza es la Mujer.

No es una diosa, no es de naturaleza divina, ni tiene, por tanto, derecho de que se le adore, aunque sí de que se le venere, y salió de la materia física y cósmica, pero tan sumamente santa y buena, que cuando Dios bajó a la tierra la eligió por Madre Suya y Señora del mundo. Es en extremo interesante hacer resaltar que la Teología de los rusos, antes de que el corazón de su pueblo se helase con las teorías de los enemigos de Dios, enseñaban que Jesucristo vino al mundo para iluminarle, cuando los hombres habían rechazado al Padre Celestial. Añadía que cuando el mundo hubiese rechazado a Jesucristo, como hace ahora, de las tinieblas de la noche del pecado surgiría Su Madre, para dar luz a la oscuridad y guiar al mundo hacia la paz.

La hermosa aparición de la Virgen Bendita de Fátima, en Portugal, de abril a octubre de 1917, fue una comprobación de la tesis rusa: cuando menos hubiere reconocido el mundo al Salvador, Él nos mandaría a Su Santísima Madre para salvarnos. Y fue precisamente en el mismo mes en que estalló la Revolución bolchevique cuando hizo la Virgen su principal revelación. En otra transmisión trataremos de lo que se dijo entonces. De lo que quiero hablar hoy es de la Danza del Sol, que se verificó el 13 de octubre de 1917. Los amantes de la Madre de Nuestro Señor no necesitan pruebas ulteriores. Y como los que desgraciadamente no conocen ni al Uno ni a la Otra preferirán los testimonios de quienes rechaza, ya sea a Dios o a Su Madre, presentaré la descripción hecha del fenómeno por el articulista ateo del entonces diario anárquico portugués “O Século.”

Dicho periodista fue uno de los 70,000 espectadores que observaron el prodigio. Y lo describe así: “Un espectáculo único e increíble… Puede verse la inmensa muchedumbre vuelta al sol, que aparece libre de nubes en pleno mediodía. El astro rey semeja un disco de plata y se le puede mirar sin molestia alguna… La gente, con la cabeza descubierta y presa de terror, abre los ojos, intentando escudriñar el azul del cielo. El sol se ha estremecido y hecho unos movimientos bruscos, sin precedentes y fuera de todas las leyes cósmicas: Según expresión gráfica de los campesinos, “El sol bailaba.” Daba vueltas en torno suyo, como una rodancha o rueda de juegos artificiales, y llegó casi a quemar la tierra con sus rayos… Queda para los competentes opinar sobre la danza macabra del sol, que hoy ha hecho Fátima que los pechos de los fieles prorrumpiesen en ¡Hosanas! Y a impresionado a los librepensadores y a los que menos se preocupan por los problemas religiosos.”

Otro diario ateo y anticlerical, “A Orden,” escribió: “El sol aparece circundado en unos momentos por llamas de color carmesí, y en otros, auroleado de amarillo y matices rojizos. Pareció girar sobre sí mismo en rápido movimiento de rotación, desprendiéndose aparentemente del cielo para acercarse a la tierra, irradiando un intenso calor.”

¿Por qué se serviría Dios Todopoderoso de la única fuente de luz y de calor indispensable a la naturaleza para revelarnos el mensaje de la Virgen e 1917, en la terminación de la primera guerra mundial, si no iban a arrepentirse los hombres? Solamente podemos hacer conjeturas. ¿Quería, acaso, significar que la bomba atómica oscurecería al mundo como un sol vacilante?

No lo creo.

Tengo por más seguro que fuese una señal de esperanza y que significase que la Virgen nos ayudaría a huir de la perversión de la naturaleza realizada por el hombre.

La Sagrada Escritura nos tiene anunciado: “Después aparecerá un gran prodigio en el cielo, una mujer que tendrá al sol por manto” (Apocalipsis, 12, 1).

Durante siglos y siglos ha dicho la Iglesia en sus cantos a María, “Electa ut Sol,” bella como el sol, que da la vuelta al mundo esparciendo su luz por doquier, salvo donde los hombres se guardasen de ella, calentando lo que estuviere frío, abriendo los capullos para convertirlos en flores y dando fuerza a lo que estuviere debilitado. ¡Fátima no es una advertencia, sino una esperanza!

Mientras el hombre toma el átomo y lo desintegra para anonadar al mundo, María mueve el sol como un juguetillo colgado de su muñeca para convencer al mundo de que Dios le ha conferido un enorme poder sobre la naturaleza, pero no para la muerte, sino para la luz, la vida y la esperanza.

El problema del mundo moderno no es la existencia de la gracia, sino la existencia de la naturaleza y su necesidad de la gracia.

María es el eslabón de conjunción y nos asegura que no se nos destruirá porque la misma central de la energía atómica, el sol, es un juguete en sus manos.

De la misma manera que Cristo hace de mediador entre Dios y el hombre, la Virgen hace de mediadora entre el mundo y Cristo.

Así como un hijo desnaturalizado que se hubiese rebelado contra su padre y se hubiese marchado de la casa paterna se dirigiría a la madre, al querer volver, para que intercediese con el padre, de igual modo debemos recurrir nosotros a María, la única criatura pura y sin mancha que puede interceder entre nosotros, hijos rebeldes, y su Divino Hijo.

No es necesaria una tercera guerra mundial, y aun lo será menos si ponemos a la Mujer contra el átomo.

La ciencia ha hecho cuanto estaba de su parte para nuestra comodidad en la tierra, y ahora, por el contrario produce una cosa que podría dejarnos a todos sin hogar. Temerosos de esto, volvámonos a la Mujer, que también se vio sin techo protector porque “no había sitio en las posadas”.

Rusia es cierto que quisiera conquistar el mundo para Satanás. Pero nosotros seguimos esperando. Entre las criaturas hay una mujer que puede acercarse al mal sin que ésta la muerda. En los albores de la historia de la humanidad, cuando el diablo tentó al hombre para que le sustituyese su amor a Dios por el egoísmo, Dios prometió que el talón de una Mujer aplastaría la cabeza de la serpiente. Que en vez de una cobra roja que mate sean la hoz y el martillo, tiene poca importancia para la Mujer a través de la cual conquiste Dios la hora del mal. Empezad por rezar como no lo habéis hecho hasta el presente. Rezad el Rosario por la mañana, mientras os dirigís al trabajo, en vuestra casa cuando tengáis un rato libre y durante vuestro trabajo en el campo o en el almacén.

¡Si rezamos, no habrá más guerra! Eso es absolutamente cierto.

El pueblo ruso no ha de conquistarse mediante una guerra. ¡Demasiado ha sufrido en estos treinta y tres últimos años!

Se debe acabar con el comunismo, y esto puede lograrse mediante una revolución interior.

Rusia no tiene contra sí una bomba atómica tan sólo, sino dos. La segunda bomba es el sufrimiento de su pueblo, que gime bajo el yugo de la esclavitud. ¡Cuando explote, lo hará con una fuerza infinitamente superior a la del átomo!

Pero también tenemos nosotros necesidad de una revolución como Rusia.

Nuestra revolución debe venir desde el interior de nuestros corazones, es decir, que hemos de reconstruir nuestras vidas, del mismo modo que la revolución rusa debe comenzar por el interior, sacudiéndose el yugo de Satanás.

La revolución rusa marchará al paso de la nuestra. Pero, sobre todo, hemos de tener esperanza. Si para el mundo no hubiese esperanza de salvación, ¿hubiese enviado Jesús a Su Madre con la energía atómica del sol a sus órdenes?

¡Oh María! Hemos desterrado a tu Divino Hijo de nuestras vidas, de nuestras asociaciones, de nuestra educación y de nuestras familias. ¡Ven con la luz del sol como símbolo de Su Poder! Rompe nuestras guerras, nuestra oscura inquietud. Enfría la boca de los cañones encendidos por la guerra. Aparta nuestras mentes del átomo y nuestras almas del abuso de la naturaleza.

Haznos renacer en tu Divino Hijo a nosotros tus ya antiguos hijos de la tierra.

¡Por el amor de Jesús!

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TESTAMENTO DE SAN LUIS A FELIPE SU HIJO

25 de agosto de 2014

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El GRECO,  St Louis, King of France, with a Page.  1592-95.  Musée du Louvre, Paris.

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Testamento de San Luis a Felipe su Hijo, y Sucesor, como lo trae el Señor de Joinvile

Conociendo el Santo Rey, que había de pasar bien presto de esta vida a la otra; llamó a Felipe su Hijo, y le encargó guardar como testamento todos los documentos, que le dejó, que están abajo escritos, los cuales el Rey escribió de su santa mano, y le dijo así:

«Amado Hijo: la primera cosa que te enseño, es, que emplees tu corazón en amar a Dios; porque sin esto nadie puede salvarse. Guárdate de hacer cosa, que disguste a Dios, es a saber, pecado mortal; porque primero has de sufrir cualesquiera injurias, y tormentos, que cometer un pecado mortal. Si Dios te envía trabajos, recíbelos con paciencia, dale gracias, y piensa, que le has ofendido, y que los convertirá en provecho tuyo.  Si te da fortuna, agradéceselo humildemente, para no perder por soberbia, o por otra parte lo que te ha de hacer mejor; pues no debe uno abusar de los dones de Dios.

Confiésate a menudo, y que el confesor sea prudente, que sepa enseñarte lo que has de hacer, y de lo que has de huir; y te has de portar de modo, que tus confesores, y amigos no reparen en advertirte tus defectos. Asiste a la Iglesia con devoción interior, y exterior, especialmente en la misa cuando se hace la consagración.

Que tu corazón sea blando, y caritativo con los pobres, con los flacos, y con los atribulados; anima, y ayúdales cuanto puedas. Conserva las buenas costumbres de tu Reino, y quita las malas. No codiciarás los bienes de tu Pueblo, y no lo oprimas con impuestos, ni tributos.

Si sientes en tu corazón alguna pena, dila a tu confesor, o a algún hombre prudente, que te hable con claridad, y la llevarás más fácilmente. No tengas en tu compañía sino hombres prudentes, y sin ambición, sean Religiosos, o Seculares; habla con ellos a menudo; desvíate, y huye de la compañía de los malos.

Oye con gusto la palabra de Dios, guárdala en tu corazón, y busca de tu voluntad oraciones, é indulgencias.

Estima tu honra, y provecho, y aborrece lo malo, sea lo que fuere. Que nadie en tu presencia se atreva a hablar palabra, que incite a pecado, y que nadie hable mal de otro. No consientas, que nadie hable con poco respeto de Dios en tu presencia; dale gracias muchas veces de los beneficios que te ha hecho, para hacerte digno de recibir otros.

Haz justicia a tus vasallos con rectitud, bondad, y constancia sin inclinarte a un lado, ni a otro; defiende la justicia, y la causa del pobre, hasta que se vea la verdad clara.

Si alguno tuviere algún derecho contra ti, no te preocupes, hasta que conozcas la verdad: así tus Consejeros juzgarán con más libertad a tu favor, o contra ti. Si tienes algo de otro, o por ti, o que ya lo tuvieron tus predecesores; cuando la cosa sea ciertamente suya, devuélvesela sin dilación: si está en duda, haz que te informen luego hombres doctos.

Has de procurar que en tu Reino tus vasallos vivan en paz, y anden rectos. Conserva tus Ciudades grandes, y guarda las costumbres de tu Reino en el estado, y franquicias, que lo han hecho tus antecesores: si hay alguna cosa digna de reforma, enmienda, y corrígela. Tenlas a tu devoción unidas; porque las fuerzas, y riquezas de las Ciudades grandes estorbarán a los particulares, y a los extranjeros, y sobre todo a tus Pares, y a tus Barones el que se rebelen contra ti.

Honra, y estima a las Personas de la Santa Iglesia: cuida que ni se las quiten, ni se las disminuyan las donaciones, ni los bienes que tienen de tus predecesores. Cuentan del Rey Felipe mi Abuelo, que una vez uno de sus Consejeros le dijo:que los Eclesiásticos le causaban mucho perjuicio; porque le quitaban sus derechos, y le menoscababan su justicia; y que era de admirar como lo sufría. A el cual el Rey le respondió: Que él creía, que era así; pero que estimaba en tanto las misericordias, y beneficios que Dios le había hecho, que más quería ceder de su derecho, que tener pleito con las Personas de la Santa Iglesia.

Honrarás, y respetarás a Padre, y Madre, y harás lo que te manden.

No des los Beneficios de la Santa Iglesia sino a sujetos de buena vida, y costumbres; y no nombres por Consejeros sino a hombres sabios, y de bondad. Guárdate de hacer guerra contra los cristianos sin gran necesidad; y si es necesario que se haga, conserva a la Santa Iglesia, y a los que no han hecho daño. Si se mueven guerras, o discordias entre tus vasallos, apacígualos lo antes que puedas.

Has de ser exacto en tener buenos Gobernadores, y Regidores; infórmate de su conducta, y de los de tu Casa Real, si son codiciosos, ladrones, o tramposos. No sufras vicio alguno afrentoso en tu Reino, y mucho menos las blasfemias, y las herejías. Que los gastos de tu Casa sean moderados.

Por fin, o muy amado Hijo, yo te encargo me hagas decir misas, y oraciones en tu Reino por el descanso de mi alma, y que me hagas participante de una buena parte de todas las buenas obras, que hicieres.

Amado Hijo mío, yo te doy todas las bendiciones, que un Padre puede dar a su Hijo: que la Santísima Trinidad, y todos los Santos te guarden de todo mal: que Dios te dé la gracia de hacer siempre su voluntad: que sea honrado de ti, y que podamos después de esta vida estar con él, y alabarle sin fin. Así sea.»

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FUENTE: Instrucciones de San Luis Rey de Francia a su familia real, a las personas de su corte, y a otras. Puestas del francés en español por Don Joaquin Moles, presbítero. En Madrid por Andrés Ramirez, año de 1767. Págs. 3-9.

 

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COMENTARIOS ELEISON CCCLXXI ¿“RESISTENCIA” FRACASANDO?

24 de agosto de 2014

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¿“RESISTENCIA” FRACASANDO?


Algunos lectores de estos “Comentarios” sin duda objetaron la referencia hecha la semana pasada (CE 370) a que la “Resistencia” está actualmente “haciendo su camino con tanta aparente lentitud”. Ellos habrían tal vez preferido un valiente llamado a las armas. Pero, debemos permanecer reales. Por ejemplo, cuando la diócesis Tradicional de Campos en Brasil se echó en los brazos de la Neo-Roma en el 2002, ¿no dijimos varios de nosotros que de los 25 sacerdotes formados en la escuela de Monseñor de Castro Mayer, al menos unos pocos romperían filas? No obstante ni uno de ellos se volvió independiente desde entonces para continuar con la verdadera defensa de la Tradición que era la del buen Obispo, y así todos ellos están más o menos en el deslizadero neo-modernista. Sin embargo, hay algo que decir y hacer.

Primero de todo, Dios es Dios y El está conduciendo esta crisis a Su manera y no a la nuestra. “Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, y vuestros caminos no son mis caminos, dice Yahvé” (Is. LV, 8). Nosotros soñamos con los lúcidos sacerdotes y laicos agrupados codo con codo para hacer frente a sus enemigos, pero Dios no precisa la “Resistencia” de nadie para cuidar Sus ovejas o salvar Su Iglesia. Cuarenta años atrás cuando Monseñor Lefebvre tenía la esperanza de, y buscaba a, un puñado de compañeros obispos para hacer frente al lado de él en público, y lanzar una real barricada en el camino de la aplanadora Conciliar, en principio podía haberlos encontrado, pero nunca los encontró. De hecho, cuando Dios intervenga para salvar la situación, como ciertamente lo hará, será obvio que el rescate fue Su obra a través de Su Madre.

Segundo, más de cinco siglos de desenfrenado humanismo han hecho al hombre tan ign orante de Dios, el Señor Dios de los Ejércitos, que a la humanidad debe dársele una lección que solamente aprenderá por la vía dura. La novena de las 14 Reglas de San Ignacio para el Discernimiento de los Espíritus (primer semana) da tres razones principales para la desolación espiritual de un alma, las cuales pueden aplicarse a la desolación actual de la Iglesia:—

1. Dios nos castiga por nuestra tibieza y negligencia espirituales. Sólo Dios conoce hoy en día cual castigo mundial es el merecido por nuestra apostasía mundial y nuestra zambullida en el materialismo y hedonismo.

2. Dios nos pone a prueba para demostrarnos lo que realmente está dentro nuestro, y cuanto dependemos de El. ¿No es que el hombre moderno seriamente piensa que él sabe mejor que Dios Todopoderoso como dirigir el universo? Y ¿puede ser que todos los propios pequeños esfuerzos de los hombres tienen qu e fracasar para que la verdad de Dios sea en fin comprendida?

3. Dios nos humilla con desolación para truncar nuestro orgullo y vanagloria. Proviniendo de los principales ministros de la única verdadera religión del único verdadero Dios, ¿no fue el Vaticano II una explosión sin precedente de vanagloria humana, prefiriendo el mundo moderno del hombre a la Iglesia inmutable de Dios? Y la pequeña Fraternidad San Pío X, ¿pensó que podía salvar a la Iglesia? A menos que la “Resistencia” permanezca debidamente modesta en sus pretensiones y ambiciones, está condenada de antemano.

Entonces, ¿cuales deberían ser esas ambiciones? Primero y principal, mantener la Fe sin la cual es imposible agradar a Dios (Hebr. XI, 6) y la cual está expresada en doctrina, en el Credo católico. Segundo, ser testigo de esa Fe, especialmente con el ejemplo, de ser necesario hasta el martirio (“mártir” es la palabra griega para “testigo”). Así comoquiera que la “Resistencia” esté o no organizada, debe dedicar sus recursos, tan magros como lo sean, a lo que sea ayudará a las almas a mantener la Fe. Entonces, debido a que su posición por la Verdad será necesariamente reconocible como tal, simplemente por existir no estará fracasando porque estará dando testimonio.

Kyrie eleison.

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