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TESTAMENTO DE SAN LUIS A FELIPE SU HIJO

25 de agosto de 2014

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El GRECO,  St Louis, King of France, with a Page.  1592-95.  Musée du Louvre, Paris.

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Testamento de San Luis a Felipe su Hijo, y Sucesor, como lo trae el Señor de Joinvile

Conociendo el Santo Rey, que había de pasar bien presto de esta vida a la otra; llamó a Felipe su Hijo, y le encargó guardar como testamento todos los documentos, que le dejó, que están abajo escritos, los cuales el Rey escribió de su santa mano, y le dijo así:

«Amado Hijo: la primera cosa que te enseño, es, que emplees tu corazón en amar a Dios; porque sin esto nadie puede salvarse. Guárdate de hacer cosa, que disguste a Dios, es a saber, pecado mortal; porque primero has de sufrir cualesquiera injurias, y tormentos, que cometer un pecado mortal. Si Dios te envía trabajos, recíbelos con paciencia, dale gracias, y piensa, que le has ofendido, y que los convertirá en provecho tuyo.  Si te da fortuna, agradéceselo humildemente, para no perder por soberbia, o por otra parte lo que te ha de hacer mejor; pues no debe uno abusar de los dones de Dios.

Confiésate a menudo, y que el confesor sea prudente, que sepa enseñarte lo que has de hacer, y de lo que has de huir; y te has de portar de modo, que tus confesores, y amigos no reparen en advertirte tus defectos. Asiste a la Iglesia con devoción interior, y exterior, especialmente en la misa cuando se hace la consagración.

Que tu corazón sea blando, y caritativo con los pobres, con los flacos, y con los atribulados; anima, y ayúdales cuanto puedas. Conserva las buenas costumbres de tu Reino, y quita las malas. No codiciarás los bienes de tu Pueblo, y no lo oprimas con impuestos, ni tributos.

Si sientes en tu corazón alguna pena, dila a tu confesor, o a algún hombre prudente, que te hable con claridad, y la llevarás más fácilmente. No tengas en tu compañía sino hombres prudentes, y sin ambición, sean Religiosos, o Seculares; habla con ellos a menudo; desvíate, y huye de la compañía de los malos.

Oye con gusto la palabra de Dios, guárdala en tu corazón, y busca de tu voluntad oraciones, é indulgencias.

Estima tu honra, y provecho, y aborrece lo malo, sea lo que fuere. Que nadie en tu presencia se atreva a hablar palabra, que incite a pecado, y que nadie hable mal de otro. No consientas, que nadie hable con poco respeto de Dios en tu presencia; dale gracias muchas veces de los beneficios que te ha hecho, para hacerte digno de recibir otros.

Haz justicia a tus vasallos con rectitud, bondad, y constancia sin inclinarte a un lado, ni a otro; defiende la justicia, y la causa del pobre, hasta que se vea la verdad clara.

Si alguno tuviere algún derecho contra ti, no te preocupes, hasta que conozcas la verdad: así tus Consejeros juzgarán con más libertad a tu favor, o contra ti. Si tienes algo de otro, o por ti, o que ya lo tuvieron tus predecesores; cuando la cosa sea ciertamente suya, devuélvesela sin dilación: si está en duda, haz que te informen luego hombres doctos.

Has de procurar que en tu Reino tus vasallos vivan en paz, y anden rectos. Conserva tus Ciudades grandes, y guarda las costumbres de tu Reino en el estado, y franquicias, que lo han hecho tus antecesores: si hay alguna cosa digna de reforma, enmienda, y corrígela. Tenlas a tu devoción unidas; porque las fuerzas, y riquezas de las Ciudades grandes estorbarán a los particulares, y a los extranjeros, y sobre todo a tus Pares, y a tus Barones el que se rebelen contra ti.

Honra, y estima a las Personas de la Santa Iglesia: cuida que ni se las quiten, ni se las disminuyan las donaciones, ni los bienes que tienen de tus predecesores. Cuentan del Rey Felipe mi Abuelo, que una vez uno de sus Consejeros le dijo:que los Eclesiásticos le causaban mucho perjuicio; porque le quitaban sus derechos, y le menoscababan su justicia; y que era de admirar como lo sufría. A el cual el Rey le respondió: Que él creía, que era así; pero que estimaba en tanto las misericordias, y beneficios que Dios le había hecho, que más quería ceder de su derecho, que tener pleito con las Personas de la Santa Iglesia.

Honrarás, y respetarás a Padre, y Madre, y harás lo que te manden.

No des los Beneficios de la Santa Iglesia sino a sujetos de buena vida, y costumbres; y no nombres por Consejeros sino a hombres sabios, y de bondad. Guárdate de hacer guerra contra los cristianos sin gran necesidad; y si es necesario que se haga, conserva a la Santa Iglesia, y a los que no han hecho daño. Si se mueven guerras, o discordias entre tus vasallos, apacígualos lo antes que puedas.

Has de ser exacto en tener buenos Gobernadores, y Regidores; infórmate de su conducta, y de los de tu Casa Real, si son codiciosos, ladrones, o tramposos. No sufras vicio alguno afrentoso en tu Reino, y mucho menos las blasfemias, y las herejías. Que los gastos de tu Casa sean moderados.

Por fin, o muy amado Hijo, yo te encargo me hagas decir misas, y oraciones en tu Reino por el descanso de mi alma, y que me hagas participante de una buena parte de todas las buenas obras, que hicieres.

Amado Hijo mío, yo te doy todas las bendiciones, que un Padre puede dar a su Hijo: que la Santísima Trinidad, y todos los Santos te guarden de todo mal: que Dios te dé la gracia de hacer siempre su voluntad: que sea honrado de ti, y que podamos después de esta vida estar con él, y alabarle sin fin. Así sea.»

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FUENTE: Instrucciones de San Luis Rey de Francia a su familia real, a las personas de su corte, y a otras. Puestas del francés en español por Don Joaquin Moles, presbítero. En Madrid por Andrés Ramirez, año de 1767. Págs. 3-9.

 

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COMENTARIOS ELEISON CCCLXXI ¿“RESISTENCIA” FRACASANDO?

24 de agosto de 2014

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¿“RESISTENCIA” FRACASANDO?


Algunos lectores de estos “Comentarios” sin duda objetaron la referencia hecha la semana pasada (CE 370) a que la “Resistencia” está actualmente “haciendo su camino con tanta aparente lentitud”. Ellos habrían tal vez preferido un valiente llamado a las armas. Pero, debemos permanecer reales. Por ejemplo, cuando la diócesis Tradicional de Campos en Brasil se echó en los brazos de la Neo-Roma en el 2002, ¿no dijimos varios de nosotros que de los 25 sacerdotes formados en la escuela de Monseñor de Castro Mayer, al menos unos pocos romperían filas? No obstante ni uno de ellos se volvió independiente desde entonces para continuar con la verdadera defensa de la Tradición que era la del buen Obispo, y así todos ellos están más o menos en el deslizadero neo-modernista. Sin embargo, hay algo que decir y hacer.

Primero de todo, Dios es Dios y El está conduciendo esta crisis a Su manera y no a la nuestra. “Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, y vuestros caminos no son mis caminos, dice Yahvé” (Is. LV, 8). Nosotros soñamos con los lúcidos sacerdotes y laicos agrupados codo con codo para hacer frente a sus enemigos, pero Dios no precisa la “Resistencia” de nadie para cuidar Sus ovejas o salvar Su Iglesia. Cuarenta años atrás cuando Monseñor Lefebvre tenía la esperanza de, y buscaba a, un puñado de compañeros obispos para hacer frente al lado de él en público, y lanzar una real barricada en el camino de la aplanadora Conciliar, en principio podía haberlos encontrado, pero nunca los encontró. De hecho, cuando Dios intervenga para salvar la situación, como ciertamente lo hará, será obvio que el rescate fue Su obra a través de Su Madre.

Segundo, más de cinco siglos de desenfrenado humanismo han hecho al hombre tan ign orante de Dios, el Señor Dios de los Ejércitos, que a la humanidad debe dársele una lección que solamente aprenderá por la vía dura. La novena de las 14 Reglas de San Ignacio para el Discernimiento de los Espíritus (primer semana) da tres razones principales para la desolación espiritual de un alma, las cuales pueden aplicarse a la desolación actual de la Iglesia:—

1. Dios nos castiga por nuestra tibieza y negligencia espirituales. Sólo Dios conoce hoy en día cual castigo mundial es el merecido por nuestra apostasía mundial y nuestra zambullida en el materialismo y hedonismo.

2. Dios nos pone a prueba para demostrarnos lo que realmente está dentro nuestro, y cuanto dependemos de El. ¿No es que el hombre moderno seriamente piensa que él sabe mejor que Dios Todopoderoso como dirigir el universo? Y ¿puede ser que todos los propios pequeños esfuerzos de los hombres tienen qu e fracasar para que la verdad de Dios sea en fin comprendida?

3. Dios nos humilla con desolación para truncar nuestro orgullo y vanagloria. Proviniendo de los principales ministros de la única verdadera religión del único verdadero Dios, ¿no fue el Vaticano II una explosión sin precedente de vanagloria humana, prefiriendo el mundo moderno del hombre a la Iglesia inmutable de Dios? Y la pequeña Fraternidad San Pío X, ¿pensó que podía salvar a la Iglesia? A menos que la “Resistencia” permanezca debidamente modesta en sus pretensiones y ambiciones, está condenada de antemano.

Entonces, ¿cuales deberían ser esas ambiciones? Primero y principal, mantener la Fe sin la cual es imposible agradar a Dios (Hebr. XI, 6) y la cual está expresada en doctrina, en el Credo católico. Segundo, ser testigo de esa Fe, especialmente con el ejemplo, de ser necesario hasta el martirio (“mártir” es la palabra griega para “testigo”). Así comoquiera que la “Resistencia” esté o no organizada, debe dedicar sus recursos, tan magros como lo sean, a lo que sea ayudará a las almas a mantener la Fe. Entonces, debido a que su posición por la Verdad será necesariamente reconocible como tal, simplemente por existir no estará fracasando porque estará dando testimonio.

Kyrie eleison.

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VIDA Y MUERTE DE PEDRO DE ALVARADO

22 de agosto de 2014

PEDRO DE ALVARADO

ETAPAS EN LA VIDA DE PEDRO DE ALVARADO

LA CUNA DE LA FAMILIA ALVARADO.

JEREZ DE LOS CABALLEROS es una antigua villa ascendida al rango de ciudad por el emperador Don Carlos en el siglo XVI.  Situada en un antiquísimo emplazamiento de origen probablemente fenicio de la provincia de Badajoz, muy cerca de la actual frontera con Portugal perteneciente a la autonomía de Extremadura. Por su altitud sobre el nivel del mar a 505 metros sufre los inviernos muy fríos.

Decíamos que su origen es probablemente fenicio por las raíces etimológicas de su nombre, ellos la llamaron CERET, aunque también hay algunos que creen en su origen romano y la relacionan con la diosa Ceres.

En la época de la dominación romana se llamó FAMA IULIA y debió ser un pueblo bastante habitado, comunicado con dos ciudades importantes Itálica y Emérita Augusta por la VIA DE LA PLATA..Este nombre no por el metal precioso sino por ala voz PLATEA, que significa Vía ancha o importante.

De la época visigoda existen algunos hallazgos de lápidas e inscripciones  del año 556 d. C.

Los musulmanes llamaron a esta villa XERISA O XERÍS y no cabe duda de que fue ciudad importante, pues varios cronistas árabes la describen como una de las poblaciones más importantes de Extremadura. De esa época no quedan restos arquitectónicos importantes a parte de la Alcazaba, muy remozada posteriormente.

En 1230 fue reconquistada por el rey Alfonso IX de León y la cedió en Encomienda ala Orden del Temple en recompensa por su valiosa ayuda. Los jerarcas de la Orden la llamaron XERE EQUITUM y la hicieron su capital. La gente del pueblo comenzó a llamarla JEREZ DE LOS CABALLEROS.

Con el Temple comienza una repoblación y engrandecimiento de la comarca, siendo de esa época la constitución del “bailiato” o encomienda como lo demuestran los documentos que quedan de aquel tiempo.

Durante el gobierno templario se construyeron varios templos y edificaciones religiosas y militares, como el Castillo con su torre.

Cuando la Orden fue disuelta en 1312 por el Papa Clemente V, las posesiones del Temple fueron reclamadas por la Corona. Los templarios de la comarca y particularmente de Xerez de los Caballeros se negaron a entregar sus posesiones, se hicieron fuertes en el Castillo pero fueron finalmente vencidos, apresados y todos ellos degollados. La sangre corrió a tal grado que tiñó de rojo las muros y pisos de la Torre, desde entonces, llamada la TORRE SANGRIENTA.

En 1326, el rey Enrique II de Castilla primero de la dinastía Trastámara y antepasado de DOÑA ISABEL LA CATÓLICA; donó la encomienda a la ORDEN DE SANTIAGO, aunque esta Orden la tomó a su cargo desde 1370.

Con todos estos antecedentes vamos a entender porqué la familia de los ALVARADO iba a estar muy ligada a esta Orden y porqué DON PEDRO DE ALVARADO vestía con gran orgullo una capa de su tío Juan de Alvarado caballero de Santiago. Con el tiempo, el mismo don Pedro reclamaría para sí la Comendaduría de Santiago. También podemos conjeturar que la familia ALVARADO se habría asentado en JEREZ DE LOS CABALLEROS desde el siglo XIV proveniente de CANTABRIA donde tiene su asiento más antiguo este apellido.

SU NACIMIENTO (1485)

Pedro de Alvarado y Contreras era nieto de Juan de Alvarado Comendador de Hornachos, de la Orden de Santiago y de Catalina de Messía. De este matrimonio nacieron: Juan de Alvarado (Suárez de Moscoso), tío de Pedro y Gómez su padre, quien en Leonor de Contreras tuvo 12 hijos.

LOS HERMANOS ALVARADO (1485-149…)

La familia Alvarado provenía de Cantabria y tal vez llegaran sus antepasados en el siglo XIV, cuando se asentaron los caballeros de la Orden de Santiago en sustitución de la Orden del Temple, en la época de los primeros reyes Trastámara.

De los numerosos hermanos Alvarado tenemos las siguientes noticias:

Sara (gemela de Pedro), Jorge, Gonzalo, Gómez, Juan, Diego, Francisco, Hernando, Leonor, Isabel y Catalina.

Un hermano bastardo, Juan de Alvarado el viejo, y un sobrino Juan de Alvaradoel mozo.

El historiador Joaquín García Icazbalceta en su libro “Opúsculos y Biografías” da los siguientes datos acerca de los hermanos Alvarado:

Jorge de Alvarado pasó a América con sus hermanos y con ellos se alistó en las banderas de Hernán Cortés, a quien sirvió fielmente, y de quien fue muy estimado. Distinguióse en el ataque contra Pánfilo de Narváez cuando Cortés venció a este en Cempoala y, al ponerse después cerco a México, fue uno de los capitanes nombrados por el Conquistador. Ganada al fin la ciudad, salió con su hermano Pedro a la conquista de Guatemala, luego pasó a México con motivo de la expedición a las Hibueras. En la capital prestaron pleito homenaje de fidelidad al gobierno dejado por Cortés en las personas de Salazar y Chirinos, reconociendo el cargo de Rodrigo de Paz en los asuntos de Cortés. Jorge de Alvarado era jefe del partido de Cortés y tomó preso al Factor. La victoria de su partido le valió el cargo de teniente de las Atarazanas el 31 de julio de 1526 y mas tarde asistió al Cabildo como regidor. Cuando tomó el gobierno la primera Audiencia, fue perseguido y despojado de sus bienes. Había casado con una hija del tesorero Alonso de Estrada y Marina de la Caballería, y por muerte de aquel heredó el cargo de Tesorero Real. Una de sus nietas casó con el autor del “Peregrino indiano” don Antonio de Saavedra Guzmán. Jorge de Alvarado murió en Madrid en 1540 mientras hacía diligencias para obtener reconocimiento a sus hechos.

Gómez de Alvarado  paso con Pedro a Nueva España durante la Conquista, fue regidor del Cabildo en 1528. Pasó luego con su hermano Pedro al Perú, donde se unió al partido de Almagro, fue hecho prisionero en la batalla de Salinas por Francisco Pizarro quien lo liberó a él y al hijo de Almagro. Se retiró a Lima donde vivió hasta la llegada del virrey Vaca de Castro de quien fue capitán de caballería. Participó en la batalla de Chupas que costó la vida al hijo de Almagro. Se estableció hasta su muerte en el Perú.

Diego de Alvarado también pasó al Perú en la malhadada expedición de Pedro, junto a su hermano Gómez abrazó el partido de Almagro, pero mientras quedó custodio de Hernando Pizarro hizo mucha amistad con él, jugando a los naipes perdió una fortuna en oro. Sin embargo se cuenta que por la simpatía con Hernando influyó para que Almagro le perdonara la vida. Cuando Francisco venció y dio muerte a Almagro condonó la deuda a Diego de Alvarado. En España se encontraron Diego y su antiguo amigo Hernando Pizarro, al frente de sus respectivos partidos contrarios, entre almagristas y pizarristas, éstos estuvieron a punto de un duelo pero Diego murió sospechosamente poco antes.

Gonzalo de Alvarado sirvió muy bien en la conquista de Nueva España, se avecindó en México, obtuvo asiento de ovejas el 3 de junio de 1527, y huerta el 28 de mayo de 1528. Desde junio de 1527 según consta en las actas del Cabildo, desde el 21 de junio de 1527 asistió al Cabildo como regidor. Fue a Guatemala con su hermano Pedro y, pobló de nuevo en 1536 en la ciudad e Gracias a Dios, desde entonces se pierden sus noticias.

Juan de Alvarado era rico propietario de varias haciendas en la provincia de Michoacán. El la localidad de Tiripitío se encontraron Pedro de Alvarado y el virrey Antonio de Mendoza para firmar los acuerdos donde Pedro se comprometía a participar en la conquista de Nuevo México en compañía de Francisco Vázquez de Coronado. Juan de Alvarado, también es mencionado como albacea en el testamento que otorgó Pedro poco antes de morir, pues quería ser enterrado en el Monasterio agustino que la familia Alvarado había mandado construir en Tiripitío.

Leonor de Alvarado casada con el conquistador Alonso de Ávila fue madre los infortunados jóvenes Alonso y Gil González de Ávila, decapitados en la ciudad de México en 1566 por ser cómplices de la célebre conjura del segundo Marqués del Valle don Martín Cortés y Ramírez de Arellano.

Juan de Alvarado “el viejo” y Juan de Alvarado el mozo son nombrados por Bernal Díaz del Castillo en su “Verdadera Historia de la Conquista de Nueva España”

Juan de Alvarado “el mozo” sobrino del Adelantado se distinguió en la conquista dela Nueva Galicia en el ejército de Cristóbal de Oñate.

LLEGADA A AMÉRICA Y CONQUISTA DE CUBA (1510-1518)

Parece ser que el traslado de los hermanos Alvarado al Nuevo Mundo se debió a la llamada de Juan de Alvarado, tío suyo asentado en la isla La Española desde principios del siglo XVI, lo cierto es que en 1510 ya estaban como colonos Pedro, Jorge, Gonzalo, Hernando y Gómez, pues se ha encontrado en el Archivo General de Indias el documento de Juan de Alvarado que asienta el permiso para viajar a Santo Domingo y reunirse con sus hermanos.

En la villa de Azúa vivía ya como escribano el futuro conquistador Hernán Cortés, ahí también eran conocidos los hermanos Alvarado, de entre ellos sobresalía la personalidad de Pedro, quien según el cronista Fray Juan de Torquemada, aquel“traía un sayo y capa que le había dado en Badajoz su tío don Juan, que era del hábito de Santiago”,  y que el lucía en las solemnidades mas destacadas. El uso de esta prenda, le valió una reprensión por parte del gobernador de la Isla don Diego Colón, por no pertenecer Pedro a la Orden. Con el tiempo luciría la encarnada Cruz con orgullo y se dejaría retratar con ella en el pecho.

Para agregarla a su Virreinato, Diego Colón había comisionado a Diego Velásquez, rico colono, armar una expedición a la isla de Cuba, conquistarla y colonizarla. Esto entusiasmó a muchos colonos entre los que se encontraban Hernán Cortés y los hermanos Alvarado, Diego de Ordás, Juan de Grijalva, Pánfilo de Narváez y otros que luego serían protagonistas en la conquista del reino de Moctezuma.

En 1513 Pedro de Alvarado recibió en premio a sus servicios, el grado de Capitán con derecho a tributos de los jefecillos indios y con derecho a disponer mano de obra para sus estancias, a cambio de ocuparse de su evangelización.

Como vecino rico de la villa de Trinidad y capitán de la Corona, Pedro comenzaba a ver, a sus 30 años de edad, que la fortuna le sonreía y sus expectaciones de emigrar al Nuevo Mundo para ganar riqueza y honra comenzaban a hacerse realidad.

LA EXPEDICIÓN DE JUAN DE GRIJALVA (1518)

En 1518, al año siguiente de la fracasada expedición de Francisco Hernández de Córdoba, Diego Velásquez  gobernador de Cuba, organizó una armada al mando de uno de sus parientes: Juan de Grijalva, para reconocer la “isla” de Yucatán y encontrar otras tierras o islas ya vistas por expediciones anteriores, como las de Juan Díaz de Solís y Vicente Yánez Pinzón en 1506 y la de Vasco Núñez de Balboa en 1511. Los capitanes de las 4 naves enviadas por el gobernador de Cuba serían el propio Grijalva al mando de la Armada, Pedro de Alvarado, Francisco de Montejo y Alonso de Ávila.

ALVARADO DEMUESTRA SU AUDACIA

Juan de Grijalva descubrió la isla de Cozumel que llamó de Santa Cruz, y luego siguió costeando Yucatán hasta la laguna de Términos en tierras de Tabasco, donde su piloto Antón de Alamitos creyó que terminaba la “isla” de Yucatán, siguieron costeando hacia el norte cada capitán al mando de una nave.

Un incidente vino a encrespar los ánimos de los expedicionarios y fue provocado por el propio Alvarado que, sin autorización de Grijalva, se internó con su nave en una boca amplia sobre el litoral. Fue precisamente en esta ocasión cuando mostrando su carácter impulsivo y aventurero se introdujo en el río de Las Mariposas creyendo haber encontrado un brazo de mar haciendo esperar varios días a sus compañeros.

No será la única vez que Alvarado adopte esta actitud que repetirá con Cortés a lo largo de la Conquista.

En todos sus actos antepondría su audacia a la prudencia, SIEMPRE DESAFIANDO EL PELIGRO, SIN IMPORTAR EL RIESGO, DEMOSTRANDO EN TODO MOMENTO UN VALOR QUE HARÁ DE ÉL UN CAPITÁN ADMIRADO POR SUS SOLDADOS. El hecho le valió que en lo sucesivo los expedicionarios llamaran a ese río: “El río de Alvarado”. Actualmente un pequeño y bonito puerto fluvial se llama Alvarado.

Pedro de Alvarado se adelantó a los otros tres barcos y llegó a Cuba muchos días antes que la Armada. La razón de su proceder, no se esclarecido del todo. Aparte de las discusiones entre los historiadores sobre las razones del regreso prematuro de Alvarado a Cuba, el hecho es que, una vez más, había ignorado la disciplina demostrando su carácter alevoso e independiente. Llegado a la Isla cubana, relató lo que Bernal Díaz del Castillo asienta “estaban todos espantados de las ricas tierras que habíamos descubierto”

LA EXPEDICIÓN Y CONQUISTA CON HERNÁN CORTÉS (1519- 1521)

Pedro de Alvarado vuelve a mostrar su carácter impulsivo, indisciplinado e independiente en la Armada que comandaba Hernán Cortés como tercera expedición a las tierras de lo que sería México. Cuando las naves de Cortés llegan a la Isla de Cozumel, se encuentran con la nave de Alvarado recalada en su litoral. Se entera el Capitán que los hombres de Alvarado han entrado en el pueblo, han tomado las gallinas, los ornamentos de su templo y a dos indios y una india que no habían podido huir. Cortés reprende a Pedro diciéndole:

No se habían de apaciguar las tierras de aquella manera, tomando a los nativos su hacienda”

Le mandó devolver el oro, libertó a los indios y le mandó pagar por lo comido. Esta primera acción civilizadora granjeó a Cortés la confianza de los indios. Y aquí, comenta Bernal “comenzó Cortés a mandar muy de hecho”.

Las guerras con los indios tlaxcaltecas dieron lugar al lucimiento de Alvarado, quien era tratado por Cortés como su segundo en el mando, todos los expedicionarios le tenían por tal, por su valor y personalidad, por sus dotes militares y por la confianza que en él depositaba Hernán Cortés, quien incluso se preocupaba por resaltar su importancia entre los indígenas. Así por ejemplo, cuando en Tlaxcala le fue ofrecida al Conquistador la hija de Xicotencatl, éste la cedió a Alvarado explicándole al cacique “que aquel a quien se la pasaba era su hermano y su capitán de confianza, y que lo hubiese por bien…”

Después de varias batallas, los tlaxcaltecas por fin se dieron por vencidos, sus 4 caciques principales acordaron aliarse con Cortés y sacudirse el yugo de los crueles mexicas, quienes desde antaño los tenían cercados por un muro, rodeando sus tierras frías y pobres, sin sal, algodón y otros productos necesarios para la vida. Como de buen grado NO aceptaban el vasallaje, los mexicas hacían periódicas incursiones entre ellos para llevarse prisioneros e inmolarlos a sus dioses.

Entre el 18 y 23 de septiembre de 1519, los cuatro caciques ya convencidos de la ventaja de aliarse a Cortés, abrieron las puertas de Tizatlán, su ciudad principal, y recibieron en son de fiesta a los expedicionarios y sus aliados cempoaltecas. A nombre de esos cuatro caciques, el más viejo y casi ciego Xicoténcatl, hizo saber a Cortés que los jefes habían acordado darle sus hijas en matrimonio a él y a los principales capitanes “Para que sean vuestras mujeres y hagáis generación, porque queremos teneros por hermanos”, presentando su hija al capitán le dijo: “Malinche, esta es mi hija, y no ha sido casada, que es doncella, tomadla para vos.

Junto a ella les ofrecieron cuatro muchachas más, “hermosas doncellas, y para ser indias eran de buen parecer” relata Bernal Díaz. Sus nombres los da en historiador José Luis Martínez pero en nuestro idioma son impronunciables.

Por consejo del padre Bartolomé de Olmedo, Cortés desistió de evangelizarlas antes de bautizarlas, luego, fueron entregadas; Tecuiloatzin bautizada como Luisa a Pedro de Alvarado, a Juan Velásquez de León fue entregada la más hermosa que se llamó Elvira, las tres restantes fueron repartidas entre Gonzalo de Sandoval, Cristóbal de Olid y Alonso de Ávila.

Doña Luisa, fue mujer fiel de Pedro de Alvarado, lo acompañó desde entonces en todos los peligros a que Pedro estuvo expuesto. Sobrevivió con él en la llamada Noche Triste, en la conquista de Guatemala y en la expedición al Perú, y le dio, además sus dos hijos preferidos: Pedro y Leonor; ésta casada con Francisco de la Cueva y con dilatada descendencia. (1)

Los cuatro señores de Tlaxcala fueron ahijados de Cortés, Alvarado, Sandoval y Cristóbal de Olid. Sus nombres cristianos fueron Vicente, Lorenzo, Bartolomé y Gonzalo.

En cuanto a Alvarado, su personalidad no pasó inadvertida a los indios tlaxcaltecas, por su cabellera y barba rojas, sus ojos verdes y su rostro brillante lo compararon con el sol dándole el apelativo de Aton-A-tiuh, “Resplandeciente como el sol”, mote que llevó siempre entre los indígenas.

Desde Tlaxcala, Cortés pensó enviar a Pedro de Alvarado como su embajador ante Moctezuma, idea que Alvarado aceptó gustoso, sin embargo los caciques aconsejaron no hacerlo, pues los mexicas insistían que fuera sin escolta. Seguramente nunca hubiera vuelto a ser visto con vida.

Sin embargo la embajada sí se concretó. Aprovechando el regreso de los embajadores de Moctezuma, Cortés ordenó a Bernardino Vázquez de Tapia que acompañara a Pedro y llevar un regalo al Gran Tlatoani y sobre todo, para observar la gran ciudad y a su señor. (2)

Los mensajeros mexicas los llevaron hasta Texcoco, allí los recibieron Chimalpopoca, hijo de Moctezuma y Cuitláhuac su hermano. Pero el Gran Cacique no quiso verlos, ni que entraran en la ciudad, solo aceptó los regalos y la descripción de cómo eran esos extranjeros.

“Uno de ellos era de muy linda gracia, así en el rostro como en la persona” y lo llaman Atonatio como el sol”

 

PEDRO DE ALVARADO TLAXC.

 

UN CID CAMPEADOR AMERICANO (1520-1522)

Por su natural temeridad, Pedro de Alvarado participó activamente en todas las batallas, celadas y escaramuzas que se sucedieron entre su salida de Tlaxcala y en la última batalla contra el poder mexica el 13 de agosto de 1521.

Alvarado siempre en primera línea y con comisiones de alta responsabilidad, no eludió nunca el peligro ni la dureza rayana en la crueldad cuando se trataba de la guerra. Él estaba perfectamente convencido de que cuando se guerreaba era para salvar la propia vida, y que para escarmentar a aquellas multitudes de paganos era indispensable amedrentados por la fuerza, que entre ellos no existía ni la sombra de la caridad cristiana ni de la lealtad hacia la palabra empeñada.

A los indios había que enseñarles la espada para ganarse su respeto. Ellos podían asegurarte una cosa un día y cambiar de pronto su parecer sin ningún remordimiento. Bernal Díaz del Castillo lo afirma muchas veces en su Relación.“Teníamos siempre la barbilla al hombro y el arma en la mano”.

Esa, era la actitud de Moctezuma, según los cronistas, y los hechos lo demostraron. Ni Cortés ni ninguno de sus capitanes podía confiar en las palabras de los indios, los españoles eran un exiguo puñado en aquel mar de pueblos desconocidos e incomprensibles. Cualquier descuido o exceso de confianza se pagaría irremediablemente con la vida, para esa empresa conquistadora eran necesarias; la fe en Dios, la mente fría, la inteligencia, la prudencia y la fuerza de las armas.

DIOS GUÍA LOS ACONTECIMIENTOS, PERO EL HOMBRE HACE SU PARTE, Y SI ÉSTE SE EQUIVOCA, PAGA LAS CONSECUENCIAS.

Leyendo a los cronistas y atendiendo al papel de Alvarado, vemos que siempre antepone la fuerza y la temeridad en sus acciones y que tiene la capacidad de salir siempre bien librado, al menos suficientemente entero para seguir en la lucha. Estará en todas las acciones cooperando con su jefe de forma brillante y eficiente. Hasta el fin de la guerra con los mexica así se comportó, pero anteponiendo su lealtad hacia Cortés, su jefe. Después de aquel gran acontecimiento, la caída de Tenochtitlán, Pedro de Alvarado se forjará su fama y honra por sí mismo. Apoyado en toda circunstancia por sus queridos hermanos, sobre todo Jorge, Gonzalo y Juan.

En este trabajo solamente trataremos brevemente unos hitos que han pasado a la historia como de su entera responsabilidad.

EL TEMPLO MAYOR DE LOS COLHUA

En ausencia de Hernán Cortés, cuando éste tuvo que dejar una pequeña guarnición al mando de Alvarado para hacer frente a la expedición punitiva contra Pánfilo de Narváez; se vivía una atmósfera de inquietud y desconfianza, en el palacio de Moctezuma.

Pedro de Alvarado percibió el peligro en que se encontraban, rodeados de múltiples escuadrones de indios guerreros, con muy pocos aliados nativos, y justamente en el asiento de la cabeza de la serpiente. Prácticamente, todos los cronistas de la Conquista tratan este capítulo de la historia; pero de modo diferente, y hasta discordante. Para rastrear la verdad histórica debemos tratar de buscarla en la razón natural de los acontecimientos.

Según varias versiones coincidentes; las de Francisco López de Gómara, Bernal Díaz del Castillo y Bernardino Vázquez de Tapia, asientan que los caciques preparaban la fiesta religiosa en honor de sus dioses Huichilobos y de Tezcatlipoca del mes de tóxcatl (mayo)….(3), y pidieron a Alvarado (custodio de Moctezuma) poder celebrarlo, éste se los concedió, deseoso de saber cómo era ese gran areito.

Según una versión tomada de la crónica de Fernando de Alva Ixtlixóchitl; los tlaxcaltecas avisaron a Pedro de Alvarado que los sacrificadores tenían a uno de los suyos en su Templo Mayor para inmolarlo, y que terminando la danza ritual en el patio o plaza del templo, caerían innumerables escuadrones sobre los españoles custodios de Moctezuma.

Hemos de recordar que precisamente en esa fecha, las víctimas de los sacrificios humanos que se ofrecían eran principalmente tlaxcaltecas.

LA DANZA RITUAL A CARGO DE LA NOBLEZA MENOR DE LOS GUERREROS COLHUAS CELEBRABAN; TODOS ATAVIADOS CON SUS MEJORES GALAS ENTRE LAS QUE NO ESCASEABAN LAS PIEZAS DE ORO (según dicen casi todos los cronistas), CUANDO SORPRESIVAMENTE CAYERON SOBRE ELLOS LOS SOLDADOS ESPAÑOLES MATANDO E HIRIENDO A TODOS….El párrafo anterior tiene todos los ingredientes para estimular la fantasía de los lectores.

Pero hay una descripción muy detallada del hecho, aparece en el llamado Códice Ramírez, que no es más que un fragmento de la obra “Relación del origen de los indios que habitan esta Nueva España según sus historias”. Llamado Manuscrito Tovar, completado con el “Tratado de ritos y ceremonias etc…” de autor anónimo.

Sin embargo, Alva Ixtlixóchitl aclara en su “Historia de la nación chichimeca”:

“ciertos tlaxcaltecas… por envidia,… tenían la mejor ocasión para poder henchir las manos de despojos y hartar su codicia y vengarse de sus opresores, fueron con esta invención al capitán que estaba en lugar de Cortés, el cual NO FUE MENESTER MUCHO PARA DARLES CRÉDITO…….”

Las situaciones trágicas en la Historia, se componen de varios o muchos ingredientes que suelen entremezclarse dando por resultado un estado de confusión, de poca o nula claridad. Entre estos ingredientes está el TEMOR dominando sobre todas las demás.

El desconocimiento de las fiestas indígenas, su realidad mágica e indefinible, el apremio de los expedicionarios por las actitudes ambiguas de Moctezuma, el hecho de la reposición de los ídolos en vez de la Cruz y la imagen de la Virgen María dejada por Cortés en el Templo, y reclamada a Moctezuma por Alvarado, además de la realidad indiscutible del exiguo número de españoles con pocas armas; aunado a la natural codicia de los tlaxcaltecas que describe Alva Ixtlixóchitl ; provocó el golpe de mano con que Alvarado creyó detener el ataque inminente, escarmentando, de paso, al Gran Tlatoani.

Es de hacer notar que entre los muertos no se encontró ninguno de los principales caciques, de los parientes inconformes con Moctezuma y que pretendían suplantarlo en el gobierno.

La matanza de los guerreros colhuas supuestamente desarmados y la fuerte personalidad de Alvarado salvaron momentáneamente la situación. Los dirigentes guerreros y los ancianos colhuas permanecieron a la espera de tomar alguna estrategia para realizar el levantamiento definitivo.

En tanto Cortés vencedor de Narváez regresaba apresurado a socorrer a los sitiados, ya se cernía la desgracia entre los colhuas y los españoles por igual. Las epidemias, la muerte y el correr de la sangre no tardarían en presentarse con mayor crudeza.

La muerte de Moctezuma, la rebelión general de los mexicas, la salida de Cortés huyendo hacia la orilla más próxima y la serie de todos los acontecimientos por venir, que ya sean tratado en otras ocasiones, no los expondremos ahora. Solamente nos concretaremos a la persona del futuro Adelantado de Guatemala.

EL “SALTO DE ALVARADO”

El 30 de junio de 1520 por la noche, Cortés decide la salida de todos los españoles, sus aliados tlaxcaltecas, totonacas, los documentos y todo el bastimento que llevaban. Un soldado llamado Blas Botello, nigromante o astrólogo, había predicho que si en aquella noche no salían todos de Tenochtitlán, perecerían; él mismo fue uno de los cientos que murieron.

El historiador José Luis Martínez escribe en su libro “HERNÁN CORTËS”:

“Hacia la medianoche y con fuerte lluvia comenzó la retirada por la calzada de Tlacopan. La columna constaba de unos siete u ocho mil hombres de los cuales unos mil trescientos eran españoles. La vanguardia, al mando de Gonzalo de Sandoval, y el centro con Hernán Cortés, la artillería y (los regalos de Moctezuma), los prisioneros y las mujeres, lograron mas o menos llegar a la orilla de la laguna utilizando un puente portátil”

Pero la retaguardia al mando de Pedro de Alvarado y Juan Velásquez de León encontró destruido el puente que unía la Isleta de Meshico con la calzada por donde habían pasado los primeros. Ahí los esperaban los escuadrones de guerreros colhuas para darles batalla. La lucha fue a muerte, como la cuenta Bernal Díaz, uno de los que formaban ese contingente, salvándose solo aquellos más diestros y ligeros, que habían abandonado el tesoro de Moctezuma, excepto sus espadas. Los aliados tlaxcaltecas fueron determinantes en la salvación de la mayoría de los españoles. Bernal, también, relata la alegría que recibieron los fugitivos al ver llegar sanas y salvas a Doña Marina y a Doña Luisa así como a las hermanas de Alvarado y las otras 6 mujeres españolas que los acompañaban.

Sin embargo tres capitanes y sus contingentes que sumaban un número indeterminado de hombres, pero que posteriores datos, han sumado en 150 españoles, 45 de ellos de a caballo y unos 2000 indios aliados con las mujeres, fueron impedidos de seguir al contingente de Cortés, por ceder el puente movible cayendo en el pantano,en ese lugar tuvo una matanza mucho mayor y sangrienta, hecha por los colhuas, que la efectuada en la plaza del Templo de Huichilobos, por los traxcaltecas y las tropas españolas de Alvarado.

La tercera parte del ejército quedó atajada en la plaza mayor y más tarde fueron masacrados, sacrificados y comidos por los colhuas, pues nunca se supo más de ellos. Juan Velázquez de León, su mujer tlascalteca doña Elvira, Francisco Saucedo y Francisco de Morla fueron sacrificados en el Templo Mayor mexica.

El único capitán que apareció con vida, aunque mal herido, fue “Atonatio” quien emergió de aquel sitio entre los gritos de dolor de los heridos y moribundos, en la penumbra de la madrugada.

NACIÓ ENTONCES LA LEYENDA DE QUE ALVARADO HABÍA SALTADO MILAGROSAMENTE ASIDO A SU PÉRTIGA, LA DISTANCIA DE MÁS DE 20 BRAZAS, DEL CORTE DE LA CALZADA.

Pedro de Alvarado nada menciona de aquel hecho en sus crónicas. Mientras que por siglos el pueblo ha llamado a esa parte de la calzada “El puente de Alvarado”.

LA CAÍDA DE LA GRAN TENOCHTITLÁN

Es de hacer notar que durante el regreso de Cortés a Tlaxcala después del desbarato; tuvo lugar de la Batalla de Otumba, Alvarado y sus hermanos participaron activamente en las acciones de guerra hasta la caída del poder mexica. Todos ellos se portaron heroicamente, incluso hay una nota  digna de recordar por su porte caritativo:

Cuando los desilusionados conquistadores tuvieron que aceptar que quedaba muy poco oro del tesoro perdido de Moctezuma, Pedro de Alvarado y otros capitanespropusieron a Cortés que su parte la repartiera entre los soldados que habían quedado mancos, cojos y tuertos, y otros, que se habían tullido o quemados y a todos los dolientes se les diera aquel oro, y que los que estaban sanos lo habrían por bien dado.

La conquista y pacificación de Tehuantepec ordenada por Cortés, la llevó a cabo con éxito, Pedro de Alvarado, aunque se le achaca haber procedido con crueldad en su trato con los caciques. No debemos olvidar que entonces se trataba con paganos muy bárbaros y primitivos. Una vez ahí, oye de los indios, que más al sur hay tierras ricas y muy pobladas. En él despertará la ambición por descubrirlas y tal vez gobernarlas.

LA CONQUISTA DE CENTROAMÉRICA (1522-1527), CRÓNICA DE PEDRO DE ALVARADO

Guatemala, El Salvador y Honduras

Hacia fines del año de 1523, Hernán Cortés decidió enviar dos expediciones; una, bajo el mando de Cristóbal de Olid, partiría de Veracruz rumbo a Honduras; la otra dependería de Pedro de Alvarado quien, desde la Capital se encaminaría al la región de Quauhtemalan, capital del reino cakchikel.

Ente la gente que marchaba con Alvarado iban tres de sus hermanos; Jorge, Gonzalo y Gómez, dos de sus primos, Hernando y Diego, los padres Juan Díaz y Juan Godínez, y unos mil aliados tlaxcaltecas además de tropas colhuas. Llegan a Tehuantepec en enero de 1524, luego al Soconusco, desde ahí va penetrando en los reinos de los mayas. A su manera, va castigando a cuanto cacique se le opone metiendo miedo entre todos ellos que nunca habían visto caballos ni conocían a los españoles.

Alvarado sigue en su conquista muchas de las tácticas de Hernán Cortés.Hace pactos de amistad con los reinos inconformes, y los cakchikeles va ser en esa región como los tlaxcaltecas lo habían sido en el Anáhuac.

En un relativo corto espacio de tiempo, los tres principales reinos de Guatemala habían quedado totalmente dominados y otros muchos pequeños cacicázgos se sometieron voluntariamente. En términos generales, durante esa campaña de conquista cumplió con los fines propuestos por Cortés: El sometimiento de todos los nativos, el hallazgo de metales preciosos y encuentro del estrecho entre los dos océanos.

En la última expedición a la actual Honduras, Alvarado encontró a los sobrevivientes de la malhadada expedición a las Hibueras. Hernán Cortés ya había partido de regreso a México, pero entre los que aún andaban por ahí  estaba Bernal Díaz del Castillo, quien también refiere el hecho. Entre 1524 y 1526 sometió extensos territorios y decenas de poblaciones al dominio de España. Las actuales Guatemala, El Salvador y Honduras.

VUELTA A ESPAÑA (1527-1529)

A fines de 1526 Alvarado partió rumbo a México en compañía de la tropa cortesiana perdida y encontrada en Choluteca. Dejó en Santiago de los Caballeros a su hermano Jorge como teniente de Gobernador. Después llegó a la capital de Nueva España donde fue recibido como héroe. En febrero de 1527 se dirigió a Veracruz  para embarcarse a España.

Desembarcó en Sevilla a los dos meses y medio de travesía. Pero ahí nadie le conocía y sospechando de su actuación en Las Indias, le embargaron su oro, mientras tanto debía valorar sus méritos.

La inteligencia, audacia y poder de convencimiento, así como la gentileza de su persona las empleó a fondo para salir de sus dificultades. Por una  recomendación se dirigió a visitar a una antigua y poderosa familia de Úbeda; la familia de don Luís dela Cueva y su esposa doña María Manrique descendientes del famoso supuesto padre de la “Beltraneja”, don Beltrán de la Cueva, Duque de Alburquerque, y emparentados con el poderoso ministro de Carlos V don Francisco de los Cobos.

Pedro de Alvarado se comprometió con doña Francisca hija mayor del matrimonio, aunque esto supusiera la marginación de Luisa Xicoténcatl y sus dos hijos habidos en ella. Casarse con doña Francisca era un acto de conveniencia pura y simple, pues sus problemas se resolvieron como por encanto. Su oro le fue devuelto y todos los cargos que le hacían por sus excesos en la conquista de Guatemala desaparecieron. Se le dio el nombramiento de Gobernador y Adelantado de Guatemala y las regiones adyacentes; el tratamiento de DON y el Emperador le envió una valiosa joya y dote para la novia.

La boda se realizó a principios de 1528, en julio se embarcaron rumbo a América con un séquito de damas y caballeros que los acompañarían a su bien ganado feudo. A sus 43 años de edad Pedro de Alvarado había llegado a la cúspide de su carrera, acto seguido comenzarían sus fracasos.

Su mujer doña Francisca enfermó gravemente durante la travesía marítima, llegando a morir en Veracruz en octubre de ese año. La Audiencia que desgobernaba Nueva España entonces a cargo de Nuño de Guzmán se ensañó contra Pedro por ser amigo de Cortés, afloraron cargos por toda su actuación, sus enemigos lo hicieron una viva encarnación de todos los vicios y corrupciones del género humano. Alvarado fue retenido en México sin poder desplazarse a Guatemala. Fue despojado de todos los bienes que traía ya que, Alvarado, sostuvo siempre su lealtad a Hernán Cortés sin pronunciar palabra en su contra con amistad a toda prueba para su antiguo capitán. Entonces don Pedro fue encarcelado, engrillado y sometido a todo tipo de injurias.

Alvarado soportó casi dos años de cárcel. Hacia esas fechas, Hernán Cortés que había regresado de España y estaba detenido junto con su séquito en el convento de Texcoco, también estaba sufriendo la furia de la 1ª Audiencia.

Cuando la situación de ambos parecía desesperada llegó la 2ª Audiencia a Nueva España favorable a los dos; por lo que Alvarado fue soltado, y pudo dirigirse con su séquito a Guatemala donde ya lo esperaban sus hermanos que se habían adelantado. Ese año se presentaba al cabildo para ser reconocido como la máxima autoridad. Tuvo que ejercerla pues el caos reinaba en todas la región por causa de la 1ª Audiencia de Nueva España que también había llevado el desorden a Guatemala.

En esa época Alvarado imitó bastante bien a su amigo Hernán Cortés, aflorando en su persona cualidades que no había demostrado; como administrar y repartir equitativamente las propiedades de sus hombres, así como levantar rápidamente la nueva Santiago de los Caballeros. También había convenido con Carlos I la construcción de una armada para adentrarse en la Mar del Sur, llevar a cabo descubrimientos e, incluso, tratar de encontrar el camino hacia las Islas de la Especiería llevar los productos a Europa, y encontrar la ruta de vuelta a Nueva España, proeza inconcebible hasta entonces.

EL ADELANTADO Y GOBERNADOR DE GUATEMALA (1529-1541)

Pedro de Alvarado logró por fin retomar la vara de gobernador de Guatemala en el año de 1531. A partir de entonces logró pacificar todas las poblaciones de los territorios comprendidos en los actuales: Guatemala, El Salvador y Honduras, no sin grandes trabajos por las insurrecciones de los indios, que el Adelantado reprimió duramente sin faltar actos de crueldad con los caciques desleales. Su autoridad va a ser temida por todos, incluyendo a muchos españoles.

Para cumplir con las capitulaciones entre Alvarado y el Emperador, preparaba una enorme Armada a costa del Adelantado con el fin de descubrir y conquistar las Islas de la Especiería en el océano Pacífico. Pedro iría al frente de este imponente grupo de expedicionarios. El 23 de enero de 1534 la Armada compuesta de 10 naves, quinientos españoles, unos doscientos esclavos negros y más de dos mil indios de Guatemala.

La ruta por él escogida, sería dirigirse rumbo al sur hasta encontrar las corrientes ecuatoriales ya descubiertas por Magallanes y Elcano que los llevarían directamente hasta las Islas Malucas. Aprovechando la cercanía de la costa sudamericana, Alvarado intenta probar sus fuerzas conquistando algunos territorios aún desconocidos de los españoles, y el 25 de febrero de ese año de 1534 desembarcan en el puerto de Caraque, actual costa de Ecuador.

Alvarado expoliado por su ambición de oro sube a la región de Quito a casi 4 mil metros de altitud, creyendo en la facilidad de la conquista, a poco se da cuenta de la enorme magnitud de la empresa. El tiempo pasa y no puede llegar a su meta, fueron casi siete meses de descalabros, muerte y desgracias de todo tipo, para finalmente, don Pedro y sus exploradores, encontraron en la región muchas huellas de cabalgaduras herradas. ¡Otros españoles se le han adelantado! Eran parte de las huestes de Pizarro, de Almagro y de Benalcázar conquistador de Quito.

Ante la evidencia de su fracaso, tuvo que vender a Almagro toda su impedimenta y dejar en esos territorios a la mayor parte de los sobrevivientes. El 26 de agosto de 1534 se ponía fin al quimérico viaje de Pedro de Alvarado. Es notable que su mujer tlaxcalteca, doña Luisa y sus hijos, le habían acompañado en la aventura.

Pedro de Alvarado regresó a su gobernación de Guatemala donde fracasó también como administrador, todo le salía mal, por lo que se embarcó en el puerto de Caballos de la actual Honduras para viajar a España con la intención de entrevistarse con el Emperador. Era el mes de febrero de 1537 cuando llegó a los Reinos de Castilla, en unas condiciones muy similares a su primer viaje.

Acusado de los excesos cometidos en la malhadada conquista de Quito, fue a ver a Francisco de los Cobos para hacer valer sus realizaciones en América, a prometer la construcción de otra armada para conquistar la Especiería y a defender los dominios del Emperador. Su buena estrella y don de gentes le van a dar idénticos buenos resultados que diez años atrás. Consiguió de Carlos I una prórroga de siete años para seguir siendo gobernador y justificar su mala actuación anterior.

El parentesco político con el todopoderoso ministro de los Cobos volvió a resolver todos sus problemas anteriores. Además contrajo nuevo matrimonio con la hija menor de don Luís de la Cueva, la bella doña Beatriz 25 años más joven que él.

El Cádiz encontró al famoso marino Andrés de Urdaneta, lo convenció de que lo acompañara a Guatemala y luego en la preparación de la Armada a las Molucas.

El 17 de octubre de 1538, diez años después de su primera boda con doña Francisca se repetía con todo boato el enlace con la familia de la Cueva. Acto seguido vino la preparación de una nueva oleada de parientes y amigos así como artesanos de todo tipo que acompañarían al Adelantado en su regreso a Guatemala. Pero, una sombra de muerte y malos augurios asomó entonces: Entre los viajeros que se embarcaron en enero de 1539, estaba el joven escribano Baltasar de Montoya contratado por Alvarado como su secretario privado. Nadie puede imaginarse, entonces, que este joven hidalgo iba a ser el causante involuntario del fin de la vida del conquistador.

Sin muchos incidentes, la flota de 19 naves cargadas de gente y equipajes llegó a Puerto Caballos en la actual costa hondureña del Caribe. El puerto se encontraba abandonado de los españoles, la desolación fue la primera impresión de todos sus acompañantes, las cosas empezaban mal. Cinco meses emplearía en organizar la actual Honduras antes de asumir de nuevo la gobernación de Guatemala.

LA MAYOR EXPEDICIÓN NUNCA ANTES FORMADA TOMA RUMBO AL NORTE, LAS NAVES COSTEAN HASTA EL PUERTO DE NAVIDAD

Apenas pudo vivir con tranquilidad, dedicado a la construcción de edificios e iglesias para hermosear la capital, esta vez, para hacer de ella un centro de la cultura española, con Universidad y Obispado. Para Pedro de Alvarado su natural inquietud por la aventura y las batallas, le hacieron cumplir la palabra dada al Emperador de descubrir la ruta de la Especiería.

Pero ahora, tenía casi 50 años de edad, cuando dejando a su mujer y la vida muelle de Santiago de los Caballeros, emprendería el camino del norte para llevar su nueva flota al Puerto de Navidad en la Nueva Galicia y de ahí partir para las islas Malucas.

El monto total de la nueva expedición lo lleva a endeudarse y a gastar la totalidad de su capital. Esperaba recuperar con creces y su inversión y adquirir el título nobiliario prometido por Carlos I.

ALVARADO LLEGÓ A LA NUEVA GALICIA

Terminadas todas las diligencias necesarias a su partida, y dejando en la ciudad de Santiago a su esposa doña Beatriz y a sus seis hijos naturales….(8), el  Adelantado se dirigió al puerto de Acajutla, a donde había hecho fondear su armada y de donde salió a su última y desgraciada expedición”

La fecha más probable de la salida de Alvarado de Acajutla la da uno de los participantes, Alonso de Torres, quien en su crónica del viaje que hizo posteriormente a las Malucas, escribió que había sido el 1º de septiembre de 1540.

Componían la Armada: la nave capitana, que recibió el nombre de Santiago, la SanFrancisco, el navío “Antón Hernández”, el “Alvar Núñez”, el “Figueroa”, el “San Miguel” de la cual era dueño Rodríguez Cabrillo futuro descubridor de la AltaCalifornia, una galera, una fusta y una fragata…..(9).

No se sabe con exactitud el número de hombres que Alvarado llevó en esta expedición. Se cree más seguramente, que eran poco más de 800 hombres sueltos y 50 de a caballo, junto a ellos hubo un número indeterminado de indios guatemaltecos para el servicio. La suma que gastó fue enorme y todavía quedó endeudado con amigos y prestamistas varios. En la nave capitana iba, como su segundo, su sobrino Juan de Alvarado el “mozo”, Francisco Girón y otros caballeros.

La Armada pasó el Puerto de Santiago en Colima, y llegó sin contratiempo al puerto de Navidad de la Nueva Galicia (actual Jalisco), a los 19,16 grados de latitud norte, para hacer aguada y comprar bastimentos.

Sin embargo, otro camino le estaba destinado:

Pedro de Alvarado tuvo que dirigirse a la ciudad de México, para arreglar ciertos asuntos personales, en donde permaneció por espacio de casi cinco meses, de allá regresó en los primeros días del mes de junio de 1541, tomando el camino de Michoacán para entrevistarse con el Virrey Antonio de Mendoza en la hacienda de Tiripitío propiedad de su hermano Juan de Alvarado, para convenir la participación del Adelantado en la conquista de los territorios del norte especialmente Nuevo México, donde según el fraile Marcos de Niza se encontraban las ciudades de Tzíbola “construidas en plata y oro”.

LA REBELIÓN DE LOS INDIOS EN NUEVA GALICIA

Al llegar al pueblo de Zapotlán (Cd. Guzmán, Jalisco) dispuso permanecer en él, unos días descansando del largo viaje. Mientras tanto la rebelión de los indios continuaba en proporciones alarmantes, amenazando con destruir a los castellanos que en corto número vivían dispersos por la región. El gobernador Cristóbal de Oñate y los alcaldes y regidores de la vecina ciudad de Guadalajara informados del regreso del Adelantado, le enviaron un mensajero comunicándole la apremiante situación en que se hallaban y pidiéndole que acudiera a socorrerlos con la fuerza de que disponía.

Dejó a 50 hombres custodiando la Armada en la costa, 50 fueron destacados en el pueblo de Autlán, otros 50 en Zapotlán. El capitán Diego López de Zúñiga quedó con 25 hombres en Ezatlán, otro más quedó en la orilla del lago de Chapala, Alvarado tomó cien hombres escogidos y se dirigió a Guadalajara el 12 de junio se alojó en casa de su sobrina Magdalena de Alvarado. Mientras tanto, a corta distancia de la ciudad se habían fortificado los indios en la sierra de Juchipila y del Mixtón, en el punto llamado peñol de Nochistlán.

EL ACCIDENTE DE NOCHISTLÁN

Alvarado creyó empresa fácil desalojarlos de sus posiciones y pacificar todo el país. Sin embargo el gobernador Oñate, cautamente aconsejó que se esperara hasta que las fuertes lluvias cesaran, por lo fangoso de la tierra. El Adelantado no era de la opinión de esperar varios días o tal vez semanas y expresó:

Vergüenza es, que cuatro gatillos encaramados hayan dado tanto tronido y alborotado al Reino”

Cristóbal de Oñate, mas experimentado con los indios de la zona, aconsejó que esperaran los refuerzos que el virrey había prometido. Alvarado agregó “en cuatro días quiero allanar la tierra por convenirme embarcar para mi viaje”

Todavía insistió Oñate que esperara, Alvarado contestó: “YA ESTÁ ECHADA LA SUERTE, YO ME ENCOMIENDO A DIOS”

Pedro de Alvarado se encaminó al pueblo de Nochistlán, y llegando cerca de él convidó a los indios con la paz, pero éstos no quisieron escuchar. Una fuerza de españoles e indios de Michoacán avanzó para atacarlos. Diez mil indios rebeldes, protegidos por albarradas muy fuertes, los recibieron con una lluvia cerrada de varas tostadas, flechas, dardos y piedras; mataron 20 españoles y obligaron a Alvarado a retroceder. Los atacantes volvieron a la carga sin lograr mejor resultado perdiendo otros diez soldados entre ellos el capitán Falcón y otros guerreros españoles e indios.

La caballería se atascaba, la infantería no tuvo mejor suerte y su capital Juan de Cárdenas pereció en un atolladero. El Adelantado ordenó la retirada. Los indios salieron de sus trincheras y por espacio de tres leguas (unos 16 kilómetros.) siguieron a los españoles. El Adelantado bajó de su caballo y con la rodela y espada combatía bravamente conteniendo a los indios, éstos, por fin, dejaron de perseguirlos. Las tropas de Alvarado llegaron a un riachuelo y para salir de él era necesario subir una cuesta llevando los caballos a la diestra.

El Adelantado y su gente iban subiendo la cuesta poco a poco, no así el escribano Montoya, quien poseído de pánico, no obstante que los indios habían dejado ya de perseguirlos, caminaba adelante espoleando a su caballo. Alvarado quien caminaba en la retaguardia gritó Sosegáos Montoya que los indios nos han dejado”Montoya no hizo caso y siguió en su empeño hasta que el caballo cayó resbalando por la cuesta hasta dar con Alvarado, siendo tal el golpe que le hundió el pecho perdiendo el sentido.

MUERTE DEL CID CAMPEADOR AMERICANO

Vuelto en sí con el auxilio de sus capitanes, les dijo Alvarado que no convenía que los indios supieran de su accidente. Pidió que le quitaran la armadura y que se revistiera con ella a uno de los oficiales para que le creyeran ileso los indios enemigos. Recomendó a los demás que se mantuvieran prontos a resistir si insistían en atacarlos y agregó calmadamente:

“Esto se merece quien trae consigo tales hombres como Montoya”….(11) Baltasar de Montoya tuvo que redactar el Testamento de Alvarado, se avecindó en Guadalajara y vivió hasta los ciento cinco años.

Don Luis de Castilla quien era unos de los capitanes le preguntaba que parte le dolía: “Don Pedro le respondió : ME DUELE EL ALMA, LLÉVENME A DO CONFIESE Y LA CURE CON LA RESINA DE LA PENITENCIA Y LA LAVE CON LA SANGRE DE NUESTRO REDENTOR”

“¡Sea loado Dios! Yo me siento fatigado y mortal, conviene que con la brevedad posible me lleven a la ciudad para ordenar mi alma”

Pedro de Alvarado pudo tener la Gracia divina de haber tenido tiempo para ordenar su alma, confesándose y dictando todas las disposiciones del caso, pensando en su mujer Beatriz de la Cueva y en sus hijos (6 todos naturales). Y que para pagar los gastos de su funeral se vendiesen algunas propiedades suyas en Guadalajara y México. Que a las personas que tuvieren cargos contra él se dirigieran al Obispo de Guatemala para resolverlos. Pidió que se le rezaran misas para el descanso de su alma, que sus restos fueran sepultados en Guadalajara y después en el convento de Santo Domingo de México.

Aquel mismo día, 4 de julio de 1541, en la ciudad de Guadalajara, diciendo, “EN TUS MANOS, SEÑOR, ENCOMIENDO MI ESPÍRITU” murió el conquistador Don Pedro de Alvarado y Cárdenas , Adelantado de Guatemala.

Años mas tarde, hacia 1580 su hija Leonor con su tío y esposo don Francisco de la Cueva vinieron al convento de Tiripitío en Michoacán para llevarse los restos de don Pedro de Alvarado a Guatemala. En 1690 aún se encontraban en la catedral de esa ciudad, pero después de sucesivos terremotos, entre reconstrucciones de la iglesia desaparecieron hasta la fecha (2006) no se sabe de ellos, ni los de doña Beatriz dela Cueva. En cuanto a los restos de doña Luisa Xicoténcatl, parece ser que a finales del siglo XX en unas excavaciones que se hicieron en la ciudad de AntiguaGuatemala se pudieron encontrar… (13) Información del diario Excélsior, Sección de Sociales, diciembre de 1999.

CONCLUSIÓN

Pedro de Alvarado es un fiel reflejo de la época de tránsito entre la Edad Media y la Moderna, el fin de la Reconquista y el Descubrimiento de América. Alvarado y sus hermanos participaron en las conquistas fundamentales de la historia de América. Intervinieron, primero, en la conquista de Cuba, mas tarde destacará como el segundo capitán más importante en la conquista de la Nueva España, las conquistas centroamericanas, por su propia cuenta, de Guatemala, Honduras y el Salvador. Intentó incorporar los territorios pertenecientes sudamericanos del Inca, en Ecuador; quiso descubrir la ruta de las Islas de la Especiería y también participar en los descubrimientos y conquista de los territorios de América del Norte, Nuevo México y el Colorado.

Alvarado reúne como ningún otro, todos los aspectos positivos y negativos del conquistador del siglo XVI. El estudio de su actuación y persona sirve para hacernos comprender mejor a esos seres humanos de aquella época especial e irrepetible que fue la Conquista del Nuevo Mundo.

BIBLIOGRAFÍA

+“Relación de Pedro de Alvarado a Hernán Cortés sobre la conquista de Guatemala”, Ramón Vázquez

+“Pedro de Alvarado el conquistador de la tierra de los quetzales” Antonio Gutiérrez Escudero, Biblioteca Iberoamericana. México, 1992

+”Opúsculos y Biografías”, Joaquín García Icazbalceta, Imprenta Universitaria, México, 1942

+”Crónica de la Nueva España”, Francisco Cervantes de Salazar, Editorial Porrúa, México, 1985

+” Hernán Cortés, José Luís Martínez, Fondo de Cultura, México, 1990.

+Badajoz Wikipedia.org/ 2005.

+  Academia de Hernán Cortés A. C. “Por la difusión de la Verdad Histórica”

 “Apuntes Propios”; L.G. Pérez de León Rivero.

 

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UNA BATALLA ENCARNIZADA

21 de agosto de 2014
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COMBATE CERRADO

En este mes de octubre no se registraron combates importantes. Todo se redujo a pequeños tiroteos y escaramuzas. Lo de más significación, en la región de los volcanes, fue un combate el mismo día 2, en el Cerro de las Trementinas. Allí pelearon fracciones de las fuerzas de los capitanes Andrés Navarro y José Cervantes, contra una gruesa columna del general callista Heliodoro Charis. La acción fue del todo adversa a los enemigos, pues murieron más de veinte soldados, entre ellos un coronel y varios oficiales. De los libertadores no hubo nada que lamentar.

En la zona del oriente, a donde después de muerto Marcos Torres, había marchado el general Anguiano con objeto de atender personalmente las necesidades de aquellos grupos, hubo que pelear durante cinco días continuos con los perseguidores, quienes tuvieron como cincuenta bajas. De parte de los libertadores no hubo ni siquiera un herido.

LA FIESTA DE CRISTO REY

Al fin del mes, el último domingo, los cristeros tuvieron su gran día: la fiesta de Jesucristo Rey, en la cual se hizo la consagración solemne y oficial de la División del Sur de Jalisco al Sacratísimo Corazón de Jesús. En los tres campamentos principales: el Volcán, Cerro Grande y Vallecito de Cristo Rey, se efectuó la solemnidad como mejor se pudo. A estos tres lugares afluyeron todos los libertadores de las respectivas regiones para jurar una vez más fidelidad a su Rey, adorarle, vitorearle y recibirle sacramentado en sus corazones.

La fiesta de los Cruzados del Volcán se efectuó en la Mesa de la Yerbabuena o de los Mártires, como oficialmente se le llamaba, según se ha dicho, por haberse inaugurado la capilla del campamento -en ese tiempo ya destruida- el día cinco de febrero, fiesta del protomártir mexicano, San Felipe de Jesús. Allí, a pocos pasos del cementerio donde descansaban los restos de Dionisio Eduardo Ochoa y sus compañeros muertos por la causa de Cristo, se levantó una nueva ermita. Estuvieron presentes los libertadores del regimiento del general Salazar y de los tres escuadrones del Volcán, que comandaba directamente el coronel Verduzco Bejarano, en gran armonía, para tributar sus homenajes a Jesucristo Rey, quien estuvo expuesto públicamente en la Hostia Consagrada de la Santa Custodia, desde la noche de la víspera, hasta la tarde de la fiesta. Los fervorosos cánticos y no interrumpidas plegarias resonaron majestuosos muy a lo lejos, en medio de grande libertad y dicha. Con las abnegadas señoritas de las Brigadas, encargadas del hospital, y con algunos escogidos elementos cristeros, se formó un pequeño orfeón que con tiempo estuvo preparando la jefe del grupo del hospital cristero, señorita Amalia Castell, para el canto de la Misa y los ejercicios comunes. La Misa que se interpretó fue la De Angelis a coro, que resultó hermosamente ejecutada por los cristeros, sus familias y las señoritas de las Brigadas del hospital cristero. Sobre todo hubo mucho fervor y entusiasmo santo. ¡Qué vibrantes y hermosas se elevaron al Cielo, salidas de incontables pechos, las voces de aquel himno!:

¡Oh buen Jesús, cantemos hoy tu gloria,
y vivas mil te demos con ardor.
A ti loor, imperio, amor, victoria.
¡Reina sin fin, tus leyes son amor!

Y las de aquel otro que cantaban casi a diario los cruzados en sus campamentos:

¡Que viva mi Cristo!
¡Que viva mi Rey!
¡Que impere doquiera
Triunfante su Ley!
¡Viva Cristo Rey!
¡Viva Cristo Rey!

Ejercito_LibertadorNUEVO COMBATE EN COMALA

El mes de noviembre fue pródigo en pequeños combates. En la zona del oriente, invadida por los enemigos, casi a diario se registraron pequeñas escaramuzas. Siguiendo su especial sistema de guerrillas, los libertadores no descansaron, fustigando y azotando las filas callistas.

En el Estado de Colima hubo un combate muy fuerte el día 7.

En el campo cristero, se había recibido aviso de que en los primeros días del mes, saldría una recua con provisiones de boca, de Colima a San Antonio, bien escoltada por soldados callistas.

Esta era una ocasión muy buena para dar al gobierno un golpe duro y, de común acuerdo los jefes del 2° y 6° regimientos del Ejército Libertador, de los generales Miguel Anguiano Márquez y Andrés Salazar, respectivamente, se formó un contingente de ochenta y cinco hombres, al mando directo de los coroneles José Verduzco y Víctor García. Este contingente se apostó en terrenos de Cofradía de Suchitlán para esperar al enemigo.

Allí estuvieron en paciente espera todo el día 6, pero el enemigo no se presentó.

Calculando los cristeros que aquella espera de todo el día, podía haber llegado a conocimiento de los callistas, por algún espía de los que no faltan en ninguna parte, resolvieron retirarse a esperar al enemigo más adelante, haciendo el camino durante la noche del 6 al 7, hasta llegar al lugar denominado El Campamento, ya en las cercanías de Comala.

En este lugar, el camino sube flanqueado por dos arroyos que abarcan un campo más o menos amplio y allá, adelante, una cerca de piedra cruza el campo.

Esta cerca tomaron los cristeros como parapeto y, al mismo tiempo, se ordenó que una parte de aquel contingente, se adelantara y, ocultándose del enemigo, lo dejara pasar.

Poco antes de las diez de la mañana, el centinela dio aviso de que se acercaba el gobierno; se corrió la voz y todo mundo se colocó en su puesto de combate.

En efecto, los callistas, soldados del 90 Regimiento, al mando del coronel Reynaldo Pérez Gallardo, en número de ciento treinta, escoltaban una buena recua cargada de mercancía. Caminaban con mucha cautela. Avanzaban un poco y se paraban y volvían a avanzar, desconfiando de tanta quietud y silencio.

Cuando los callistas, no obstante su prudencia, llegaron a una distancia de unos treinta metros, al grito de guerra de ¡Viva Cristo Rey!, los libertadores los recibieron con descargas cerradas. Pronto reaccionó el enemigo y contestó con energía, generalizándose el combate. Unos y otros deseaban llegar al triunfo, con la circunstancia de que los gobiernistas estaban demostrando una muy buena puntería, por lo que los cristeros necesitaban hacer actos de arrojo para buscar el blanco que pudieran dar los enemigos. Había transcurrido media hora de rudo batallar, cuando el coronel Víctor García, que recorría a caballo la línea de fuego, cayó sin vida atravesado por tres balas de ametralladora. El combate seguía reñido. La ametralladora que los callistas habían emplazado en una pequeña elevación del terreno, traqueteaba con trágica insistencia, haciendo más imponente el fragor de la lucha.

Hubo un momento en que el enemigo presionó con más energía sobre el extremo derecho de los libertadores. El capitán J. Inés Castellanos que defendía aquel punto, pidió al coronel Verduzco Bejarano que le mandara refuerzo y se pudo frenar así el empuje del enemigo; mas al ir a reforzar aquel sitio, murió el soldado cristero Secundino Rolón, que era uno de aquellos primeros libertadores de Caucentla del tiempo del primer jefe Dionisio Eduardo Ochoa.

A las dos horas de estar combatiendo se presentó en el lugar del combate el teniente coronel J. Jesús Mejía, de la gente del general Salazar, con un grupo de soldados, por el lado de la ranchería de Las Paredes y principió a atacar al enemigo por aquel flanco. Sin embargo, los callistas no cejaban; se les veía en la manera de combatir el propósito de quedarse con la victoria.

Viendo el coronel Verduzco Bejarano que las cosas iban alargándose, tomó una resolución desesperada y brincando el lienzo de piedra gritó:

¡Adelante, muchachos, quede lo que quede! Y se arrojaron sobre el enemigo, que los esperó a pie firme, trabándose el combate casi cuerpo a cuerpo.

Y en la furia de aquella lucha, en medio del estruendo de la fusilería, era tal el humo de las armas que envolvía a los combatientes -cristeros y callistas- que arrastrándose por entre las piedras luchaban a diez y aún a cinco o seis metros de distancia, los unos de los otros, cada uno procurando ganar terreno y hacer retroceder al adversario, que había momentos en que casi no podían verse. Polvo y humo formaban una nube densa que casi los cegaba.

Mientras se desarrollaba este furioso combate de soldado a soldado, sin dar ni pedir cuartel, y el enemigo iba perdiendo terreno, un grupo de cristeros tomaron como objetivo adueñarse de la ametralladora, y unas veces corriendo y otras arrastrándose, se aproximaban a ella buscando. terminar con los que la atendían. Cuando ya creían apoderarse de ella, un soldado enemigo la lazó sacándola del peligro, como decían ellos, a pezuña de caballo.

Entre tanto, la furia del combate no cedía, pues a pesar de que los callistas se habían visto obligados a pasar el arroyo, se habían hecho fuertes al otro lado, en un último esfuerzo por retardar la victoria cristera. Mas los libertadores, con empuje incontenible, los desalojaron de esta postrer defensa, dándose los callistas a la fuga. Desde este momento, los cristeros fueron persiguiéndolos hasta las cercanías de Comala, logrando hacer prisioneros, en esta última etapa del combate, a dos cornetas enemigos.

Terminado el combate, que duró tres horas, los cristeros recogieron como botín: veinticuatro mulas de la recua, cincuenta y seis caballos del ejército, más de cuarenta rifles con bastante parque y dos clarines. Las bajas del enemigo fueron más de ochenta entre muertos, heridos y prisioneros; pero de los libertadores murieron en este combate, el coronel Víctor García, el capitán 2° Francisco Lizama y los soldados José Rodríguez, Luis Sánchez, Secundino Rolón, Timoteo Mejía (hermano de Jesús), José Facio, José Valencia, Avelino Rodríguez, Macario Rincón y Salvador Aranda.

PÁNICO DE LOS GOBIERNISTAS

Entretanto en la ciudad. de Colima, en donde alcanzaba a percibirse el fragor de aquel combate y a donde llegó como relámpago la noticia de la derrota de las fuerzas callistas, temiendo, sobre todo los del gobierno civil, que los cristeros avanzaran victoriosos, se cerraron todas las oficinas de Palacio; sus hombres salieron a esconderse a donde creyeron oportuno y las fuerzas de que podía disponerse -soldados y gendarmes- tomaron las providencias que creyeron convenientes. También se cerraron los bancos y comercios.

EL JEFE CRISTERO VÍCTOR GARCÍA

El coronel Víctor García que murió en este combate era un bravo luchador. Tiempo hacía que estaba bajo su cargo inmediato el regimiento de Salazar. Antes de la persecución había sido soldado de las filas de Calles, tal vez cabo, o sargento. Al iniciarse la defensa armada, desertó del ejército callista y, sin declarar sus antecedentes, se presentó en las filas católicas, en donde fue humilde soldado, sin ninguna pretensión; mas poco a poco sus méritos le fueron elevando hasta que ocupó el puesto que tenía a su muerte y el cual desempeñó muy laudablemente. La primera vez que aparece en esta historia, es el 27 de junio de 1927, cuando siendo simple soldado asiste con las seminaristas y el Padre Capellán a la adoración eucarística que tuvo lugar en la ermita improvisada al pie de las faldas del Nevado, al oriente de Zapotitlán.

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GLORIA A LOS HÉROES

Entre los siete soldados rasos que murieron estaban libertadores muy distinguidos, como Secundino Rolón, José Facio y Luis Sánchez. Secundino era de los primeros soldados de Caucentla, uno de los once que con carabinas de caza habían resistido en la hacienda de El Fresnal el primer ataque de fuerzas callistas de línea que comandaba el general Ferreira, en 31 de enero de 1927. Luis Sánchez, joven campesino de los que integraron las filas libertadoras en el primer mes de lucha. Parece que era originario de El Naranjal. José Facio, más joven aún, era hermano del audaz Manuel Facio, de quien se hizo mención en el Libro segundo. Como él, era valiente y listo, aunque por su corta edad -debía tener unos 15 o 16 años al morir- no sobresalió como aquél. Cayó herido al rebasar el lienzo de piedra que les servía de fortín, con el fin de recoger el máuser de un soldado enemigo que ahí yacía muerto. Lograron su’ padre don Onofre Facio y el coronel Verduzco Bejarano recogerlo aún con vida y llevarlo un poco hacia arriba, en donde a la sombra de un árbol expiró.

 

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EL VIDRIERO ODIEIRO

21 de agosto de 2014

San Bernardo, abad de Claraval, y doctor de la Iglesia 1091-1153

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Tal es tu justicia que tierra y cielos renueva,
Cristo, pues eres Tú la propia justicia del Padre.
Fuese ante el Padre la que relumbró en una nube de carne;
brilla en sus miembros aún la senda de la justicia.

Un pobre monje por la virtud de su fe bien probado,
muy distinguido en el arte del vidrio, de buenas costumbres,
que visitó la Ciudad del Apóstol cual buen peregrino
y recorrió su camino a pie y haciendo vidrieras,
lo que aprendió padeciendo y vio de espíritu lleno,
al acercársele el fin, tal como lo vio lo refiere:

Ocho días había pasado sin alimentarme,
con la unción y a punto de ser por los monjes lavado,
voz sin voz y exhalando gemidos sin uso del pecho,
y al apóstol Santiago pedile treguas entonces.

Cuando de pronto yo vi ante mis ojos espirituales
una visión milagrosa de tres entre luces del cielo,
y uno me dijo el primero: -Yo soy Santiago a quien llamas.
Vengo en tu ayuda y aquí está Juan, como sabes, mi hermano.
Sano estás. Con nosotros también te visita y bendice
con su mano la excelsa reina, la Madre de Cristo.

Luego, he aquí mi linaje, la generación de los justos
con nosotros venid, añadió, que monástica era.
Pero entretanto veía el infierno y el paraíso
como en la mano están los dedos índice y medio.

En los tormentos mezclábanse fuego y azufre y ardientes
vahos, y cal y horror y pesados hirvientes hedores.
Un sol en cambio radiante y de lumbre lleno en el otro
era la vida de la salvación con su luz y alegría.
Y se veía pasar de allá veloz y alternando
tal visión, mas un grande abismo quedaba a los lados.

Esto a los monjes reunidos Odierio contó verazmente
y regresó a Claraval (2) cual si fuera a los santos lugares,
como un pez elegido que acude nadando a su encierro.

Tú, por amor a Santiago, hermano Odierio, viniste
a fabricar con tu oficio vidrieras de vidrio y de plomo
sólo por un pedacito de pan y frugal alimento.
Tú que recibes consuelo, dichosa visión esa tuya
en que la Madre de Cristo es lengua que acude a salvarte.

Siervo feliz y bienaventuradas esclavas aquellas
a quienes viene a auxiliar ante Dios la piedad de su Madre.
Mas para mérito del escritor, que desea lo propio,
séale dada alabanza a Dios una y trina, mas toda. Amén.

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SAN PÍO X A 100 AÑOS DE SU PARTIDA

20 de agosto de 2014

SAN PIO X

2 de Junio de 1835piox3

20 de agosto del año 1914

 

Giuseppe Melchiorre Sarto, quien luego sería el Papa Pío X nació el 2 de Junio de 1835 en Riese, provincia de Treviso, en Venecia. Sus padres fueron Giovanni Battista Sarto y Margarita Sanson. Su padre fue un cartero y murió en 1852, pero su madre vivió para ver a su hijo llegar a Cardenal. Luego de terminar sus estudios elementales, recibió clases privadas de latín por parte del arcipreste de su pueblo, Don Tito Fusarini, después de lo cual estudió durante cuatro años en el gimnasio de Castelfranco Veneto, caminando de ida y vuelta diariamente.

En 1850 recibió la tonsura de manos del Obispo de Treviso y obtuvo una beca de la Diócesis de Treviso para estudiar en el seminario de Padua, donde terminó sus estudios filosóficos, teológicos y de los clásicos con honores. Fue ordenado sacerdote en 1858, y durante nueve años fue capellán de Tómbolo, teniendo que asumir muchas de las funciones del párroco, puesto que éste ya era anciano e inválido. Buscó perfeccionar su conocimiento de la teología a través de un estudio asiduo de Santo Tomás y el derecho canónico; al mismo tiempo estableció una escuela nocturna para la educación de los adultos, y siendo él mismo un ferviente predicador, constantemente era invitado a ejercer este ministerio en otros pueblos.

En 1867 fue nombrado arcipreste de Salzano, un importante municipio de la Diócesis de Treviso, en donde restauró la iglesia y ayudó a la ampliación y mantenimiento del hospital con sus propios medios, en congruencia con su habitual generosidad hacia los pobres; especialmente se distinguió por su abnegación durante una epidemia de cólera que afectó a la región. Mostró una gran solicitud por la instrucción religiosa de los adultos. En 1875 creó un reglamento para la catedral de Treviso; ocupó varios cargos, entre ellos, el de director espiritual y rector del seminario, examinador del clero y vicario general; más aún, hizo posible que los estudiantes de escuelas públicas recibieran instrucción religiosa. En 1878, a la muerte del Obispo Zanelli, fue elegido vicario capitular. El 10 de Noviembre de 1884 fue nombrado Obispo de Mantua, en ese entonces una sede muy problemática, y fue consagrado el 20 de Noviembre. Su principal preocupación en su nuevo cargo fue la formación del clero en el seminario, donde, por varios años, enseñó teología dogmática y, durante un año, teología moral. Deseaba seguir el método y la teología de Santo Tomás, y a muchos de los estudiantes más pobres les regaló copias de la “Summa Theologica”; a la vez, cultivó el Canto Gregoriano en compañía de los seminaristas. La administración temporal de la sede le impuso grandes sacrificios. En 1887 celebró un sínodo diocesano. Mediante su asistencia en el confesionario, dio ejemplo de celo pastoral. La Organización Católica de Italia, conocida entonces como la “Opera dei Congressi”, encontró en él a un celoso propagandista desde su ministerio en Salzano. En el consistorio secreto celebrado en Junio de 1893, León XIII lo creó Cardenal, con el título de San Bernardo de las Termas; y en el consistorio público, tres días más tarde, fue preconizado Patriarca de Venecia, conservando mientras tanto el título de Administrador Apostólico de Mantua. El Cardenal Sarto fue obligado a esperar dieciocho meses, antes de tomar posesión de su nueva diócesis, debido a que el gobierno italiano se negaba a otorgar el exequatur, reclamando que el derecho de nominación había sido ejercido por el Emperador de Austria. Este asunto fue tratado con amargura en periódicos y panfletos; el Gobierno, a manera de represalia, rehusó extender el exequatur a los otros obispos que fueron nombrados durante este tiempo, por lo que el número de sedes vacantes creció a treinta. Finalmente, el ministro Crispi, habiendo regresado al poder, y la Santa Sede, habiendo elevado la misión de Eritrea a la categoría de Prefectura Apostólica en atención a los Capuchinos Italianos, motivaron al Gobierno a retractarse de su posición original. Esta oposición no fue causada por ninguna objeción contra la persona de Sarto. En Venecia el cardenal encontró un estado de cosas mucho mejor que el que había hallado en Mantua. También allí puso gran atención en el seminario, donde logró establecer la facultad de derecho canónico. En 1898 celebró el sínodo diocesano. Promovió el uso del Canto Gregoriano y fue gran benefactor de Lorenzo Perosi; favoreció el trabajo social, especialmente los bancos en las parroquias rurales; se dio cuenta de los peligros que entrañaban ciertas doctrinas y conductas de algunos Cristiano-Demócratas y se opuso enérgicamente a ellas. El Congreso Eucarístico Internacional de 1897, en el centenario de San Gerardo Sagredo (1900), la bendición de la primera piedra del nuevo campanario de San Marcos y la capilla conmemorativa en el Monte Grappa (1901) fueron eventos que dejaron una profunda impresión en él y en su gente. A la muerte de León XIII, los cardenales se reunieron en cónclave y, después de varias votaciones, Giuseppe Sarto fue elegido el 4 de Agosto al obtener 55 de 60 votos posibles. Su coronación tuvo lugar el siguiente Domingo, 9 de Agosto de 1903.

Por ello, venerables hermanos, no es de maravillar que los modernistas ataquen con extremada malevolencia y rencor a los varones católicos que luchan valerosamente por la Iglesia. No hay ningún género de injuria con que no los hieran; y a cada paso les acusan de ignorancia y de terquedad. Cuando temen la erudición y fuerza de sus adversarios, procuran quitarles la eficacia oponiéndoles la conjuración del silencio. Manera de proceder contra los católicos tanto más odiosa cuanto que, al propio tiempo, levantan sin ninguna moderación, con perpetuas alabanzas, a todos cuantos con ellos consienten; los libros de éstos, llenos por todas partes de novedades, recíbenlos con gran admiración y aplauso; cuanto con mayor audacia destruye uno lo antiguo, rehúsa la tradición y el magisterio eclesiástíco, tanto más sabio lo van pregonando. Finalmente, ¡cosa que pone horror a todos los buenos!, si la Iglesia condena a alguno de ellos, no sólo se aúnan para alabarle en público y por todos medios, sino que llegan a tributarle casi la veneración de mártir de la verdad.  

San Pío X Encíclica Pascendi 

En su primera Encíclica, deseando revelar hasta cierto punto su programa de trabajo, mencionó el que sería el lema de su pontificado: “instaurare omnia in Christo” (Ef 1,10). En consecuencia, su mayor atención giró siempre sobre la defensa de los intereses de la Iglesia. Pero ante todo, sus esfuerzos también se dirigieron a promover la piedad entre los fieles, y a fomentar la recepción frecuente de la Sagrada Comunión, y, si era posible, hacerla diariamente (Decr. S. Congr. Concil., 20 de Diciembre, 1905), dispensando a los enfermos de la obligación de ayunar para poder recibir la Sagrada Comunión dos veces al mes, o incluso más (Decr. S. Congr. Rit., 7 de Diciembre, 1906). Finalmente, mediante el Decreto “Quam Singulari” (15 de Agosto, 1910), recomendó que la Primera Comunión en los niños no se demorara demasiado tiempo después de que alcanzaran la edad de la discreción. Fue por deseo suyo que el Congreso Eucarístico de 1905 se celebró en Roma, mientras que aumentó la solemnidad de los congresos Eucarísticos posteriores mediante el envío de cardenales legados. El quincuagésimo aniversario de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción fue una ocasión que supo aprovechar para impulsar la devoción a María (Encíclica “Ad illum diem”, Febrero 2,1904); y el Congreso Mariano junto con la coronación de la imagen de la Inmaculada Concepción en el coro de la Basílica de San Pedro fueron una digna culminación de la solemnidad. Fuera como simple capellán, como obispo, y como patriarca, Giuseppe Sarto fue siempre un promotor de la música sacra; como Papa publicó, el 22 de Noviembre de 1903, un Motu Proprio sobre música sacra en las iglesias, y, al mismo tiempo, ordenó que el auténtico Canto Gregoriano se utilizara en todas partes, mientras dispuso que los libros de cantos se imprimieran con el tipo de fuente del Vaticano bajo la supervisión de una comisión especial. En la Encíclica “Acerbo nimis” (Abril 15, 1905), planteó la necesidad de que la instrucción catequética no se limitara a los niños, sino que también fuera dirigida hacia los adultos, dando para ello reglas detalladas, especialmente en lo referente a escuelas adecuadas para la impartición de la instrucción religiosa a los estudiantes de escuelas públicas, y aun de universidades. Promovió la publicación de un nuevo catecismo para la Diócesis de Roma.

Como obispo, su principal preocupación había sido la formación del clero, y de acuerdo con este propósito, una Encíclica dirigida al Episcopado Italiano (Julio 28, 1906) hacía énfasis en la necesidad de tener mayor cuidado en la ordenación de sacerdotes, llamando la atención de los obispos sobre el hecho de que, entre los clérigos más jóvenes, se manifestaba cada vez con mayor frecuencia un espíritu de independencia que era una amenaza para la disciplina eclesiástica. En beneficio de los seminarios italianos, ordenó que fueran visitados regularmente por los obispos, y promulgó un nuevo programa de estudios que había estado en uso en el Seminario Romano. Por otra parte, como las diócesis del Centro y Sur de Italia eran tan pequeñas que sus seminarios respectivos no podían prosperar, Pío X estableció el seminario regional, que es común para las sedes de una región dada; en consecuencia, muchos seminarios, pequeños y deficientes, fueron cerrados.

Para una mayor eficacia en la asistencia a las almas, a través de un Decreto de la Sagrada Congregación del Consistorio (Agosto 20, 1910), promulgó instrucciones concernientes a la remoción de párrocos como un acto administrativo, cuando tal procedimiento requería de graves circunstancias que podían no constituir una causa canónica para la destitución. Con motivo de la celebración del jubileo de su ordenación sacerdotal, dirigió una carta llena de afecto y prudentes consejos a todo el clero. Por un Decreto reciente (Noviembre 18, 1910), el clero había sido impedido de tomar parte en la administración temporal de organizaciones sociales, lo cual era causa frecuente de graves dificultades.

Pero por sobre todas las cosas, la principal preocupación del Papa era la pureza de la fe. En varias ocasiones, como en la Encíclica con respecto al centenario de San Gregorio Magno, Pío X resaltaba los peligros de ciertos métodos teológicos nuevos, los cuales, basándose en el Agnosticismo y el Immanentismo, por fuerza suprimían la doctrina de la fe de sus enseñanzas de una verdad objetiva, absoluta e inmutable, y más aun cuando estos métodos se asociaban con una crítica subversiva de las Sagradas Escrituras y de los orígenes del Cristianismo. Por esta razón, en 1907, publicó el Decreto “Lamentabili” (llamado también el Syllabus de Pío X), en el que sesenta y cinco proposiciones modernistas fueron condenadas. La mayor parte de estas se referían a las Sagradas Escrituras, su inspiración y la doctrina de Jesús y los Apóstoles, mientras otras se relacionaban con el dogma, los sacramentos, la primacía del Obispo de Roma. Inmediatamente después de eso, el 8 de Septiembre de 1907, apareció la famosa Encíclica “Pascendi”, que exponía y condenaba el sistema del Modernismo. Este documento hace énfasis sobre el peligro del Modernismo en relación con la filosofía, apologética, exégesis, historia, liturgia y disciplina, y muestra la contradicción entre esa innovación y la fe tradicional; y, finalmente, establece reglas por las cuales combatir eficazmente las perniciosas doctrinas en cuestión. Entre las medidas sugeridas cabe señalar el establecimiento de un cuerpo oficial de “censores” de libros y la creación de un “Comité de Vigilancia”. Posteriormente, mediante el Motu Proprio “Sacrorum Antistitum”, Pío X llamó la atención en los interdictos de la Encíclica y las disposiciones que habían sido establecidas previamente bajo el pontificado de León XIII sobre la predicación, y sancionó que todos aquellos que ejercieran el sagrado ministerio o quienes enseñaran en institutos eclesiásticos, así como canónigos, superiores del clero regular, y aquellos que servían en oficinas eclesiásticas, deberían tomar un juramento en el que se comprometían a rechazar los errores que eran denunciados en la Encíclica o en el Decreto “Lamentabili”. Pío X retomó este asunto vital en otras ocasiones, especialmente en las Encíclicas que fueron escritas en conmemoración de San Anselmo (Abril 21, 1909) y de San Carlos Borromeo (Junio 23, 1910), en la segunda de las cuales el Modernismo Reformista fue especialmente condenado. Como el estudio de la Biblia es, a la vez, el área más importante y más peligrosa de la teología, Pío X deseaba fundar en Roma un centro especial para esos estudios, que les diera la garantía inmediata de una ortodoxia incuestionable y un valor científico; en consecuencia, y con el apoyo de todo el mundo católico, se estableció el Pontificio Instituto Bíblico de Roma, bajo la dirección de los jesuitas.

Una necesidad sentida durante mucho fue la de codificar la Ley Canónica, y con la intención de llevarla a cabo, el 19 de Marzo de 1904, Pío X creó una congregación especial de cardenales, de la que Gasparri, convertido en cardenal, sería el secretario. Las más eminentes autoridades en derecho canónico de todo el mundo, colaboraron en la formación del nuevo código, algunas de cuyas prescripciones ya habían sido publicadas, como por ejemplo, las modificaciones a la ley del Concilio de Trento en lo referente a los matrimonios secretos, las nuevas reglas para las relaciones diocesanas y para las visitas episcopales ad limina, y la nueva organización de la Curia Romana (Constitución “Sapienti Consilio”, Junio 29, 1908). Anteriormente, las Congregaciones para las Reliquias e Indulgencias y de Disciplina habían sido suprimidas, mientras que la Secretaría de Asuntos Menores había sido unida a la Secretaría de Estado. La característica del nuevo reglamento es la completa separación de los aspectos judiciales de los administrativos; mientras que las funciones de algunos departamentos habían sido determinadas con mayor precisión y sus trabajos más equilibrados. Las oficinas de la Curia se dividieron en Tribunales (3), Congregaciones (11), y Oficinas (5). Con respecto a los primeros, el Tribunal de Signatura (constituido exclusivamente por cardenales) y el de la Rota fueron revividos; al Tribunal de la Penitenciaría le fueron dejados únicamente los casos del fuero interno (conciencia). Las Congregaciones permanecieron casi como estaban al principio, con la excepción de que una sección especial fue agregada al Santo Oficio de la Inquisición para las indulgencias; la Congregación de Obispos y Regulares recibió el nombre de Congregación de Religiosos y tendría que tratar únicamente los asuntos de las congregaciones religiosas, mientras los asuntos del clero secular serían derivados a la Congregación del Consistorio o a la del Concilio; de este último fueron retirados los casos matrimoniales, los cuales serían ahora enviados a los tribunales o a la recientemente creada Congregación de los Sacramentos. La Congregación del Consistorio aumentó grandemente su importancia debido a que tendría que decidir sobre cuestiones que eran competencia de las otras Congregaciones. La Congregación de Propaganda perdió mucho de su territorio en Europa y América, donde las condiciones religiosas habían comenzado a estabilizarse. Al mismo tiempo, fueron publicadas las reglas y regulaciones para empleados, y aquellas para los diferentes departamentos. Otra Constitución reciente presenta una relación de las sedes suburbicarias.

La jerarquía Católica incrementó grandemente su número durante los primeros años del pontificado de Pío X, en los que se crearon veintiocho nuevas diócesis, la mayoría en los Estados Unidos, Brasil y las Islas Filipinas; también una abadía nullius, 16 vicariatos Apostólicos y 15 prefecturas Apostólicas.

León XIII llevó la cuestión social dentro del ámbito de la actividad eclesial; Pío X también deseó que la Iglesia cooperara, o, mejor aún, desempeñara un papel de liderazgo en la solución de la cuestión social; sus puntos de vista en esta materia fueron formulados en un syllabus de diecinueve proposiciones, tomadas de diferentes Encíclicas y otras Actas de León XIII, y publicadas en un Motu Proprio (Diciembre 18, 1903), especialmente para la orientación en Italia, donde la cuestión social era un asunto espinoso a principios de su pontificado. Buscó especialmente reprimir ciertas tendencias que se inclinaban hacia el Socialismo y promovían un espíritu de insubordinación a la autoridad eclesiástica.

Como resultado del aumento constante de divergencias, la “Opera dei Congressi”, la asociación Católica más grande de Italia, fue disuelta. No obstante, inmediatamente después la Encíclica “Il fermo proposito” (Junio 11, 1905) provocó la formación de una nueva organización, constituida por tres grandes uniones, la Popular, la Económica y la Electoral. La firmeza de Pío X logró la eliminación de, por lo menos, los elementos más discrepantes, posibilitando, ahora sí, una verdadera acción social Católica, aunque subsistieron algunas fricciones. El deseo de Pío X es que la clase trabajadora sea abiertamente Católica, como lo expresó en una memorable carta dirigida al Conde Medolago-Albani. También en Francia, el Sillon, después de un origen prometedor, había dado un giro que lo acercaba a la ortodoxia del extremismo democrático social; y los peligros de esta relación fueron expuestos en la Encíclica “Notre charge apostolique” (Agosto 25, 1910), en la cual los Sillonistas fueron conminados a mantener sus organizaciones bajo la autoridad de los obispos.

En sus relaciones con los Gobiernos, el pontificado de Pío X tuvo que mantener luchas dolorosas. En Francia el papa heredó disputas y amenazas. La cuestión “Nobis nominavit” fue resuelta con la condescendencia del papa; pero en lo referente al nombramiento de obispos propuestos por el Gobierno, la visita del presidente al Rey de Italia, con la consiguiente nota de protesta, y la remoción de dos obispos franceses, deseada por la Santa Sede, se convirtieron en pretextos del Gobierno en París para el rompimiento de las relaciones diplomáticas con la Corte de Roma. Mientras tanto la ley de Separación ya había sido preparada, despojando a la Iglesia de Francia y prescribiendo, además, una constitución para la misma , la cual, si bien no era abiertamente contraria a su naturaleza, por lo menos entrañaba grandes peligros para ella. Pío X, sin prestar atención a los consejos oportunistas de quienes tenían una visión corta de la situación, rechazó firmemente consentir en la formación de las asociaciones cultuales. La separación trajo cierta libertad a la Iglesia de Francia, especialmente en materia de la elección de sus pastores. Pío X, sin buscar represalias, todavía reconoció el derecho francés de protectorado sobre los Católicos en el Este. Algunos párrafos de la Encíclica “Editae Saepe”, escrita en ocasión del centenario de San Carlos Borromeo, fueron mal interpretadas por los Protestantes, especialmente en Alemania, por lo que Pío X elaboró una declaración refutándolos, sin menoscabo a la autoridad de su alto cargo. En ese tiempo (Diciembre, 1910), se temían complicaciones en España, así como la separación y persecución en Portugal, para lo cual Pío X ya había tomado las medidas oportunas. El Gobierno de Turquía envió un embajador ante el Papa. Las relaciones entre la Santa Sede y las repúblicas de América Latina eran buenas. Las delegaciones en Chile y la República Argentina fueron elevadas a la categoría de internunciaturas, y se envió un Delegado Apostólico a Centroamérica.

Papa_Pio_X__reliquia_2Naturalmente, la solicitud de Pío X se extendió a su propia estancia, realizando un gran trabajo de restauración en el Vaticano; por ejemplo, en las habitaciones del cardenal-secretario de Estado, el nuevo palacio para los empleados, una nueva galería de pinturas, la Specola, etc. Finalmente, no debemos olvidar su generosa caridad en las calamidades públicas: durante los grandes terremotos de Calabria, pidió la ayuda de todos los Católicos del mundo, logrando reunir, al momento del último sismo, aproximadamente 7’000,000 de francos, que sirvieron para cubrir las necesidades de quienes fueron afectados y para la construcción de iglesias, escuelas, etc. Su caridad no fue menor en ocasión de la erupción del Vesubio y de otros desastres fuera de Italia (Portugal e Irlanda). En pocos años, Pío X obtuvo resultados magníficos y duraderos en interés de conservar la doctrina y disciplina Católicas, aún enfrentando grandes dificultades de todo tipo. Hasta los no Católicos reconocen su espíritu apostólico, su fortaleza de carácter, la precisión de sus decisiones y su búsqueda de un programa claro y explícito.

 

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DE CIERTOS REMEDIOS CONTRA ALGUNAS TENTACIONES QUE VENDRÁN CON EL ANTICRISTO

17 de agosto de 2014

Vicente Ferrer OP

San Vicente Ferrer OP

(1350-1419)

 “El que quisiere huir de los lazos, y tentaciones del anticristo, y librarse de las del demonio en los postrimeros días, ha de procurar guardar dos cosas en el conocimiento propio.

La primera es, que sienta de sí como de un cuerpo muerto lleno de gusanos, hediondo y tan asqueroso que no solamente huyen de poner en él los ojos los circunstantes, mas se tapan las narices, por no sentir el mal olor, que de si echa, y vuelven el rostro por no ver tanta abominación. Esto conviene Carísimo a ti, y a mi hacer siempre; pero mucho más a mí, porque toda mi vida es hedionda, y todo yo soy asqueroso, mi cuerpo, mi Alma y todo cuanto hay dentro de mi está lleno de corrupción, y podredumbre de los pecados, y maldades, que en mi hay, y así todo soy abominable. Y lo que peor es, que siento cada día, que va creciendo en mí este hedor, y de nuevo aumentándose.

Debe después el Alma fiel sentir de sí tal hedor con grandísima vergüenza de la presencia de Dios, como delante de aquel que lo ve todo, como si estuviese delante de un riguroso Juez, y así se ha de doler grandemente de las ofensas hechas a su Divina Majestad, y de haber perdido la gracia, que le dieron por la sangre preciosísima de Cristo, cuando la lavaron con el agua del Santo Bautismo. Como considera que causa mal olor a sus propias narices, y a las de Dios, así también se ha de persuadir, que también le sienten no sólo los Ángeles y Almas santas, sino todos los hombres de la tierra, delante de los cuales es abominable y hediondo, y que todos se ofenden de ver no sólo sus obras, y oír sus palabras, empero que se tapan las narices y vuelven el rostro por no verlo, y como a cuerpo muerto, y hediondo lo echan de su compañía, y de esta suerte esté apartado, como el más asqueroso leproso, hasta tanto, que vuelva en sí, y si alguno llegase a hacer justicia de él, y de su cuerpo, sienta de sí lo que es justo, y crea de sí lo que queda dicho, aunque le sacasen los ojos, y cortasen las manos quitasen las orejas, o quebrasen la boca, e hiciesen esto propio de todos sus miembros, y partes del cuerpo; porque con todos ellos ha ofendido al Señor que le creó.

Más adelante debe desear, lo desprecien y ultrajen, de tal manera, que todos los vituperios, deshonras, infamias, injurias, blasfemias, y finalmente cuantas cosas adversas le vengan con sumo gozo, y gran alegría las abrace, y sufra con paciencia. Y conviene, que totalmente desconfíes de ti, de tus buenas obras, y de tu vida y te vuelvas todo a Dios, y te reclines sobre los brazos de Jesucristo, pobre, vilísimo, vituperado, menospreciado, y muerto por ti; hasta que tú también estés muerto en todas tus pasiones humanas, y sólo Jesucristo Crucificado viva en tu corazón, y Alma; y así transformado, y transfigurado todo en él, interiormente lo sientas en ti; para que de ahí adelante no veas más, oigas, ni sientas, sino sólo a Cristo pendiente de la Cruz, muerto por ti, y Crucificado a ejemplo de la Virgen María, y estés muerto en el mundo y vivo en la Fe, en él ha de vivir toda tu Alma, hasta la renovación, con la cual enviará Nuestro Señor el gozo espiritual, y Don del Espíritu Santo a ella, y a aquellas personas, en las cuales se ha de renovar el estado de los Santos Apóstoles, y de tu Iglesia Santa, ejercitándote en Santas Oraciones, o en sagradas meditaciones, o afectos para alcanzar los Dones de las Virtudes, y gracia del Señor.

Para esto principalmente te has de ejercitar en siete maneras de afectos para con el Señor, es a saber, en un amor ardentísimo, temor grande, honra debida, y constantísimo celo, a los cuales ha de acompañar hacimiento de gracias, y voz de alabanza, juntamente con una prontitud de toda obediencia, y gusto de la suavidad Divina, diciendo. O buen Jesús! haced, que con todo mi entendimiento, y todo mi interior sumamente os tema, reverencie, y cele con gran fortaleza vuestra honra, de tal suerte, que cualquier ofensa vuestra, como celoso de vuestra honra en gran manera la aborrezca; y particularmente si en mí, de mí, o por mi habéis sido afrentado, o injuriado Dios mío; dadme también, que a vos Señor, como criatura vuestra con humildad os adore, y reconozca y perpetuamente os de gracias con grandísimo agradecimiento de mi corazón por todos los beneficios, que de vos he recibido. Dadme, Señor, que en todas las cosas, siempre os bendiga, alabe y magnifique, con júbilo grande, y alegría de mi Alma, y obedeciendo a vuestra Divina Majestad en todas las cosas sea recreado con tu dulcísima, e inefable suavidad, en compañía de vuestros Santos Ángeles, y Apóstoles, sentado a vuestra mesa, aunque indigno, e ingrato, que con el Padre, y el Espíritu Santo vivís por todos los siglos. Amén.

También debe ejercitarse acerca de sí mismo con otras siete maneras de afecto. Primeramente se confunda, y avergüence a sí mismo de sus vicios y defectos. Lo segundo llore sus pecados, como ofensas hechas a Dios, que han manchado su Alma, y con grandísimo dolor se duela de ello. Lo tercero se humille, y tenga en poco con tanto menosprecio, que con todas veras, como de cosa vilísima y asquerosísima no haga caso de sí mismo, y desee ser menospreciado, como se ha dicho. Lo cuarto, que se trate con severísimo rigor de suerte que maltrate su cuerpo ásperamente y guste de ser así maltratado, como el que está lleno de hediondez de pecados, y como sentina de todas las inmundicias. Lo quinto, tenga ira implacable contra todos sus vicios, y contra las raíces de adonde ellos nacen, y contra sus malas inclinaciones. Lo sexto, procure perpetuamente tener un vigor de ánimo despierto, y valiente, para que juntamente estén despiertos, y atentos todos sus sentidos, actos, y potencias, con un esfuerzo varonil para toda obra buena. Lo séptimo, debe tener discreción acompañada de una modestia perfecta, y moderación tal, que en todas las cosas estrechamente guarde modo, y tasa entre lo no suficiente, y demasiado, de tal manera, que ni en sus obras se halle superfluidad, ni cortedad, o defecto, y ni sea más de lo que debe, ni menos de lo que conviene.”

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FUENTE: Tratado de la vida espiritual del glorioso Padre San Vicente Ferrer, de la Orden de Predicadores, traducido de latín en romance. Madrid. Año de 1669. Págs.407-410.

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