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SACRÍLEGA COMUNIÓN, SIGUE EL AVANCE “HOMO”

22 de noviembre de 2014

Dan la Comunión a Gay “casado”

Comunión sinodal
Murió Cayetana duquesa de Alba, una mujer que atesoraba una imponente cantidad de títulos nobiliarios, pero a la que no parece haberle ido tan bien familiarmente hablando: la mayoría de sus hijos se ha divorciado.

El la misa fúnebre que celebró por el eterno descanso de su alma el Cardenal Amigo en la catedral de Sevilla, estando presente el actual Arzobispo de esa ciudad Mons. Juan José Asenjo, el padre Ignacio Jiménez Sánchez-Dalp, confesor de doña Cayetana, le dio la sagrada Comunión al diseñador Victorio, quien desde hace muchos años “está civilmente casado” con su socio Lucchino.

victorio_lucchino

Victorio y Lucchino 2

El padre Jiménez no puede ignorar la situación que vive la “feliz” pareja, pues sus integrantes vestían a la duquesa y formaban parte del círculo de amigos que la visitaban con regularidad. Fueron ellos la que diseñaron el traje de novia de su última boda, celebrada por el cura.

Casamiento 2

 

Casamiento

Resulta curioso ver imágenes del último casamiento de la duquesa, que muestran al padre Jiménez vistiendo casulla romana y celebrando “ad orientem”, lo cual es propio de un cura tradi… o de quien tiene que usar los ornamentos y el altar disponibles.

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Por otro lado, antiguamente los sacerdotes mantenían unidos los dedos índice y pulgar, con los que habían tocado las Sagradas Especies, hasta las abluciones finales; para evitar se pudieran caer fragmentos al suelo.

Hoy este sacerdote, no solamente olvidó de la patena, sino que acaricia a un joven luego de darle de comulgar, gesto que podrá ser todo lo consolador que se quiere en un momento así, pero que expone dejar pegados en la nuca que se toca, fragmentos del Cuerpo del Señor.

Winfrid Due, del Blog Ex Orbe en cuyo Facebook hemos visto la fotografía que ilustra el comienzo de esta entrada, opina que esta Comunión podría decirse “muy sinodal”; cosa que nos parece acertada.

¡Hasta cuándo habrá que aguantar todo esto!

PÁGINA CATÓLICA

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EFEMÉRIDES CRISTERAS DEL MOVIMIENTO LIBERTADOR COLIMENSE 1927

21 de noviembre de 2014

cristo-cargando-con-la-cruz-1ENERO DE 1927

Día 6. Sonó la hora de la lucha. Salieron de la ciudad de Colima los jóvenes de la A.C.J.M. Dionisio Eduardo Ochoa, Rafael G. Sánchez y Antonio C. Vargas, para ser los primeros soldados del Ejército Libertador Cristero en el Estado de Colima. La región de los volcanes de Colima fue la escogida para iniciar el movimiento.

Día 23. En Montegrande, Col. La gendarmería del Estado, comandada por don Urbano Gómez, en funesta incursión por las faldas del sudeste de los volcanes, al pasar por esta ranchería tomó prisionero y fusiló, sin formalidad ninguna, a Juan Barajas, campesino católico.

El mismo día 23. A inmediaciones de la ranchería La Arena, Col., se libró el primero de los combates, con éxito admirable. Por una parte, la gendarmería del Estado, cuyo grupo integraban más de sesenta hombres. bien armados y montados; por otra, un grupo deficientísimo en lo humano, de novatos cristeros, integrado como por 15 hombres, algunos con carabinas de cacería y otros sin ningún arma de fuego. Se tomó prisionero al comandante de la gendarmería, señor Urbano Gómez, en unión de tres de los suyos, los cuales fueron pasados por las armas. En el campo quedaron ocho gendarmes muertos. Recogieron los soldados libertadores doce armas largas, algunas cortas y varias bestias ensilladas. Los jefes de esta primera hazaña fueron Dionisio Eduardo Ochoa y J. Natividad Aguilar.

Día 28. En el pueblo de Suchitlán, Col. Un pequeño grupo de soldados libertadores cristeros, al mando de Dionisio Carbajal, entró a este pueblo e hizo prisionero al Presidente Municipal.

Día 29. En el pueblo de San Jerónimo, Col. Otro grupo de libertadores, al mando directo del jefe regional cristero, Dionisio Eduardo Ochoa, tomó el pueblo. Se hizo prisionero al soldado agrarista Marcelino Flores. Por parte del jefe Ochoa, sin novedad.

Día 31. En la hacienda El Fresnal, Jal. Se sostuvo el primero de los combates con soldados, federales, quienes comandados por el general J. Jesús Ferreira, en número como de seiscientos, y provistos de ametralladoras, atacaron nuestras posiciones. Los libertadores, en número de once solamente, lograron hacer cincuenta y cinco muertos al enemigo y muchos heridos. De parte de los libertadores no hubo ni siquiera un herido. La defensa fue dirigida por el jefe libertador Dionisio Eduardo Ochoa y J. Natividad Aguilar, jefe inmediato del grupo cristero de Caucentla, Jal.

Día 31. En la ranchería Lo de Clemente, Col. El general callista Talamantes atacó a los libertadores de Dionisio Carbajal. Los soldados de la persecución eran’como trescientos. Los cristeros libertadores, catorce. Se hicieron al enemigo más de cuarenta bajas, entre muertos, heridos y dispersos. De parte de los cruzados, murió Plutarco Arreguín -el primero de los caídos, muerto en el campo de batalla- y, además, un herido que aún vive el día de hoy: Daniel Magaña.

FEBRERO DE 1927

Primeros días del mes en Montitlán, Col. Un campesino anciano de nombre Diohisio Ochoa, fue ahorcado por soldados del general callista Talamantes.

Día 6. En Cerro Carrillo, Col. El jefe cristero Norberto Cárdenas peleó contra trescientos cincuenta callistas, haciendo a éstos veinticinco muertos y muchos heridos. De parte de Cárdenas, no hubo novedad.

Día 7. En la Puerta de la Joya, Col. El jefe libertador Ramón Cruz, peleó contra el general callista Talamantes, a quien hizo veinticinco muertos, entre ellos varios oficiales. De parte de los libertadores, un herido.

El mismo día 7. En la barranca de Santa Elena, Jal. Un grupo compuesto de doce libertadores, tiroteó a la columna de doscientos cincuenta callistas que venían al mando del general Manuel Avila Camacho, a quien hizo retroceder haciéndole cinco muertos, algunos heridos y avanzándoles un rifle. De parte de los cruzados, hubo dos muertos y un herido.

Día 8. En Zapotitlán, Jal. Entraron a este pueblo los generales callistas Manuel Avila Camacho y J. Jesús Ferreira, encontrando a los libertadores completamente desprevenidos. De parte de los enemigos hubo dieciocho muertos. De parte de los católicos, hubo ocho heroicas víctimas.

Día 25. En Suchitlán, Col. Un grupo de ciento cincuenta libertadores, al mando del jefe Dionisio Eduardo Ochoa entró a este lugar defendido por los agraristas, a quienes se hicieron veinticinco muertos. Se recogieron varias armas. De parte de los católicos no hubo novedad.

MARZO DE 1927

Día 5. En Cerro Carrillo, Col. El jefe libertador Norberto Cárdenas resistió el ataque de los perseguidores que, procedentes de la ciudad de Colima, salieron a combatirlo a su propio campamento. Los enemigos, después de haber sufrido muchas bajas, tuvieron que retirarse sin haber logrado desalojar a los libertadores de sus posiciones. De parte de los cristeros, no hubo novedad.

Día 8. En la hacienda Chiapa, Col. Un grupo de libertadores, al mando de Andrés Salazar, atacó la escolta de ese lugar, la cual fue aniquilada en el combate. De los cristeros de Salazar murió Fernando Silva Cortés. El botín de guerra recogido por los libertadores fue de ocho armas.

Día 9. En el Campo Seis, Col. El jefe libertador J. Jesús Peregrina combatió con enemigos callistas. Después de una hora de tiroteo, tuvo que batirse en retirada, porque no le fue posible seguir resistiendo. Hubo un soldado cristero muerto. De parte de los enemigos, tres muertos y varios heridos.

Día 11. En Tonila, Jal. Entraron las fuerzas libertadoras a esa plaza, al mando del jefe Dionisio Eduardo Ochoa. Las fuerzas del gobierno callista, al saber la proximidad de los cristeros, evacuaron el lugar. Se recogieron diez armas largas y provisiones.

Día 14. En el poblado de Astilleros, Col. Los jefes libertadores Norberto Cárdenas y Ramón Cruz, al frente de sus grupos cristeros, sostuvieron fuerte combate con los callistas, a quienes hicieron sesenta y cinco muertos y numerosos heridos. De las filas cristeras, murieron J. Rosario Ochoa y J. Ventura Espinosa.

Día 15. Gira del grupo de los libertadores de Caucentla, al mando de su general Dionisio Eduardo Ochoa y de su jefe inmediato J. Natividad Aguilar, por la población de Tonila, Jal. y haciendas de La Esperanza y de San Marcos, Jal. Se hicieron de algunas armas.

Día 15. En Cofradía de Juluapan, Col. El jefe cristero J. Jesús Peregrina combatió con la acordada de esta ranchería, tomando prisionero al comisario Marcelo Vázquez, quien entregó tres máuseres y seis carabinas 30-30 con buena dotación de cartuchos cada una. Además, se recogieron caballada y monturas.

Segunda quincena del mes. Cuartel general de Caucentla. Con el debido permiso de su jefe Dionisio Eduardo Ochoa y con las recomendaciones que el caso ameritaba, salió Manuel Facio en gira cristera, con su grupo de ocho o diez muchachos. Manuel Facio era el más joven de los jefes de grupo y sus muchachos eran de su edad o más jóvenes. Atacó al grupo armado de agraristas de Buen País, Jal., haciéndoles muertos y heridos, entre ellos al jefe, Ramón Verduzco, a quien él rindió en lucha personal. Recogió armas, cartuchos y remuda. Llegó a la vía del ferrocarril y, a veloz carrera sobre sus caballos, principió a combatir con la escolta del tren a la cual logró rendir con su audacia y temeridad. Rendida la escolta de soldados y recogidas sus armas, inclusive sus pistolas 45 reglamentarias y sus cartuchos, respetando el pasaje y respetando a los soldados heridos, dejó que el tren siguiese su marcha a Colima. Además de las bajas entre los soldados callistas, murió o quedó gravemente herido el maquinista del tren. Atacó por último el pueblo de Zapotiltic, Jal., al cual entró para recoger un préstamo que había pedido. Quemó la Presidencia Municipal. No tuvieron, en todas estas aventuras, ni siquiera una baja los muchachos de Facio.

Día 17. En Montitlán y en Las Higuerillas, Col. Los jefes libertadores Ramón Cruz, J. Natividad Aguilar, Norberto Cárdenas y José Ortiz, atacaron a los callistas, cuyas fuerzas, integradas por soldados de línea, gendarmes y agraristas, iban al mando de los generales Talamantes y Beltrán. Después de combatir todo el día, los perseguidores tuvieron que huír, dejando en el campo, más de ochenta muertos. Las fuerzas de los cristeros no tuvieron sino una sola baja, la del soldado J. Félix Gómez, a quien mató el asistente de José Espinosa Michel.

Día 19. En El Remate, Col. El jefe libertador José Ortiz interrumpió el servicio de energía eléctrica que abastece a la ciudad de Colima, la cual quedó en tinieblas y con la maquinaria eléctrica paralizada.

Día 20. En Caucentla, Jal. El jefe libertador Dionisio Eduardo Ochoa y J. Natividad Aguilar resistieron a una gruesa columna de callistas que los atacó y a quienes hicieron cuarenta bajas. Los enemigos, después de pelear inútilmente, tuvieron que retirarse, sin haber logrado hacer a los nuestros, ni siquiera una baja.

Día 24. En Coquimatlán, Col. El jefe cristero J. Jesús Peregrina tomó esta plaza sin encontrar resistencia; pues las fuerzas enemigas que defendían el lugar, huyeron al acercarse los libertadores. Se sacaron de la Casa Municipal dos carabinas 30-30 y una máquina de escribir. También se recogieron algunos caballos pertenecientes a la acordada de Pueblo Juárez, Col.

Día 26. En Comala, Col. El jefe cristero Andrés Salazar atacó esta plaza. Se hicieron a los callistas dos muertos y algunos heridos. De parte de los libertadores, no hubo novedad.

Día 27. Gira del jefe libertador Dionisio Eduardo Ochoa por Platanar, Jal. y lugares circunvecinos. Se recogieron algunas armas largas.

Día 28. En la ranchería El Potrero, Jal. El jefe libertador Diego López, con diez soldados suyos resistió el ataque de las fuerzas callistas del general Talamantes, a quienes hizo dieciocho muertos y algunos heridos. De parte de los cristeros, solamente la muerte del soldado Nicolás Rincón.

Día 29. En Palo Manchón, Jal. El mismo jefe libertador Diego López combatió con las mismas fuerzas callistas del general Talamantes, a quienes hizo diez muertos. De parte de los libertadores, no hubo ninguna novedad.

Día 30. En El Espinal, Jal. De nuevo el jefe cristero Diego López, reforzado con elementos del jefe libertador Marcelino Ramírez de quien dependía inmediatamente, peleó con las tropas federales del general Talamantes, a quienes hizo como treinta muertos, además de muchos heridos. De parte de los libertadores, hubo cuatro muertos y dos heridos.

En este mes de marzo, en Zapotitlán, Jal. El soldado cristero Pedro Ayala, de la gente que comandaba Francisco Cruz, fue muerto por el enemigo, en un ataque de sorpresa.

ABRIL DE 1927

Día 1. En Cerro Carrillo, Col. Nuevamente fueron atacados los cristeros de los campamentos de las faldas de los volcanes por las fuerzas callistas del general Talamantes. Se hicieron a los enemigos numerosas bajas cuyo número no se logró precisar. De parte de los cristeros, que se mantuvieron en sus posiciones sin abandonarlas, no hubo novedad.

Día 1. En Pihuamo, Jal. Una columna de poco menos de doscientos soldados cristeros, al mando del jefe Miguel Anguiano Márquez, que había sido nombrado por la Jefatura Cristera de Colima, a cargo del general Dionisio Eduardo Ochoa, jefe inmediato de las zonas oriente y sur del Estado de Colima, atacó esta plaza, de donde, después de ocho horas de tiroteo, tuvieron que retirarse sin haberla logrado tomar. De parte de los callistas, veinticinco muertos, entre ellos el Presidente Municipal. De parte de los libertadores, sin novedad.

Día 7. En Colima, Col. Fueron ahorcados en la Calzada Galván -hoy Calzada Independencia- a causa de ser católicos buenos y fervientes, J. Guadalupe Delgado, acejotaemero del grupo de Coquimatlán, Col., Hermenegildo Medina, José Bazán, J. Jesús Zárate y su padre Braulio Zárate. J. Guadalupe Delgado fue el primer mártir de la A.C.J.M., en el Estado de Colima.

Día 8. En Coquimatlán, Col. El Presidente Municipal Faustino Aguilar, que cuando la fundación de la A.C.J.M. había sido el primer Presidente del grupo local de Coquimatlán, pero que después traicionó la Causa de Cristo y se convirtió en furibundo perseguidor, fusiló a Juan Brizuela Aguilar y José Cortés Aguilar, parientes suyos.

Día 8. En la hacienda de Chiapa, Col. Fueron tomados prisioneros los jóvenes acejotaemeros Marcos Torres, Pedro Radillo y Rafael Borjas. Rafael fue pasado por las armas. Era distinguido alumno del Seminario Diocesano y miembro de la Congregación Mariana. Su sangre bendita fue la primera que el Seminario Diocesano de Colima ofreció al cielo por el triunfo de la Realeza de Cristo en México.

Día 12. En Zapotitlán, Jal. Culminó la obra nefasta de traición del agente callista que ostentando el falso nombre de coronel libertador Evaristo Moreno se introdujo en Zapotitlán, Jal. para destruir el grupo cristero que comandaba el jefe José Ortiz, dando de la manera más soez y alevosa, muerte a éste y a tres de sus compañeros leales: Blas Ramírez, José Grajeda y Antonio N.

Día 14. En la región de los volcanes, desde la ranchería de Tepehuajes, hasta el Cerro de las Trementinas. Muy fuerte combate entre los jefes libertadores Andrés Salazar, Norberto Gárdenas y Plutarco Ramírez contra las gruesas columnas del general callista Talamantes. Después de rudas horas de lucha, tuvieron que retirarse los libertadores, dejando en el campo de combate seis muertos, entre ellos Agustín Rodríguez y J. Jesús Luna. Por la parte enemiga, hubo como cien bajas, sin contar los dispersos.

Día 22. Gira del jefe libertador Dionisio Eduardo Ochoa a la Plomosa, Jal. Le acompañó Andrés Salazar, con su grupo de soldados cristeros.

Día 23. En Pihuamo, Jal. Fue nuevamente atacado este lugar por fuerzas cristeras, las cuales, después de seis horas de tiroteo, tuvieron que retirarse, pues un grueso núcleo de callistas los atacó por la retaguardia, haciendo a los soldados de Cristo Rey, dos muertos y un herido. Los restantes se dispersaron. De parte de los callistas, hubo unas veinticinco bajas, entre muertos y heridos.

Días 26 y 27. En el cuartel general cristero de Caucentla. Rudísimo combate contra mil doscientos callistas, al mando de los generales federales Manuel Avila Camacho y Talamantes y el coronel Buenrostro. Después de dos días de heroica resistencia, los libertadores cristeros tuvieron que abandonar sus posiciones, dejando cuatro compañeros muertos que no pudieron ni llevarse, ni siquiera sepultar. Los nombres de estos caídos eran: Carlos Zamora, Felipe Radillo Nava, Epigmenio Ramírez y Juan Bravo, llamado con el mote de El Cajetas.

Día 27. En las cercanías de la ranchería Montegrande, Col. Al mismo tiempo que se combatía en el cuartel general de Caucentla, fueron atacados los grupos libertadores de esta zona por fuerzas callistas provenientes de la ciudad de Colima. Murieron, entre los cristeros, J. Félix Torres, J. Salomé Orozco y dos soldados más.

El mismo día 27. En la ranchería El Astillero, Municipio de Minatitlán, Col. Destacaron los callistas fuertes tropas y lograron entrar al pueblo de Minatitlán, Col.; mas en su salida fueron derrotados por los libertadores, al mando del capitán Leocadio Llerenas. Murieron varios de los jefes callistas, entre ellos Tranquilino Corona y unos veinticinco soldados rasos. De parte de los nuestros, hubo dos muertos J. Jesús Contreras y Juan Partida. Se recogieron a los enemigos tres armas largas y quince caballos.

El mismo día 27. En El Cóbano, Cerro Grande, Col. El capitán cristero J. Jesús Peregrina y sus libertadores sostuvieron un pequeño tiroteo con los callistas, a quienes hicieron dos muertos y tres heridos. De parte de los cristeros, dos heridos.

MAYO DE 1927

Día 3. En Villa de Alvarez, Col. El jefe libertador Andrés Salazar entró a este lugar, haciendo al enemigo tres muertos y algunos heridos. De parte de Salazar, no hubo novedad.

Día 7. En La Galera, Municipio de San José del Carmen, Jal. Salió el jefe libertador Dionisio Eduardo Ochoa, con una columna de 100 soldados cristeros, a la zona oriental del Volcán, con el fin principal de recoger, en las cercanías de la ciudad de Colima, a su hermano el sacerdote don Enrique de Jesús Ochoa que habría de ser, con la debida autorización de la autoridad eclesiástica, el capellán castrense del Ejército Libertador Cristero de Colima.

El mismo día 7 de mayo. En la hacienda Buena Vista, Col. Fue recogido el Padre don Enrique de Jesús Ochoa que fue desde esos momentos el capellán de las huestes cristeras de la División de Colima y sur de Jalisco.

Día 10. En El Galán, Jal. Un grupo de libertadores, al mando del jefe Rafael Torres, tuvo una escaramuza con fuerzas agraristas, a quienes hizo dos muertos y dos heridos. De parte de los cristeros, fueron hechos prisioneros y fusilados Manuel García y Sabás Alcaraz.

Día 12. En La Galera, Jal., perteneciente al municipio de San losé del Carmen, Jal. Fueron atacados los soldados del Cuartel General Cristero, quienes después de la desocupación de Caucentia, Jal., se habían refugiado con sus familias en este lugar. Estaban presentes los jefes libertadores Rafael G. Sánchez, J. Natividad Aguilar, Norberto Cárdenas y Ramón Cruz. De parte de los libertadores no hubo resistencia; pues faltos por completo de municiones y teniendo el problema muy grave de sus familias -mujeres, chiquitos y aun ancianos- que había necesidad de poner a salvo, creyeron más conveniente retirarse, internándose en la montaña.

Día 13. En las cercanías de Villegas, Jal. Una comisión, a cargo del jefe libertador Andrés Navarro -el segundo en el mando de las fuerzas cristeras de J. Natividad Aguilar- enviado por el jefe libertador Dionisio Eduardo Ochoa, destruyó parte de la vía férrea.

Día 13. En las cercanías de la ranchería La Arena, Col. Fue atacada la columna de 100 libertadores que bajo el mando directo del jefe Dionisio Eduardo Ochoa había salido del cuartel de La Galera el día 7 del presente mes, por fuerzas callistas de línea que regresaban de su campaña de San José del Carmen. No hubo novedad de parte de los cristeros.

El mismo día 13. En Tenaxcamilpa, Jal., en las cercanías de la vía férrea, estación Villegas, Jal. Hacia la mitad de la noche, intentando el jefe Dionisio Eduardo Ochoa pasar con su columna de libertadores a la zona de la hacienda de El Naranjo, Jal., cayó en una emboscada. En la oscuridad de la noche y de en!re la arboleda de ambos lados del camino, se arrojó sobre los libertadores un verdadero torrente de balas. Nada hubo que lamentar, gracias a la especialísima protección de Dios.

Día 17. En El Remate, Col. El jefe libertador Andrés Salazar atacó a los soldados del destacamento de este lugar, haciendo al enemigo tres muertos y dos heridos. De parte de Salazar, murió el soldado Pablo Ruiz, solamente.

Día 20. En Tepames, Col. Al mando del jefe cristero Ignacio Arceo, y en número de setenta y cinco, entraron los soldados libertadores a este lugar. Al saber los callistas la proximidad de los cristeros, huyeron, dejando algunas armas cortas, bestias y monturas, que se recogieron.

Día 21. En la hacienda San Pedro, Jal. El jefe libertador Manuel C. Michel, peleó con fuerzas del general callista Manuel Avila Camacho, a quienes hizo más de treinta muertos. Los libertadores, ilesos.

Día 22. En la barranca de Santa Elena Jal. Las mismas fuerzas del general callista Manuel Avila Camacho que pretendían llegar a Zapotitlán, fueron detenidas en este lugar, por un pelotón de diez soldados libertadores al mando del jefe J. Natividad Aguilar. Murieron heroicamente nueve de ellos, a saber: el jefe J. Natividad Aguilar y ocho soldados de lo más granado del grupo cristero de Caucentla, Jal., que fueron: Zeferino Olivares, Esteban Torres, Felipe López, Eustaquio Torres, Secundino Quintero, Francisco Medina, Francisco Torres y Aurelio Madrid, este último de Zapotitlán. El soldado cristero superviviente, Esteban Rodríguez, que aún vive el día de hoy, herido y rodando por la maleza del barranco, logró escapar. Murió también, en otro retén cristero de la misma barranca, J. Jesús Reyes. De parte de los enemigos callistas, hubo más de sesenta muertos y, a los restantes, los hizo huír el jefe libertador Antonio C. Vargas que fue en ayuda de los combatientes cristeros.

Día 24. En Huizome, Jal. El jefe libertador Marcelino Ramírez detuvo el avance de los soldados callistas que, procedentes de Colima, pretendían también llegar a Zapotitlán, Jal., atacando por el lado sur. Hubo más de treinta bajas para el enemigo, a quien se hizo retroceder. De parte de los libertadores cristeros, no hubo novedad.

Día 25. En Rama Gacha, Jal. Las mismas fuerzas callistas que el día anterior habían tenido combate con el jefe libertador Marcelino Ramírez y habían sido repelidas, tomaron el camino del pie del Nevado, en su intento aún persistente de atacar Zapotitlán; pero fueron ahí duramente escarmentadas por el jefe libertador Ramón Cruz que casi los destrozó, haciéndoles más de sesenta muertos y obligándolos con esto a tomar el camino de su cuartel de Colima. De parte de los cristeros del jefe Cruz, sin novedad, absolutamente.

Día 25. En Copaza, Jal. Al mismo tiempo que las fuerzas callistas procedentes de Colima, combatían en las faldas occidentales del Nevado, con el jefe libertador Ramón Cruz, en la ranchería de Rama Gacha, Jal., los soldados del general callista Manuel Avila Camacho, que el día 22 habían sido detenidos en la barranco de Santa Elena, Jal., rehechos un poco, decidieron atacar de nuevo, ahora por Copala, Jal., en su intento de llegar a Zapotitlán, en donde en esos días estaba la jefatura cristera de la División de Colima y sur de Jalisco. La defensa estuvo a cargo del jefe libertador Justo Díaz quien hizo como veinticinco bajas al callismo, sin contar los heridos. Los soldados libertadores, completamente ilesos. Avila Camacho, derrotado, regresó a Sayula, Jal., frustrado su intento de tomar Zapotitlán, Jal.

En este mes de mayo, en Cualata, Col. Murieron, en combate con los callistas, J. Trinidad Moreno y’ Manuel Espinosa.

En este mismo mes. El jefe cristero Antonio Ramírez y su hermano Salvador del mismo apellido, fueron fusilados por el jefe Andrés Salazar, debido a una falsa denuncia hecha en contra de ellos.

JUNIO DE 1927

Día 5. En la ranchería El Zapote, Jal. (Cerro Grande), Mun. de Zapotitlán. El jefe cristero Diego López fue atacado por la escolta callista de San José del Carmen, Jal. Se ignora si se hicieron bajas al enemigo. Por nuestra parte, sin novedad.

Día 8. En el mismo lugar. Los mismos callistas repitieron el ataque al grupo de libertadores del jefe Diego López, con los mismos resultados.

Día 10. En El Cóbano (Cerro Grande), Jal. Fue atacado el cuartel cristero del jefe libertador J. Jesús Peregrina. Después de cinco horas de tiroteo, se retiraron los enemigos, llevándose cuatro muertos y diez heridos. De parte de los libertadores, sin novedad.

Día 11. En el mismo lugar. De nuevo fue atacado el cuartel cristero por los callistas, quienes tuvieron un muerto. De parte de los libertadores, sin novedad.

Día 12. En el mismo lugar. Nuevo tiroteo con los enemigos, quienes una vez más atacaron nuestras posiciones. Después de ocho horas de fuego graneado, se retiraron los enemigos, llevándose cinco muertos y seis heridos.

Día 13. En el mismo lugar. Por cuarta vez intentaron los callistas desalojar a los cristeros de su cuartel de El Cóbano. Después de largo tiroteo se retiraron sin lograr su intento y sí llevándose dos muertos y tres heridos. De parte de las fuerzas libertadoras, no hubo novedad.

Cuyutlán, Col. Hacia la mitad de este mes. Entraron los soldados cristeros del jefe José Gómez, quemaron la casa del gobemador Solórzano Véjar y destruyeron el mueble de la planta baja de la casa del senador J. Dolores Aguayo, preparado para hospedar al Secretario de Guerra y Marina general Amaro, en ese día en Colima, para dirigir la campaña contra los cristeros. Murieron en esta acción ocho cristeros, entre ellos Atanasio Hemández, J. Jesús Ramírez, Elias Salazar y J. Natividad N. Además, allí mismo, en represalia de los callistas, fue aprehendido el Chícharo de la oficina de telégrafos, y ahorcado en un árbol de la estación del ferrocarril. Murió valiente y piadosamente vitoreando a Cristo Rey.

Día 18. En El Cóbano (Cerro Grande), Jal. Fue mandado el soldado libertador Marcos Torres a interrumpir el servicio de energía eléctrica que abastece a Colima, en homenaje al general Joaquín Amaro, Secretario de Guerra y Marina que se encontraba en la ciudad. Torres ejecutó su comisión.

Día 20. En la vía ferrea. El jefe libertador Plutarco Ramírez descarriló un tren de carga, cerca de Eriza.

Días 23 y 24. En el Cerro del Cacao, Jal. El primer día en Piedra Imán, fueron atacados nuestros libertadores por una columna de cuatrocientos callistas. Después de dos horas de tiroteo, se retiraron los cristeros de sus posiciones por escasez de parque, no sin haber hecho al enemigo más de treinta muertos, entre ellos dos artilleros y dos oficiales. En este combate estuvo el jefe libertador Dionisio Eduardo Ochoa. Tuvieron los cristeros un muerto, el soldado José Guerrero. Al día siguiente, o sea el 24, los libertadores tendieron una emboscada al enemigo a quien hicieron no menos de veinte muertos. De parte de los cristeros, un herido.

Día 26. En Villa de Purificación, Jal. Murió, mártir de Cristo, el ancianito sacerdote don Martín Díaz Covarrubias.

Zapotlán el Grande, Jal. (Ciudad Guzmán). En la última semana de este mes, fuerzas cristeras combinadas de los jefes Andrés Navarro, Andrés Salazar, Ramón Cruz y Justo Díaz, atacaron esta ciudad. Combatieron en primer lugar en la estación del ferrocarril, en donde los callistas se habían afortinado ya en espera de los insurgentes cristeros, cuyo ataque conocían de antemano. Vencida esta primera resistencia, continuaron su avance hacia el centro de la población, combatiendo con los callistas que habían tomado las alturas, sobre todo el templo del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe. No se tuvo conocimiento exacto del númerQ de bajas del enemigo. De parte de los cristeros, hubo algunos heridos, uno de ellos de suma gravedad, del escuadrón de Andrés Navarro, de nombre Anastasio.

Durante este mes, fueron bombardeados los campamentos cristeros de Zapotitlán, Jal. y El Naranjo, Jal., sin haber logrado los enemigos hacer ni siquiera una baja en las filas libertadoras y sí resultando averiados casi todos los aviones por las balas cristeras insurgentes.

JULIO DE 1927

Día 10. En la región de Cerro Grande, Col. Se dio alcance a una comisión de libertadores del cuartel cristero de El Cóbano, a quienes se hizo un muerto. De parte de los callistas, un herido.

Día 13. En Campo Seis, Col. Un grupo de libertadores de los del campamento del Volcán, al mando del jefe Antonio C. Vargas, quienes provisionalmente se encontraban acuartelados en El Cóbano, Col., fueron sorprendidos por la gendarmería de Comala, Col., que les formó una emboscada en la cual cayeron. Hubo cinco cristeros muertos, entre ellos el soldado Salvador Gutiérrez y cinco heridos. De parte de los callistas, no hubo novedad.

Día 14. En la hacienda de Chiapa, Col. Marcos Torres, el popular Marquitos, quien el día 6 de este mismo mes había recibido su nombramiento de jefe cristero, con su pequeño grupo de libertadores, formado casi exclusivamente por jóvenes de poca edad, mochos de ellos estudiantes, presentó su primer combate contra la gendarmería de Colima, al mando de su comandante don Enrique Gómez, quien venía reforzado por fuerzas agraristas. Se hicieron al enemigo algunas bajas y se les obligó a huír, dejando en el campo de combate, bestias, monturas y varios objetos. El jefe cristero Marcos Torres fue auxiliado en este combate por el jefe Andrés Salazar.

Día 14. En Coquimatlán, Col. Cristeros del jefe Peregrina tuvieron una escaramuza con los callistas, muriendo el soldado libertador Enrique Ramos.

Día 16. En El Cóbano, Cerro Grande, Col. Fue atacado este cuartel por el general callista Pineda, al mando de quinientos soldados de línea. Los libertadores, al mando del jefe Antonio c. Vargas y de J. Jesús Peregrina eran sólo cincuenta; todos lograron salir ilesos. Después de dos horas de combate, se retiraron los enemigos, llevándose dos muertos y tres heridos.

Día 19. En Villa de Alvarez, Col. Murió el soldado cristero Severo Jiménez, en el desempeño de una comisión.

Día 20. Cerca del pueblo de Copala, Jal. El general callista Manuel Avila Camacho, en su intento de marchar sobre Zapotitlán, Jal., fue detenido por las fuerzas libertadoras, al mando del jefe Dionisio Eduardo Ochoa. Después de ligero tiroteo los soldados callistas regresaron al pueblo de Copala, en donde permanecieron hasta la mañana del 22, día en que simularon retirarse para atacar de improviso la plaza, por el camino de Santa Elena, en donde era débil la resistencia y por donde lograron penetrar. Por parte de los cristeros no hubo ni una baja. De las filas enemigas, hubo tres muertos.

Día 23. En Telcruz, Jal., Municipio de Zapotitlán. Pequeño tiroteo de las fuerzas callistas de Avila Camacho con nuestros cristeros del jefe Dionisio Eduardo Ochoa. De parte de los libertadores, un soldado del jefe Andrés Navarro, levemente herido. De parte de los callistas, seis muertos.

Día 24. En Telcruz, Jal. Las gruesas filas de las callistas del general Avila Camacho súbitamente atacaron a los libertadores que se habían replegado a este lugar. Los cristeros, desprovistos de parque casi en lo absoluto y cogidos de improviso, fueron obligados a huír en medio de un torrente de balas enemigas. La persecución, a través de la sierra, se prolongó por varias horas. Sin embargo, no tuvieron los soldados cristeros, ni siquiera una baja. En cambio los callistas; en unos breves momentos en que desde una estrecha majada hizo un poco de resistencia el jefe Ramón Cruz, tuvieron nueve muertos.

Día 24. En las inmediaciones de Telcruz, Jal. Las mismas tropas del general Manuel Avila Camacho, después de haber hecho huír a los soldados cristeros, siguieron desahogando su furor en contra de las familias que se habían refugiado en las cuevas de los barrancos para defenderse de los impíos. En una de ellas fueron muertos salvajemente, a culatazos, golpes contra las piedras y balazos, los niños José de Jesús Alcántar, de 8 años de edad, Margarita Alcántar de 10 años y José Inés Alcántar, de 12 años, quienes murieron gritando ¡Viva Cristo Rey!

Día 27. En la región de Cerro Grande, Col. Fueron sorprendidos seis libertadores que iban ai desempeño de una comisión. Se les hicieron dos muertos y un hérido.

Durante este mes. Los libertadores de la región de Pihuamo, Jal., encabezados por su jefe Miguel Anguiano Márquez, ayudaron al jefe libertador general Fermín Gutiérrez (Luis Navarro Origel), a poner sitio al pueblo de Coalcomán, Mich., en donde se combatió durante varios días. En esta campaña, ya para finalizarla, en el sector de Puerto del Aire, murieron el jefe cristero Manuel Facio y los soldados Antonio Montaño y Salvador Cervantes, de la gente del jefe Anguiano Márquez.

AGOSTO DE 1927

Día 7. En la propia Ciudad de Colima. Fue fusilado el sacerdote don Miguel de la Mora, dentro de los muros del cuartel del batallón callista (el día de hoy, Escuela Federal Tipo República Argentina).

Día 7. En las cercanías de Quesería, Col. Los soldados cristeros del jefe Andrés Navarro tomaron prisionero al coronel callista Renato Miranda a quien se condujo al campamento de El Refugio. Después de un juicio de 4 días, fue pasado por las armas en la mañana del día 11.

Día 8. En las cercanías de la hacienda La Higuera, Jal. El jefe libertador Miguel Anguiano Márquez peleó cop los agraristas armados de El Tule, Jal., a quienes hizo tres muertos y tres heridos. Se avanzó un máuser a los enemigos y se les recogieron caballos, frazadas y monturas, dispersándolos por completo. De parte del jefe Anguiano Márquez, no hubo novedad.

Día 15. A inmediaciones de la ranchería Los Limones, Col. Fuerte combate dirigido por el jefe libertador Antonio C. Vargas contra soldados callistas. Murieron, de parte del enemigo, varios oficiales y como ochenta soldados. De parte de los cristeros, murió el soldado Julio López y hubo, además, un herido.

El mismo día 15. En el rancho El Espinal, Col. Atacados por sorpresa, murieron los soldados cristeros Elías Cisneros y Ponciano Torres.

Día 18. En la hacienda de Chiapa, Col. Tiroteo entre los cristeros del jefe Andrés Navarro y fuerzas callistas. De parte de los enemigos, unas veinticinco bajas, entre muertos y heridos. De parte del grupo cristero del jefe Navarro, David Alonso que fue herido.

Día 27. Colima, Col. La muerte del joven Tomás de la Mora, quien fue ahorcado en la Calzada Galván -hoy Independencia-. Tomás era un excelente joven, alumno del Seminario Diocesano y miembro de la A. C. J. M. Murió gloriosamente, lleno de grande valor y fervor. Tenía a su cargo la jefatura civil del movimi6nto cristero en Colima.

Día 30. En las cercanías de la hacienda Chiapa, Col. Fue atacado el jefe libertador Andrés Salazar, quien se vio obligado a huír. De los cristeros, murieron los soldados Lucio Carrizales y Magdaleno Avalos. Tuvieron, además, cinco heridos, entre ellos el mismo jefe Salazar. Los enemigos, sin novedad.

Durante este mes. El Jefe Hermenegildo Maldonado, al frente de los cristeros de la región de Pihuamo, Jal., acompañó al Jefe libertador general Fermín Gutiérrez, hasta Tizapán el Alto, Jal., teniendo varias victorias y dando los cristeros colimenses ejemplo de valor y de unión. No tuvieron novedad.

SEPTIEMBRE DE 1927

Día 7. En Cd. Guzmán, Jal. Fue martirizado el sacerdote Gumersindo Sedano, del clero de Colima. Había sido Capellán del grupo cristero del capitán Telésforo Plascencia.

Día 12. En El Remolino, Col. Un pequeño grupo de libertadores del jefe Marcos Torres, fue sorprendido en este lugar por la gendarmería de Colima, matando al joven acejotaemero Martín Zamora, que hacía las veces de segundo del jefe Torres.

Día. 12. En Suchitlán Col. El jefe cristero Fernando Orozco, del grupo de Salazar, atacó a los agraristas de este pueblo. Después de varias horas de recio combate, se logró desalojar a los callistas, a quienes se hicieron dieciocho muertos y muchos heridos. Entre los muertos enemigos estuvo el jefe de ellos. De parte de las fuerzas cristeras del jefe Orozco, hubo dos heridos.

Día 15. En tas cercanías de la hacienda Quesería, Col. Ocho libertadores del jefe cristero Plutarco Ramírez sorprendieron a los soldados federales, a quienes hicieron tres muertos, recogiéndoles los rifles y más de doscientos cartuchos.

Día 15. Las fuerzas libertadoras del jefe Andrés Salazar, interrumpieron el servicio de energía eléctrica que abastece a Colima.

Día 16. En Puerta del Chivato, Col. Fuerzas del mismo Salazar, al mando del jefe Fernando Orozco, sostuvieron fuerte combate con la gendarmería de Colima. Se hicieron al enemigo ocho muertos y nueve heridos. De parte de Orozco, se lamentó la muerte del soldado cristero Francisco Contreras.

En este mes. En Campo Cuatro, Col. Murieron en combate los soldados cristeros Canuto Centeno y Elías López.

En este mismo mes. Dionisio Eduardo Ochoa, jefe de las fuerzas cristeras colimenses, recibió orden de organizar militarmente el movimiento y dar grados militares a los distintos jefes que operaban bajo su mando.

OCTUBRE DE 1927

Día 2. En Cofradía de Agosto, Col. Fuerzas cristeras del coronel Andrés Salazar combatieron con los agraristas, a quienes hicieron once muertos y un herido. Se recogieron a los enemigos cinco máuseres y parque.

Día 4. En San Jerónimo, Col. El coronel libertador Miguel Anguiano Márquez entró a este lugar ocultamente al desempeño de una comisión; mas, descubierto, tuvo un ligero tiroteo con el enemigo. Murió el teniente cristero Salvador Vizcaíno, valiente joven perteneciente a la L.N.D.L.R., en la cual había ocupado el puesto de Secretario en dicho pueblo, del que era originario. De parte de los callistas, no hubo novedad.

Día 8. En las cercanías de la hacienda La Esperanza, Jal. El coronel cristero Miguel Anguiano Márquez peleó con fuerzas callistas, de las cuales resultaron dos muertos y otros tantos heridos. De parte de Anguiano, un herido.

El mismo día 8. Cerca del pueblo de Alcaraces, Col. El capitán cristero Emilio Campos atacó dos camiones de soldados callistas, de los cuales resultaron catorce muertos y otros tantos heridos. Los libertadores, completamente ilesos.

Día 12. Cerca de la hacienda La Higuera, Jal. Un grupo de libertadores, al mando del capitán Constantino Jorge, trabó combate con los agraristas de El Tule, Jal., a quienes hizo doce muertos y varios heridos. De parte de los cristeros, un muerto y un herido.

Día 15. En Comala, Col. Fuerzas del coronel cristero Andrés Salazar atacaron este lugar. Después de dos horas de tiroteo, se retiraron sacando provisiones y elementos de guerra. Se hicieron al enemigo cuatro muertos y cuatro heridos.

Día 18. Cerca de la hacienda Chiapa, Col. Encuentro del capitán libertador Marcos Torres con la escolta callista de la hacienda, a quien hizo un muerto y tres heridos. De parte de los cristeros, sin novedad.

Día 19. En las cercanías de la hacienda. San Antonio, Col. Fuerzas del coronel cristero Andrés Salazar atacaron a los callistas, a quienes hicieron dos muertos y tres heridos. De parte de los soldados libertadores, no hubo qué lamentar.

Día 20. En el arroyo La Idea, Col. El capitán libertador Marcos Torres combatió con soldados de línea de las fuerzas callistas, a quienes hizo nueve muertos y diez heridos. De parte de los cristeros, fue muerto el valiente chamaco Nicolás Araiza, de unos 14 años de edad, que había pertenecido a las Vanguardias de la A.C.J.M. de Comala, Col.

El mismo día 20. El coronel libertador Miguel Anguiano Márquez, hizo una gira acompañado de cien soldados cristeros por la región de Buen País, Jal. Se recogieron bestias.

Día 21. En el pueblo de Juluapan, Col. Se registró un nutrido tiroteo, del cual resultaron dos muertos de las fuerzas callistas. Dirigió el combate, de parte de los cristeros, el capitán libertador Martín Guzmán, cuyos soldados quedaron ilesos.

Día 22. En la Palmita, Col. Se atacó por sorpresa a los libertadores, de los cuales hubo, en los primeros moméntos, tres muertos: Luis Meza, un soldado qe nombre Santiago, y otro más y siete heridos. Todo quedó, en los primeros instantes de lucha, en poder de los enemigos callistas: armas, monturas, remuda, etc. Mas reorganizados los libertadores, derrotaron por completo a los atacantes, quienes abandonaron en manos de los cristeros, todo lo que antes habían quitado. De parte de los atacantes callistas, veintisiete muertos y quince heridos.

Día 25. En Ahuijullo, Jal. Entró el coronel cristero Miguel Anguiano Márquez a este lugar. No se le hizo resistencia. Recogieron varias armas largas y remuda.

Día 26. En la Puerta de los Sauces, Col. Fuerzas del coronel Andrés Salazar combatieron con ciento cincuenta callistas, a quienes rechazaron, después de dos horas de tiroteo. Hubo como cincuenta bajas de los enemigos, entre muertos y heridos.

Día 26. En San Jerónimo, Col. El capitán libertador Plutarco Ramírez entró a este pueblo, haciendo al callismo cinco muertos y tres heridos. Los libertadores lamentaron la muerte del valiente capitán 2° Emilio Campos. Hubo también un herido.

Día 27. En El Pato, Col. Fuerzas del mismo coronel Salazar, en número de ciento cincuenta, combatieron con trescientos callistas que comandaba el general Pineda. Después de tres horas de reñido combate, se retiraron los nuestros por escasez de parque, habiendo hecho unas sesenta bajas al enemigo, entre muertos y heridos. De parte de los cristeros, un herido solamente.

Día 27. En Ejutla, Jal. Diócesis de Colima. Fue aprehendido por la soldadesca del general callista Juan B. Izaguirre, el virtuoso y muy culto señor cura de Unión de Tula, Jal., don Rodrigo Aguilar. A la una y minutos de la madrugada del día siguiente, viernes de aquella semana última de octubre, fue llevado a la plaza del lugar, donde fue ahorcado.

NOVIEMBRE DE 1927

Día 1. En San Jerónimo, Col. Nuevamente atacaron los libertadores esta plaza, comandados por el mayor Filiberto Calvario. Iban con él los capitanes libertadores Ramón Cruz, Andrés Navarro, y Plutarco Ramírez. No hubo novedad.

El mismo día en Comala, Col. Fuerzas del coronel libertador Andrés Salazar entraron a este lugar defendido por fuerzas callistas de línea. El tiroteo duró dos horas, después de las cuales tuvieron que retirarse los cristeros por escasez de parque. Hubo muchos muertos y heridos de parte de los enemigos. Del coronel Salazar, fue herido el capitán 2° Antonio Borjas. Se avanzó al enemigo. un máuser con ciento cincuenta cartuchos.

El mismo día, en Tepames, Col. Los libertadores de la región de El Naranjo, al mando del teniente coronel Gildardo Anguiano Márquez entraron a este lugar, durando cuatro horas el tiroteo. Se hicieron a los enemigos cuatro muertos y varios heridos. De parte de Anguiano, no hubo novedad. Se avanzaron al enemigo una arma corta y varias bestias.

Día 12. En Tenaxcamilpa, Jal. El capitán libertador J. Félix Ramírez, con treinta soldados cristeros, atacó a veintiún agraristas, haciéndoles nueve muertos y seis heridos. Los agraristas restantes fueron dispersados.

Día 12. En el campamento cristero de la Mesa de la Yerba Buena, Col. Se produjo inesperadamente un tremendo siniestro al explotar las sustancias con que una comisión de muy distinguidas damas venidas de Guadalajara, había principiado a fabricar bombas explosivas de mano. Se incendiaron ellas tres, a saber: Sarita Flores Arias, la jefe del movimiento cristero femenino de la División de Occidente; Faustina Almeida, jefe de aquella comisión, y Angelita Gutiérrez, jefe del grupo pro-Colima en la ciudad de Guadalajara, Jal. Se incendiaron también los dos jefes iniciadores del movimiento libertador en Colima, general Dionisio Eduardo Ochoa y su jefe de Estado Mayor, coronel Antonio C. Vargas. Murieron horas más tarde, con grande entereza y encendido fervor a Cristo a quien ofrendaban sus vidas.

Día 13. En La Palmita, Col. El general callista Pineda atacó este campamento con más de seiscientos soldados federales. Después de todo el día de combate, lograron los enemigos tomar las posiciones cristeras, a costa de más de cincuenta soldados suyos que murieron y de muchos heridos. De parte de los libertadores, no hubo novedad.

Día 19. En la hacienda Colomos, Col. Fueron atacados los agraristas de este lugar por ciento treinta libertadores del coronel cristero Salazar.

Día 20. En El Zapote, Col., Municipio de San Jerónimo. Fue sorprendido un grupo de libertadores a cargo del mayor cristero Pedro Radillo, de la gente del coronel Marcos Torres. Se le hicieron dos muertos, a saber: Terencio Rodríguez y José Ramírez y un herido. De parte de los callistas, un muerto.

Día 21. En Suchitlán, Col. Ciento cincuenta libertadores de las fuerzas de Salazar, atacaron este lugar defendido por agraristas. Después de seis horas de combate, se retiraron los soldados cristeros, habiendo hecho al enemigo ocho muertos y cuatro heridos. De parte de los libertadores, dos heridos.

Día 30. En la hacienda Colomos, Col. Doscientos cincuenta libertadores, al mando del coronel Andrés Salazar y el mayor Filiberto Calvario, atacaron a los enemigos del lugar. Después de todo el día de combate se logró tomar la finca. Fueron hechos prisioneros doce enemigos, entre los cuales estaba su jefe, mismos que fueron fusilados. Se recogieron doce armas y una buena cantidad de parque. De parte de los libertadores sin novedad.

En los últimos días de este mes. Cerca de Ixtlahuacán, Col. Un grupo de libertadores del teniente coronel Gildardo Anguiano Márquez, peleó con fuerzas enemigas integradas por agraristas, haciéndoles dos muertos y un herido. Los cristeros lamentaron la muerte de Ventura Espinosa y de otro compañero.

DICIEMBRE DE 1927

Día 2. En la Barranca, Jal. Un grupo de libertadores al mando del capitán Gregorio Martínez atacó este lugar, haciendo cuatro muertos y dos heridos a las enemigos callistas. Se recogieron cuatro armas largas y una pistola 44 spl. De parte del capitán Martínez, no hubo novedad.

Día 4. En las cercanías de la hacienda San Antonio, Cól. Un grupo de libertadores, al mando del coronel Andrés Salazar y del mayor Filiberto Calvario, atacó al general callista Pineda que traía ciento cincuenta soldados del 70 batallón. Después de cinco horas de combate, en que murieron más de cincuenta callistas, tuvieron que retirarse los cristeros por inesperado refuerzo enemigo que atacó por la retaguardia. Entre los muertos enemigos se contaron un mayor, un capitán y varios oficiales. De parte de los libertadores, murieron el soldado Francisco Delgado y otro, más cuatro heridos. Se avanzó un máuser a los enemigos.

Día 8. En la Puerta de la Cañada, Col. Murieron, en un ataque por sorpresa, los soldados cristeros Gabino de la Luz y J. Jesús Vázquez, a quienes los perseguidores colgaron de un árbol, junto a la Cruz de Comala.

Día 9. En los Rubios, Col. El general callista Pineda atacó las posiciones de los libertadores con cuatrocientos soldados del 70 batallón. Después de resistir heroicamente durante varias horas, tuvieron que retirarse los cruzados por escasez de parque, habiendo hecho al enemigo cuatro muertos y varios heridos.

Día 10. En Las Palmas, Jal. Municipio de Pihuamo. Se puso una emboscada a los callistas de Pihuamo, con diez soldados libertadores, muriendo, de las filas callistas, ocho soldados y teniendo cuatro heridos. Retrocedieron unos y otros sin levantar el campo. De parte de los cristeros, no hubo novedad.

Días 23, 24 y 25. En Los Rubios, Col. Nuevamente fueron atacados estos campamentos cristeros, en donde se encontraban fuerzas libertadoras del coronel Salazar y del mayor Filiberto Calvario. Al tercer día de combate lograron los cruzados poner en fuga a los enemigos, a quienes hicieron unas setenta y cinco bajas, entre muertos y heridos. Se les avanzaron, además, seis máuseres y gran cantidad de parque. De parte de los libertadores hubo solamente seis heridos, entre los cuales estuvieron los valientes capitanes Leocadio Llerenas y Francisco Cruz, de las fuerzas del coronel Salazar y Plutarco Ramírez, de las del mayor Filiberto Calvario.

Día 24. En Coquimatlán, Col. Fuerzas cristeras al mando del capitán Martín Guzmán entraron a este pueblo, trabándose un pequeño combate en el que murió el mismo capitán libertador Martín Guzmán.

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LATINOAMÉRICA: PRIORIDAD MUSULMANA

20 de noviembre de 2014

Se está diseñando una política de penetración del Islam en América Latina.

Latinoamérica, siendo el continente de menor penetración musulmana, no escapa al espíritu de expansión que tiene el Islam a nivel mundial. Y a pesar que ya están presentes en la región algunos grupos fundamentalistas e Irán hizo algunos intentos de penetración en Venezuela, ahora es Turquía que mira hacia la región.

 

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Turquía alojó recientemente la primera cumbre de líderes musulmanes del continente y está tratando de cambiar la historia diciendo que fueron navegantes musulmanes los primeros en llega al continente.

Así que en los próximos años veremos una presencia turca acrecentarse en una región, que tarde o temprano iba a sentir el impacto de la lógica expansionista actual del Islam.

 

CUMBRE LATINOAMERICANA DE MUSULMANES

 “La Presidencia de Asuntos Religiosos de Turquía (Diyamet) ha informado que organizó el “Primer Encuentro Latinoamericano de Líderes Religiosos Musulmanes” en Estambul el 12 de noviembre”.

Según el comunicado participaron 76 religiosos de 40 países en la cumbre.

El Presidente de Diyanet Prof. Dr. Mehmet Görmez señaló que

“antes había organizado la reunión del “Consejo Islámico de Eurasia”, la “Cumbre de Líderes africanos musulmanes”, la “Reunión de los musulmanes europeos”, la “Reunión de los Presidentes de asuntos religiosos de los Balcanes” y de los “eruditos islámicos del Mundo por la paz, la moderación y el sentido común”

Según el comunicado, hubo representantes de centros musulmanes de 40 países de América Latina, entre ellos  Brasil, Venezuela, Argentina, Chile, México, Surinam, Uruguay, Paraguay, Nicaragua, Panamá, Colombia, Bolivia , la República Dominicana, Guyana, Ecuador, Jamaica y Haití

Görmez dijo que la cumbre de cinco días también fue el anfitrión de varios diplomáticos, burócratas y expertos latinoamericanos procedentes de Turquía.

El tema del encuentro fue “la construcción de nuestras tradiciones y nuestro futuro”

“Y Gormez informó que se trataron temas como el estado del Islam y de los musulmanes en los países de América Latina, la educación religiosa, las publicaciones religiosas, problemas y propuestas de soluciones, los ámbitos de cooperación y las formas en que Diyanet de Turquía puede ayudar a los musulmanes de América Latina”. 

MUSULMANES EN LATINOAMÉRICA

Según Islam Hoy hay 1 millón de musulmanes en la región, 90% de los cuales son autóctonos de países musulmanes y 10% han nacido en la zona. Pero esta cifra no es convalidada, ya que otros hablan de 4 millones y medio. E incluso hay otros que dicen que la mayor concentración de musulmanes en América del Sur se encuentra en el Caribe, y que son 4 millones y medio sólo ahí.

Lo cierto que hasta ahora estaban en medio de una inmigración que prácticamente había desaparecido, pero ahora las cosas parecen cambiar.

Según Mazen Mokhtar, presidente, de las Americas, de la Asociación Musulmana, dijo que hay un alto índice de conversión al Islam en el continente. 

 

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Y el número de musulmanes en Brasil creció 29,1% en la última década según el IBGE, mientras que el crecimiento total de la población fue de 12,3%.

Los estados con mayor concentración serían São Paulo, Paraná, Río Grande do Sul, Río de Janeiro y Minas Gerais. En muchos de ellos, hay grandes comunidades de inmigrantes árabes.

De todos modos se trata del continente donde el islam ha penetrado menos.

Actualmente en la región hay unas 80 mezquitas (10 de ellas sólo en Brasil) y 50 centros islámicos en la región.

Los árabes en la región son muchos más, pero la mayoría son cristianos, como los libaneses.

En la región hay un enclave musulmán importante en la Triple Fronteraque une a Argentina, Uruguay y Brasil, zona que también se extiende a la frontera entre Uruguay y Brasil, con la ciudad del Chuy que da para los dos países.

Los inmigrantes a la Triple Frontera llegaron en los años 40 y la zona tuvo su auge en los años 70 con la construcción de la represa hidroeléctrica de Itaipú, que generó asentamientos y fábricas, y el comercio y servicios para alimentar a esas zonas, actividad que en general ha estado en manos de árabes, como sucede en Foz do Iguaçu (Brasil) y Ciudad del Este (Paraguay).

Y lo más exótico es una comunidad indígenas en Chiapas, México, convertida al Islam.

EL CAMBIO DEL ISLAMISMO EN LA REGIÓN

El islamismo en la región hasta hace una década era básicamente un fenómeno cultural, de conservación de tradiciones culturales antes que sobre la base religiosa y el llamado a la expansión.

Pero el Islam ha cambiado en el mundo, especialmente debido a los fundamentalistas, que operan sobre el modelo, no ya de un musulmán integrado a una sociedad que no es musulmana, sino uno que se plantea hacer esfuerzos para implantar la ley musulmana donde vive.

En este sentido hubo acuerdos entre Irán y Venezuela para convertir indígenas venezolanos al Islam, que se hizo entre Chávez y el anterior presidente de Irán por el 2010, que tenía la intención de seguir con Bolivia.

Y Hezbollah ha participado en actos terroristas en Argentina, pero esto se relaciona más de la lucha global contra el estado de Israel y no tanto con la jihad actual.

En México también se ha mencionado que operan terroristas islámicos que hacen negocios conjuntos con los narcos y hay alarmas que se han encendido desde EE.UU., de que la porosa frontera sur podría dejar entrar a terroristas que hagan atentados en el país, lo cual se ha acentuado con la crisis de los niños inmigrantes.

COLÓN NO DESCUBRIÓ AMÉRICA SINO MUSULMANES

La semana pasada el presidente de Turquía, Erdogan, declaró que

“América no fue descubierta por Cristóbal Colón en 1492, sino por los navegantes musulmanes tres siglos antes.” 

 

Erdogan

 

Y abundó más en su alocución televisada del sábado,

“Los marineros musulmanes llegaron a América en 1178. Colón menciona la existencia de una mezquita en una colina sobre la costa cubana

E incluso llegó a llamar para la reconstrucción de esa supuesta mezquita

“Me gustaría hablar con mis hermanos cubanos, una mezquita encajaría perfectamente en esa colina también en la actualidad”.

El que Turquía organice una Cumbre de los musulmanes latinoamericanos y que la misma semana el presidente Erdogan trate de cambiar la historia del descubrimiento de América asociándolo a los musulmanes, no se debe considerar un hecho fortuito sino que es parte de una política más amplia hacia el continente.

EL LLAMADO A LA EXPANSIÓN MUSULMANA

Es claro que hay un llamado global a la expansión musulmana, que en el caso de los violentos toma la forma de la jihad, y en el caso de los moderados toma la forma de la predicación, la penetración cultural y el lobby.

El último gran imperio musulmán, el imperio Otomano, intentó llevar al mundo el mensaje de la sumisión a Alá y la cristiandad lo derrotó en la famosa batalla de Lepanto.

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Y hoy Turquía se plantea como el legítimo sucesor de esas aspiraciones, ya que el centro del imperio estaba en la actual Turquía.

Fue precisamente la capital de Estambul que fue sede de lo que está siendo llamado por los expertos en profecías bíblicas de la “Confederación del Anticristo”.

Y ahí el jeque Yusuf al-Qaradawi, principal de la Unión Internacional de Ulemas Musulmanes, el mayor grupo de eruditos musulmanes, ha declarado que:

“A diferencia del pasado, que ya fue, el califato de hoy debe establecerse a través de un número de estados gobernados por la sharia [ley islámica], apoyado por autoridades y el pueblo en la forma de una federación o confederación”.

Y es por acá que debemos interpretar el formato de expansión que Turquía se plantea en le región.

Además Turquía es un país moderno, Erdogan no se viste al estilo tradicional musulmán, sino se lo ve con traje y corbata, lo que lo hace más apto para difundir el Islam en la región.

Fuentes: Gospel Prime, Islam Hoy, Diyanet, Signos de estos Tiempos

 

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IGLESIA CONVERTIDA EN RESTAURANTE

18 de noviembre de 2014

Iglesia edificada en honor (originalmente) al Sagrado Corazón de Jesús en Lorena, Francia.

COMENTARIOS ELEISON CCCLXXXIII. HISTORIA INTERNA V

16 de noviembre de 2014
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Tres buenos jóvenes fueron arrastrados a una muerte helada.
Prestemos atención a Nuestra Señora para nuestro último suspiro.
Cuando los planes de Monseñor Fellay trazados tiempo ha para salvar a la Fraternidad San Pío X y a la Iglesia reconciliándolas a las dos mediante una combinación de la Tradición con el Concilio, fueron dinamitados en Enero del 2009 por la publicidad mundial dada a los pareceres totalmente “políticamente incorrectos” de un colega en la FSPX, uno pudo haber simpatizado con él, si tal combinación no hubiera sido un sueño imposible. Pero la religión católica propia de Dios se mezcla con su imitación Conciliar, “fruto del trabajo de manos humanas”, tanto como el aceite se mezcla con el agua, o la verdad con la falsedad. Los Católicos con memorias que vayan hasta 1988 pueden recordar a Monseñor Lefebvre tildando cualquier tal esfuerzo como “Operación Suicidio” para la FSPX, suicidio primeramente para la FSPX pero también para cualquier cosa que la FSPX hubiera estado capacitada para hacer por la Iglesia Universal.
Por lo tanto, los Católicos con mente clara respiraron un gran suspiro de alivio cuando en ese mes la Providencia usó a los enemigos de la Iglesia con sus medios de comunicación mundiales para torpedear los esfuerzos conjuntos de Benedicto XVI y Monseñor Fellay dirigidos a combinar Concilio y Tradición. Y tales Católicos pudieron haber tenido dramática pero discreta confirmación de la Providencia de que ellos estaban pensando correctamente.
El “levantamiento” por Benedicto XVI de las “excomuniones” de 1988 de los cuatro obispos de la FSPX declaradas por Roma inmediatamente de sus consagraciones, fue directamente atribuido por Monseñor Fellay, en público, a la intervención de Nuestra Señora gracias a la segunda Cruzada de Rosarios de la FSPX a fines del 2008. Sin embargo, Ella le había dicho a él a través de Su mensajera antes, en ese mismo año, que si esta vez la Cruzada no era dedicada a la Consagración de Rusia, Ella usaría los rosarios rezados para algún otro propósito. Si estos mensajes son ciertos, el Cielo no pudo haber tomado muy benignamente que Ella haya sido manipulada para la política de la Iglesia en la celebración del Jubileo de la FSPX en Lourdes en Octubre del 2008.
De cualquier manera, cuando el 11 de Febrero de 2009, tres semanas después del “levantamiento”, seminaristas de la FSPX de la casa madre en Ecône, Suiza, estaban haciendo una excursión recreativa en las montañas cercanas, tres de ellos fueron atrapados en una avalancha, arrastrados cuesta abajo y ahogados en un lago montañoso helado. Y, ¿qué es Febrero 11? El día de la Fiesta de Nuestra Señora de Lourdes.
¿Mera coincidencia? O ¿el Cielo hablando a través de eventos para una correspondencia más entre la historia interna de estos mensajes y la historia externa de las primeras dos Cruzadas de Rosarios? Los lectores juzgarán por sí mismos. Si ellos están convencidos que la Neofraternidad está en el carril correcto cuando busca aprobación oficial de la Neoiglesia, ellos no tendrán dificultad en descartar esta serie de mensajes supuestamente del Cielo, como una “revelación privada” más que no merece consideración seria. Por otro lado, si a juicio de ellos ambas la Neofraternidad y la Neoiglesia están en el carril equivocado, entonces tendría sentido que, estando el mundo al borde de un desastre inimaginable por haber desatendido la Consagración de Rusia, Nuestra Señora hiciera un intento más para obtener esa Consagración a través de oraciones lanzadas por la FSPX.
No es que la FSPX hubiera sido nunca la salvación de la Iglesia, sino que si sus oraciones hubieran sido correctamente dirigidas, entonces, tal como Nuestra Señora le dio a entender a Su mensajera, Ella hubiera podido obtener de Su Hijo las gracias necesarias para obtener esa Consagración y, por ésta, Ella hubiera podido salvar ambos la FSPX y la Iglesia y el mundo. No sirve ahora “llorar sobre la leche derramada”. Sí sirve la práctica de la devoción de los Primeros Sábados, especialmente en obsequio de Nuestra Señora. Ella no cesará de tratar de salvarnos.
Kyrie eleison.
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DEFENDIENDO LA IGLESIA DE MUSULMANES

15 de noviembre de 2014

Fue expulsada por su protesta en la Catedral de Washington.

La mujer sólo estaba expresando su disgusto al ver a los musulmanes, los enemigos jurados del cristianismo, rezando a Alá, en una iglesia en la capital de los Estados Unidos. Ella gritó  “Jesucristo es el Señor” y “Estados Unidos se fundó sobre principios cristianos. Dejen nuestra iglesia en paz!”

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LOS ÚLTIMOS ACONTECIMIENTOS. POST SCRIPTUM

15 de noviembre de 2014

COMO LAS HOJAS QUE EL HURACÁN ARRANCA

Lentos transcurrieron los años, impregnados de desilusiones y amarguras profundas para el pueblo creyente de Colima, y mientras en otros lugares de la República se dio lugar a una honda división en el seno mismo de la sociedad creyente, cuando se vio, cuando se palpó el fracaso del pacto celebrado con el gobierno de la Revolución Mexicana; cuando se supo que el mismo soberano Pontífice lloraba lo acaecido con sus hijos de México, los católicos de Colima, en respetuoso silencio, bebiendo calladamente las lágrimas de los tristes acontecimientos, sacerdotes y fieles, unidos a su amado anciano Obispo, continuaron atados con los vínculos de la misma santa solidaridad cristiana con que estuvieron ligados durante el tiempo de la suspensión del culto. En Colima no se cantó el Te-Deumcuando se concertaron los arreglos, porque nadie creyó que aquello hubiese sido una verdadera victoria; pero tampoco hubo jamás críticas altaneras en contra de la autoridad eclesiástica; se guardó silencio y en silencio se devoró la amargura: la Iglesia de México había caído en una celada enemiga y era necesario adorar los secretos designios de Dios. En verdad os digo -había dicho el Maestro-, que los cabellos de vuestra cabeza están contados y que uno de ellos no caerá sin el consentimiento de mi Padre celestial. Arriba está el Señor que juega con los designios de los hombres.

¿Y los cristeros? Dispersos continuaron los que lograron sobrevivir, cargados con el fardo de sus incertidumbres y con mucha frecuencia perseguidos. Cuando el perseguido tiene dinero, manera de vivir un tanto cuanto holgada, la persecución no significa para él sino cambio de residencia; se trasplanta a otra parte con los suyos y ahí puede, tristemente si se quiere, pero con tranquilidad y paz, comer el pan de su destierro, rumiando la amargura de su situación forzada; porque el destierro siempre es destierro y el pan en él siempre es amargo; pero cuando el perseguido es pobre de solemnidad que no tiene patrimonio ninguno, que no cuenta sino con el miserable jornal del campesino o del obrero que tan pronto se gana como se consume, entonces las dificultades que la persecución origina, entrañan más dolor que el amargo pan del destierro; porque, aunque amargo, no deja de ser pan, y muchas veces se carece aun de este pan. Yo, Spectator, vi a los pobres desamparados cristeros luchar con el problema de la subsistencia, buscando ya en Un pueblo, ya en otro, el modo de vivir y sin lograr muchas veces encontrarlo, como las hojas que el huracán arranca, ruedan y se despedazan en el torbellino sin acomodarse fácilmente en un lugar estable.

LA PERSECUCIÓN SE INTENSIFICA

Durante la administración del gobernador Salvador Saucedo (1931 a 1935) exacerbóse de nuevo la persecución en Colima. Este gobernador, electo en verdad por la mayoría del pueblo, que lo aclamó lleno de entusiasmo y alegría cuando tomó posesión del poder, porque no se le conocían ideas anticlericales, se valió de la persecución contra la Iglesia, para que el Gobierno Federal no le fuera a la mano en su régimen que se distinguió por onerosas exacciones y desbarajuste administrativo. A 29 de noviembre de 1932, la legislatura local expidió un decreto reduciendo a 10 el número de sacerdotes que podían oficiar en el Estado: Uno por cada 6,000 habitantes, tomando como base el último censo en que había bajado la población a 60,000. El mismo decreto autorizaba al gobernador para redactar el nuevo reglamento de cultos.

En efecto, preparadas así las cosas, el gobernador hizo el decreto, restringiendo el culto a la capital del Estado y cabeceras municipales, autorizando a su vez al congreso local para determinar las penas que deberían de imponerse a los funcionarios que permitieran infracciones al reglamento y estableciendo una multa de $50.00 hasta $1,000.00 a los infractores o el arresto correspondiente a juicio del ejecutivo del Estado.

NUEVOS MÁRTIRES.
EL PADRE ADOLFO MOTA

El señor cura don Adolfo Mota, el sacerdote abnegado que como pastor bueno, vimos en medio del peligro y de mil y mil zozobras, durante los últimos tiempos de la defensa armada de los cristeros, habitar en las estribaciones de Cerro Grande con el fin de velar por el bien espiritual de sus hijos, los feligreses de la parroquia de Comala, de la cual era en aquel entonces párroco; hoy, por disposición del Gobierno Ecco. Diocesano, se encontraba en el pueblo de Zapotitlán, Jal., en sustitución del párroco mártir don J. Guadalupe Michel, muerto el 7 de marzo del año 1928, según arriba está narrado.

Corrían los días últimos del año 1931. También en Zapotitlán, el celoso párroco hubo de ser perseguido y, meses enteros, tenía que estar escondido, ya en un rancho, ya en otro, en los barrancos pertenecientes a su nueva parroquia. Así, en iguales condiciones, amenazada su vida, siguieron corriendo los meses primeros de 1932. En el Viernes Santo de ese año, predicando en su templo parroquial de Zapotitlán, en el curso de su predicación, ante el recuerdo de Cristo crucificado y por nosotros muerto, con éstas o semejantes palabras, según lo refieren personas que lo escucharon, se dirige al Señor:

¡Oh mi Dios! ¡Mi Jesús crucificado! Si por nosotros djste la vida en una cruz ¿por qué nosotros, miserables, nos resistimos a sufrir por ti, a dar nuestra vida pobrecita por ti? Señor Jesús, aunque no lo merezca, aquí está la vida mía, tómala cuando tú gustes y sea mi muerte expiación de mis pecados.

Y pasaron los días y los meses hasta la festividad del Corpus que celebró en su misma cabecera parroquial de Zapotitlán, Jal. En ella, predicando, hace el mismo ofrecimiento solemne de su vida. Ocho días más tarde, celebrando la octava del Santísimo Sacramento, no ya en la cabecera parroquial, sino en el pueblo de Copala, de su misma parroquia, es más explícito y elocuente en el ofrecimiento de su vida. Ya el mártir preveía su feliz triunfo y aceptaba plenamente el sacrificio:

Señor Jesús, tus enemigos no se dan tregua en perseguirte. Desde esa Hostia santa en donde resides vivo y verdadero, acepta el ofrecimiento que te hago de mi pobrecita vida, en desagravio del odio de tus enemigos y para que reines en México.

Y el sacrificio fue aceptado. La noche del 30 de mayo -no habían pasado ocho días de este último ofrecimiento solemne- se presenta intempestivamente en el curato de Zapotitlán, Jal., una escolta y lo toma prisionero sin permitir que lo acompañaran a ninguno de sus familiares o amigos. Lo montaron en una cabalgadura, y lo sacaron del pueblo.

… entre las rancherías de San Isidro y Alista, tres días más tarde, el día 2, apareció su cadáver en un zanjón, sollamado en algunas partes y en otras casi carbonizado, mutilado y del todo desfigurado; completamente negro por el lodo y la sangre y el fuego. Desde un montón de piedras en donde le habían dado muerte, le habían arrastrado hasta aquel lugar: el vientre lo tenía casi vacío, sin intestinos; no tenía pies, y le había sido arrancado el brazo derecho. El tronco y la cabeza, sollamados, yacían en el zanjón. Los vecinos de Copala recogieron aquellos despojos y los llevaron a sepultar a Zapotitlán. El brazo fue encontrado varios días después, también por vecinos de Copala, Jal., quienes lo llevaron y, en una urna, lo enterraron respetuosamente en la capilla de su poblado.

Poco tiempo después el nuevo Párroco de Zapotitlán bendecía un monumento que la parroquia dedicó a la memoria del insigne sacrificado.

Y LUEGO … LOS SISMOS

Al día siguiente, 3 de junio, un sismo tremendo sacudió a Colima. El cuadro era desolador: muchos techos yacían por tierra; muchos muros estaban derruídos; incontables familias carecían de hogar y la ciudad entera estaba llena de escombros. La población íntegra había abandonado sus casas y se había refugiado a la sombra de los árboles, en las huertas, en los parques y jardines públicos de la ciudad. En todas partes en donde se encontró un poco de amplitud y seguridad se improvisaron tiendas de campaña para habitar: los de recursos, instalaron cabañitas que prestaban alguna comodidad; los pobres, con nuestro petate nacional o con qualquier otra cosa que les defendiese un poco del sereno y de la lluvia, forjaron sus mal improvisadas tiendas. La vega del río presentaba un aspecto fantástico. Y en medio de aquella desolación, el pueblo entero, pobres y ricos, sin hacer caso de reglamentaciones o prohibiciones, de si parecería bien o mal al gobierno, oraba públicamente con gran fervor. De rodillas, en los jardines de la ciudad, se rezaba el Santo Rosario y se hacían actos de desagravio, con tanto mayor motivo cuanto que los templos todos, sobre todo la hermosa Catedral, habían quedado casi convertidos en ruinas. El gobierno no dijo nada por entonces.

Para aumentar el dolor y la angustia pública de ese día, descubiertos los despojos del señor cura Mota, la noticia llegó a Colima y circuló con rapidez de relámpago, haciéndose de ello comentarios tristísimos.

Los actos de desagravio se multiplicaron en las calles, en las plazas, en los jardines, en la vega del río, en los grandes patios de las casas. Se oraba, se oraba, se oraba noche y día, en voz alta y con gran fervor; mas aún seguía temblando, la tierra seguía sacudiéndose como si en verdad la tierra misma -como el pueblo sentía- quisiese protestar por el crimen tan villanamente cometido en la persona del párroco de Zapotitlán.

EL SANTUARIO DE NUESTRA SEÑORA DE LA SALUD

El templo o santuario de Nuestra Señora de la Salud es hermoso y poético por su ubicación: se esconde entre las huertas de la margen del Río de Colima, al norte de la ciudad, único en una amplia barriada compuesta casi en su totalidad por familias de la clase humilde; pobres y humildes, sí; pero piadosas. Escondido casi entre el boscaje, entre palmas y laureles, con su atrio mismo, en aquellos días lleno de frescor y de poesía, por sus flores y enredaderas, un amplio pórtico gótico da acceso al sagrado recinto del santuario en donde se venera una bellísima escultura de Ntra. Señora de la Salud (misterio de la Purificación), tan antigua, como que data de los albores mismos de la evangelización de estas tierras; tan venerada, como que ya ante ella se postraron los primeros creyentes de estos valles colimenses; tan hermosa, a pesar de su antigüedad, como gota de agua cristalina apenas caída al romper la luz de la mañana.

Año con año se celebra su función el 2 de febrero, engalanándose la iglesia y el barrio entero, cuyas calles todas quedaban en esos tiempos cubiertas por un tupido toldo de festones y faroles de papel y cuyas casas adornaban sus portadas con cortinas de flores y verdura. Por las noches del novenario que precedía a la fiesta, el barrio de La Salud estaba animadísimo: el toldo de festones de colores que protegía del sol durante el día, se convertía en toldo de luces, cuando los millares de farolillos de distintas formas y colores eran encendidos y Colima entero solazaba su espíritu, visitando a la Virgencita santa en su amado templo y convirtiendo noche a noche las calles de aquel poético barrio, en el lugar de sus paseos insustituibles.

En la función del 1933, ya hubo sus aires de tragedia. La noche del día de la solemnidad se rumoró que un grupo de anticlericales intentaba apoderarse de la imagen, y los fieles la pusieron a salvo. Se supo que un grupo de agraristas, además, azuzados por unos políticos masones, había solicitado el templo para establecer en él las oficinas de la Comisión Agraria. El pánico se había sembrado y fue aumentando constantemente, como que cada vez se palpaba, más que se volvía a los tiempos de la persecución apenas transcurridos.

En efecto, el 19 de enero de 1934, empleados de la Oficina Federal de Hacienda se presentaron al sacerdote Vicario de aquel templo, Pbro. don Tiburcio Hernández, con el objeto de clausurar la iglesia, por haberlo ordenado así la Secretaría de Hacienda, ya que un decreto del Presidente de la República lo destinaba a otros fines.

Con lágrimas en los ojos hubo el Padre Hernández de entregar las llaves del venerado templo. Los vecinos de la Vicaría, creyendo aún en la justicia de los hombres, demandaron amparo ante el Juzgado de Distrito, señalando como autoridades responsables al Presidente de la República, al Secretario de Hacienda y al Jefe de la Oficina de Colima; pero el Juez de Distrito resolvió negativamente y, entonces, viendo inútiles los medios legales, se dispusieron las mujeres de la barriada a defender su templo.

Grupos de mujeres y niños de toda la ciudad, en unión con las mujeres de aquella barriada, sentaron reales en el amplio atrio de su templo y en la calle adyacente. En el puentecito mismo que sobre el Río de Colima conduce al templo de La Salud, estaba la primera avanzada de gente armada con piedras y palos.

El tránsito de coches fue suspendido y ningún extraño entraba al barrio sin protestar ser católico y gritar ¡Viva Cristo Rey! Más aún, al pasar frente al templo, había necesidad de hacer ostentación de fe y veneración y a los hombres en quienes se notaba mala voluntad para hacer lo que se les indicaba, la muchedumbre airada los castigaba con especial rigor. Muchos eran sentenciados a santiguarse públicamente y otros a ponerse de rodillas y se dio el caso en que, requerido fuertemente un individuo a hacer tales demostraciones, como él prorrumpiera en palabras injuriosas a Cristo y a su Iglesia, las mujeres, enardecidas, lo estrujasen, lo golpeasen y aun dejasen sin bigote que vilmente con las manos le arrancaron.

La situación se prolongaba y la tensión de ánimo aumentaba y se enardecía. Bravas mujeres, algunas de ellas armadas de puñal y pistola, capitaneaban la defensa de su templo. Por la noche se hacían grandes lumbradas, sobre todo en las partes semioscuras cubiertas por la sombra de los árboles, y en tanto que los niños, al amparo de familias exprofeso puestas en alguna de las casas del vecindario, pasaban tranquilamente la noche, ellas, las mujeres, acompañadas de sus esposos o hijos mayores, permanecían en su puesto.

Muchas veces las capitanas de aquella muchedumbre, enardecidas, se presentaron en aquellos días ante las autoridades militares pidiendo garantías:

porque el templo es nuestro; porque nosotras, con nuestro trabajo humilde cuidamos de su conservación y reparaciones; porque no lo hizo el gobierno ni ningún extraño; nuestros señores padres, nuestros abuelos lo hicieron y nadie tiene derecho a arrebatárnoslo contra nuestra voluntad.

Y las garantías no se dieron y los enemigos de la Religión y del pueblo tampoco querían ceder. Entonces, como en los tiempos primeros de la suspensión del culto, recurrieron lQs enemigos a la intriga y al fin lograron persuadir al anciano sacerdote encargado del templo a que saliera y convenciera a las multitudes de la inutilidad de aquella resistencia y de la conveniencia de dejar aquel asunto por la paz.

No hay duda que el Padre don Tiburcio Hernández era muy querido del pueblo; por él hubiera dado aquella gente aun su propia vida; pero a fuerza de amarguras y desengaños el pueblo va cogiendo experiencia y conoce la astucia de sus enemigos y hasta dónde es capaz de llegar; por eso, contra todo lo que se esperaba, el recurso resultó inútil. Subió el buen sacerdote a una pequeña mesa, enmedio de aquellas multitudes embravecidas, para hacerse ver y oír. Se le prestó un momento silencio respetuoso; pero luego principió a manifestarse la voluntad decidida y grande de no cejar, y predominó el clamoreo de la multitud, pidiéndole que no interviniese y que los dejase obrar. Ante la inutilidad de sus esfuerzos, el sacerdote optó por retirarse y dejar que los acontecimientos siguieran su curso.

Un día, agraristas y gendarmes se apoderaron repentinamente del templo, y el pueblo, justamente indignado, reforzó sus contingentes y se produjo un verdadero tumulto en que hubo pedradas y garrotazos a granel, y difícilmente los atacantes se escaparon de ser linchados por las multitudes. La mesa, las sillas que habían sido llevadas al templo para la ceremonia de la toma de posesión, un retrato de Calles y otras cosas que de igual manera habían colocado, fueron sacados a la calle y se formó una pira. El templo, el amado templo, quedaba nuevamente en poder de las multitudes de católicos: los asaltantes se habían retirado llevándose buena lección.

Al fin … ¡había de suceder! las tropas federales se pusieron de parte de los usurpadores y el templo fue ocupado por los agraristas …

El recinto santo quedó solo. En fechas posteriores, el gobernador Miguel Santa Ana demolió los altares y, lleno de basura, víctima del abandono y del sectarismo, sin ocuparse en nada, ni servir para nada, el templo comenzo a destruirse. En los atrios del templo, siempre bellos y cubiertos de flores en las épocas anteriores, pacían las cabalgaduras … El curato anexo fue declarado Casa del Campesino: fue el mesón, sucio y descuidado, a donde llegaban los agraristas que venían a la ciudad.

Pocos días después de la usurpación, murió, víctima de la pena, el Rev. Padre Vicario del templo, don Tiburcio Hernández.

Muchas veces los vecinos de la barriada de La Salud se dirigieron al supremo gobierno de la Nación, pidiendo la revocación del decreto que les privó de su templo y haciendo ver que éste iba a su destrucción muy rápidamente, dado el abandono en que se le tenía. Se alegó que era el único que existía en tal barriada, compuesta en su totalidad por campesinos y obreros que querían su templo, porque son creyentes; que la moralidad pública pedía que se les devolviese su templo; que fue ese despojo un verdadero atentado contra el derecho y la voluntad popular, la voluntad de un pueblo de campesinos honrados. Aun se hizo patente que los agraristas allí introducidos no fueron sino instrumento forzado de malos políticos que se sirvieron de ellos para ejecutar sus malas intenciones … En una ocasión, había ya orden federal de hacer la entrega del templo y el Jefe de la Oficina Federal de Hacienda así lo había comunicado oficialmente al cura párroco del Sagrario, a donde la Vicaría de La Salud pertenece. El párroco fue citado para hacérsele entrega y acudieron a la cita él y los vecinos …; pero ya dos o tres políticos de segunda fila habían conseguido de México la suspensión del acuerdo y el templo no fue entregado. Posteriormente, en el 1941, el Presidente de la República general Manuel Avila Camacho en su visita a Colima, ordenó la devolución, accediendo a nueva petición.

LA CUESTIÓN ESCOLAR

El grito salvaje de Calles: La niñez pertenece a la Revolución, tuvo su repercusión en Colima. Los diputados y senadores, fieles a las consignas del jefe máximo y de las logias masónicas, comenzaron en México a esbozar las reformas al Artículo 3°, para la implantación de la enseñanza socialista. Bassols, el nefasto Ministro de Educación, propuso desvergonzadamente la educación sexual. La mujer mexicana lanzó entonces unánime protesta. La mujer colimense unió su voz indignada y potente al clamor nacional.

Fue entonces organizado en Colima el Centro de la Liga Nacional de Padres de Familia, para oponerse a la reforma constitucional. Se organizaron numerosas y concurridas asambleas presididas por damas distinguidas y respetables que entusiasmaban a las mujeres de todas las clases sociales a defender los intereses espirituales de sus hijos. Jóvenes de la U.N.E.C. (Unión Nacional de Estudiantes Católicos) llegados de México, dieron una serie de conferencias contra la llamada educación socialista e intentaron establecer su asociación con jóvenes de la Normal de Colima, pero los trabajos tendientes a esto fueron reprimidos por el gobierno del Estado.

En esos días, la mujer colimense dio una hermosísima nota al organizar una numerosa manifestación que recorrió las principales calles llevando cartelones alusivos, protestando contra la implantación de la enseñanza socialista. El gobernador Saucedo se negó a tener la atención siquiera de contemplar, desde el balcón de Palacio, aquella manifestación nutridísima y verdaderamente popular.

EL MAGISTERIO COLIMENSE

Todavía no se aprobaba en México la reforma del Artículo 3°, cuando ya el gobernador Salvador Saucedo pretendió implantar en Colima la enseñanza socialista. Los maestros del Estado y los federales fueron convocados por sus respectivos directores: los primeros, al Palacio de Gobierno y los segundos a la Escuela Tipo. Entre otras cosas se les exigió, abierta y llanamente, declaratoria escrita, firmada de su puño, de impartir a sus educandos la enseñanza socialista y de que atacarían al credo católico como enemigo del proletariado. Gran parte de las maestras del Estado y algunos maestros, principalmente de los del Estado, se negaron a firmar y aun publicaron una protesta; pues siendo aún conforme a la Constitución la escuela laica, el gobernador de Colima les obligaba a proporcionar una enseñanza antirreligiosa. Todos los que no estuvieran de acuerdo en someterse a la disposición fueron cesados de sus cargos, teniendo que soportar días de verdadera prueba, algunos hasta de miseria; pues al mismo tiempo se decretó una verdadera campaña contra la escuela hogar, único medio de subsistencia de los heroicos maestros cesados. ¡Loor al magisterio colimense!

Digno de loa fue también el joven Juan Romero, empleado de la Tesorería del Estado, quien -según publicó la prensa- renunció a su cargo por no estar de acuerdo con la escuela socialista.

EL BOYCOT ESCOLAR

Y el artículo 3° fue reformado en orden a la implantación de la enseñanza socialista. Y el Episcopado prohibió a los padres de familia enviar a sus hijos a las escuelas. Y el pueblo colimense estuvo a la altura de su deber. El año escolar 34-35 fue gloriosísimo para los católicos: las escuelas se vieron completamente desiertas; las que antes habían tenido 300 ó 400 alumnos, a duras penas contaban 20 ó 25, pues hasta los funcionarios oficiales tenían a sus hijos recibiendo clases particulares. Ni multas, ni prisiones, ni promesas, ni halagos pudieron quebrantar la franca voluntad de los padres de familia que preferían que sus hijos se quedaran sin saber leer y escribir, antes que entregarlos a la escuela socialista.

De Zacualpan fueron traídas amarradas dos o tres mujeres indígenas, acusadas de haber expulsado del pueblo al profesor de la escuela. En Tecomán, Col., hubo un zafarrancho por haberse indignado el pueblo contra uno de los maestros, por sus enseñanzas.

MAS HÉROES.
EL INDIO MÁXIMO

cristero5Por estos tiempos, como voz tremenda de protesta, levantada del seno del pueblo humilde, apareció en Cerro Grande un indio, decidido y valiente, de aspiraciones nobles y sentido claro, llamado Domingo Máximo. Su bandera era la libertad de enseñanza; reunió otros compañeros y se levantó en armas en contra del gobierno del Estado.

Guerrillero infatigable y astuto, se sostuvo durante varios meses, organizando y aumentando su gente, llegando a infligir seria derrota a una gruesa columna de federales que fue a la montaña en su persecución.

Al fin cayó en poder del gobierno. Atado a un árbol se le tuvo varios días sin comer ni beber y se le acribilló. El indio Domingo Máximo murió estoicamente, como buen hijo de su raza, por la causa de la libertad de enseñanza.

LOS HERMANOS PÉREZ

Ignacio y Ramón Pérez eran dos hermanos muy estimados en Villa de Alvarez, Col., jóvenes, entusiastas y cultos, a quienes las intemperancias del gobierno del Estado lanzaron a la revolución, enarbolando, así como el indio Máximo, la bandera de la libertad escolar.

En representación de la Unión de Padres de Familia de Villa de Alvarez que los constituyeron sus portavoces, se enfrentaron en dura polémica con un delegado gubernamental que pretendía envolver en sus sofismas a los padres de familia, a fin de que desistieran de su actitud y cesara el boycot contra la escuela oficial. El gobernador Saucedo los llamó para tomarles cuenta de su resistencia y rebeldía. Ellos declararon que no eran rebeldes y que si resistían de esa manera al sentir oficial, no era por espíritu de oposición y rebeldía, sino por defender lo más santo que en la sociedad existe: el alma de los niños y el derecho sacrosanto de la libertad de enseñanza.

El gobernador aparentó ver las razones que se le exponían y aun tuvo para ellos dos palabras de elogio, por su actitud viril y noble; pero pocos días después se les mandó aprehender.

Cayó la policía a su casa en horas en que providencialmente no estuvieron allí los dos hermanos y, no encontrándolos, saquearon la casa robando cuanto quisieron. Ante una situación tal, los hermanos Pérez abandonaron su hogar y se decidieron a marchar a la montaña uniéndose a las ya múltiples partidas de gente armada que proclamaban la libertad.

Su labor entre los nuevos libertadores fue noble y decidida y pronto pudo traducirse en mejor disciplina y mayor moralidad y entusiasmo de los insurrectos. ¿Cuáles fueron sus días y sus noches? ¿Cuáles sus penas y contratiempos? Difícilmente el que de estas cosas no sabe, puede imaginarse los sufrimientos que entraña una vida de guerrillero, no sólo en lo material, en el hambre y en el frío, en la vida de sobresaltos y penalidades físicas, en la carencia de techo y de sosiego, sino, sobre todo, en lo que ve a lo espiritual: la incomprensión, el abandono y la malevolencia de quienes, por comunidad de ideales e interés superiores hubieran de ser, si no colaboradores, sí, al menos, simpatizadores sinceros. El vacío, que nunca sintieron en su total crudeza los cristeros, debió de ser para estos nuevos insurgentes, de alma también noble y levantada como los de antaño, una de sus más grandes penas. Era el 15 de septiembre del año de 1936. Los hermanos Pérez, en unión de otros guerrilleros, se encontraban en las faldas del sur del Volcán de Fuego, a no muy larga distancia del pueblo de S. Jerónimo, cuando una partida de agraristas armados trabó con ellos un ataque repentino e inesperado. En el rincón de un barranco cayó herido Ramón, el menor de los hermanos. Ignacio, el mayor, pudo haber huído; pero el cariño, la fidelidad, la compasión por el hermano herido lo retuvieron a su lado y, momentos después, caía acribillado a balazos. Inseparables habían sido en su vida, en sus ideales, en sus luchas, e igualmente juntos caían por la causa de la libertad escolar, por el alma de los niños de su pueblo y de su Patria.

LAS FOBIAS DEL GOBERNADOR

A la cuestión escolar unió el gobernador Saucedo, como hemos principiado a ver, su acción directa en contra del culto divino, y esta fobia diabólica iba en creciente.

El 16 de agosto de 1934, el congreso local expidió un nuevo decreto de cultos, reduciendo a 5 el número de sacerdotes que podían oficiar en el Estado: 1 por cada 12,000 habitantes, conforme al último censo. El gobernador, en el reglamento correspondiente, establecía que el culto sólo podría tener lugar en 165 templos de la capital y en las cabeceras municipales de S. Jerónimo, Tecomán y Comala. Dejaba, pues, sin culto, 5 de los municipios del Estado, entre ellos algunos de los más religiosos, como Villa de Alvarez.

SOLO DOS TEMPLOS EN EL ESTADO

En el mismo mes, inopinadamente el gobernador dispuso al presidente municipal de Colima la clausura de todos los templos de la ciudad, a excepción del Sagrario y la Capilla de la Sangre de Cristo. De igual manera fueron cerrados todos los templos de los municipios. En Villa de Alvarez y, sobre todo, en Comala, el pueblo protestó en masa por la clausura de sus iglesias. El clero de todo el Estado, por orden del gobernador, se reconcentró en la capital, con la obligación de pasar revista diaria en Palacio de Gobierno. Más aún: el gobierno se apoderó, en la Catedral, el Santuario, Templo de Villa de Alvarez y San Jerónimo, de todo cuanto pudo: materiales de construcción, muebles y aun objetos del culto. Fue un verdadero saqueo vandálico.

UNA ENTREVISTA CON EL GOBERNADOR

Un día de tantos, el gobernador Saucedo citó a todos los sacerdotes a su despacho. Sin excusa ninguna todos habrían de presentarse en el lugar de la cita. Los sacerdotes obedecieron. El objeto de la entrevista era el siguiente: manifestarles que de México avisaban que se había descubierto un complot en contra del general Calles, ramificado en Colima, y que en ese complot, era claro, el clero tenía que tener parte. Que se iba a emprender una seria investigación y que todo el peso de la ley habría de caer sobre el clero todo, si era culpable; que por lo pronto seguirían todos presentándose, día a día, a pasar revista. Además, que la actitud de los padres de familia al retirar a sus hijos de las escuelas, era una verdadera rebelión de la cual los sacerdotes eran los principales responsables, y que, o ponían fin a la labor sediciosa y remediaban el mal causado, laborando con el gobierno en pro de las escuelas, o habrían de sufrir las consecuencias. El clero manifestó respetuosamente su extrañeza ante la noticia del complot descubierto y protestó no tener ninguna participación en él, de ser cierto que el complot existiera y tuviere ramificación en Colima. En efecto, todo era maquinación perversa del gobernador para llevar a cabo sus planes. Saucedo partió entonces para México en donde siguió madurando su proyecto nefando de extirpar el catolicismo en Colima.

EL COLMO DE LAS FOBIAS:
NI UN SACERDOTE EN EL ESTADO

Ya en México, el gobernador Saucedo declaró, en presencia de los demás gobernadores, que él arrojaría del Estado a todos los sacerdotes y que perseguiría sin descanso el catolicismo, hasta lograr extirparlo en la entidad que él gobernaba. ¡Qué fácil!

Ante la actitud resuelta del apóstata Saucedo, los demás gobernadores -según él después lo afirmaba-, prometieron lo mismo. Muy en breve no quedaría en México rastro ninguno de fe cristiana. Y, tras la resolución, manos a la obra: en efecto, desde la capital mandó la orden al gobernador provisional, señor Salvador Govea, de que, sin miramientos ningunos, sucediera lo que sucediese, los sacerdotes todos fueran inmediatamente expulsados del Estado, haciendo caer sobre ellos la acusación de perturbadores del orden público, sediciosos y cristeros.

La noche del 22 de octubre, todos los sacerdotes fueron citados al propio domicilio del interino, Salvador Govea. Eran las 9 de la noche; la casa de Govea estaba bien defendida con gendarmes del Estado, como si se hubiese tratado de prevenir un ataque armado o apoderarse de una chusma de guerrilleros armados que se habrían de coger por sorpresa. Cuando todos los sacerdotes estuvieron reunidos -algunos de ellos ancianos decrépitos, enfermos y extraordinariamente achacosos-, el interino Salvador Govea, agria y adustamente, manifestó que por orden superior, todos deberían abandonar el Estado, al día siguiente a más tardar, a excepción de los señores curas don Bernardino Sevilla y don Manuel Sánchez Ahumada y del Pbro. don Francisco Rueda y Zamora, que en esa misma noche tendrían que estar fuera de los límites del Estado.

Apenas se habían retirado los señores sacerdotes del domicilio de Govea, que con impía altanería ponía en ejecución una ley a todas luces descabellada y aun inhumana, dadas las condiciones de edad, enfermedad y achaques de muchos de los sacerdotes colimenses, cuando un piquete de gendarmes aprehendió a los mismos tres sacerdotes a quienes se había dado disposición de salir en la misma noche de Colima; se les condujo de nuevo a la casa del gobernador Salvador Govea en donde el achichinque Tintos, con altanería de déspota impío, les manifestó que había sido ya dada, en contra de ellos tres, orden de fusilamiento. El P. Rueda manifestó que podría asesinárseles, sí; pero contra toda ley y derecho; puesto que ni en contra de los grandes criminales podría darse sentencia de fusilamiento ya que la pena de muerte estaba prohibida por la Constitución del Estado. Tintos manifestó entonces, que por indulgencia del C. Gobernador; la pena no se ejecutaría; pero que, inmediatamente, acompañados por gendarmes, tendrían que abandonar Colima.

En efecto, cuatro coches repletos de gendarmes formaron la comitiva que sacó a los tres mencionados sacerdotes hasta Tonila, Jal. Eran aproximadamente las 10 de la noche cuando se emprendió la marcha … Cuando se hubo salido de la ciudad y la comitiva pasaba frente al cementerio municipal, una voz ronca ordenó que se hiciera alto y los cuatro coches hicieron alto … Los gendarmes bajaron al punto con las armas en la mano y los sacerdotes fueron también sacados. ¿Para qué? Tendrían que ser fusilados, se les dijo, y tratóse de atemorizados. Es que los tiranos querían, a todo trance, una declaración, sacada a cualquiera costa, que les sirviera de base para confirmar lo que tanto ellos habían propalado: que los sacerdotes de Colima eran sediciosos y enemigos de la Revolución, contra la cual preparaban un complot. Todo en vano. En las sombras de la noche, rodeados de los jenízaros, los tres sacerdotes, amenazados de muerte, conservaron la ecuanimidad, y cuando aquella estratagema resultó vana, en medio de insultos y palabras gruesas se les hizo de. nuevo subir al coche y la marcha continuó hasta Tonila, Jal.

Entre tanto en la ciudad de Colima reinaba la más grande consternación. La policía había procedido a clausurar, con lujo de fuerza, los dos únicos templos que quedaban abiertos al público: el Sagrario y la Capilla de la Sangre de Cristo, que estaba haciendo los oficios del templo parroquial de la Merced. Fue tan imprevisto el ataque y se procedió con tal lujo de atropello, que aun el Santísimo Sacramento quedó dentro. Fue preciso que un muchacho, burlando durante la noche la vigilancia de los guardias y brincando por sobre las bardas, se introdujese en los anexos del templo y de ahí al templo mismo, y sacase, por sobre las bardas también, la Sagrada Eucaristía. ¡Que Dios pague aquel arrojo cristiano!

Una hora más tarde, en medio también de gendarmes, salieron igualmente de la ciudad los sacerdotes Arreguín y Covarrubias. El primero, párroco de Tecomán y el segundo profesor de Filosofía en el Seminario Diocesano.

En aquella noche memorable, gran parte de las familias de Colima estuvo en vela: se oraba y se lloraba de consternación. Los políticos más responsables de los sucesos durmieron con sus defensas reforzadas, si es que durmieron.

Al día siguiente por tren, hacia Guadalajara, salieron casi todos los sacerdotes que restaban. Otros prefirieron viajar por automóvil hasta Tonila, Jal., en donde quedaban ya fuera de la jurisdicción de los perseguidores de Colima. Todos, aun los más ancianos y achacosos, tuvieron que salir al destierro: los canónigos Monseñor Francisco Anaya y don Alberto Ursúa, llenos de emoción al contemplar cómo la sociedad entera de Colima, sin distinción de clases acudía a la estación para despedirlos y llorando pedía la bendición última, aunaron sus lágrimas a las de los fieles a quienes públicamente bendijeron. Tanto el uno como el otro tuvieron que ser subidos en peso al carro del tren, porque ya por sus años y achaques no era posible que lo hicieran por sí mismos. El padre don Cipriano Meléndez estaba enfermo de gravedad. Además de ser un anciano débil y decrépito, acababa de sufrir una seria operación quirúrgica que lo tenía al borde del sepulcro. En una camilla y con inhumanidad sin igual, fue puesto en el carro del express. Enfermo también y casi moribundo iba el padre don Gregorio Ramírez, otro anciano decrépito, a quien el pueblo piadoso llamaba Ramiritos. Este murió en Sayula y el padre Meléndez, poco después, murió en Guadalajara.

También tuvo que salir el amado y anciano pastor de la diócesis, el Excmo. señor Velasco. Allá, durante los años de la suspensión del culto, fue el pastor fidelísimo que no salió del lado de sus hijos, con quienes compartió el sufrimiento y el peligro. Entonces, algo más potente que ahora, menos abatido por los años y la falta de salud, pudo entonces evitar el destierro, desapareciendo oportunamente de la vista y del alcance de los perseguidores y viviendo en las montañas vida de fugitivo. Hoy, empero, no tuvo ya en su mano este recurso y hubo de salir para Guadalajara. Su casa fue saqueada, sus muebles y sus libros eran malbaratados por gente sin conciencia y sin honor.

Colima en tanto lloraba … En orfandad y luto lloraba de verdad.

LA ACCIÓN CATÓLICA, EN COLIMA

acjmCapítulos brillantísimos escribió en sus páginas la Acción Católica, sobre todo la benemérita U.F.C.M. en este período de dolor. La honorabilísima señora doña Luisa Padilla de Alvarez encabezó el grupo de las señoras y señoritas que desplegaron su actividad para controlar a todas las clases sociales en estos meses de terrible prueba espiritual, a la vez que allegaban recursos para los desterrados. Volviéronse a organizar las interminables caravanas de fieles a Tonila. En coches, en camiones, en humildes cabalgaduras y aun a pie, a las altas horas de la noche y en la madrugada, sobre todo los días de fiesta y viernes primeros, se salvaba la distancia para ir hasta allá. Gozando del privilegio excepcional que en derroche de ternura paternal el Papa Pío XI concedió a México, los oratorios secretos se multiplicaron en Colima, tanto en la capital como en los pueblos. La Santa Eucaristía era llevada a ellos por los fieles mismos que de Tonila u otros lugares en donde había culto regresaban. Y ahí, en aquellos hogares-templos, los fieles comulgaban por su propia mano … Providencialmente, Dios envió a Colima a un sacerdote michoacano enfermo del corazón que, no obstante su salud tan delicada, trabajó hasta agotarse. Dios le conservó casi milagrosamente la vida hasta el retorno de los sacerdotes colimenses. Algunos otros lograron penetrar furtivamente al Estado y así el señor cura don Mateo Macías volvió a su parroquia de Coquimatlán en donde ocultamente se sostuvo. Así, en medio de las lágrimas, se conservaba la fe y el culto. Colima mártir volvía a ser nuevamente digno espectáculo que Dios con sus ángeles contempló.

Tampoco faltaron en esta ocasión los jóvenes intrépidos de otros tiempos, nueva generación de valientes que en dos publicaciones defendieron los derechos del pueblo cristiano: desde el punto de vista religioso, La Verdad; desde el cívico, Libertad. Esta última triunfó en toda la línea en contra del masón Pimentel, a quien quería imponer el gobernador Saucedo.

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LA BURLA DEL TIRANO

El gobierno del Estado estaba vencido. La huelga escolar seguía cada día más firme y completa: lloraba el pueblo la ausencia de sus sacerdotes; pero, al mismo tiempo, defendía con inquebrantable vigor el alma de sus hijos. Las escuelas estaban vacías.

Esta situación espiritual repercutía en lo temporal: todo languidecía: la popular feria de Todos Santos que se celebra en noviembre, el comercio, la vida social. El tirano, empero, no se daba por vencido y estaba dispuesto a extorsionar más. En 23 de noviembre de 1934, como represalia perversa, lanzó el Congreso del Estado un decreto más sobre cultos:

Art. I. En el Estado de Colima sólo podrá ejercer un solo sacerdote de cada culto religioso.
Art. II. Las ceremonias religiosas de cada culto deberán efectuarse únicamente en la capital y precisamente dentro de los locales autorizados.

¡Y todos los templos estaban clausurados por orden del gobierno! Y luego la burla:

Los sacerdotes deberán ser casados civilmente.

¡La cavernaria y sarcástica condición de Garrido Canabal en Tabasco! Y, de remate, el pasquín oficial Vanguardia, insultando a la sociedad en lo más sagrado que tiene que defender: su conciencia.

EL PRESIDENTE CÁRDENAS

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EL PRESIDENTE CÁRDENAS

A principios de 1935 visitó Colima el Presidente de la República, general Cárdenas. Con esta oportunidad, el pueblo organizó una numerosísima manifestación. Una respetable comisión de señoras, en nombre de los manifestantes, entrevistó a Cárdenas, quien prometió influir (!!) por que se diera a Colima una reglamentación aceptable. Con respecto a la libertad de enseñanza, Cárdenas manifestó, entre bromas que: sólo una revolución sería capaz de obtenerla …

Y los días pasaron y la situación religiosa no cambiaba. A pesar de que se recordó al señor Presidente su promesa, el asunto durmió en Gobernación.

SE VA POR FIN EL TIRANO

Un día -¡feliz día para Colima!-, Saucedo salió para México, dejando como gobernador interino al diputado por S. Jerónimo, señor Crispín Ríos. Durante esos días, con fecha 26 de junio, la legislatura local aprobó un decreto que a la letra decía en su Art. 2:

En el Estado de Colima podrán oficiar 20 sacerdotes de cada culto religioso.

El pueblo se llenó de júbilo; pero Saucedo dio contraorden telegráfica y la legislatura, no obstante que el decreto había sido publicado y fijado en las esquinas de las calles, según estilo, negó haber expedido tal decreto y aun publicó, con fecha 23 de julio, un aviso atribuyendo a maniobras de los católicos la publicación del dicho decreto impreso. Entonces, un grupo de valientes católicos publicó una protesta impresa en que se echaba en cara al congreso del Estado su cobardía y claudicación.

No habían transcurrido muchos días cuando la hora de Dios sonó al fin, y el tirano de Colima cayó del poder. ¿Cuál fue la causa? De tejas abajo, como el pueblo suele decir, el oponerse a la voluntad del P. R. M., que había decidido que fuera gobernador de Colima, para el siguiente período, el teniente coronel don Miguel G. Santa Ana.

REGRESAN LOS SACERDOTES

Todavía alcanzó a allanar las dificultades para que volvieran a Colima los sacerdotes desterrados, el señor don Crispín Ríos, durante los días de su administración. Como los templos continuaban cerrados, en tanto que se llenaban los requisitos legales, el culto principió, de una manera semi-oculta, en domicilios particulares. Cuando al señor Ríos sucedió, también como gobernador provisional, el señor don José Campero, logró obtenerse la reapertura de algunos de los templos, y Colima tuvo de nuevo culto público. De igual manera, en estos mismos días, en los municipios del Estado, el culto se reanudó, con inmensa alegría del pueblo.

MIGUEL G. SANTA ANA,
EL NUEVO GOBERNADOR

El teniente coronel Miguel G. Santa Ana (período 1935-1939) gobernó en general con tolerancia hacia los católicos y se supo granjear el cariño del pueblo. Sin embargo, muchas cosas tuvieron que seguirse lamentando durante su administración.

El mismo expulsó al señor cura don Manuel Sánchez Ahumada, párroco de La Merced, y al señor cura don Ignacio Ramos, de la parroquia de San Jerónimo, porque -según el decir del mismo gobernador- aquellos dos sacerdotes apoyaban al pueblo en su boycot a las escuelas oficiales. De aquí que, según su sentir, ellos dos deberían ser eliminados, pues él trataba a todo trance de mejorar y levantar las escuelas. Lástima que por falta de mejor criterio puso sólo sus ojos en el mejoramiento material: aumento de escolares, de edificios dedicados a la enseñanza, etc. Pero degenerado el magisterio oficial, continuó así sin buscarse remedio a mal tan grande. Es cosa completamente pública en Colima el nivel tan bajo a donde se descendió; los ejemplos de liviandad dados a diario a los escolares, y la inmoralidad abiertamente reinante en algunos centros de educación. ¡Cómo no habrían de oponerse los padres de familia a que sus hijos perteneciesen a tales escuelas, más aún, constando que muchos de los textos de enseñanza eran anticristianos, que muchos de los profesores eran declaradamente apóstatas de su fe y atacados algunos de la vieja fobia en contra de la Religión Católica!

No solamente los dos sacerdotes arriba enumerados fueron expulsados, sino que algunas familias del pueblo de San Jerónimo por idéntica razón, fueron desterradas.

Llevado Santa Ana de su afán de mejorar las escuelas en lo material; se apoderó de todo lo que ocupaba el antiguo colegio La Paz, al costado del Templo del Sagrado Corazón. Fue en días mejores el Colegio La Paz excelente colegio en donde se educó lo más granado de la sociedad de Colima, atendido por religiosas. Cuando las religiosas hubieron de abandonar su casa, envueltas en el torbellino que la persecución levantó y que arrolló a su paso cuanto de grande y noble, cuanto de santo encontró, el colegio, aunque en otro edificio, con otro nombre y con distinto profesorado, pudo por algunos años subsistir, y el edificio pudo salvarse, hasta que llegaron los tiempos del gobernador Santa Ana en que la ocupación total se consumó.

Dados estos antecedentes, sobre todo en los primeros tiempos del gobierno de Santa Ana, la excitación popular continuaba en fermento y las represalias en contra de los católicos de Colima no terminaban.

J. JESÚS Z. CRUZ

Jesús Z. Cruz era un muchacho trabajador y honrado. Siempre alegre y lleno de entusiasmo era de los jóvenes de la Acción Católica. Sus compañeros, dado su espíritu organizador y abierto, su decisión y su valor civil, le llamaban con el cariñoso sobrenombre de el General.

El 27 de diciembre de 1935, como a las 11 de la mañana, fue aprehendido por militares disfrazados de civiles que le llevaron a la Comandancia Militar de la Zona. Cuando llegó la noche, se le condujo a la Colonia agrarista d€ El Moralete, a orillas de la ciudad. Allí se le atormentó horriblemente, se le hizo cavar su propia sepultura y, finalmente, se le fusiló. Z. Cruz obsequió, en señal de perdón, un anillo a Uno de los que lo mataron. Había comulgado ese mismo día por la mañana. Era originario de Coquimatlán, Col. y acababa de cumplir 30 años.

EL PERIODO DE SANTA ANA.
ÚLTIMOS ACONTECIMIENTOS

En cambio de los males enunciados, el gobernador Santa Ana con no escasa buena voluntad y tino se prestó a ir solucionando algunos de los problemas religiosos. Expidió un decreto anulando todos los anteriores de sus predecesores en materia de cultos, y en ‘el cual se autorizaba 15 sacerdotes para el Estado; volvió al culto público algunos de los templos que aún permanecían clausurados y facilitó la reanudación del culto en la Catedral, cuyas obras de reconstrucción fueron un símbolo de la tenacidad y entusiasmo de los católicos de Colima.

El 2 de diciembre del año 1939, la víspera del primer día de la novena a la Santísima Virgen de Guadalupe, en cuyo honor la Catedral colimense está erigida, se hizo la solemne bendición de las obras hasta entonces concluídas: la gran cúpula central y el presbiterio. Lo restante del templo, aunque amarrado ya en sus partes principales para que no constituyese peligro para los fieles, aún estaba lleno de grietas. Cerca de dos mil almas concurrieron al acto, en aglomeración extraordinaria, sin dejar lugar para que nadie, a no ser los que ocupaban las bancas, se pusiese siquiera de rodillas. ¡Así era el hambre del pueblo de Colima por poseer de nuevo su hermosa Catedral! Sin embargo, del viejo Cabildo ya nadie estuvo presente. Las ilustres figuras del sacerdocio de Colima, en gran parte, habían pasado ya de esta vida. Los años de aflicción y martirio habían consumido prematuramente sus existencias terrenales. Ya no estuvo el antiguo maestro de muchas generaciones, rector del seminario de Colima durante largos años, canónigo don Jesús Carrillo: ya había muerto. Había muerto también quien, en los años de la mayor angustia, había sido el Vicario General de la Diócesis, Monseñor Francisco Anaya. Había de igual manera exhalado su alma en manos del Rey Supremo, el ilustre confesor de Cristo, forjador de toda una pléyade de mártires, hombre de ciencia y de inquebrantaBle fe: Nuestro Padre, como le llamaron muchos, el Padre don Jesús Ursúa, como le conoció y llamó el pueblo. De estas ilustres figuras Spectator habló en la primera parte de su libro.

Descansen en paz estos egregios sacerdotes. Descansen en paz todos los idos; sean nuestra avanzada ante el trono del Rey Eterno de los siglos; sea, sobre sus pechos gloriosos, blasón de gloria lo que en otros tiempos fuera la bandera de sus combates, el Viva Cristo Rey de sus ideales.

 

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