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UN EPISCOPADO A LA ALTURA

10 de marzo de 2016

SIAME

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Editorial: Un episcopado a la altura
Domingo, 06 de marzo de 2016, 14:00 horasDLF Redacción

El Episcopado Mexicano está unido y dispuesto a hacer frente a los retos que Su Santidad le ha puesto enfrente.

Durante el encuentro con los obispos mexicanos el pasado 13 de febrero, el Santo Padre Francisco anotó aspectos urgentes que nuestros pastores deben observar para bien del Pueblo Santo de Dios, en orden a una pastoral de la caridad y misericordia en esta hora de gracia de la historia de la Iglesia y de México entero.
Analizando el mensaje que Su Santidad pronunció en la Catedral de México, podemos ver cómo el Papa advierte de los riesgos que afrontan los obispos de nuestro país ante el secularismo: opacidad, adormecimiento, distanciamiento, frialdad, clericalismo, autorreferencia, triunfalismo estéril y la oscuridad que puede eclipsar la luz del Evangelio. Y los llama a estar alerta.
El Sumo Pontífice tiene muy claras estas realidades, y sabe que los obispos mexicanos han sabido alentar a los católicos para afrontarlas, y que a su vez, éstos muestran un sentido de solidaridad espontánea y extraordinaria hacia ellos.
Fue la frase “Pelear como hombres”, la que repercutió entre los comunicadores – empujados más por el histrionismo mediático que por el profundo significado de las palabras– como de un fuerte regaño a los pastores.
Aquí cabe preguntarse: ¿tiene el Papa alguna razón para regañar a los obispos mexicanos? Lo que sí tiene el Papa, y muy claro, es que la Iglesia en México es un caso atípico en relación con otros países de América. En primer lugar, en términos porcentuales nuestra nación hospeda la mayor cantidad de católicos, con 81 por ciento de la población en el 2014, y es precisamente a causa de esa amplia y sólida presencia de católicos que nos distinguimos de otros países del continente.
Por otra parte, sería absurdo pensar que Su Santidad desconoce la gran resistencia que la Iglesia Católica mexicana ha opuesto a la expansión de las comunidades protestantes de tintes carismáticos y pentecostales, que, no obstante, se propagan sin freno en otros países, especialmente de Centroamérica.
¡Y qué decir de la fuerza con que el catolicismo mexicano enfrenta el desafío del secularismo, tanto como fenómeno cultural, como el que se desarrolla sistemática y violentamente en el terreno político, donde la ofensiva anticlerical y masónica ha sido despiadada desde los años 20 del siglo pasado, lo que en muchas ocasiones ha dejado ver un episcopado mexicano con tintes de santidad. ¿Acaso desconocerá esto el Papa Francisco como para regañar a los obispos?
“Pelear como hombres” no implica confrontaciones estériles como lo juzga el mundo, y sí conlleva el significado postconciliar enfatizado en el magisterio de san Juan Pablo II, que afirma el llamado del obispo para alcanzar la estatura de Cristo, hombre perfecto. La frase debe entenderse como la solícita urgencia para actuar con audacia evangélica ante las propuestas alienantes que quieren arrinconar a la Iglesia. Mientras otras instituciones han fallado en el cuidado y procuración del bien común, los obispos mexicanos han venido acompañando al pueblo sufriente y apaleado, haciendo una vida de entrega al prójimo y no de “príncipes” sin contacto con el rebaño. Ellos mismos asientan la práctica de la misericordia fortaleciendo los vínculos de unidad a través de proféticos signos pastorales que, gracias a la fe católica, devuelven la esperanza en cada diócesis del país.
En su visita a México, Francisco dio cuenta de un Colegio Episcopal que responde cercano a la realidad del pueblo sometido por la cultura de la muerte y del descarte; sin embargo, esto no es como “para dormirse en los laureles”, sino para continuar por el ejercicio sincero de autocrítica reforzante de la unidad y cohesión como ecos en la próxima asamblea de la CEM en abril.
El Episcopado Mexicano está unido y dispuesto a hacer frente a los retos que Su Santidad le ha puesto enfrente. Lamentablemente, existe la mano de la discordia que intentó poner los acentos negativos, parcializando la visión de Iglesia y tratando de influir en el discurso Pontificio para conseguir un efecto contrario en el público, al subrayar desafíos y tentaciones como males del episcopado. No es así. Y aquí cabe la cuestión ¿por qué tratar de demeritar el trabajo de los obispos mexicanos? Afortunadamente el pueblo conoce a sus pastores, y los acompaña en la construcción del reino de Dios, al precio que sea, como ha sido a lo largo de la historia de este país… ¿O será que las palabras improvisadas del Santo Padre responderían a un mal consejo de alguien cercano a él? ¿Quién mal aconsejó al Papa?
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