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FRANCISCO: “DIOS NO CONDENA A NADIE”

30 de octubre de 2015

Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres, pero la blasfemia contra el espíritu no les será perdonada.

Mateo 12:31


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“El más malo, el más blasfemador es amado por Dios, con una ternura de padre”: Francisco


«Nada podrá separarnos nunca del amor de Dios, en Cristo Jesús Nuestro Señor», reiteró Francisco en su homilía, en la Misa de la mañana, en la Casa de Santa Marta. “Dios no condena a nadie, porque nos ama con ternura. Ésta es nuestra victoria“, señaló Bergoglio.

Con la primera lectura de San Pablo que explica que los cristianos son vencedores porque «Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?», Francisco hizo hincapié en que si Dios nos salva ¿quién nos condenará? Y señaló que lo único que nos hace vencedores es el amor de Dios:

«No es que nosotros somos vencedores contra nuestros enemigos, contra el pecado ¡No! Nosotros estamos tan enlazados al amor de Dios, que ninguna persona, ninguna potencia, ninguna cosa nos podrá separar de este amor. Pablo ha visto en el don, ha visto más, lo que da el don: es el don de la recreación, es el don de la regeneración en Cristo Jesús. Ha visto el amor de Dios. Un amor que no se puede explicar».

«Cada hombre, cada mujer puede rechazar el don y preferir su vanidad, su orgullo, su pecado. Pero el don está»:

«El don es el amor de Dios, un Dios que no puede separarse de nosotros. Esa es la impotencia de Dios. Nosotros decimos: ‘¡Dios es poderoso, lo puede todo! Menos una cosa: ¡separarse de nosotros! En el Evangelio esa imagen de Jesús que llora sobre Jerusalén, nos hace comprender algo de este amor. ¡Jesús ha llorado! Ha llorado sobre Jerusalén y en ese llanto está toda la impotencia de Dios: su incapacidad de no amar, de no separarse de nosotros».

Dios nos dice aún hoy que nos ama con su ternura de papá, en Cristo Señor Nuestro, que es nuestra seguridad

«Jesús lloró sobre Jerusalén que mata a sus profetas, aquellos que anuncian la salvación. Y Dios le dice a Jerusalén y nos lo dice a todos: ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos como una clueca hace con sus polluelos bajo sus alas y ustedes no han querido! Es una imagen de ternura», reiteró Francisco, evocando una vez más las palabras de Jesús: ¡Cuántas veces quise sentir esta ternura, este amor, como la clueca con sus polluelos y ustedes lo han rechazado». Por ello San Pablo comprende y puede decir que está convencido de que «ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor»

«¡Dios no puede no amar! Ésta es nuestra seguridad. Yo puedo rechazar ese amor, puedo rechazar como rechazó el buen ladrón, hasta el final de su vida. Pero, allí lo esperaba ese amor. El más malo, el más blasfemador es amado por Dios, con una ternura de padre, de papá. Y, como dice Pablo, como dice el Evangelio, como dice Jesús: ‘Como una clueca con sus polluelos’. Y Dios el Poderoso, el Creador puede hacer todo: ¡Dios llora! En este llanto de Jesús sobre Jerusalén, en esas lágrimas, está todo el amor de Dios. Dios llora por mí, cuando me alejo; Dios llora por cada uno de nosotros; Dios llora por los malvados, que hacen tantas cosas feas, tanto mal a la humanidad…Espera, no condena, llora. ¿Por qué? ¡Porque ama!»

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NOTA:

Blasfemia, significado biblico; Blasfemia, contra el Espiritu Santo, definicion: La blasfemia es la palabra injuriosa dirigida a Dios. La Iglesia considera la injuria a Dios como un pecado mortal en sí, como el ultraje que la criatura hace a su Creador y sólo se da una circunstancia atenuante que es el hecho de que las palabras blasfemas sean pronunciadas sin intención, sin desprecio, por convención de la lengua. En este caso se considera pecado venial. Se puede blasfemar atribuyendo a Dios imperfecciones que no tiene, hablando con desprecio de las obras divinas, rebajando la divinidad al nivel de la criatura, o también elevando la criatura al nivel de Dios. Bajo la ley mosaica el blasfemo debía ser castigado con la pena de muerte, en cambio la Iglesia concede el perdón a los que cometen este pecado grave. Pero si existe el perdón para la blasfemia, no lo hay para la blasfemia contra el Espíritu Santo, ya que este pecado está considerado como el más grave y es el único que Jesucristo ha declarado irremisible, el único que es de hecho definitivamente mortal. Esto lo podemos leer en los evangelios de San Marcos 3. 28-30, San Lucas 12. 10 y San Mateo 12. 30-32 “El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama. 31 Por eso les digo que todo pecado o blasfemia se les perdonará a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada. diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el futuro.” Esta excepción sobre la blasfemia contra el Espíritu Santo ha preocupado durante mucho tiempo a los teólogos como para poder determinar en qué consiste exactamente la misma. Incluso San Agustín opinaba que esta cuestión es la más difícil de las que plantea la Escritura. Finalmente la opinión que, después de largas discusiones, parece ser la más común entre los teólogos es que la blasfemia contra el Espíritu Santo es pretender que el demonio es más fuerte que el Espíritu, el mal superior al bien y es desafiar a Dios denegándole el poder de su gracia.

 

 

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