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¿A QUIÉN RINDEN CULTO ESTOS OBISPOS?

13 de marzo de 2015

ASOMBRO, CONFUSIÓN, DESCONCIERTO


A nadie escapa que la Iglesia Católica vive hoy días tormentosos, marcados por persecuciones cruentas en Asia y África e incruentas – pero no menos ensañadas – en el Occidente laicizado, y agravados por graves disensiones internas como las que estallaron en el último Sínodo Extraordinario de obispos, realizado en Roma en octubre pasado. Todos esos hechos sacuden la Barca de Pedro y proyectan sobre ella amenazas de zozobra.

A ese cuadro se suman actitudes y conductas de autoridades eclesiásticas, completamente contradictorias con su misión de orientar el rebaño de Jesucristo, que causan confusión, desconcierto y escándalo entre los fieles.

Una deplorable muestra de ello ocurrió en Chile con motivo de la consagración del nuevo obispo diocesano de Arica, Mons. Moisés Atisha, el 17 de enero pasado.

Al final de la ceremonia se realizó delante de la Catedral, en presencia de todos los obispos asistentes, entre ellos el Nuncio apostólico en Chile y el Arzobispo de Santiago, un extraño ritual pagano a cargo de un brujo. Se trató de una ofrenda a las deidades Pachamama (la tierra), Tata Inti (el sol) y los Malkus (espíritus de las montañas).

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Brujo andino realiza una ofrenda a las deidades Pachamama, Tata Inti y los Malkus. Atrás de él gran número de Obispos.

En un “altar” improvisado en el suelo, el chamán ofrendó hojas de coca, semillas, agua y chicha fermentada. Enseguida impuso al nuevo obispo y al obispo consagrante, Mons. Cristian Contreras, unos collares de papeles de colores. Después ambos prelados se arrodillaron ante el “altar” idolátrico, para recoger algunas hojas de coca “bendecidas” por el brujo, pareciendo que también las ofrendaban.

La prensa evitó noticiar el insólito hecho, pero fotografías del mismo se difundieron por las redes sociales, causando estupor y un generalizado rechazo entre los fieles.

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Mons. Cristian Contreras, Obispo de Melipilla (Chile), arrodillado frente al altar pagano. Lo observa Mons. Moisés Atisha, nuevo Obispo de Arica, quien también haría lo mismo.

Tal reacción es más que justificada. “Todos los dioses de los gentiles son demonios” , advierte el Espíritu Santo por la boca del Salmista (Ps. 95, 5). Y lo reitera por medio de San Pablo, cuando previene a los Corintios:“queridos míos, eviten la idolatría”, advirtiéndoles que “los paganos ofrecen sus sacrificios a los demonios y no a Dios”.

Tomado de santo celo, el Apóstol agrega: “yo no quiero que ustedes entren en comunión con los demonios. Ustedes no pueden beber de la copa del Señor y de la copa de los demonios; tampoco pueden sentarse a la mesadel Señor y a la mesa de los demonios” (I Cor. 10, 14 ss.).

Alguien podrá objetar que exageramos el alcance del hecho, que la ofrenda de ese chamán no fue un acto religioso sino “cultural”, folclórico, propio de una persona ignorante en materias de fe.

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Mons. Ivo Scapolo Nuncio Apostólico de Su Santidad en Chile.

Tal hipótesis podría admitirse en el caso del brujo, ¡pero nunca en el caso de ministros de Jesucristo, obispos de la Santa Iglesia! Estos saben bien quecultos como el de la “pachamama” son formas de la vieja gnosis panteísta, la superstición más diametralmente opuesta a la fe católica.

Dicha creencia niega la existencia de un Dios único y personal, Creador de todas las cosas, y en cambio atribuye a las criaturas cualidades divinas, considerándolas fragmentos de un “dios cósmico” diseminado por el universo y que se confunde con este. Este error tiene mil variantes, y una de ellas es la idolatría a la Tierra como un ser vivo y dotado de espíritu.

Cabe entonces preguntar: arrodillarse ante la “pachamama” ¿no es propiamente “sentarse a la mesa de los demonios”? ¿Qué otra interpretación puede darse al hecho? ¿Y qué juicio harían de él el gran evangelizador del Perú Santo Toribio de Mogrovejo, o los miles y miles de mártires, como el obispo San Ignacio de Antioquía (ver abajo), que prefirieron morir a ofrendar incienso a los ídolos romanos?

Dejamos la respuesta al buen juicio del lector.

San Ignacio de Antioquía,
fe y coraje

 

Ignacio (del latín “ignis”, fuego) significa “lleno de fuego”. San Ignacio, obispo de Antioquía, fue discípulo de San Pablo y probablemente también de san Juan Evangelista. Su sede episcopal, situada en Siria, era la tercera ciudad en importancia del Imperio Romano después de Roma y Alejandría.

Gran erudito en las Sagradas Escrituras, San Ignacio obispo es uno de los Padres de la Iglesia, y fue el primero en darle el nombre “Católica” (universal).

Cuando el emperador Trajano mandó apresar a todos los que no adorasen las deidades romanas, Ignacio se rehusó a adorarlas. Es célebre su entrevista personal con el déspota, que le preguntó:

— “¿Por qué no aceptas a mis dioses?”

— “Porque ellos no son dioses” —dijo Ignacio—. “No hay sino un solo Dios, el que hizo el cielo y la tierra. Y a su único Hijo Jesucristo, es a quien sirvo yo”.

Fue entonces llevado a Roma y echado a las fieras del Coliseo en el año 107. Su último viaje fue una apoteosis de popularidad: por todas partes se lo aclamaba como santo. Al sepultar sus restos, se encontró que sobre su corazón las venas habían formado la palabra “Jesús”. El contraste de ese ejemplo de fe y coraje episcopal con el episodio relatado arriba no podía ser más clamoroso.

TRADICIÓN Y ACCIÓN

 

adornos

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