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JUZGAR O NO JUZGAR

12 de marzo de 2015

¿Quién soy yo para juzgar?

Es innegable que esta tontería ya cansa. Se dice que sólo Dios puede juzgar el alma humana. Pero es pura patraña el pensar que no podemos ni debemos juzgar la conducta humana. El hacernos creer en la  renuencia de juzgar la conducta moral es la consecuencia inevitable del relativismo y subjetivismo moral en el que ha erosionado la confianza en la capacidad para determinar la verdad moral objetiva sobre la que se basa el buen juicio.

DolanPara quien ejerce la autoridad, el juicio es un componente esencial. Si no se tiene el coraje de juzgar, entonces se debe evitar la posición de autoridad. No ser crítico es una maldición de nuestros tiempos. No juzgar es una negligencia en el cumplimiento del deber que afecta a gran parte de la jerarquía de la Iglesia. Se oscurece el mensaje de Nuestro Señor, se siembra la confusión entre los fieles y socaba los esfuerzos para la lucha diaria contra las perversiones.

La ausencia de juicio en la oscura sentencia “¿quién soy yo para juzgar?” -pregunta que involucra a la homosexualidad- fue pronunciada también por el cardenal Dolan en un lugar público. Dijo que la Biblia nos dice que no debemos juzgar a las personas, en respuesta a que la prensa le hizo en relación al anuncio que hizo el jugador de futbol Michael Sam de que era homosexual. A esto, el cardenal Dolan respondió: “Yo no tendría en ningún sentido algún juicio contra él. Que Dios lo bendiga ya. Miren la misma Biblia nos enseña sobre las virtudes de la castidad y la fidelidad en el matrimonio…. (?) por tanto no debemos juzgar a las personas, yo le diría ¡bravo!”

¿Entonces? … ¿la Biblia nos dice que no debemos juzgar a la gente?

Considere lo siguiente.

Así dice el Señor :

A ti, también, hijo de hombre, te he hecho yo centinela de la casa de Israel. Cuando oigas una palabra de mi boca, les advertirás de mi parte.
Si yo digo al malvado: «Malvado, vas a morir sin remedio», y tú no le hablas para advertir al malvado que deje su conducta, él, el malvado, morirá por su culpa, pero de su sangre yo te pediré cuentas a ti.
Si por el contrario adviertes al malvado que se convierta de su conducta, y él no se convierte, morirá él debido a su culpa, mientras que tú habrás salvado tu vida.

Ezequiel 33: 7-9

Ni Pedro ni Pablo eran aprensivos acerca de juzgar y corregir a los demás. Pedro dijo a Simón el mago:

Que tu plata perezca contigo, porque pensaste que podías obtener el don de Dios con dinero. No tienes parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Por tanto, arrepiéntete de esta tu maldad, y ruega al Señor que si es posible se te perdone el intento de tu corazón. Porque veo que estás en hiel de amargura y en cadena de iniquidad.

Hechos 8:20-23

Queda claro que la Biblia fomenta a menudo juzgar la conducta de los demás. Pero aquellos que desprecian el juicio a menudo citan a Mateo 7: 1,2 “No juzguéis para que no seáis juzgados, porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados y con la medida con que medís, vos serás medido”

Esto no es un requerimiento judicial contra el juzgar, sino una advertencia de que las resoluciones deben dictarse con un buen corazón libre de hipocresía, de arrogancia de mezquindad u odio. Así el propósito principal de un juicio es para ayudar a mi hermano y evitar acciones que debiliten su entendimiento. Así el quitar la viga de mi propio ojo será el primer propósito. Algunos citan el incidente de la mujer sorprendida en adulterio y llevada a Jesús porque lo manifiestan como prueba de que no debemos juzgar a los demás. Nada más lejos de la verdad. El incidente manifiesta la misericordia y a la vez la repugnancia a la hipocresía por parte de Dios, pero Él al juzgar su comportamiento demuestra lo anterior tal como lo manifiesta en su admonición: “Vete y no peques más”.

Con el tiempo hemos honrado a aquellos santos hombre y mujeres que a lo largo de los siglos, han tenido el coraje de juzgar la conducta pecaminosa de los demás y manifestarse públicamente en contra de ella. A pesar del costo, Sir Tomas Moro amonestó al rey Enrique VIII al declarase jefe supremo de la iglesia de Inglaterra, negar la autoridad papal y lo más grave, advertirle que sería bígamo al casarse con Ana Bolena. ¿No hizo lo mismo Juan el Bautista cuando acusó públicamente a Herodes de adulterio porque tomó a Herodías por esposa a pesar de estar ella casada con su hermano Felipe?

La calidad para juzgar un hecho determinado depende por lo general  de la información que se tenga a disposición y lo imparcial que se sea en el juicio. Una sentencia puede ser positiva, negativa o neutral. Pero una vez dictada podemos hablar o no decir nada sobre el asunto. Podemos decir privadamente, amonestar o elogiar, o podríamos hacerlo en público y manifestar lo que la posición católica dice al respecto al hacer hincapié de que “amamos al pecador pero odiamos el pecado”.

¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os engañéis: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. 

1 Corintios 6:9-10.

El cardenal Dolan desperdició una oportunidad para instruir no sólo al pecador, sino también a los confundidos e ignorantes sobre lo que enseña la Iglesia Católica. ¿Cómo puede el cardenal Dolan añadir “bravo” a final de su respuesta? Este pobre homosexual debe elegir entre una vida de abnegación célibe o correr el riesgo de la condenación eterna por caer en pecado mortal.

La mayoría de los sacerdotes, obispos, cardenales y papas son hombres dedicados al servicio de Dios. Pero ellos pueden estar sujetos al error, los prejuicios y la vanidad. La adulación también es un peligro siempre presente.

El principio de Peter afirma que las personas que realizan bien su trabajo son promocionadas a puestos de mayor responsabilidad, tal que cuando no pueden formular ni siquiera los objetivos de un trabajo, alcanzan su máximo nivel de incompetencia. Aplica claramente en ocasiones a los miembros de la jerarquía eclesiástica. En los últimos años, hemos visto que el buen juicio es afectado en demasía por la cobardía que se hace pasar por prudencia y por capitulación ante el espíritu de la época que se camufla como preocupación pastoral.

En el mundo moderno, la comunicación instantánea generalizada en diferentes tipos de medios expone sin piedad las deficiencias que se pueden producir en las conversaciones y actos públicos. (Véase el caso de Francisco).

Personas tan locuaces como el cardenal Dolan son especialmente vulnerables. El aparentar transparencia y sinceridad confunden como características de una verdadera locución, sin embargo la jerarquía conciliar debe pensar lo que dice, porque con sus dichos y permisividad confunden a la grey sobre lo que en verdad dice el Catecismo de la Iglesia Católica, y no hacerle el juego al demonio al permitir que el espíritu del liberalismo religioso se propague.

Recordemos el consejo de Pablo a Timoteo:

No tengas nada que ver con discusiones necias y sin sentido, pues ya sabes que terminan en pleitos. Y un siervo del Señor no debe andar peleando; más bien, debe ser amable con todos, capaz de enseñar y no propenso a irritarse.  Así, humildemente, debe corregir a los adversarios, con la esperanza de que Dios les conceda el arrepentimiento para conocer la verdad, de modo que se despierten y escapen de la trampa en que el diablo los tiene cautivos, sumisos a su voluntad.

2 Timoteo 2: 23-26

adornos6

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