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MISA CRIOLLA EN EL VATICANO

13 de diciembre de 2014

gloria-vaticano

Está ha sido la noticia de los últimos días, materializada ayer en la Basílica de San Pedro (O tempora!), para celebrar la fiesta de la Virgen de Guadalupe, tan querida por todo el catolicismo sudamericano -Hispanoamericano-, aunque para los dependientes del lenguaje liberacionista siempre sea Latinoamericano. Ya se sabe que eso de que España fue evangelizadora es un camelo: no tuvo tiempo de transmitir el Evangelio, según ellos, porque solamente se dedicó a los genocidios y exterminios de indígenas privándoles de su libertad religiosa, que les llevaba a sacrificar miles de personas a los hambrientos dioses. Como diría el inefable Padre Cantalamessa, era el mismo Dios que todos tenemos, pero desde un punto de vista subjetivo.

“tenemos, subjetivamente, ideas distintas sobre Dios” pero “objetivamente, sabemos bien que Dios no puede haber más que uno”

¡Vaya cerebro el de este predicador de la Cosa Pontificia! Claro que está el mercado con los precios tan bajos…

Bueno, a lo que iba. Que mi pobre senectud me hace cambiar de tema. El caso es que la Misa Criolla por fin se ha celebrado en el Vaticano. Algunos periódicos digitales dicen que se le veía al Papa emocionado (no es para menos), celebrando esta liturgia tan indigenista, tan anti-romana y tan anti-liturgia, añado yo. Efectivamente, hubiera sido impensable hace unos años (pongamos 55, por decir una fecha). A partir de entonces se fueron prodigando poco a poco, pasito a pasito, las celebraciones litúrgicas culturales. Porque la cultura es lo fundamental en la transmisión de la fe. Ya hace muchos siglos que alguien pensó que, para predicar el Evangelio a la cultura gitana, había que adaptarse a ellos y quitaron el séptimo mandamiento, y también el octavo. Dicen que esto habría que hacer con todas las culturas. Fueron precisamente los jesuítas los que se vistieron de mandarines para evangelizar China, y Roma les pegó un buen palo. Claro, la Roma de entonces.

La Misa Criolla, será una genialidad de mezcla cultural y adoración mística; no sé lo que su autor pensaría o creería, porque no lo conozco y no tengo tiempo de ahondar en su biografía. Lo que sí sé con toda certeza, es que en los años finales de los sesenta del pasado siglo, se constituyó en paradigma de una lucha contra el imperialismo, con marcados aires indigenistas-marxistas (que fueron quienes manejaron con verdadera maestría la des-evangelización de América) y que se presentaba como lucha en el más puro estilo de la Teología de la Liberación. Cómo sería, que incluso en España en los años finales de la vida de Franco, aparecía automáticamente en toda parroquia que se preciara de ser antifranquista y reivindicadora de justicia social. Así que los intérpretes era bien conocidos por su comunismo militante.

Ahora me explico yo, por qué el Papa se emocionaba. Y claro, con el público asistente, no tuvo más remdio que rematar la jugada con algun que otra frasecita que reivindicara aquellos tiempos antiguos de los progresaurios, como esta perla:

El “Magnificat” así nos introduce en las “bienaventuranzas”, síntesis y ley primordial del mensaje evangélico. A su luz, hoy nos sentimos movidos a pedir una gracia, la gracia tan cristiana: que el futuro de América Latina sea forjado por los pobres y los que sufren, por los humildes, por los que tienen hambre y sed de justicia, por los compasivos, por los de corazón limpio, por los que trabajan por la paz, por los perseguidos a causa del nombre de Cristo, “porque de ellos es el Reino de los cielos”.

Sea la gracia de ser forjados por ellos, a los cuales hoy día el sistema idolátrico de la cultura del descarte los relega a la categoría de esclavos, de objetos de aprovechamiento o simplemente a desperdicio.

He de reconocer que esto de la cultura del descarte, me recuerda al julepe que jugaba mi abuelo. Yo no entendía nada, pero de vez en cuando le oía decir: ¡Me descarto! y pegaba un palo encima de la mesa y dejaba tres o cuatro cartas. Se ha puesto de moda la teología del descarte, que supongo debe ser por lo tanto una variedad de la Teología del Julepe o del Póker.

Bueno, ahora estoy esperando el momento en que la Basílica de San Pedro se engalane para decir la Misa Tradicional. Hasta ahora, dicen que se ha celebrado varias veces (pocas), pero en las capillitas más recónditas y sin tanta parafernalia como ayer. A lo mejor el Santo Padre la celebra un día de éstos. Al fin y al cabo, esta Misa tiene más años que la Criolla. Y supongo que abajo en la cripta, los huesos de San Pedro (que habrán saltado de extrañeza con la Misa Criolla), se regocijarían bastante al escuchar la Misa de siempre, el Canon Romano y esas cosas sin importancia. Yo creo que en la cripta, ayer, el único que se regocijó fue la osamenta de Juan Pablo II, que era un enamorado de estas cosas, y las introdujo en el Vaticano llevado de la mano por su queridísimo maestro de ceremonias batusi, Piero Marini.

Así que voy a estar a la espera del inminente anuncio de Lombardi: El Papa celebrará la Misa Tradiconal, en cuanto aprenda un poco de latín. O sea, enseguida. Y si no, que diga Misa Tradicional en italiano. Para el caso, es lo mismo.

FRAY GERUNDIO DE TORMES

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