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FARISEOS DE AYER Y HOY

2 de noviembre de 2014

fariseo-publicanoTodos conocemos la parábola del fariseo y del publicano, la cual conserva una tremenda actualidad.

Los fariseos de ayer, aquellos del tiempo de Jesús, se distinguían de entre los demás hombres vanagloriándose de estar a a la vanguardia en la observación escrupulosa de la Ley. Llegaron a desmenuzar las Sagradas Escrituras a tal punto que en ellas determinaron 613 preceptos los cuales comprendían 248 órdenes y 365 prohibiciones.

El amor de Dios, la salvación del alma, quedaba reducido para ellos a un revestirse de gestos y palabras, lo que era necesario decir, lo que no había que hacer o que no había que decir.

O sea: 248 + 365 = 613 ¡y tú entras en el Paraíso!

Esa es la religión del Código, de la letra que debe ser aplicada, es el Judaísmo en el cual no halla cabida el amor de Dios, que impulsa a obedecer los mandamientos. Es la religión de la letra que mata el espíritu. El orgullo es el sello distintivo del fariseo y su religión, por eso desprecia a quienes no obran como él o no conocen la Ley tan bien como él. Fue así que los fariseos comenzaron por dar muerte a los mejores servidores de Dios, los profetas y terminaron promoviendo la muerte de Cristo, el Hijo de Dios. El homicidio desembocó en el deicidio. Ese fue el fariseísmo de ayer.

En el de hoy el planteamiento es a la inversa. vemos que se jactan por ejemplo , de no dar importancia al ayuno, más si, a saber todo sobre el Ramadán, aunque en realidad nada de cuaresma. El nuevo fariseísmo, diríamos el fariseísmo nueva ola, -de acuerdo al Vaticano II- llega a sentirse satisfecho de no estar ya atado tan estrictamente a los preceptos de la Iglesia y hasta ironizar sobre los sacramentos de la Santa Iglesia; aún más, encontrar la ley moral indigna de nuestra dignidad humana y hasta contraria a los sagrados derechos del hombre.

El fariseo de hoy en su “diálogo fraternal con Cristo” exclama:

«¡Oh Señor!, yo te doy gracias de no ser tan católico al modo de un párroco de otras épocas o como lo eran mi padre y mi madre.

¡Oh Señor!, yo te doy gracias por haberme desembarazado de la limosna arcaica y paternalista. Te agradezco por haber encontrado una fe adulta y responsable, sin aquellas prácticas morales de antaño. Te doy gracias por ser un cristiano evolucionado, un cristiano de mi tiempo que no cree más en eso  del pecado original, los pecados capitales, el pecado mortal y aún venial y en fin, digamos simplemente, el pecado.

Gracias Dios mío porque he llegado a ser un cristiano “bien desenvuelto y de buen gusto”, un creyente libre de sujeción, no practicante, es cierto, pero mejor que aquellos que van a las iglesias».

Tal es el fariseísmo actual, falsamente tolerante, más bien digamos que es intolerante. Tolera los gestos, aunque con una irónica sonrisa de indulgencia cuando ve a sus hermanos persignarse, arrodillarse, participar en procesiones o peregrinaciones, defender su fe, sus escuelas, etc.; pero no tolera ni sus ideas ni su fe, considerándolas como extrañas a las creencias que él se ha fabricado. Ha establecido sus dogmas y su iglesia. La fe de la Iglesia es para él lo que llama integrismo, cubierto de polvo, lo medieval, lo pasado, lo antiguo, que ya no va. El es un evolucionado, es adulto en su fe.

El fariseo de ayer, matando los profetas, luego a Cristo, comenzó por homicidio y terminó en el deicidio. El fariseo de hoy comienza por el deicidio. Da muerte a Dios en el alma de aquellos a quienes trata o sobre quienes tiene influencia como maestro espiritual; pretendiéndose sin pecado, se aplica a liberar del sentimiento de culpa a sus hermanos y a hacerlos evolucionar. De ahí que sea innecesario ya hablar de pecado o de salvación eterna o de Cristo que la da; y entonces para qué los Sacramentos y que necesidad de la Iglesia para distribuirlos. ¡Que siga la fiesta!, es la Satisfacción continua, que vela las conciencias para mejor sofocarlas.

Existen muchas especies de fariseos; como dijo Nuestro Señor no juzguemos pero desenmascarémoslos, enseñémosles, traigámoslos nuevamente a su lugar. No temamos ni a su lengua, ni a su fortuna, ni a su orgullo, porque Dios mismo resiste a los orgullosos; y sobre todo, roguemos a Dios que nos libre de llegar alguna vez a esa tristísima situación.

R.P. Xavier Beauvais FSSPX

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3 comentarios leave one →
  1. Elsa Zardini permalink
    3 de noviembre de 2014 6:11 AM

    Claro. ¿De qué año es esto?

    • 3 de noviembre de 2014 7:41 AM

      Mas actual que nunca.

      • Elsa Zardini permalink
        4 de noviembre de 2014 6:17 AM

        Muy buena respuesta!

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