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NIEBLA DE INVIERNO

16 de mayo de 2014

gral-andres-salazar

LA PRIMERA SOSPECHA

Era el día 17 de ese mismo mes de enero. Miguel Anguiano Márquez vino de los campamentos del Volcán. Vino contento y trajo carta del Gral. Michel para el Padre don Enrique de Jesús Ochoa en donde le invitaba con instancia para que volviese de nuevo a los campamentos cristeros y fuese, como en tiempos de su hermano el Gral. Dionisio Eduardo Ochoa, el capellán de las tropas libertadoras. La carta estaba redactada con atención y cariño.

Mas en ese mismo día llegaban de Guadalajara Angelita Gutiérrez, la nueva jefe del grupo de señoritas de las brigadas femeninas que operaban en aquella ciudad en favor del movimiento de Colima y otras compañeras.

Ya hacía algunas semanas que ellas habían expuesto un problema serio para que aquí en Colima, de donde ellas dependían, lo resolvieran. Era éste:

Las muchachas de las brigadas de Jalisco -decían- se han dividido en dos bandos: unas de parte del delegado del comité especial de la Liga en México y otras en favor de los jefes de Guadalajara. ¿A cuáles obedecemos? Unas y otras alegan sus razones.
– No podemos saber desde aquí -se les había dicho- quiénes tienen la razón. Ustedes trabajen y digan allá que tienen órdenes de Colima de sólo obedecer a la jefatura cristera de aquí. Cuando las cosas estén dilucidadas, ustedes obedezcan a quien tenga legítimamente el mando. Entretanto, no formen parte, ni de un bando ni de otro.

Mas ahora la noticia era otra:

El joven -Antonio Ruiz y Rueda- que fungía como delegado del comité especial de la Liga Nacional de la Libertad Religiosa, había sido obligado a renunciar y regresarse a México.

Y aun daban detalles de cómo se le había hecho firmar su renuncia.

Y durante la noche, en el silencio, dando vuelta a aquellos asuntos, se creyó dar, como en realidad lo era, con el fondo de! problema. Más tarde, los acontecimientos comprobaron que se había acertado.

Es que, conforme se habló ya en el segundo capítulo del Libro segundo, Dios lo quiere, bajo el subtítulo Listos como balas, no únicamente existía la Liga Defensora de la Libertad Religiosa que en todo el territorio nacional organizaba y dirigía e! complicadísimo movimiento de la defensa, sino que, principalmente en e! occidente, sobre todo en Michoacán y Jalisco, con algunas ramificaciones en Colima, existía una organización secreta conocida con el nombre de la U que al terminar e! movimiento desapareció, porque la misma Santa Sede ordenó su supresión.

Ambos organismos se completaban, cuando una y otra jefatura -la de la Liga y la de la U- eran llevadas por una misma persona o comité; pero cuando no, se producían fricciones y resquebrajaduras que todo el movimiento resentía y que los mismos luchadores lamentaban sin saberse explicar e! porqué de los hechos.

¿Cómo dilucidar el asunto?

Si realmente había habido cisma en Jalisco, entonces la nueva Jefatura del control militar era espuria e ilegítima. Y si ésta, hecho el cisma, fue la que envió a Colima a los generales Degollado y Michel, entonces la jefatura militar de ellos era también ilegítima y no se les podía secundar.

Si acaso no fuese así, entonces, por el contrario, habría legitimidad en el nuevo gobierno de la jefatura cristera de Colima a cargo de los Grales. Degollado y Michel y habría que secundarlos y obedecerlos. Era cuestión de principios, no de personalismos. Y, para dilucidar el asunto, era necesario ir hasta MéxicQ para ver a los jefes nacionales de la Liga. Sólo ellos, en cuyas manos estaba el supremo mando del movimiento bélico cristero, podrían decir qué era lo que tenía que hacerse.

EL RECURSO A MEXICO

Y fue don Virginio García Cisneros -el jefe civil en Colima del movimiento libertador- el que se lanzó a la aventura de ir a la ciudad de México y buscar a los jefes nacionales de la Liga, para que ellos resolviesen el problema de Colima. La tarea era casi imposible.

Y al día siguiente, 19 de enero, en nombre de Dios, marchó el enviado. Se valdría de las muchachas nuestras de las brigadas de Guadalajara y ellas lo conectarían con la Srita. Celia Gómez, la jefe nacional de las brigadas femeninas, que residía en la capital de la República y que estaba en comunicación con los jefes nacionales. Llevaba el Sr. García Cisneros su nombramiento de jefe civil con la firma de Dionisio Eduardo Ochoa y una carta del Padre capellán Ochoa, en que hacía una exposición del problema y expresaba sus sospechas. No se pedía, como afirman las Memorias del Gral. Degollado, y como más tarde copió de allí Antonio Rius Facius, en su por otra parte magnífico libro México Cristero, que la Liga confirmase el nombramiento del Gral. Miguel Anguiano Márquez como jefe de operaciones militares cristeras de Colima. Se pedían instrucciones solamente. El problema era por los principios, no por las personas; por los principios cristianos que se habían jurado, de reconocer y obedecer a las autoridades legítimas.

EL DESPACHO DEL COMITÉ ESPECIAL

Y el jefe civil del movimiento cristero de Colima que había sido enviado a México, logró por fib entrevistarse cop los jefes del comité especial de la Liga. En contestación, le fue entregado el siguiente despacho para que lo trajese a Colima:

L. N. D. L. R.
Comité Ejecutivo:

Teniendo en cuenta este Comité las dotes de Ud., así como su amor a la causa de la libertad por la que luchamos, ha tenido á bien nombrarlo Jefe Accidental de Operaciones del Estado de Colima.

Se servirá Ud., al recibo de este nombramiento, enviarnos un estado de fuerzas, así como un parte de novedades.

Las comunicaciones de Ud., deben venir directamente a este centro, único del que recibirá y acatará órdenes.

Dios Nuestro Señor guarde a Ud. muchos años.

México, D. F., a 28 de enero de 1928.
J. Tello, F. A. Secretario (rúbrica).

Al C. Gral. Miguel Anguiano Márquez.
Colima.
De acuerdo:
El jefe del Comité Especial,
Santiago Guerrero. (Rúbrica)

EN EL CAMPAMENTO DEL GRAL. MICHEL

Volvamos a Colima en donde dejamos al Padre Ochoa el 17 Y 18 de enero, acompañado del general. Miguel Anguiano Márquez.

Ese mismo día -17- en que nacieron las primeras sospechas de lo que pasaba en el control militar de occidente, el Padre había recibido una comunicación, atenta y afectuosa, del Gral. Michel, rogánqole que de nuevo volviese a los campamentos del Volcán Y tomase a su cargo el ser capellán de los soldados libertadores, así como cuando vivía su hermano, el iniciador y primer jefe del movimiento cristero en Colima.

El Padre D. Enrique de Jesús Ochoa contestó al Gral. Michel con fecha del día siguiente 18 de enero, manifestándole su amor a la causa cristera y aun su sincero aprecio hacia él, pues de tiempo habían sido amigos; pero excusándose de no poder aceptar, por lo pronto, el irse con él a su campamento, porque; desgraciadamente, se tenían con respecto al Control Militar de Occidente no buenas noticias. Y el Padre le narraba lo que se sabía de cierto. Por tanto, si el control se había declarado en cisma, respecto a la jefatura suprema del movimiento libertador cristero que era la Liga, la autoridad del control era ilegítima desde ese momento, y si el nombramiento del Gral. Degollado y de él, provenían de ese control que no era autoridad legítima, no podían ser sino ilegítimos de la misma manera. Que él sentía mucho tener que manifestar esas cosas; pero que creía deber el manifestarlas. Que si no fuera por esas razones, inmediatamente emprendería el camino y con todo cariño se entregaría a su ministerio tan querido de capellán de la cruzada. Que ya se enviaba un propio a México para que entrevistase a los jefes supremos de la cruzada o sea a los señores de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa. Que si allá declaraban que la autoridad del Gral. Degollado y de él eran legítimas, respecto a la jefatura de Colima, inmediatamente estaría a sus órdenes; pero que si declaraban lo contrario, sintiéndolo mucho, él no podría estar con él de capellán, porque sería prestar respaldo moral a un gobierno que no era legítimo. Que esperaba la solución del centro. Que él tendría que respaldar y apoyar lo que la Liga Nacional dictaminase al efecto. (Del diario personal del P. Capellán escrito en aquellos días).

Y el día 26, de nuevo el Padre recibe carta del Gral. Michel en donde reiteraba su invitación y expresaba sus deseos de que desde luego volviese él a sus campamentos del Volcán y reanudase su ministerio sacerdotal en favor de aquellos soldados que extrañaban su ausencia. Protestaba no tener él culpa ninguna en el lío y que, si acaso como se temía, resultaba que eran ciertas las sospechas del cisma del control de occidente, él, inmediatamente que viniese la contestación de México, saldría del Estado y zona de los cristeros colimenses. (Tomado del diario del P. Ochoa escrito en aquellos días).

El Padre Ochoa, de buena fe, aceptó la proposición del Gral. Michel y confiando en lo que él aseguraba y prometía, acompañado del Gral. Anguiano y de José Verduzco Bejarano, llegó a la Mesa de la Yerbabuena en la mañana del día 1° de febrero.

LA REALIDAD

Estando ya allí en el campamento de la Mesa de la Yerbabuena, el lunes 6, por la tarde, se recibió. el despacho del comité especial de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa que en páginas anteriores hemos reproducido.

El Gral. Michel, aunque contrariado, prometió escribir al Gral. Degollado, su jefe inmediato, comunicando lo del despacho de la Liga y pidiendo instrucciones. El Gral. Anguiano, para que todo quedase arreglado debidamente,. prometió esperar pacientemente hasta que el general don Jesús Degollado contestara. El Padre capellán, ya temiendo que en la dilación pódrían surgir dificultades internas, exhortó a ambos que se guardase completa reserva del problema, hasta que la contestación del Gral. Degollado llegara; pero, contra sus exhortaciones, no hubo discreción y ya en ese día principió a haber un poco de efervescencia en la gente más allegada al Gral. Michel y al Coronel Salazar. Las relaciones principiaban a ser ya no cordiales como antes y esto iba a seguir, desgraciadamente, su línea ascendente; pues ambos bandos principiaban a ver el problema desde ángulo distinto:

El Gral. Manuel C. Michel y los señores del Control Militar de Occidente verían el modo de sostener su autoridad, en contra de las disposiciones de la jefatura nacional que era la Liga. Para ellos la organización secreta denominada U debía prevalecer y no era tan fácil obrar en contra, porque, como en toda organización secreta, había sus consignas que tenían que atenderse. Y los señores del control, y el Gral. Degollado, y el Gral. Michel eran de la U. En cambio, el Gral. Miguel Anguiano Márquez y los de Colima, y con ellos su Padre capellán, que no eran de la U, sostenían que la jefatura suprema del movimiento era la Liga y que el Control de Occidente mientras estuviese en cisma con la Liga, no era autoridad legítima; que se tenía juramento de estar con los legítimos superiores y que no podía apoyarse ese cisma. En realidad, así era.

Conforme a lo hablado, el Gral. Manuel C. Michel escribió desde su cuartel de la Mesa de la Yerbabuena con fecha del 9 de febrero, al Gral. Jesús Degollado, adjuntándole copia del despacho de la Liga en favor del general Anguiano Márquez.

LA CARTA DEL GRAL. MICHEL

La carta la llevó un antiguo mozo suyo llamado Ubaldo, que le seguía sirviendo muy fielmente en el movimiento cristero.

Esta carta no la conocieron entonces, ni el Gral. Anguiano, ni ninguno de los de su escolta, ni el mismo Padre capellán. Ellos supieron solamente que se comunicaban las novedades, que se pedían instrucciones; ni por asomo creyeron en doblez alguna. Entre otras cosas, la carta, textualmente, se expresaba así:

Sr. General Jesús Degollado, J. O. M. Sur de Jalisco y Colima.
Donde se encuentre.

A fin de que dentro del más breve tiempo posible se despeje mi actual incertidumbre en virtud del desconocimiento que hace la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa de lo que el control de occidente confió a Ud., hacer en este Estado de Colima, haciendo los nombramientos que hizo … le envío esta nueva correspondencia y copia con el portador que lleva instrucciones de buscarlo hasta donde se encuentre y esperar las órdenes de Ud., aún en el caso de que necesite antes consultarlo a Guadalajara. Ubaldo esperará el tiempo que Ud. ordene y que traiga sus órdenes de Ud. Entretanto yo no hago entrega de los elementos, antes por el contrario, procuro controlar los grupos que no estuvieron presentes. El coronel Salazar me recomienda saludarlo y decirle que, de no quedar las cosas como están, él se separará de esta zona; que él no quiere trabajar a las órdenes de Anguiano. Sabe que lo estima su H. y Atto. S. S., el Gral. Michel.

(Archivos de la L. N. D. L. R.)

OTRA CARTA

El mismo día que el Gral. Manuel C. Michel se dirigía al Gral. Degollado -su jefe inmediato- escribía él mismo al Control Militar de Occidente y a otro amigo suyo que formaba parte en Guadalajara del mismo Control, el cual también era de la U:

Por la copia que te acompaño verás que lo ordenado por el Control de Occidente no lo reconoce la Liga, lo que, según otra copia inclusa, ya lo he puesto en conocimiento del Gral. Degollado … Formalmente te autorizo para que presentes la correspondencia alusiva y me representes como si tú fueras el del pie roto, aunque cojees un poco, para que las cosas queden en su lugar … En caso de que tenga que hacer entrega, desearía que me despacharan lejos, donde pueda respirar mejor ambiente de compañerismo.

(Archivos citados).

EL LIO

Generalmente, para los que pertenecían a la U, primero y ante todo estaba la fidelidad a ella, y de la U eran ya, por esos días, los miembros del Control Militar de Occidente y casi todos los jefes militares de Jalisco. Se obedecía, generalmente, de una manera ciega. Consignas eran consignas que debían ejecutarse.

Y era que esa organización secreta tenía mucho que cautivaba, que seducía, que enamoraba a gran multitud de católicos fervientes, no obstante los inmensos inconvenientes que como organización secreta tenía. Pero esos inconvenientes no era fácil verlos a primera vista. De aquí que, aun varones muy distinguidos y egregios pertenecieron a ella. La red de esa U estaba bien tejida. Además, ellos nunca advirtieron que la Santa sede, de muy largo tiempo atrás, había expresado su condenación a las sociedades secretas.

LAS SOCIEDADES SECRETAS

Ya, desde el 1751, la Santa Sede había reprobado toda clase de sociedades secretas. El Papa Benedicto XIV, en ese año, en su Constitución Apostólica, reprobaba toda clase de sociedades secretas. Entre las razones que aduce están las siguientes:

El secreto riguroso e impenetrable con que se oculta todo lo que se hace en estas asambleas, de modo que se les puede aplicar bien la palabra de Cecilio Natal referida por Minucio Félix: Las cosas buenas aman siempre la publicidad, los crímenes se cubren con el secreto. La tercera es el juramento que hacen los miembros de estas sociedades de guardar inviolablemente ese secreto.

Y lo mismo que la Santidad del Papa Benedicto XIV había expresado en su Constitución Apostólica de 1751 contra las sociedades secretas, lo continuaron diciendo en diversos tonos y de diversas maneras los Sumos Pontífices que le siguieron. De manera muy destacada e! Papa Pío IX, en su Alocución Consistorial del 25 de septiembre de 1865:

¿Qué significan esos conventículos tan secretos, y ese juramento tan riguroso que se exige de los iniciados, de no descubrir nada de todo lo que concierne a esas sociedades?

Y no trataba el Papa Pío IX únicamente de la francmasonería, trataba de toda clase de agrupaciones secretas, y así, con su autoridad, la Sagrada Penitenciaría declaró:

Las asociaciones que profesan no tramar nada contra la Religión o el Estado y que, sin embargo, forman una sociedad oculta, confirmada con juramento, están condenadas en esas Bulas.

León XIII, más tarde, recordó las condenaciones anteriores.

De acuerdo con esta doctrina, el Santo Oficio promulgó un decreto el 18 de mayo de 1884, en el que se recordó a los católicos

que deben abstenerse no solamente de las sectas masónicas, sino también de todas las que exigen de sus adeptos un secreto que a nadie pueden revelar o una obediencia absoluta a jefes ocultos.

De esta suerte, son ya varias las sociedades secretas, aun organizadas con buenos y nobles fines e integradas por católicos, que la Santa Sede ha condenado explícitamente.

LOS EXGMOS. SEÑORES OBISPOS Y LA U

Mons. Leopoldo Lara y Torres, Obispo de Tacámbaro, escribía el 15 de mayo de 1928, en documento dirigido al primer vicepresidente de la Liga, Lic. D. Miguel Palomar y Vizcarra:

Mons. Caruana (el Excmo. Sr. Delegado Apostólico. para México) nos declaró oficialmente (a los Prelados de la Jerarquía Católica de México) que la Santa Sede, visto el pro y el contra, no aprobaba la institución de que Ud. me habla (la U). Por lo que, en mi concepto, prudentemente debe procederse a disolverla.

(Archivos de la L. N. D. L. R.)

Y le sugería que acudiese, al efecto, al Excmo. Sr. Don Miguel de la Mora, Presidente del Comité Episcopal residente en México.

Por su parte, el Excmo. Sr. Arzobispo de Guadalajara, Mons. don Francisco Orozco y Jiménez, el 6 de diciembre del mismo año 1928, escribía lo siguiente al mismo Lic. D. Miguel Palomar y Vizcarra, primer vicepresidente de la Liga:

En debida contestación le expreso lo siguiente:

I. Ya comunico a la dirección de la U en el E (stado), que deje todas sus actividades, como no aceptadas por la A (utoridad) E (clesiástica) en los actuales momentos; pero que lo haga prudentemente a fin de evitar divisiones.

II. Hago formal declaratoria de la ilicitud de juramentos o promesas incondicionales, mientras éstas estén bajo el control de sociedades secretas y de esta declaratoria le mando una copia.

Y la copia decía:

No les es lícito a los católicos de mi Diócesis obligarse bajo juramento de ninguna clase, ni promesas incondicionales de sujeción a jefes secretos: Aclarando que la mente de esta declaración no es prohibir la obediencia a asociaciones o instituciones de carácter público, siempre que lo que manden esté de acuerdo con los principios cristianos y las leyes de la moral.

Más tarde la misma Santa Sede intervino directamente con relación al caso específico de la U (Unión de Católicos Mexicanos), ordenando su supresión. De esta suerte el mismo Gral. Degollado, al narrar cómo ingresó a la U, en el principio de sus Memorias dice:

Como al hacer públicas estas cosas pudiera aparecer perjuro, hago constar que en el año de 1929, no sé por qué causa, Su Santidad condenó la agrupación, y el Excmo. Señor Dr. Don Francisco Orozco y Jiménez, Arzobispo de Guadalajara, comunicó las órdenes del Santo Padre y nos relevó de los compromisos contraídos.

EL GENERAL DEGOLLADO SE ENTERA

Volviendo de nuevo a las montañas del sur de Jalisco y Colima: Ubaldo -el enviado del Gral. Manuel C. Michel- buscó hasta que encontró, según las instrucciones que tenía, al general cristero jefe de operaciones militares en el sur de Jalisco y Colima don Jesús Degollado.

Grande fue la sorpresa que el Gral. Degollado se llevó con las noticias que de Colima le llegaban; pero no obstante su amor tan grande a la U, propiamente no perdió los estribos. Vio que había sido un grande error el que el Control Militar de Occidente había cometido al distanciarse del comité especial de la Liga en donde residía el mando supremo del movimiento insurgente cristero y, desde su campamento, escribió un amplio oficio exigiendo que se unificara el mando, porque en ese cisma no era posible continuar. El Gral. Degollado era enérgico y contundente:

Ejército Nacional Libertador.
Cuartel General de la Jefatura de Operaciones Militares.
Viva Cristo Rey.
C. Jefe del Control Militar de Occidente.
Guadalajara, Jal.

Muy estimado jefe:

Con motivo del nombramiento de la Liga Defensora de la Libertad Religiosa, en favor del Sr. General Miguel Anguiano Márquez, como jefe de operaciones en el Estado de Calima, han surgido serias dificultades. Como es natural, no puede haber dos jefes de operaciones … Para ilustrar más a Ud. en el asunto, le manifiesto que ayer llegó a este campamento un enviado del general Michel, que dice en su comunicación que el coronel Salazar dice que, si no quedan las cosas como estaban, él se viene a Jalisco con toda su gente; resultando con esto que los de Calima no creo que se conformen. En estás condiciones no puedo seguir trabajando, y para seguir deseo lo siguiente: Que se unifique ese control a su digno cargo, con el comité de la Liga de México. Que manden órdenes escritas, tanto de ese control, como del comité, de quién queda como jefe de operaciones. Si el nombramiento viene a mi favor como jefe del sur de Jalisco y Colima, firmado por el control y el comité, yo cumpliré con lo que ordenen: pero creo que Anguiano y su compañero el Sr. Ochoa no estén conformes y no sé por qué, pues ni siquiera tengo el gusto de conocerlos. Si como ya he dicho no vienen esas órdenes firmadas por el control y el comité, yo me separo desde luego y escribiré y haré público por qué me separo, para que mañana se sepa la causa y no puedan juzgarme mal católico. Esperaré 8 días en este campamento que conoce mi representante, y si pasado ese tiempo no hay arreglo u órdenes, haré entrega de los elementos a quienes Uds. ordenen.

Protesto a Ud. mi subordinación y respeto.

Dios y mi Derecho.
Campamento, 17 de febrero de 1928.
El Gral. J. O. del sur de Jalisco y Colima.
J. Degollado (Rúbrica).

EL CONTROL MILITAR.

Ante la tajante actitud del general Jesús Degollado, el Control Militar de Occidente se vio precisado a ceder, no sin poner su grito en el cielo, presentándose como atropellado en su autoridad por el Comité Especial de Guerra de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa.

El Presidente de la Liga, licenciado Ceniceros y Villarreal, dio la respuesta lapidaria:

No pueden quejarse del asunto de Colima, porque, ¿quién les dio facultades para nombrar al sucesor de Ochoa? Y si en vista de necesidades urgentísimas lo hicieron, ¿por qué no avisaron oportunamente para que surgiera el empate?

CONTESTA EL GENERAL DEGOLLADO

Cuando el viernes 17 de febrero el general Jesús Degollado escribía su tajante carta al Control Militar, poniéndolo en la disyuntiva, o de ponerse de acuerdo y unificarse con la Suprema Jefatura que era la Liga, o de aceptar la separación inmediata de él de las filas del Ejército Libertador, haciendo pública la razón que le asistía para que no se le juzgase desleal, contestó también en ese mismo día, al general Manuel C. Michel comunicando que ya había escrito a Guadalajara, al Control Militar de Occidente, que en cuanto recibiera contestación, él vendría personalmente a Colima.

El domingo 19, trayendo esta contestación, llegó de regreso, a los campamentos de Colima, Ubaldo, el enviado del general Michel. Había cumplido bien su comisión. La carta fue leída con avidez; pero tanto para el general Michel, como para los muchachos de Colima continuaba la incógnita sin resolverse.

LA VIDA RELIGIOSA EN EL CAMPO

Entre tanto, llegó la cuaresma. El día 22 de febrero fue miércoles de ceniza. Hubo la ceremonia de la bendición e imposición de las cenizas.

No por todas aquellas dificultades había disminuido el fervor de aquel pueblo cristero. En la parte alta de la Mesa, bajo los fresnos y encinos del lugar, los soldados libertadores habían hecho una más amplia capilla, de varas y zacate, que se estrenó y bendijo el día 5 de ese mes de febrero, fiesta de San Felipe de Jesús.

De esta suerte el Padre Capellán Ochoa estableció entonces en ese campamento su residencia habitual y pudo hacer el bien, no solamente a los cristeros, sino a todos los fieles, porque normalizadas así las cosas y no habiendo más sacerdote en cincuenta kilómetros a la redonda, el campamento de la Mesa de Yerbabuena fue el objeto de nutridas y cotidianas peregrinaciones. Hubo meses en que se distribuyeron más de quinientas comuniones por semana, pues afluían los fieles deseosos de recibir los Sacramentos, no sólo de los lugares circunvecinos, sino que, desafiando mil peligros de muerte, atravesando barrancos y montes para no ser sorprendidos por el enemigo, llegaban desde Comala y aun de Villa de Alvarez, población contigua a la ciudad de Colima.

Todos los días se oía la Santa Misa y, por la tarde, soldados, mujeres y niños (en aquellos días de relativa tranquilidad se habían refugiado en el campamento algunas de las familias de los libertadores), recitaban devotamente el Santo Rosario y cantaban alabanzas piadosas en el pequeño cementerio, en donde estaban los restos de Dionisio Eduardo Ochoa y compañeros.

En los viernes de Cuaresma, se hacía el ejercicio del Vía Crucis a las 3 de la tarde: todos, mujeres, niños y hombres de tropa, con su Padre Capellán señor Ochoa, caminaban descalzos, desde el paraje de Ramón Cruz, cubierto de encinos y llenos de grandes piedras, en la boca de la bajada hacia el plan de la Joya, un kilómetro atrás, hasta el pequeño cementerio del campamento, recitando una decena del Santo Rosario en cada estación y entonando himnos de penitencia en los intermedios.

Más todavía, multitud de aquellos libertadores, con sus esposas y sus hijos, ayunaban los miércoles y los viernes, no obstante lo mal alimentados y el que su vida era un ayuno constante. Aun los niños ayunaban. La abstinencia de carnes de los viernes se guardaba con religiosa exactitud, aunque casi no hubiese qué comer.

Los libertadores recibían por lo general, al menos una vez al mes, los Sacramentos y, antes de los combates, cuando no había tiempo para más, se les reunía y, después de una breve exhortación que dirigía el Sacerdote, en que se les excitaba al dolor y a la enmienda, se ponían aquellos luchadores de rodillas, hacían el acto de contrición y el Padre Capellán, con las manos extendidas, pronunciaba sobre ellos la fórmula de la absolución sacramental. ¡Aquellos cuadros eran cuadros divinos!

SE ESCRIBE AL CONTROL MILITAR

El jueves 23 de ese mes de febrero -ya en cuaresma-, en ellugar que al general Anguiano M. y compañero les servía de campamento, en la parte más alta de la Mesa de la Yerbabuena, bajo los encinos cercanos al borde, desde donde se ve todo el plan de la Joya y aun parte del valle de Colima, al lado de la nueva capilla que se había estrenado al principiar ese mes, estando reunidos el mismo general Miguel Anguiano Márquez, José Verduzco Bejarano, Marcos V. Torres y Jesús Peregrina, presente el mismo Padre Capellán que los escuchaba, se comentaba el problema’que estaba causando el Control Militar de Occidente, sin que aquellos muchachos guerrilleros pudieran comprender de una manera plena aquel lío. El Padre, que era el que más lo comprendía, porque, aunque no pertenecía a la famosa U, sí sabía cómo estaba organizada y cómo se movía, guardaba reserva con relación a ese problema. Creía deber de conciencia no revelar nada de lo que los muchachos ignoraban.

El general Anguiano Márquez, muchacho bien intencionado, cristiano y culto, que apenas contaba 19 años de edad, propiamente estaba escandalizado de la indisciplina de aquellos señores del Control a quien él creía tan rectos y que no daban trazas de ser como él los había imaginado.

Ni Anguiano Márquez, ni ninguno de aquéllos sabían quienes eran los nuevos señores del Control, después de la salida de Guadalajara de Antonio Ruiz y Rueda, el Delegado de la Liga, y ni propiamente les importaba saber quiénes eran, pero sí los imaginaban, al menos como ellos estaban enseñados a ser: disciplinados con relación a órdenes superiores, más aún que había juramento de por medio, aunque tuviera que estropearse el propio yo y la conveniencia personal o de provincia. Es que aquellos muchachos, por una parte, eran rectos y, por otra, estaban muy jóvenes. ¡Les faltaba mundo! El mayor de todos esos muchachos que habían sido estudiantes, era Marcos Torres que tenía 27 años. Peregrina era el más suspicaz.

Como nadie había visto las cartas que el general Michel había estado escribiendo, tanto al general cristero Degollado -el jefe de Operaciones Militares en el Sur de Jalisco y Colima-, como al Control Militar, alguno tuvo la suspicacia de atribuir, tal vez a informaciones parciales y no verídicas del general Michel, el que la cosa se hubiese retardado tanto.

El Padre Capellán señor Ochoa trató de remover aquella idea, pues según él, el general Michel era hombre del todo recto.

Resultado de aquella discusión fue el acuerdo de escribir ellos, personalmente, al Control Militar de Occidente.

Y con atención se escribió el oficio, firmado por el Gral. Anguiano Márquez transcribiendo el despacho de la Liga y pidiendo que a la mayor brevedad se diese orden al general Michel de entregar ordenada y comedidamente las fuerzas. Se decía que se esperarían todavía 15 días más, a fin de que, sin que se alterase el orden, se procediese a lo que la Liga había dispuesto. Se manifestaba también que si se había esperado tanto, no era por falta de derecho, más aún que la inmensa mayoría de los luchadores eran muchachos adictos a él y le reconocían como sucesor del iniciador y jefe del Movimiento, general Dionisio Eduardo Ochoa, sino por el bien de la Causa y para que todo procediese como debe procederse entre compañeros y soldados de la Cruzada de Cristo Rey. (Del diario personal del Padre Capellán).

Este oficio lo llevaría Marcos Torres a Colima y de allí, el Jefe Civil Cristero se encargaría de que, por conducto de las muchachas de las Brigadas, llegara a manos de los señores del Control Militar de Occidente.

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