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DOMINGO DE RAMOS, POR MGN. ROBERT HUGH BENSON

12 de abril de 2014
Robert-Hugh-Benson1

LOS SERMONES CATÓLICOS

 

        Domingo de Ramos

 

   Verdaderamente este hombre era el hijo de Dios

Marcos, 15, 39
Introducción

Es extraordinario cómo  en esta vida nos olvidamos de los propósitos. Con los hombres: conocemos a uno y lo etiquetamos; y nos enteramos un año después que lo habíamos malinterpretado. Con los movimientos: una agitación social. Vemos eventos externos. Pierden importancia (Francia e Inglaterra). Somos como gente sin educación en una galería de arte: admiramos los marcos y estamos ciegos a las pinturas.

También entonces con nuestro Señor en la tierra: vino a los suyos… (Juan 1, 11). Especialmente tipificado en la última semana de Su vida.

 

I. Dos Posiciones:
1.- Dos grandes eventos: uno fue la procesión del Domingo de Ramos. Concibamos la emoción de los apóstoles. Por fin su Maestro reivindicado. La gente rendida. Comenzó temprano por la tarde. Una extraña intoxicación en el aire. La gente salía afuera a observar, entusiasmadas, reunidas. El rumor corre por todas partes. Las rutas están llenas, las ruedas, los giros. Niños, perros. Hombres serios  están llorando y riendo. Incluso grandes eclesiásticos sollozan a un lado. El cielo glorioso, la Ciudad de David. Al menos un control: “Deténgalos, esto no es bueno. Escuchen lo que están diciendo: Hosanna”. Por un instante los discípulos vacilan. “Os lo dije” suena una voz grave exultante, “que si ellos callasen, hasta las piedras gritarían”. No hay duda. Él se ha rendido. He aquí que está llegando el reino con poder. El cetro y la corona. Por fin el triunfo de Jesús. “¡Gracias a Dios, gracias a Dios!”

 

2.- Cinco días después: otra procesión. Las calles atestadas. Las cabezas sobresalen de las ventanas y techos. Se les escucha: “Este es el Rey de los Judíos” – dicen burlándose. Primero vienen los niños marchando y cantando; el populacho, punta de lanza de la escolta. Entonces, en el centro una escena piadosa. Una figura tambaleándose, vestida con una túnica manchada de sangre, ¡coronado!, de hecho, y ¡llevando un gran cetro! Delante suyo un heraldo con la placa I.N.R.I. La calle repleta de bullicio y de risas. Los perros ladran, por otra parte los soldados, luego la turba, de a cuatro vociferando canciones…sobre…sobre la entronización del Rey.
        Y cuando se han apagado los últimos gritos, y todos se han ido, un amigo de Jesús se sumerge en el llanto: ¡fracasó después de todo! Y en todo este día hay un vacío miserable. Todo es burla y llanto. Todos excepto uno al pie de la Cruz, y de él una confesión extraña. Otros el Domingo de Ramos  lo han llamado el Hijo de David, entusiasmados por el esplendor. Ahora incluso se le da un título más alto.

(Texto)

II.- Hoy en día la misma equivocación.
        Ahora, al mirar hacia atrás, conocemos la verdad. “Por esto” – dice nuestro Señor – “he venido yo al mundo. He venido a salvar a los pecadores…tengo que recibir un bautismo” (Juan 28, 37 ; Mateo 9,13 ; Lucas 12, 50) Sabemos que el triunfo fue el Viernes Santo, y no el Domingo de Ramos. En la Corona de Espinas, los látigos, los clavos; no en el esparcimiento de sus vestiduras, sino en su propia desnudez. No el pollino, sino que fue la Cruz su propio Trono. Sobre el pollino el reinó para unos pocos cientos, en la Cruz Él es el Rey del Mundo.
         Aunque nosotros continuamos cometiendo el mismo error.
         ¿Qué es después de todo la gloria de la Iglesia? ¡Ah! Veámosla de cerca y probémosla por la Cruz.

 

(1) ¿El esplendor de la dominación en la Edad Media? ¿O en las catacumbas?; la quema de los mártires; el potro; las bestias. Ambos tuvieron su lugar. Nuestro Señor autorizó la gloria externa el Domingo de Ramos, pero Él hizo algo más al permitir el sufrimiento.
       No dijo, “Si algún hombre quiere ser mi discípulo, que me siga con ramos y cantos”, sino que “Tome su Cruz y que me siga”.

 

(2) La Corte de Francia. ¿Cuándo la Iglesia fue honrada? O ahora, cuando entre el odio aplastante ella está siendo desnudada y azotada.

 

(3) Observemos a los católicos que están cómodos en el mundo, de los cuales se comenta; y a la pobre Clara… ¿quién es más glorioso? Ambos son permitidos.

 

(4) ¿El tranquilo lecho de muerte de un hombre bueno, que no ha pecado gravemente, ni ha sufrido mucho? ¿O la muerte de un gran pecador indescriptible, que se convierte y solloza por piedad?
         Observen sus propias vidas también. ¿No han creído que están teniendo éxito, y que Dios estaba con ustedes cuando todo iba bien? Esto fue su Domingo de Ramos – perfecto. La gente los alababa, de regocijaban con ustedes. Pero la prueba real viene con el dolor. Fue entonces cuando el Señor Crucificado estaba cerca de ustedes…cuando la oscuridad era espesa: la renta de cuatro meses al mismo tiempo, y tomamos conciencia de que ningún amigo se ha contactado. Entonces Él se manifestó en ti. Sus manos sobre las tuyas; su boca sobre tus labios; Su corazón latiendo en tu roto corazón.
         Bienaventurados son los hambrientos y los que lloran, porque ellos serán saciados y confortados.
Conclusión
        Hoy estamos alegres, dando un regalo más a la Gloria de Dios, y el honor también a los santos que han ganado su corona por el sufrimiento. Todo es en recuerdo de un evento feliz. Las cosas resultan bien, vuestros sacerdotes están felices, ustedes están felices. Hay una gran feligresía. Este es vuestro Domingo de Ramos – la cristiandad no excluye a la alegría. Nuestro Señor la ha autorizado. Pero es importante recordar que los días de regocijo son solamente la mitad de la vida. El hombre espiritual está absorbido no por la alegría ni por el dolor, ni exultado, ni deprimido.
        La prueba real a la solidez de nuestra alegría se encuentra en nuestro comportamiento durante el dolor y el conflicto. Nosotros tenemos muchas necesidades. La advertencia de San Pedro es a no estar desconcertados cuando venga el conflicto, como si una “cosa extraña” nos sucediera (1 Pedro 4, 12)
         Dios sabe que irán llegando suficientes conflictos. Por todo el mundo el viejo drama de la Pasión está siendo recreado: en América del Sur, en España, en Francia, y no menos en Inglaterra. Evidencia la antigua enemistad del mundo contra Dios, el cual crucificó a nuestro Señor. Enfrenten esto valientemente. Estén preparados para sufrir. ¡Oh hermanos! Es en esto que la gloria se manifiesta a sí misma. Ustedes tienen una iglesia magnífica aquí, evidencia de un antiguo esplendor. Pero ustedes produjeron cosas aún más finas que ésta. Ustedes han contribuido con santos para el Cielo, como Richard Langley, definitivamente un grande (Mr. Richard Langley fue un caballero de Yorkshire, ejecutado el 1 de Diciembre de 1586 por encubrir a sacerdotes).

         Observen como continúan. Es un don aceptable el que hoy dan, pero existen incluso mejores: crucificar y mortificar las almas. En la profundidad de la oscuridad, la claridad es Su Cruz. La más extasiada de las arpas del Cielo, la más radiante sonrisa sobre el rostro de Dios.

DOMINICA IN RAMIS PALMARUM
Tomado de aquí
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