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WALTER KASPER NO TIENE LA FE CATÓLICA. SEGUNDA PARTE

2 de marzo de 2014

kasperLo que, mientras tanto, se haya hecho del cuerpo de Jesús no nos será dado nunca a saber por Kasper, quien en el texto citado antes reconoce la creencia universal de los primeros cristianos, contemporáneos de Nuestro Señor en la Resurrección. Indudablemente, admite el nuevo cardenal, en la “tradición” del sepulcro vacío hay un “núcleo histórico”: “una tradición tan antigua, localizada en Jerusalén misma, no habría podido mantenerse ni un sólo día, si el hecho de que la tumba estaba vacía no habría sido manifiesto para todos los interesados” (pág. 192). En todo caso, sin embargo, “No se puede ir evidentemente más lejos del punto de vista histórico que constatar la existencia de una tradición muy antigua, que se puede calificar muy probablemente de histórica” (pág. 192).

Solamente “visiones en el Espíritu

En cuanto a las apariciones de Jesús resucitado, Kasper declara: “hay que interpretar -estos relatos- en función del fin del enunciado” (pág 212). Pues, estos textos, “donde es cuestión de tocar al Resucitado o de compartir una comida  con Él (cf. S. Lucas, 24, 38 y ss; S. Juan 20, 26 y ss.) (pág. 211), no se aceptan al pie de la letra. Aún cuando ‘a primera vista, estos enunciados relatos de un realismo insoportable, que tocan casi el límite de lo que es teológicamente posible y que amenazan de servir de base a una fe pascual masiva’ “. (pág. 212), felizmente no es así. Hay que superar el escándalo, y tener en cuenta las “intenciones” de sus autores, excluyendo naturalmente las de querer atestiguar que realmente vieron y tocaron a Jesús.

Por otra parte, para los pobres Evangelistas, no existe la posibilidad de encontrar crédito en Kasper, porque sus relatos “son confesiones y testimonios de creyentes” y que, por este sólo hecho, no merecen ser tomados en serio.

Conclusión: “Hay que partir del hecho que se trataba de una visión de fe. Se diría aún mejor que era un conocimiento en la fe” (pág. 212). Naturalmente, explica Kasper: “las ‘apariciones’ no eran simples experiencias de fe, es decir una expresión de la fe. Se trataba de encuentros con Cristo presente en el Espíritu” (pág. 212). De visiones puramente espirituales, en suma.

SOBRE LOS FUNDAMENTOS DE LA FE … ¡NADA!

“Nos tenemos, por nuestra fe, sobre el fundamento del testimonio apostólico” (pág. 213), escribe acertadamente Kasper. La desgracia, sin embargo, es que si se sigue al opinante, el testimonio de los Apóstoles no se apoya sobre nada o sobre impresiones puramente subjetivas, lo que, si se trata de la justificación racional de la Fe, es exactamente lo mismo.

“Debemos mantener firmemente que se trató de un encuentro personal con Cristo. La cuestión esencial no es saber lo que pasó, sino saber si, como los primeros discípulos, estamos dispuestos a dejar a Jesucristo apoderarse de nosotros” (pág. 213-214). Esto es una manera, a decir, poco inteligente de eludir el problema. Ningún ser razonable puede estar dispuesto a dejarse atrapar por Jesucristo sin saber lo que objetivamente pasó en esos días allá, sin saber si Jesús es verdaderamente Dios, o si su divinidad es sólo una creación de la fantasía exaltada de sus discípulos.

Aquí tampoco vemos como Kasper puede sustraerse al segundo anatema del Concilio Vaticano I: “Si alguno dijere que la Revelación divina no puede hacerse creíble por signos externos, y que por lo tanto, deben los hombres moverse a la ge por solo la experiencia interna de cada uno y por la inspiración privada, sea excomulgado” (Dz. 1812), y a la encíclica Pascendi contra el modernismo.

Nos dispensamos, evidentemente, por razones de tiempo y espacio, de enunciar los demás anatemas en los que incurre el nuevo sucesor de los Apóstoles.

NADA DE ASCENSIÓN

Después de haber aprendido que no es del todo seguro que Jesús haya resucitado al tercer día, como lo recitamos en el Símbolo de los Apóstoles, dado que se trata solamente “de una opinión teológica rabínica, según la cual Yahvé no dejaba el israelita o el justo en la desolación por más de tres días” (pág. 219), aprendemos del mismo Kasper que ni siquiera es cierto  que Jesús haya subido al Cielo cuarenta días después de la Resurrección. Kasper nos instruye concienzudamente que: “40 es en realidad el único número que se tenía a disposición para indicar un período bastante largo” (pág. 222). Según él, Jesús no subió jamás a los Cielos. Por otro lado, esto está en la lógica de su “cristología” sin fe: nada de divinidad, nada de milagros, nada de Resurrección verdadera, nada de Ascensión. ¿Por que habría subido al Cielo ese Jesús que nunca descendió de allí y que sus discípulos encontraban solamente “en el Espíritu”. Por esto “El relato de Lucas sitúa por otra parte la Ascensión en el cuadro de una aparición Pascual”; “La nube que esconde a Jesús a las miradas e los discípulos sorprendidos no es un fenómeno meteorológico, sino un símbolo teológico” (pág. 222).

YO PONDRÉ ENEMISTADES ENTRE TI Y LA MUJER

Con la cristología se derrumba también lógicamente la mariología de Kasper. Ninguna sorpresa, pues, al leer en la nota 69 de la página 381: “Las cuestiones difíciles de la teología bíblica que levanta el tema de la Concepción virginal”, y que la Maternidad virginal de María es todavía una cuestión “abierta desde el punto de vista exegético”, a pesar de admitir que “la exégesis bíblica de la Iglesia primitiva no presenta ninguna discordancia” al respecto. No sorprende, para nada, que Kasper venga a romper lanzas en defensa del propio Nestorio que negaba la Maternidad divina de María. A Nestorio -informa Kasper- “se atribuyó las peores herejías y el Concilio de Efeso lo trató hasta de nuevo Judas”, pero “actualmente se ha rehabilitado, en gran parte, por los historiadores de la teología” (pág. 352). A decir verdad, un “nuevo Judas” no podía ser rehabilitado sino en una época de otros nuevos Judas.

NADA DE INFABILIDAD DE LA IGLESIA

Walter Kasper -al igual que Hans Küng- no cree que la Iglesia guarde infaliblemente la revelación divina. Al contrario, la Iglesia apostólica habría “transfigurado” a tal punto la persona de Jesús y su enseñanza que hoy no sabríamos más lo que, en las fuentes d ela Revelación (Tradicional oral y Sagrada Escritura), es históricamente cierto y lo que, al contrario, es “puro fruto de una teología de la comunidad”. En esta oscuridad, Kasper se atiene al siguiente criterio: se deben retener como históricamente seguros los únicos episodios que velan el gran poder de Nuestro Señor Jesucristo: por ejemplo, el bautismo en el Jordán. “Es imposible -escribe- ver, en este relato, simplemente la expresión de la teología de la comunidad (porque) podía constituir una buena ocasión para afirmar que Jesús mismo se había subordinado a Juan”. (pág. 94). Y siempre, porque allí el poder de Jesús está velado, el otro “punto fijo” históricamente seguro, es su muerte en la cruz en Jerusalén. De este criterio se sigue que todo lo que atestigua su divinidad, solamente y precisamente porque glorifica a Jesús, es el “puro fruto” de la comunidad cristiana primitiva.

Hemos visto los frutos teológicos de tal criterio exegético: la “cristología” de Kasper atestigua la ruina inevitable de una teología “católica” que pretende asumir como punto de partida la Sagrada Escritura “interpretada”; o mejor dicho destrozada (cf. León XIII, Providentissimus) “por aquellos que repudian el Magisterio y la autoridad de la Iglesia” (León XIII, Vigilentiae).

NADA DE NUEVO NI NADA DE SERIO

En lo que escribe Walter Kasper no hay nada nuevo ni de serio. No es nuevo, porque Kasper es un excelente repetidor, frecuentemente palabra por palabra, de los peores corifeos del modernismo (Loysi) y del protestantismo liberal, que en su “teología” detentan el puesto de la Tradición, de la Sagrada Escritura, del Magisterio.

Alguno ejemplos: Harnack escribió: “Que una tempestad haya sido calmada por una palabra es una cosa que no creemos y que no creeremos nunca” (La esencia del Cristianismo, Turín, 1903). Y he aquí que Kasper, el pequeño escolar aplicado, repite la lección: está permitido considerar, con alguna verosimilitud, como ahistóricos los milagros que se refieren a la naturaleza” (Pág. 131). Es del todo inútil preguntar: ¿por qué?

Harnack ha escrito. “La declaración: ‘Soy el Hijo de Dios’ no fue inscrito por Jesús en el Evangelio; aquél que la considera como si fuese una palabra como una otra agrega algo al Evangelio” (op. cit.) Y Kasper repite concienzudamente: “Según los Evangelios sinópticos Jesús no se designa nunca Él mismo como Hijo de Dios” (pág. 162). Hay que descartar el Evangelio de San Juan, quien escribió: “Para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios” (S. Juan, 20, 21), lo que equivale, para Kasper, a un reconocimiento de mistificación.

Al contrario, los católicos, los Padres de la Iglesia, las mismas definiciones del Magisterio infalible son relegadas por Kasper, que envía la “teología histórica” al museo de la antigüedad (cf. pág. 241 y ss).

Hasta que punto se puede ignorar el Magisterio de la Iglesia que condena el racionalismo y el modernismo y por consiguiente su “Cristología renovada”, lo demuestra el cardenal de reciente data atribuyendo una condenación del decreto Lamentabili (de San Pío X) al Syllabus (de Pío IX) , y de este Syllabus a San Pío X.

Kasper no es serio, porque no es serio re proponer, de forma tan apodíctica y sin fundamentos, errores y herejías ya refutadas exhaustivamente por exégetas y teólogos católicos. Para asegurarse basta echar una mirada a un simple manual -preconciliar se entiende- de teología dogmática o apologética. ¡No! Decididamente de “científico” y de “cultural” en la cristología del profesor de Tübingen, hoy, por desgracia, cardenal, no hay sino el humo o mejor dicho las brumas del idealismo, del existencialismo, del inmanentismo, de todas las aberraciones de la filosofía moderna.

LO SERIO Y GRAVÍSIMO

Lo serio y extremadamente grave en todo este asunto radica en que, además de la impunidad de la cual goza hasta el presente Kasper para enseñar y divulgar su “cristología” herética, que Juan Pablo II diera a los pobres católicos de la diócesis de Rottenburg- Stuttgart un obispo y hoy Francisco solicitándole -ahora investido como cardenal- el consistorio para La Comunión de los Divorciados, a un sucesor de los Apóstoles sin la Fe de de la Iglesia Católica y repudiando la Fe de los Apóstoles.

Angel_viñeta

Basado en un texto de Courrier de Rome, Versailles (Francia), año XXII. n° 295, julio-agosto 1989, Texto incompleto. Pancratius. Roma Aeterna n° 111 Octubre de 1989.

One Comment leave one →
  1. angie permalink
    19 de julio de 2014 2:56 PM

    Excelente, gracias por aportar este material para considerar, me he leído las 2 partes.

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