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SERMÓN PARA LA DOMÍNICA QUINCUAGÉSIMA, POR SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

1 de marzo de 2014

ENGAÑOS DEL PECADOR

Domine, ut videam.

Señor, que yo tenga vista.

(Luc. XVII, 41)

1. El demonio lleva a los pecadores al Infierno, no con los ojos abiertos, sino cerrados: primeramente, los ciega, y después los lleva a penar eternamente en su compañía. Debemos, pues, si queremos salvarnos, orar continuamente a Dios con el Ciego del Evangelio: «Señor que yo tenga vista»: Domine ut videam; Señor, alumbradme, haced que yo vea el camino que debo seguir para salvarme, y no permanecer engañado por el enemigo de mi salvación. Quiero, por lo tanto, oyentes míos, demostraros hoy los engaños con que el demonio induce a los hombres a pecar y a perseverar en el pecado, para que sepáis evitar sus tentaciones.

2. Para mejor conocer estos engaños, figurémonos un joven, que arrastrado de una pasión, vive en el pecado esclavo del demonio, sin pensar jamás en su eterna condenación. Hijo mío, le digo yo, ¿Que vida es esa que llevas? ¿Cómo puedes salvarte, si sigues viviendo de esa suerte? ¿No ves que caminas al Infierno? Pero luego el demonio le dice por otro lado: Y ¿porqué te has de condenar? Sacía ahora tus pasiones, que después te confesarás, y así evitarás el peligro. Esta es la red con la que conduce el demonio tantas almas al Infierno: «Satisface tus pasiones, que después te confesarás». Más, entretanto, repito yo, vais perdiendo el alma. Decidme; si vosotros tuvieseis en la mano una alhaja que valiera mil ducados ¿la arrojarías a un río con la esperanza de encontrarla después? ¿Y si no la volvieses a encontrar? Vos, Dios, mío, tenéis en vuestra mano la alhaja de mi alma, comprada por Jesucristo con el precio de su santísima sangre; y ¿me atreveré yo, pecando, a arrojarla al Infierno, pues con un sólo pecado mortal que cometa, quedo agregado al número de condenados? ¿Y me forjaré la ilusión de recobrarla más adelante, haciendo una buena confesión? Y ¿quién me asegura que haré esta confesión? Para hacer una buena confesión necesito tener verdadero dolor de los pecados, y este dolor es un don de Dios: si Dios no me lo da ¿no quedaré condenado para siempre?

3. Pero dice el pecador: «Yo soy joven, Dios se apiada de la juventud; después me dedicaré a su servicio.» Este es otro engaño del demonio. Eres joven; pero ¿no sabes que Dios no atiende a los años, sino a los pecados que cada uno tiene? Eres joven; pero ¿cuántos pecados has ya cometido? Quizá habrá muchos ancianos que no hayan cometido la cuarta parte que tu. ¿Y no sabes, además, que Dios ha fijado el número de los pecados que quiere perdonar a cada uno? Dominus patienter expectal, ut eos, cum judicii dies advenerit, in plenitudine peccatorum puniant. (II.Mach. VI, 14). Dios tiene la paciencia y espera que se llene la medida; pero, en habiéndose cometido el número de pecados prefijados por Él, ya no perdona, y castiga al pecador, o dejando morir al infeliz en aquel triste estado en que se encuentra, o abandonándole en su pecado, como amenaza por el ProfetaAuferam sepem ejus et erit in direptionem. (Isa. V, 5). Si uno posee un terreno que ha cultivado muchos años, y plantado el vallado alrededor para tenerle guardado, y hecho en él muchos gastos; pero observa, sin embargo, que el terreno no da fruto ¿que hace? Arranca el vallado y le deja abandonado, para que entre en él cualquiera que guste, sean hombres o bestias. temed, pues, que Dios no obre así con vosotros, Si no abandonáis el pecado, se irán acallando en vosotros los remordimientos de la conciencia, y el temor del castigo divino; y arrancada la cerca, quedaréis abandonados de Dios, castigo más duro que la misma suerte.

4. Suele decir el pecador: «Yo no tengo confianza de resistir ésta tentación». Este es el tercer engaño con que el demonio te hace creer, que no tienes fuerzas para resistir a las tentaciones. pero San Pablo dice que «Dios es fiel, y no permitirá que seamos tentados sobre nuestras fuerzas»: Fidelis autem Deus est, qui non patietur vos tentari supra id quod potestis (I. Cor. 13). Pregunto yo; si ahora desconfias de poder resistir a la tentación, ¿cómo confiarás apagarla después que haya cobrado mayores fuerzas? Dirás que Dios te dará su ayuda. Pero Dios está dispuesto a darte su ayuda ahora también, si tu la quieres, ¿porqué, pues no se la pides? ¿Esperas acaso, que el Señor, sin que tu te tomes el trabajo de pedirle, te aumente después el auxilio y las gracias; cuando tu hayas aumentado también los pecados? ¿Dudas por ventura de la fidelidad de Dios, que ha prometido conceder todo aquello que se le pide, como consta de aquellas palabras de San Mateo (XII, 7) Petite et dabitur vobis?  Dios no puede faltar a sus promesas. No es Dios como el hombre para que mienta, ni como hijo de hombre para estar sujeto a mudanza. Non est Deus quasi homo, ut mentiatur: nec ut filius hominis ut mutetur (Num. XXIII, 19). Acude a Él, y Él te dará aquella fuerza que necesitas para resistir. Tu dices, empero, que no tienes esa fuerza; ¿crees, pues, que Dios te manda una cosa imposible? No es así; porque el Concilio de Trentodice: Deus impossibilia non jubet; sed jubendo nomet et facere quod possis, et adjuvat ut possis.(Sess. VI, c. 13). Cuando veas que no tienes fuerza para resistir con la ayuda divina ordinaria, pídele toda la ayuda que necesitas, y Él te la dará para que puedas vencer cualquiera tentación por grande que sea.

5. Pero tú no quieres pedirle, y dices, que ahora quieres hacer tal pecado, y que después te confesarás. Dime: ¿cómo sabes tu que Dios te dará tiempo para confesarte después? Porque me confesaré presto, me dirás antes que pase una semana. Y ¿quién te asegura una semana más de tiempo? Me confesaré mañana mismo, me responderás. Y ¿quién te asegura que vivirás mañana?San Agustín dice que: «Dios no nos ha prometido el día de mañana, y que puede concederlo o negarlo». ¡Cuántos se han retirado con salud a dormir por la noche, y han amanecido muertos a la mañana siguiente! Y ¿cuántos han muerto en el acto mismo de cometer el pecado, y han sido sepultados  en el Infierno? Si esto te sucede a tí también, ¿cómo evitarás tu eterna condenación? «Haz este pecado que después te confesarás». Éste es el engaño con que el demonio ha llevado al Infierno millares de cristianos. Porque es difícil encontrar un cristiano tan desesperado que quiera su propia condenación. Todos cuantos pecan, pecan con la esperanza de confesarse; y ¡cuántos, o por no haber podido confesarse, o por no haber podido confesarse cual convenía, se han condenado!

6. «Pero Dios es misericordioso». Aquí tenéis otro engaño con que el demonio alienta a los hombres al pecado y a perseverar en él. Dice un autor, que más almas conduce al Infierno la falsa esperanza en la misericordia de Dios, que la justicia divina. Y así sucede, efectivamente, porque confiando ciegamente muchos en la misericordia de Dios, siguen en la senda del pecado, y se condenan miserablemente. «Dios, dicen, es misericordioso». Lo es en verdad: nadie lo niega. Sin embargo, ¿cuántos envía al Infierno cada día? Es misericordioso con los pecadores, pero solamente con aquellos que se arrepienten de haberle ofendido, y temen volverle a ofender. Más con aquellos que abusan de su misericordia para más ofenderle, es justo. El Señor perdona los pecados, pero no puede perdonar la voluntad de pecar. San Agustín dice que, «el que peca con la idea de arrepentirse después de haber pecado, éste no se arrepiente, sino que se burla de Dios»: Irrisor est, non paenitents. Y el Apóstol afirma que, «Dios no deja que se mofen de Él»:Deus non irredetur. (Gal. VI, 7). Sería burlarse de Dios, ofenderle el pecador a su antojo, y entrar después en el Paraíso.

7. Empero, dice el pecador: «Así como Dios ha tenido tanta misericordia conmigo hasta aquí, espero que la tendrá en adelante». He aquí otro engaño. ¿Con qué, porque Dios no te castigó hasta ahora, no ha de castigarte jamás? Antes bien, cuanto más misericordioso haya sido contigo hasta el presente, tanto más debes temer que te castigue y no te perdone en adelante, si vuelves a ofenderle. El Espíritu Santo dice: Ne dicas, peccavi, et quid accidit mihi triste? Altissimus enim est patiens redditor. (Eccl. V, 4). No digáis: «He pecado y no me ha venido ningún castigo»; porque Dios sufre, más no siempre. Espera hasta cierto término, pero cuando éste llega o se cumple, castiga al pecador por todos los pecados que ha cometido: y cuanto más ha esperado que hiciese penitencia, tanto más severamente le castiga, como dice San GregorioQuod diutius expectat, durius damnat. Pues, hermanos míos, puesto que sabéis, que habéis ofendido a Dios, y nos ha enviado al Infierno, bien podéis decir: «Gracias sean dadas a la misericordia divina, si no hemos sido condenados al Infierno»: Misericordiæ Domini, qui non sumus consumpti (Thren. III, 22). Y, por lo mismo, debéis dedicaros enteramente al servicio de Dios, al menos por gratitud, pensando, que muchos fueron condenados al fuego eterno, y que arden sin esperanza de salir de allí, por pecados mucho menores que los vuestros. La paciencia con que Dios os ha sufrido, debe moveros, no a despreciarle más, sino a servirle y amarle con fidelidad, compensándole las ofensas que le hicisteis, con la penitencia y con otras obras buenas; considerando que ha usado con vosotros de tanta misericordia que no tuvo con otros pecadores,Non fecit taliter omni nationi (Ps. CXLVII). Y debéis temer también que os abandone Dios, y seáis condenados al Infierno, si cometéis un sólo pecado más.

8. Vamos ahora a tratar de otro funesto engaño del demonio. Suele el pecador discurrir de éste modo: «Es cierto que puedo condenarme, o al menos, pierdo la gracia de Dios con este pecado; pero también puede suceder que me salve, aún después de haberle cometido». En efecto, puede suceder que te salves aún después de haber cometido tantos pecados, y después que Dios te ha concedido tantas gracias, es mucho más fácil que te abandone y te pierdas para siempre, si ahora tornas a ofenderle. Oye lo que dice la Santa EscrituraCor durum habebit male in novissimo(Eccl. III, 27). «El pecador obstinado lo pasará mal al fin de su vida»: Qui malignatur, exterminabuntur (Ps. XXXVI, 9). «Los que obran mal serán exterminados». Y en otra parte: «Lo que un hombre sembrare , eso recogerá»: Qua enim seminaverit homo, haec et metet (Gal. VI, 8). El que sembrare pecados, ¿que puede recoger sino tormentos eternos? «Estuve llamando» -dice en los Proverbios- «y ningún caso hicisteis de mis reprensiones; yo también miraré con risa vuestra perdición, y me mofaré de vosotros cuando os sobrevenga la muerte»: Vocavi et renuistis… in interitu vestro ridebo et subsannabo vos. (Prov. II, 24 y 26). Y en elDeuteronomio, XXXII, 35, dice: «Mía es la venganza, y yo les daré el pago a su tiempo»: Mea est ultio, et ego retribuam in tempore. Y en el cap. XXIX, 1, Proverb, dice también: Viro, qui corripientem dura cervice comtemnit, repentinus ei superveniet interitus: et eum sanitas non sequitur. «Al hombre de dura cerviz que desprecia al que le corrige, le sorprenderá de repente la muerte, y no tendrá esperanza de salvación».

9. Oídas estas amenazas que hace Dios contra los pecadores, ¿os parece, hermanos míos, si es fácil o difícil salvarnos, si seguís ofendiendo a Dios después que os ha llamado tantas veces, y ha sido tan frecuentemente misericordioso con vosotros? Tú dices: «Puede ser que me salve a pesar de éste pecado»; pero yo te respondo, que es gran necedad apoyar la salvación eterna en unpuede ser tan peligroso. ¡Cuántos  están ardiendo ahora en los infiernos por ese puede ser! ¿Quieres tu acompañarles en su desgracia? Reflexionadlo bien, oyentes míos, y temed que puede ser la última misericordia que Dios usa con vosotros el haber permitido escuchar este discurso.

 

ozdoba

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