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LOS PRIMEROS MÁRTIRES DE LA A.C.J.M.

7 de febrero de 2014

acjmCUNDE EL INCENDIO

Más de un mes duró reducida la zona de los libertadores a la región del Volcán (Caucentla, Montegrande y rancherías circunvecinas por su parte sur y Zapotitlán al noroeste); pues el intento de que se organizara un núcleo de cristeros en la región de Pihuamo y Cerro del Naranjo, había fracasado, por haberse vuelto loco quien había sido nombrado su jefe, como se dijo en páginas anteriores. Era pues preciso ir a propagar el incendio; a ese efectó, mientras Dionisio Eduardo Ochoa quedaba en el cuartel general, al frente de la jefatura cristera, Miguel Anguiano Márquez, uno de aquellos tres primeros jóvenes libertadores compañeros suyos, con carácter de delegado, recorrería el sur y el oriente del Estado.

La difícil misión del joven fue bendecida de Dios, porque pronto quedaron formados los núcleos de Villa de Alvarez, de Pihuamo y de Coquimatlán.

El jefe del núcleo de Villa de Alvarez fue J. Jesús Peregrina, unó de los más distinguidos miembros de la A. C. J. M., en el grupo de allí mismo. En la ciudad de Colima, a donde pudo penetrar el joven Anguiano, tomó el juramento al nuevo jefe cristero, le extendió su nombramiento como a jefe del nuevo grupo, y le dio las instrucciones requeridas.

De Colima, con verdadero entusiasmo, partió J. Jesús Peregrina a su casa de Villa de Alvarez y, poco después, el 9 de marzo, al frente de algunos coterráneos suyos, trababa el primer combate con los callistas en Campo Seis, a las faldas de Cerro Grande. Este encuentro no duró más de una hora, porque no fue posible prolongar la defensa, dada la escasez de municiones, el reducido número de los libertadores y la notabilísima superioridad de las fuerzas enemigas.

Hubo un cristero muerto. De los enemigos, tres muertos y algunos heridos.

El jefe nombrado para la región de Pihuamo y Hda. del Naranjo, fue Gildardo Anguiano Márquez, hermano del mismo joven delegado, quien, al igual que Peregrina, hizo su juramento en la misma ciudad de Colima, en donde recibió nombramiento e instrucciones.

Partió de ella, en unión de un amigo suyo, a su región del Cerro del Naranjo a organizar el movimiento. Dos o tres semanas más tarde, se les unio su propio jefe y hermano, Miguel Anguiano Márquez, quien regresaba de su jira por el sur del Estado. Pudieron entonces los hermanos Anguiano dedicarse a reorganizar el grupo disuelto de Ramón Preciado y a sembrar en toda aquella zona el entusiasmo por la defensa armada, con tan feliz éxito, que en pocos días, con el auxilio de Dios y el ejemplo de los libertadores del volcán se reunieron, sin mucho trabajo, cien nuevos cruzados, ya que gran número de los católicos no esperaba otra cosa que una oportunidad para lanzarse contra la tiranía callista.

VICTORIA DE PIHUAMO

Este núcleo, en unión de otro venido de Caucentla, al mando de Plutarco Ramírez, atacó la plaza de Pihuamo, Jal., en la mañana del 1° de abril.

El ataque fue reñido y duró todo el día. Los enemigos estaban fortificados en las azoteas de los mejores edificios, tenían buenas armas y abundante parque. No obstante eso, con la ayuda de Dios, se fue arrebatando a los callistas fortín tras fortín, hasta llegar al p1ismo edificio de la presidencia municipal. Llegó la noche, y el enemigo, posesionado de un último reducto, aún seguía sin rendirse a pesar de que se les habían hecho más de 25 muertos, entre ellos el mismo presidente municipal, furibundo anticatólico, que había prometido, desde hacía ya tiempo, una suma de importancia por la cabeza del Cura Párroco del lugar, Pbro.- D. Cesáreo Santana. Como ya no era posible a los cristeros continuar el ataque una vez llegada la noche, tanto por no ser prudente permanecer en terreno enemigo, en medio de la oscuridad, cuanto porque se estaba esperando refuerzo callista y el parque de los cristeros casi se había agotado, tuvieron éstos que retirarse, sin haber triunfado del todo, pero sin haber tenido ni siquiera un muerto.

MEDALLA SALVADORA

Hubo en este día de lucha una cosa singular, maravillosa, que vino a aumentar la fe y entusiasmo de los libertadores: Emigdio Muñiz, soldado cristero, llevaba colgada al pecho una medalla de aluminio de la Sma. Virgen María. Precisamente en la medalla quiso Dios que pegase la bala de un máuser enemigo, la cual, sin perforarla, se detuvo en ella sin herir al luchador de Cristo en lo más mínimo. Este hecho fue conocido de todos aquellos soldados católicos y aun días después se levantó un acta juramentada sobre el particular.

En tanto que los cristeros se enfervorizaban más y más por la defensa de sus derechos, como cristianos y como ciudadanos, y el Señor les auxiliaba con especialísima providencia, en los campos de batalla, el enemigo, de igual manera, aumentaba su rabia que descargaba en quien podía.

EL PRIMER MARTIR DE LA A. C. J. M., J. GUADALUPE DELGADO

Fue el 7 de abril, víspera del viernes de la Semana de Pasión, cuando la Asociación Católica de la Juventud Mexicana en Colima -la A. C. J. M.- dio al cielo el primero de sus mártires.

Un joven de Coquimatlán, de unos 18 años, llamado J. Guadalupe Delgado, fue a quien escogió el Señor como primera víctima. Este dichoso joven mártir, era hijo de padres humildes y muy cristianos, del mismo pueblo de Coquimatlán, lugar de su nacimiento, de su infancia y de su juventud. Fue con ellos, lo testifica un amigo suyo que aún vive y lo conoció desde niño, siempre obediente y respetuoso. Sus padres murieron y, al respeto de sus hermanos mayores, siguió siempre conduciéndose muy cristianamente, siempre viviendo al lado de ellos y trabajando en la agricultura para ganar, con sus sudores, el sustento cotidiano.

En el grupo de la A. C. J. M. de su parroquia, fue de los más piadosos y trabajadores; todas las comisiones que se le encomendaban las desempeñaba con entusiasmo; todos le querían por su carácter afable y porque era atento y formal. Cuando apenas suspendido el culto en el Estado, un año hacía, empezaron los católicos a trabajar por la defensa de sus derechos cristianos con la campaña de oración, luto y boycot organizada por la Liga Defensora de la Libertad Religiosa, este joven fue, entre sus compañeros, uno de los más entusiastas y fogosos, ya para repartir volantes de propaganda, ya para colectar firmas, ya para todo aquello que se le indicaba. Aun por los enemigos era recOnocido como un ferviente católico.

Ardían éstos en ira, en tanto que la campaña católica se desarrollaba, buscando un pretexto para acabar con un selecto grupo de hombres creyentes, y el pretexto no faltó: la proximidad de los libertadores cristeros al pueblo de Coquimatlán, para acusarlos de complicidad y poder matarlos.

EL ARRESTO ARBITRARIO

Había a la sazón un corto destacamento de federales en aquella plaza y, a su amparo, los sectarios tenían a los católicos en continua zozobra y angustia.

Así las cosas, la tarde del expresado día 7 de abril, volvía Delgado de su trabajo del campo, ya cuando el sol se había puesto, en unión de algunos otros compañeros de labores, tal como es costumbre. No faltó un impío de los del gobierno del municipio, que aprovechara aquella ocasión y los acusara de cristerosante la guardia federal, la cual procedió inmediatamente a aprehenderlos. Al mismo tiempo se telefoneó a Colima diciendo que se remitía un grupo de rebeldes cuyo delito estaba comprobado, y que fueran fusilados.

En efecto, atados fuertemente y entre un piquete de soldados, J. Guadalupe Delgado y sus compañeros fueron conducidos a Colima en un camión que, exprofeso y sin tardanza, partió. Fue en vano el testimonio de los patrones y de otras personas, que aseguraban que aquellos muchachos no se habían separado ni un día ae su trabajo y que por lo mismo, no podían ser de los que andaban levantados en armas; ningún recurso valió y, sin formalidad ninguna de causa, fueron condenados a muerte.

cristeros colgadosCRUELDAD SALVAJE DEL PERSEGUIDOR

Más aún: el padre de uno de aquellos prisioneros fue a hablar por su hijo pretendiendo salvarlo; pero queriendo los verdugos poner escarmiento, para que nadie siguiese intercediendo por los reos, fue igualmente detenido y condenado a la horca, aumentando así el número de aquellos mártires.

Ya en el cuartel de Colima, así atados, como se les había conducido, fueron duramente golpeados, sobre todo en la cara y en la cabeza, queriendo los enemigos callistas obligarlos con esto a revelar algunos secretos que deseaban saber; pero aquéllos sufrían como mártires y nada dijeron.

Eran cerca de las 12 de la noche cuando fueron conducidos a la Calzada Galván -hoy Calzada Independencia-, que es uno de los paseos hermosos de la ciudad de Colima y allí fueron suspendidos de las ramas de los árboles. Debió ser la media noche cuando aquellos benditos y dichosos católicos entregaban su alma a Dios y recibían la palma del martirio. Sus nombres son: J. Guadalupe Delgado, Hermenegildo Medina, José Bazán, Jesús Zárate y Braulio Zárate, padre de este último.

seminariocolima (1)

Grupo del Seminario de Colima, 1925. Al Centro su padre director Enrique de Jesús Ochoa (10). derecha Miguel Anguiano Márquez, prefecto (11). Izquierdo, José Verduzco Bejarano, 1er consiliario (12). Manuel Hernandez (1), Tomás de la Mora (2). Rafael Borjas (3). Apolonio Sánchez (4) Prudencio Davila (5). Pedro Radillo (6). Martín Zamora (7). Ignacio Pérez (8). Ramón Pérez (9). José Cervantes (13) y Juan Hernández (14).

MENSAJEROS AUDACES

Pocas horas más tarde, el 8, viernes de Dolores, ofreció la Congregación Mariana del Seminario Diocesano la primera de sus víctimas al cielo.

Fue Rafael Borjas, de unos 18 años de edad, estudiante de Filosofía, el glorioso primer mártir del Seminario. Este era originario de la hacienda de Chiapa, Col., muy piadoso y amable, muchacho de muy grandes virtudes y muy modesto y apacible en todo su proceder; hijo de padres cristianos y piadosos como son la casi totalidad de los habitantes de la región del volcán, según se ha dicho.

El padre de este joven, Lucio Borjas, era de los soldados cristeros y él, en compañía de Marcos Torres y Pedro Radillo, condiscípulos suyos, se dedicaba a ayudar a los cruzados en todo aquello que podía; pues el grande espíritu de piedad verdadera de estos tres, no les permitía quedar inactivos, cuando todos los católicos sentían ser un santo deber el trabajar y luchar por crear un México cristiano y libre. Así los tres buenos y santos amigos Borjas, Torres y Radillo, iban y venían de Caucentla a Colima, llevando y trayendo comunicaciones y desempeñando las comisiones que Ochoa, el jefe, les confería. El día 7, después de oír la Santa Misa y comulgar, salieron los tres del cuartel general, rumbo a Colima, llevando algunos encargos, entre ellos una bolsa con casquillos vacíos que había que mandar reformar, y también un paquete de cartas para varias personas de la ciudad, que mandaba el jefe, con asuntos relacionados con el movimiento cristero. En la madrugada del día siguiente, ignorando que hubiese en aquella ocasión soldados enemigos en la hacienda de Chiapa, se determinaron a pasar por allí, envueltos aún en la semioscuridad de la madrugada.

No advirtiendo aquellos tres jóvenes el peligro, cuando menos lo esperaban, se encontraron rodeados por los enemigos, que procedieron a capturarlos, encontrándole inmediatamente a Rafael Borjas la bolsa de casquillos vacíos.

EN MANOS DEL ENEMIGO

Este, al verse en manos de los enemigos y descubierto, se echó a sí mismo toda la responsabilidad, manifestando que él era el de aquella comisión y que Marcos Torres y Pedro Radillo eran compañeros de viaje que se le habían unido como viejos conocidos.

Fue Rafael Borjas inmediatamente condenado a muerte, la cual aceptó con toda tranquilidad y grandeza de corazón, sin objetar, ni defenderse. Una pena, empero, inquietaba al congregante de María: el que su muerte fuera a ser ocasión de graves daños para aquellos católicos que, desde la ciudad de Colima, mantenían relaciones con el jefe militar libertador y para quienes llevaba las cartas.

OCURRENCIA OPORTUNA

Urdió un medio: simulando sentir hambre, y aprovechando la caridad de una buena mujer que le llevó de comer, se sentó a hacerlo con toda tranquilidad y, en un ligero descuido de los soldados callistas que los custodiaban, sacó el paquete de cartas que llevaba oculto, lo envolvió entre los pliegues de la servilleta en que se le había llevado el alimento y lo dio a la cristiana señora, quien bien comprendió de qué se trataba y el deseo del mártir, expresado en la mirada, de que aquello volviese a manos del Gral. Ochoa, con la noticia de que había caído él en manos de los enemigos y moría por Cristo.

En efecto, pocos días después, llegaba a Caucentla un enviado llevando aquellas cartas con esta noticia:

Cayeron los muchachos en manos de los perseguidores y Rafael fue fusilado. Las cartas que él llevaba se logró salvarlas y aquí están.

Cuando Rafael Borjas vio que se había evitado el grande mal que amenazaba a aquellas personas para quienes él llevaba las cartas, dio gracias a Dios y se empezó a disponer con toda tranquilidad. y paz para la muerte. Momentos después, invocando el Santo Nombre de Jesús, caía al suelo, destrozado por las balas del callismo.

SALVOS

Pedro Radillo fue igualmente condenado a muerte, pero Dios lo quería aún sobre la tierra, pues su misión, en los planes divinos, no estaba terminada y así, cuando era llevado a la ejecución, en un acto de arrojo y audacia escapó de manos del piquete de soldados que lo conducían. Fue inútil todo empeño de alcanzarlo y darle muerte, no obstante que todos dispararon sus fusiles contra él y anduvieron en su persecución por largo rato, pues él logró internarse en un cañaveral, y de ahí, por el fondo de un riachuelo, escapó sin ninguna lesión.

Al regresar el piquete de soldados enviados a ejecutar a Pedro Radillo, se rindió el parte de ordenanza:

Fue fusilado el reo.

Marcos Torres o Marquitos, como vulgarmente le llamaban todos, era joven de mucho mérito: listo, resuelto, sagaz y de conducta muy íntegra y cristiana; pero de una apariencia tan apacible, que el que simplemente le veía, nunca adivinaba el empuje de su espíritu.

Dados estos antecedentes, los callistas que lo habían capturado no solamente no lo creyeron responsable ni culpable de nada, sIno que, en los dos días que lo trajeron en su compañía, se captó en cierto modo la estimación y confianza de ellos y, cuando menos lo esperaban, escapó también; mas no con otro fin que seguir trabajando por la causa de la libertad religiosa de México, con mayor decisión y redoblados bríos, al grado de constituir después, como ya se verá, una de las más bellas figuras de la heroica defensa armada de los cristeros de Colima.

gral.Andres SalazarEL NUEVO GRUPO DE CRISTEROS

Pocos días después de este episodio, llegó a presentarse a Caucentla un nuevo grupo de cristeros de la región de Tuxpan, Tamazula y Santa María, del sur de Jalisco, los cuales tenían como jefe a Telésforo Plascencia y como capellán al Padre don Gumersindo Sedano, Sacerdote de la misma Diócesis de Colima. El entusiasmo del Padre Sedano por la causa cristera era tan grande, que casi nunca se separaba de sus soldados; siempre participaba de sus trabajos y sus desvelos, compartía con ellos el hambre, el frío, el peligro; dormía como ellos a la sombra de los árboles, expuesto a las inclemencias del tiempo y velaba continuamente por ellos, como verdadero y santo pastor.

El grupo estaba compuesto, casi en su totalidad, por muchachos de raza indígena, de esa región de Tuxpan, Zapotlán, hasta Jilotlán y Santa María, Jal., en que abunda aún: la raza pura, casi sin mezcla. Son indígenas civilizados, de origen azteca, de carácter humilde y apacible y muy fervorosos en sus actos de devoción.

En Caucentla, en donde permanecieron hasta el mes de abril, edificaron por su fervor. No se contentaban, por las noches, con recitar el Santo Rosario y cantar algunas alabanzas entre decena y decena, como lo hacían los otros cristeros, sino que seguían rezando y cantando, en medio de las sombras y del silencio, hasta horas muy avanzadas, cuando ya todos estaban dormidos y no quedaban en pie sino los centinelas y no había más ruido que el silbar de los pinos azotados por el viento helado de la montaña.

Entre los muchos cantos religiosos que entonaban, se encuentran las siguientes estrofas de un largo himno, el que, cantado con voz apacible y dulce y con la gemebunda devoción, propia de su raza, penetraba muy hondo al corazón. Es cierto que es de escaso valor literario, mas revela un alma grande y una intención recta, sublime y santa. De ellos lo aprendieron los soldados de Caucentla y, de éstos, todos los demás libertadores de Colima y sur de Jalisco.

CORO

Vamos, valientes cruzados,
vamos, vamos a luchar;
vámonos con Cristo Rey
su Reinado a conquistar.

ESTROFAS

Esta eS la mejor batalla,
cual mejor nunca se ha visto;
abracemos la bandera
del Ejército de Cristo.

Este es el Rey de los cielos
que nos invita a luchar,
a quien los viles tiranos
quieren ahora desterrar.

Nadie tema la batalla
¡oh cristianos fervorosos!
Que en toda lucha saldremos
triunfantes y victoriosos.

El cielo va por delante;
siempre sale vencedor.
Sigamos pues sus banderas,
Soldados del Salvador.

Vamos, valientes soldados,
vamos, vamos a guerrear;
que ya Cristo nos espera,
su reinado a conquistar.

EL GRUPO DE COQUIMATLAN, COL.

El núcleo libertador de Coquimatlán por muchos meses estuvo sin dar señales de vida, a pesar de todo lo que con ellos se trabajó y del juramento que prestó quien iba a ser su jefe, Jesús Hernández, quien nunca se decidió a principiar a trabajar como era debido, por lo cual tuvo que nombrarse nuevo jefe, eligiéndose para esto a J. Candelario B. Cisneros, joven acejotaemero, de ilustración y entusiasmo, que empezó a formalizar el movimiento de defensa armada entre los católicos de aquel municipio.

Angel_viñeta

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