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ANTICATOLICISMO GARRIDISTA EN TABASCO, ATROZ PERSECUCIÓN RELIGIOSA

25 de diciembre de 2013

 La secuencia de siete fotografías va de la farsa popular y escarnio teológico: véase el Cristo con el niño montado sobre los hombros del Cristo y un cigarro en la boca, hasta las fotos de los hachazos, el rociado del queroseno y la quema celebrada con entusiasmo por “el pueblo”. La serie fue publicada primero en la página web “Memoria Urbana”, luego en la página  “Anécdotas tabasqueñas” y por último en Milenio Tabasco.
 1 Tomás Garrido unos momentos antes del Día de la quema de santos 1

 Quema del Cristo en Villahermosa. Autor desconocido (1930 Aproximadamente)

La serie se compone de siete fotos que tienen la reminiscencia de los relatos medievales, tiene algo de carnaval y aquelarre, solo que en vez de la quema de mujeres falsamente acusadas de brujas, lo que se lleva a la hoguera es un Cristo. Y no es España, Francia ni Alemania, es Tabasco, un poco después del primer cuarto del siglo 20.
Es un Cristo con los brazos en cruz, rígidos, quizá paralizados por los muchos siglos que lleva cruxifijado en el madero. Es un Cristo, tieso, cabizbajo y humillado. Un cristo lastimoso que fue bajado del mismo modo que se le puso ahí: a martillazos.
La secuencia inicia con la presentación y la farsa popular de escarnio: véase el Cristo con el niño montado sobre los hombros del Cristo, y ese cigarro en la boca puesto ahí como una última voluntad para los condenados que no quieren más que respirar profundo antes de agarrar vuelo a quien sabe dónde.
La gente se toma la foto, esa novísima costumbre que ahora es tan común ver entre los admiradores y las celebridades de ocasión, aquí es una especie de testimonio: la mujer que en plena neurosis saca la lengua y el hombre de barba solemne, patriarcal –en Tabasco una barba mística diríamos-.
En la primera toma también aparece el “góber” celebrando el pillaje aunque no participa: no hace leña de los cristos caídos, quizá porque este tipo de ultraje es para el populacho, no para gentes de su altura o porque en el fondo recuerda la vocecita de su tierna madrecita: ¡¡No lo hagas mijito!! Las siguientes fotos van desde los hachazos hasta el rociado del queroseno y la quema celebrada con entusiasmo.
Y si bien lo que aparece en las fotos no tiene  relación con la guerra Cristera, si está ligado con los ánimos de ese mismo periodo posrevolucionario, y tiene –mucho, todo- que ver con el intento de campaña de desfanatización religiosa que realizó en Tabasco Tomás Garrido
Cristo y garridistas
 ¿Cómo se sabe que es Tabasco y forma parte de la “guerra cristera” tabasqueña? Porque aparece precisamente de manera inconfundible la figura de Tomás Garrido, con su porte de caudillo de película: Garrido, el quemasantos, el mismo que le dio el voto a la mujer.
Un poco antes de que concluya la 1ra Guerra Mundial, durante el gobierno de Francisco J. Múgica se estable por decreto el nombre definitivo de la ciudad-capital de Tabasco: Villahermosa, el 3 de febrero de 1916.
Ese cambio de nombre laico es el preámbulo de lo que se vivirá 8 años después en Tabasco: la quema de santos a manos del garridismo que a su vez tenía como telón de fondo la Guerra Cristera.
Es este el año de inicio de la era moderna para la ciudad. Es un periodo largo y sinuoso, con estancamientos sociales pero al mismo tiempo con relevos generacionales, políticos y de comunicación. Se pasa de políticos militares a los gobiernos civiles, de los ríos a las carreteras,  cambios que se mantienen hasta nuestros días de la mano de una penosa actualización siempre retroactiva.
En 1923, el año que aparece la famosa cámara Leica, inicia el Garridismo. Tomás Garrido es electo para gobernar Tabasco del 1 de enero de 1923 al 31 de diciembre de 1926. Este es la segunda de tres ocasiones que Garrido llega al Palacio de Gobierno.
Los atropellos de su anticlericalismo es un adelanto de lo que cuatro años después se conocerá como la Cristiada. Como político, será uno de los primeros gobernantes que utilizará la imagen para promocionarse y promocionar sus reformas fuera del estado, siempre con miras políticas nacionales.
La fotografía todavía no era una práctica popular entre los tabasqueños. La fotografía que conocemos sobre este territorio de aguas y sus gentes, fue hecha por viajeros: Charles. B. Waite  es el más destacado, pero luego le seguirían Jaime Tirado. Los retratistas tabasqueños dejaban de vez en cuando sus estudios o bien los comerciantes dejaban sus negocios y salían con sus cámaras para retratar las inundaciones o las llegadas de los grandes barcos.
Se cree que Garrido es el primer gobernante tabasqueño que se dio cuenta del inmenso poder político de la fotografía y de la promoción de la imagen. Contrata fotógrafos tabasqueños y trae especialistas para cubrir eventos especiales. Paga inserciones de su trabajo en periódicos nacionales, se deja apachar para la imagen pública.
Y así es como aparece en esta secuencia, bastante desconocida, que abre la secuencia de siete tomas que van de la presentación y farsa popular de escarnio (véase el Cristo con cigarro y el niño montado sobre los hombros) hasta los hachazos y quema.
No se sabe quién es el fotógrafo. No tienen firma ni fecha. El maestro Hermilo Granados adelanta que se podría tratar de Salvador Illán (véase la Nota de calce pos-escrita) pero si nos atenemos a lo que se consigna en el libro “La fotografía en Tabasco” (1986), de José Antonio Rodríguez, otro probable autor sería Jesús de la Fuente, fotógrafo contemporáneo y contrincante de Illán.
Como sea, la colección tampoco aparece en ningún libro de historia local. Esto es una tarea pendiente de una asignatura pendiente: la historia de la fotografía en Tabasco.
Las fotos aparecieron hace un año en la  página web “Memoria Urbana”, luego fueron retomados en algunos foros fesisbuceros tabasqueños como “Anécdotas tabasqueñas”. Las serie se presentó en el página como parte de los sucesos de la guerra cristera que convirtió al centro y sur del país en un cruel campo de guerra. Los datos precisos para la consulta los compartió amablemente la señora Crucita Leal, una gran amante de la fotografía y coleccionista de la fotografía antigua local.
Solo se puede conjeturar que el autor “anónimo” cumple una orden a través de su cámara, lo más preciso posible, o bien que fue un fotógrafo viajero que pasó por aquí y se topó con aquel suceso. En cualquier caso siguió su instinto sin que se le escapasen las escenas más importantes y dejó una secuencia que tiene mucho de simbolismo y acaso poco de la realidad.

 Nota de calce pos-escrita
El maestro Hermilo Granados acostumbra pasar por el Centro Histórico a tomarse su café de mediodía. Hoy pasó como de costumbre por su café y me aportó varios datos importantes: Su madre vivió la época garridista, formaba parte de los burócratas cercanos al gobernador y, de hecho, también padeció el acoso en la quema de santos.
Uno de los datos que me platicó fue el siguiente. Durante la campaña de desfanatización religiosa, Tomás Garrido acostumbraba a citarse con sus cabecillas y grupos en alguna esquina de las calles villahermosinas. Ahí empezaban la incursión punitiva, casa por casa. Si se trataba de las casas de tabasqueños acomodados, él mismo en persona llegaba y tocaba a la puerta, preguntaba dónde estaba el altar o –en el caso de que ya los hubiesen escondido- dónde estaban guardados o escondidos los santos. Luego pedía permiso para entrar. Un permiso más bien oficioso porque se trataba de una orden, de un sometimiento.
Entraba,  unos sacaban los santos y otros los amontonaban en una esquina de la cuadra. Casa por casa. Salían los bustos de madera tallada y óleos sobre tela. Luego se le prendía fuego al montón. Para festejar, los garridistas montaban un pequeño aquelarre, un carnaval blasfemo, iconoclasta: las mujeres se vestían de monjes y aparentaban tener relaciones sexuales en plena calle.
La siguiente anécdota es precisamente la que me transcribió en uno de los comentarios a la nota:
Es probable que el autor de las interesantes imágenes haya sido el fotógrafo Salvador Illán, padre del conocido locutor de radio Luis Illán Torralba. El Sr. Illán fue el fotógrafo oficial del controvertido dirigente de Tabasco Tomás Garrido Canabal y por lo tanto tenía el acervo más importante de este periodo. Al terminar su tarea como fotógrafo Illán destruyó todo su acervo, según palabras de su propio hijo Luis.
¿Por qué destruyó todos sus placas el fotógrafo tabasqueño? Es muy probable que para evitar represalias de los tabasqueños que habían padecido “los ataques al catolicismo por parte de Garrido que provocaron terribles vejaciones a familias tabasqueñas”. Tomando en cuenta que Tabasco a finales de los 30 y en los cuarenta era un polvorín emocional y violento, la medida era más que razonable aunque también se puede especular que Illán destruyó su material fotográfico por una orden directa de su jefe que no quería dejar huellas de sus “medidas” impopulares entre las familias de donde saldrían los nuevos políticos, sin duda.
adornos6
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