Skip to content

EL ROSARIO EN FAMILIA

23 de diciembre de 2013

El Rosario en familia.

familia2Ninguna ocasión como la presente para hacerte, ¡oh lector!, algunas observaciones sobre una costumbre cristiana y española que quisiera yo nunca dejases perder en el seno de tu hogar doméstico: hablo del Rosario en la familia.

La familia está sufriendo no menos que la sociedad el embate de la irreligión y de lo que se llaman ideas nuevas, que en realidad son ideas muy viejas, pues son del paganismo. Y por efecto de esta fatal influencia muchas familias cristianas abandonan las prácticas religiosas a pretexto de que son antiguas, alegando que se ha de vivir con el siglo, y que hay que dejarse de preocupaciones. Déjate de cuentos y de tonterías, amigo mío; Dios siempre será de moda y a Dios no le harán saltar de su trono todas nuestras locuras. Dios es de todos los siglos, o mejor, todos los siglos son de Dios. Y el servir a Dios, y el temerle, nunca será una preocupación, por más que haya cuatro decenas de infelices, no sé si más necios que malvados, que así aparenten creerlo.

¿No es, pues, gran lástima que hombres que se llaman católicos den al olvido o hayan desterrado de sus prácticas cotidianas esta santa práctica del Rosario en familia?, ¿No causa tristeza que hombres de orden, de autoridad y de respeto, severos en todo, formales, conservadores, consideren como cosa del otro siglo, y propia únicamente de mujeres, esta devoción? ¿Cómo si el hombre más barbudo y empingorotado no tuviera el alma tan hija de Dios como la mujer! ¡Como si para ambos no hubiese la misma muerte, el mismo juicio y el mismo infierno!

Querido lector, quien quiera que seas, ¿No es verdad que no vamos bien, sino mal, muy mal? El nombre de Dios apenas se permite que reine en las costumbres públicas; ¿Permitirás que la impiedad lo arroje también del seno de tu familia? En muchas no se oye jamás este nombre adorable: en cambio se oyen palabras que los labios honrados no pueden pronunciar; chistes que los oídos castos no pueden oír; conversaciones de las cuales huye como espantada la virtud, porque destrozan sin piedad la fama del prójimo y la modestia cristiana. Y ¿Por qué esto? Porque a la Religión divina se la va arrinconado, como lámpara solitaria en el templo: se le ha arrojado de las leyes en tantos pueblos, no se la tolera en las plazas de tantas vecindades, y tal vez tú empiezas a arrojarla también, como huésped incómodo, de la familia. No obstante, en medio de los hombres es donde debe vivir, y no solamente en la oscuridad del santuario; en medio de vosotros, hombres de mundo; en vuestras casas, en vuestras fábricas, en vuestros festines, en vuestras diversiones, en todas partes a donde lleváis vuestra alma, allá habéis de llevar a Dios como Juez, y a la Religión como compañera. Y en todas partes ha de dirigir vuestras acciones, refrenar vuestros deseos, amansar vuestras iras, enjugar vuestras lágrimas.

Ahora bien; si esta Religión divina ha de reinar entre vosotros en vuestra familia, de ningún modo mejor que con el santo Rosario que comprende, como visteis, los tres acto s principales de la Religión, la meditación, la súplica y la alabanza. Y el jefe de la familia debe presidir el Rosario como el negocio más importante del día; y los criados y los hijos deben aprender de él a venerarlo como la porción más respetable de la herencia paterna. Y el Rosario, cuyo dulce y acompasado murmurio subirá desde vuestro hogar hasta el trono de María, volverá a caer desde él sobre vuestra casa convertido en rocío bienhechor de bendiciones y consuelos.

¿No es verdad que necesitáis de Dios, lectores míos? ¿No es verdad que necesitáis de Dios para el éxito de vuestros negocios, para la cosecha de vuestros campos, para el porvenir de nuestros hijos, para la salud de vuestros cuerpos y para la tranquilidad de nuestras almas? Oídme, pues, y concluyo. De las veinticuatro horas del día entre vuestros negocios, entre vuestros placeras y entre vuestro descanso, ¿Tan duro se os hace conceder un cuarto de hora a vuestro Dios? ¿Es que tal vez se os pide demasiado? No sé si os contentaríais con que os diese tan poco el último de vuestros servidores. Creo que sois algo más exigentes.

¿No es verdad, querido lector? A ver, pues, cómo restableces en tu familia, con gran consuelo de tu mujer, la cristiana costumbre del Rosario, que habías tal vez olvidado.

 

ozdoba

No comments yet

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: