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¿UNA NUEVA RELIGIÓN?

1 de diciembre de 2013

¿UNA NUEVA RELIGIÓN?
Rafael Gambra

Revista Roma N° 55 – Verano de 1978/79 

POR: JORGE LÓPEZ

ROMAHace 35 años, ya era evidente que lo que se quería implantar, era, no ya a una desviación en la doctrina y sino a sustituirla por una religón diferente. La misión de Mister Bergoglio es terminar la obra de destrucción de sus antecesores.

Bajo el título “Esta nueva religión…” publicó hace ya tiempo la revista francesa Le Monde etla Vie un artículo del Rvdo. Louis Coache, en el que este cura rural expresa toda la inmensa angustia de la Iglesia en los momentos presentes.

A través de él vimos cómo la obra de los innovadores progresistas, utilizando en su provecho o forzando los acuerdos del Concilio, conducen, no ya a una desviación en la doctrina y en la significación de la Iglesia, sino a su sustitución por una religón diferente.

¡Una nueva religión! Tal es la tesis, asimismo, del ilustre profesor belga Marcel de Corte en un luminoso trabajo que ha titulado “Diagnóstico del progresismo”. Una nueva religión —en el sentido más amplio de esta palabra— que se infiltra a título de evolución en los símbolos, textos y disciplina del catolicismo, trocando sutilmente su sentido y situando paulatinamente al cristiano ante un mundo y espíritu nuevos que le resultan invenciblemente sospechosos, y hacia los que, al cabo, no puede por menos de experimentar una mezcla de extrañeza y hostilidad.

Apóstatas antes que mártires

Nadie deja de ver que la actitud del marxismo y de los gobiernos comunistas hacia la Iglesia ha variado en los últimos años. Para algunos esta suavización de la actitud soviética hacia la Iglesia constituye un indicio de sana evolución en la mentalidad marxista o, incluso, un signo de su posible conversión. Tal juicio podría tomarse en consideración si esa aparente aproximación no coincidiera paso a paso con el mucho más claro desarrollo dentro de la propia Iglesia de esa corriente que tiende a transformar la religión católica en el culto del Hombre, del Progreso y de la Paz.

Todo hace sospechar entonces que la alta dirección del marxismo se ha dado cuenta de que la religión no puede extirparse de los corazones por la persecución violenta ni aun por la sofocación pacífica, medios empleados hasta el presente. El primero aviva la religiosidad; el segundo, la sostiene latente y siempre dispuesta a revivir. Cabe, sin embargo, un tercer sistema: infiltrarse en ella, pervertirla y transformarla sin alterar sus formas e imágenes: utilizarla, en fin.

El snobismo de estar al día

Para esta acción sutil e insidiosa no habrían de faltar al marxismo factores sumamente aprovechables en el mundo llamado occidental o libre, y también en el mismo seno de la Iglesia. Ante todo, el snobismo o el anhelo pueril de estar más al día que nadie, sentimiento que es en los hombres algo semejante a la coquuetería en las mujeres —causa frecuente de su perdición—, y al que son particularmente susceptibles los eclesiásticos, tanto por su dedicación intelectual como por su estado célibe. Después, el espíritu de rebelión contra toda forma de autoridad y el imperativo de “libertad” o autonomía que, ambiental desde el Renacimiento, se ha exacerbado en términos alucinantes durante los últimos veinte años.

El humanismo integral y la nueva cristiandad

En el terreno doctrinal esta infiltración no ha encontrado auxiliares menos valiosos entre los movimientos actuales dentro de la Iglesia Católica. Citemos el Humanismo Integral, o teoría de la Nueva Cristiandad de J. Maritain, tan profundamente relacionada con el modernismo de Lamennais. Para Maritain la sociedad laica o secularizada que nació de la Revolución Francesa se convierte en el ideal auténtico de una sociedad cristiana sin otra condición para serlo que la de que un aliento religioso le sea insuflado por los individuos que la componen. La religiosidad será así, como para los protestantes y liberales, asunto meramente privado, y cualquier forma de vivencia política o social de la religión es errado “triunfalismo” o superada “era constantiniana”. La organización de la vida humana es asunto temporal y tecnológico.

Citemos, en un paso más avanzado, el teilhardismo, para el cual el hombre, fruto de la evolución, se deifica en un Progreso indefinido del cual es heraldo el mismo Cristo y predicción mitificada (al modo de la interpretación gnóstica) el cristianismo. La religión del Hombre hecho Dios sustituye así a la vieja religión del Dios hecho hombre.

El aggiornamento y los vientos de la historia

Toda esta gran metamorfosis se realiza ante nuestros ojos por grados insensibles, sin rupturas ni declaraciones violentas, pero decidida y enérgicamente quemando las etapas. Un relato sucinto de cuanto se dice, se hace y se propugna hoy en amplios sectores de la Iglesia sería hace poco más de un lustro estrictamente escandaloso, impensable, casi sacrilego. Y lo sería con verdad. Sin embargo, para muchos espíritus dóciles e ingenuos no se trata hoy más que de responder al viento de la Historia, de un aggiornamento de la Iglesia similar al realizado en otras épocas. Estos mismos se esfuerzan piadosamente en creer que la íntima repulsión que experimentan ellos mismos hacia el lenguaje y las obras de los innovadores es efecto de pertenecer históricamente a un sector de la Iglesia muy localizado y quizá no debidamente evolucionado, localización que no puede contar para la Iglesia cuyas miras son universales. Como si la ruptura sistemática de costumbres, tradiciones y vinculaciones pudiera aprovechar en parte alguna a cualquier forma de religiosidad.

No comprenden éstos que el aggiornamento al genio de una época como la presente, más que descristianizada, esencialmente amotinada contra Dios y contra todo principio de autoridad, sólo puede consistir en la propia dessacralización, esto es, en autodestruirse como tal religión. Si puede hablarse de “nueva religión” en la concepción implícita en el progresismo ecumenista es sólo como religación del hombre al sentido de su propio progreso, a la deificación de este movimiento, concebido siempre bajo una forma puramentetecnocrática y económica.

La nueva religión: interpretación pagana del cristianismo

Se dijo del movimiento modernista, condenado por San Pío X, que más que una herejía fue como el sustrato de todas las anteriores. Del humanismo actual propiamente habría de afirmarse algo mucho más grave, por difícil que ello parezca: que no se trata de una herejía más o menos profunda o radical, sino de la dessacralización de la religión o de su sustitución por una pseudoreligión (religión laica o religión humanista) negadora —en su término tendencial— de un Dios personal y trascendente. Así como los gnósticos, en los albores de la Iglesia, no constituyeron propiamente una herejía sino una interpretación pagana del cristianismo en la que éste se sometía a la cultura grecolatina, así el progresismo humanista no viene a ser en su fondo más que una interpretación racionalista — extracristiana— del cristianismo y de su papel histórico. Si los gnósticos antiguos fueron inspiradores de herejías en el seno de los creyentes —como la arriama principalmente—, los progresistas lo son hoy de múltiples posiciones heréticas o semiheréticas entre los católicos de hoy. Pero ni unos ni otros podrán pasar a la historia como desviaciones cristianas sino, en rigor, como posiciones extra-cristianas.

La anti-religión humanista

El Rvdo. Louis Coache destaca como una herejía concreta, aunque hubiera revestido la profundidad y extensión del protestantismo, hubiera sido menos nociva para la Iglesia que esta anti-religión llamada humanismo o progresismo por cuanto que, frente a aquélla, hubiera podido la Iglesia resultar indemne en su disciplina y animada de un nuevo fervor en la necesidad de defenderse.

Imaginemos que un nuevo Lutero hubiera lanzado hoy a la faz de la Iglesia estas afirmaciones:

—Creed en el Hombre más que en Dios, o interpretad a éste a la medida de aquél. La oración es inútil y nuestra religión debe ser desmitificada.
—El Cielo está en la Tierra, y se realiza mediante el Progreso y la socialización.
—El Mundo es sagrado y de su desarrollo en una progresiva secularización fue heraldo Cristo. La Eucaristía es sólo un símbolo.
—La Iglesia ha predicado durante toda la era constantiniana, y hasta 1958, un contra-evangelio, una defectuosa versión del mensaje de Cristo.
—Todas las religiones son buenas en la medida en que sirven a la felicidad del Hombre y a su progreso.
—El Marxismo constituye una excelente purificación del mundo actual. Es constructivo, y su fondo coincide con el anhelo cristiano.
Si hace, por ejemplo, 15 años un tal heresiarca hubiera proclamado esas proposiciones frente a la fe de la Iglesia, una inmensa reacción, una inmediata condena hubieran afianzado la fe a la vez que el sentido de la profesión del cristiano. Sin embargo, no son otras las proposiciones que oímos hoy sutilmente mezcladas con la palabra divina y bajo las supuestas miras de una actualización de la Iglesia o de un retorno a sus más puras fuentes. Con tal procedimiento la sensibilidad de los fieles se embota, las mentes se confundir! y decaen en la fe al perder el sentido de los límites; la disciplina se relaja, y una religión que se proclama (con la ONU) al servicio de la paz de la Humanidad deja de brindar a los hombres la verdadera paz del espíritu para sustituirla por la inquietud y el hastío.

Invocación del P. Coache

El artículo del P. Coache terminaba con esta emocionada invocación:

“Señor, Dios Todopoderoso, en esta confusión que ha venido a turbar a tantas almas fieles, queremos expresaros todo nuestro amor de hijos y nuestra voluntad de mantener hacia Vos los sentimientos de adoración profunda y de piedad confiada y filial.
“Vos sois el Dios de San Juan Crisóstomo, desterrado por haber predicado la Doctrina y la Virtud.
“El Dios de Juana de Arco, llena de fe y de pureza.
“El Dios de San Francisco de Asís, con corazón de niño y sencilla piedad.
“El Dios de Teresa de Avila, de alma generosa e intrépida…
“¡Oh, Cristo Jesús!, Dios de toda felicidad y del Calvario, inmolado por nuestros pecados, que predicasteis la renuncia al mundo y el amor a vuestro Padre…
“¡Oh, Espíritu Consolador!, enviado a nuestras almas para purificarlas y santificarlas…
“Venid a vuestra Iglesia a fin de darle nuevo aliento y valor. Recordad a los sacerdotes que Vos sois la Verdad y la Vida, que no hay otro nombre por el que podamos ser salvados… Renovad en ellos la fe en la Iglesia, vuestra única esposa, y la sumisión a su autoridad infalible …
“Consolad y fortificad a vuestros fieles, aquellos que no saben ya a dónde ir porque su clero o sus periódicos les predican un Evangelio distinto. Decid a estos fieles desconcertados cómo el Evangelio de su infancia permanece como la sola Palabra, y que no hay otro Dios que Vos, Señor.
“Que no se dejen arrastrar por los falsos profetas a llamar bien lo que es mal, verdad lo que error, espíritu del Concilio lo que es desobediencia…
“Santa Virgen María, Reina del Cielo y muralla contra las herejías, sed nuestra luz y nuestra abogada para que guardemos el camino de la Verdad en una caridad inquebrantable, pero sin dejarnos engañar por los lobos vestidos de oveja que quieren conducirnos a la adoración del Mundo…”

 

Revista “Roma” N° 55, Pg. 5

 

adornos6

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  1. parenesis permalink
    2 de diciembre de 2013 7:29 PM

    Tal cual todo, especialmente ese último parrafo antes de la invocación.

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