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EL JURAMENTO SOLEMNE EN HIGUERILLAS

23 de noviembre de 2013

DionEduarOchoa230313

Los rostros de aquellos hombres, tostados por el sol y curtidos por la rudeza de la vida, estaban radiantes de contento. Dionisio Eduardo Ochoa, el jefe libertador, y Miguel Anguiano Márquez les dirigieron la palabra haciendo vibrar aún más sus almas con sano y viril entusiasmo cristiano. Se les habló de sus deberes, de su alta y noble misión y de la grande gloria de trabajar y sufrir por Jesucristo. Después fue recitado el Símbolo de la Fe y luego, en coro, el solemne juramento, con la fórmula con que ya algunos lo habían hecho en Caucentla. El acto terminó, como es natural, en medio de un entusiasmo desmedido y entre los vivas de aquellos nuevos Macabeos: ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Santísima Virgen de Guadalupe! ¡Viva el Papa! ¡Viva el Ejército Nacional Libertador!, gritaban con potente voz aquellos hombres, cuyo eco repetía la montaña.

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5 comentarios leave one →
  1. 23 de noviembre de 2013 4:53 AM

    No hay palabras…

  2. RuyDIaz permalink
    24 de noviembre de 2013 11:38 AM

    Que le Senor nos de la Fe y la velentia de los Cristeros

  3. ultramontano permalink
    24 de noviembre de 2013 7:18 PM

    Pero ¿qué dice, palabra por palabra, ése juramento que mencionan? Me gustaría que lo añadieran al artículo para mayor ilustración de la Fé Cristera que todos debemos emular.

    • 24 de noviembre de 2013 8:51 PM

      “Yo juro solemnemente por Cristo crucificado, por la Santísima Virgen de Guadalupe, Reina de México, y por la salvación de mi alma, la cual entiendo bien que comprometo si falto mi juramento:

      PRIMERO: Guardar el más absoluto secreto sobre todo aquello que pueda comprometer en lo más mínimo la causa que defiendo.

      SEGUNDO: Defender con las armas en la mano la completa libertad religiosa en México. Es válido mi juramento hasta que no se consiga enteramente esa misma libertad religiosa que deseamos.

      Si cumplo, que Dios me premie, si no cumplo que Dios y mis hermanos me castiguen.

      Jesús Misericordioso: Mis pecados son más que las gotas de tu Preciosa Sangre que derramaste por mí. No merezco pertenecer al Ejército que defiende los derechos de tu Iglesia y que lucha por Tí. ¡Quisiera nunca haber pecado para que mi vida fuera un ofrenda agradable a tus ojos! Lávame de mis iniquidades y límpiame de mis pecados. ¡Por tu Santa Cruz, por tu Muerte, por mi Santísima Madre de Guadalupe, perdóname! No he sabido hacer penitencia de mis pecados; por eso quiero recibir la muerte como un castigo merecido de ellos. no quiero pelear ni vivir sino por tu Iglesia y por Tí.

      Madre Santísima de Guadalupe: Acompaña en su agonía a éste pobre pecador. Concédeme que mi último grito en la tierra y mi primer cántico en el Cielo sea ¡VIVA CRISTO REY!“

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  1. Anónimo

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