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CONTRA EL SEDEVACANTISMO

27 de octubre de 2013

Por Christopher Fleming

 

En los tres Evangelios sinópticos, en el discurso escatológico, los discípulos le preguntan al Señor: “Dinos cuándo sucederá eso, y cuál será el signo de tu venida y del final del mundo.” (Mateo 24:3) La respuesta de Nuestro Señor empieza así: “Mirad que no os engañe nadie.”  Los últimos tiempos son por tanto tiempos de gran confusión y engaño. Los católicos de hoy en día que queremos salvar nuestra alma tenemos que enfrentarnos todos los días a mentiras y medias verdades que buscan alejarnos de la fe. Viendo la tremenda crisis en la Iglesia, con una apostasía generalizada entre los fieles, herejías difundidas por el clero, el episcopado, y hasta por el Vaticano, muchos han dudado y han terminado cayendo en el error del sedevacantismo. Propongo desmontar las tesis sedevacantistas, para que ningún lector sea víctima de este error por ignorancia.

Primero, una definición del sedevacantismo. El término proviene de las palabras sede vacante, en referencia a la sede de San Pedro. Los sedevacantistas afirman que hoy no hay Papa, y la mayoría creen que no lo ha habido desde 1958, cuando fue elegido Juan XXIII. Los argumentos de los sedevacantistas tienen la misma base que los tradicionalistas, entre los que me incluyo; es decir, los que nos oponemos a la “nueva orientación” en la Iglesia inaugurada por el Concilio Vaticano II, esencialmente una apertura al mundo, o para usar la palabra de Juan XXIII, un aggiornamento. Los sedevacantistas, al igual que los tradicionalistas, ven en el Concilio Vaticano II doctrinas nuevas que son incompatibles con la Tradición, y perciben la Nueva Misa como un rito semi-protestante. Hasta aquí estamos de acuerdo.

Donde se divergen los dos campos es la postura que hay de adoptar frente a los errores doctrinales y las aberraciones litúrgicas promovidos por los Papas desde el Concilio. Los tradicionalistas no dudamos en alzar la voz para criticar los errores doctrinales que hoy en día abundan en todos los ámbitos de la vida católica, y nos negamos a colaborar con los que buscan la ruina de la Iglesia. Pero no por eso dejamos de reconocer a Francisco I como el legítimo sucesor de San Pedro. Los sedevacantistas, por otro lado, razonan de la siguiente manera: Premisa 1: Francisco I ha pronunciado herejías públicamente, y es por tanto un hereje manifiesto. Premisa 2: cuando un católico cae en la herejía se sitúa fuera de la Iglesia. Premisa 3: una persona que está fuera de la Iglesia no puede ser cabeza de la misma. Ergo: Francisco I no puede ser el Papa.

La cosa no es tan sencilla como nos la pintan los sedevacantistas. Veamos sus argumentos uno por uno.

Respecto a su primera premisa, es cierto que Francisco, igual que todos los Papas desde Pablo VI, ha dicho cosas que son absolutamente irreconciliables con la fe católica. Por ejemplo, afirmar que los ateos se pueden salvar mientras hagan buenas obras, me suena a herejía, dado que contradice abiertamente la Sagrada Escritura (sin la fe es imposible agradarle, pues nadie se acerca a Dios si antes no cree que existe. Hebreos 11:6), por no mencionar el Concilio de Trento, donde se dice que la fe es el principio de la justificación, y un sinfin de declaraciones papales similares.

Lo que no está tan claro es que por predicar un error así Francisco se puede calificar de hereje. Hay que tener en cuenta que, igual que con cualquier pecado, existe lo que se denomina herejíaformal y herejía material. Un hereje material es aquel que cree y dice herejías, sin más. Yo no dudaría en situar a Francisco I en esta categoría. El hereje formal es aquel que cree y dice herejías con pleno conocimiento de causa y de manera pertinaz. ¿Cómo se puede saber si alguien ha caído en herejía formal? La Iglesia tiene mecanismos para determinar esto; hay tribunales eclesiásticos que pronuncian sentencias contra herejes, como se hizo con Lutero, por ejemplo. El problema estriba en que no hay ningún órgano competente en la Iglesia para juzgar a un Papa reinante, porque por encima del Papa sólo está Dios.

Esto significa que cuando los sedevacantistas afirman que Francisco I es un hereje, en el sentido formal, se están abrogando una autoridad que no les corresponde. Es como si yo me pusiera a decidir si el matrimonio de mis vecinos es válido o no. Yo puedo sospechar, incluso tener un buen grado de convicción, de que no están válidamente casados por la razón que sea, pero no puedo abrogarme la autoridad para dictar sentencias de nulidad, porque eso corresponde exclusivamente a la Iglesia. Tiene que existir un tribunal eclesiástica competente para determinar estas cosas. Otra consideración es que dichos tribunales abusen de su autoridad; eso no afecta para nada lo esencial, que es su legítima autoridad para dictar sentencia, autoridad que proviene en última instancia de Cristo, quien le entregó las llaves del Reino de los Cielos a San Pedro, y le dijo: “lo que ates en la tierra quedará atado en el Cielo“.

Si lo más prudente es dar por válido un matrimonio católico mientras no se demuestre lo contrario, cuánto más con un asunto que toca algo central en nuestra fe, como es la cabeza de la Iglesia. Hasta que un Papa posterior no declare hereje a los Papas posconciliares (algo que no descarto en absoluto), yo no diré nada por el estilo. Puedo decir que son materialmente heréticos por sus muchas declaraciones que objetivamente no son conformes a la Tradición católica, pero no puedo declarar por mi propia autoridad que estos Papas son formalmente heréticos.

Además de la imposibilidad de los súbditos de formalmente juzgar a su superior, los Papas posconciliares no son culpables de rechazar explícitamente cualquier doctrina infalible de la Iglesia. Pongamos un ejemplo. Cuando Benedicto XVI decía que los judíos de hoy en día son nuestros “hermanos mayores en la fe”, es indudable que sembraba confusión entre los católicos. Esta frase desafortunada sugiere que la Antigua Alianza sigue vigente, y que los hombres se pueden salvar sin necesidad del bautismo, algo que contradice las palabras del Señor; “el que no nace de nuevo del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios“. (Juan 3:5) Además, contradice varios concilios ecuménicos que enseñan infaliblemente que “fuera de la Iglesia no hay salvación”.

Sin embargo, hay que notar que S.S. Benedicto XVI nunca dijo algo por el estilo, “lo que enseñó el Concilio de Florencia sobre la imposibilidad de salvarse fuera de la Iglesia es falso”. Nunca dijo algo tan descarado como, “la Iglesia Católica siempre ha llamado a los judíos a la conversión, mas yo digo que no necesitan convertirse.”[1] Eso sería equivalente a auto-declararse un hereje, porque sería oponerse explícitamente a la enseñanza infalible de la Iglesia. Eso es lo que hicieron los herejes de antaño, por lo que era más fácil identificarlos como tales. Lutero, el arquetipo de hereje, decía; “la Iglesia Católica siempre ha dicho X, y yo digo Y”, oponiéndose abiertamente al Magisterio de la Iglesia. Los modernistas operan de otro modo. Como explicó San Pío X en su encíclica contra el modernismo, Pascendi [2], los modernistas dicen una cosa ortodoxa y luego otra heterodoxa, huyen de las definiciones teológicos, juegan con la ambigüedad. Por eso precisamente son tan peligrosos, porque son camaleónicos, camuflan sus errores entre doctrina recta y palabras que suenan católicas.

Es por esta razón que aún podemos dudar de hasta qué punto los Papas posconciliares son conscientes de que sus opiniones teológicas contradicen el Magisterio de la Iglesia. Podemos tener serias dudas acerca de sus buenas intenciones, pero como no tenemos ninguna autoridad para juzgarlos debemos abstenernos de condenarlos como herejes. Yo, por ejemplo, creo que cuando Juan Pablo II convocó a los representantes de las falsas religiones en Asís en 1986, lo hizo con el sincero deseo de fomentar la paz en el mundo. Todos conocemos el dicho; “el camino hacía el Infierno está cubierto de buenas intenciones”. Es posible pensar que, debido a una defectuosa formación filosófica (Wojtyla, mucho antes de ser Papa era un fenomenólogo convencido), no era capaz de distinguir entre la esencia y la percepción de las cosas, un error en que un tomista jamás cometería. Objetivamente cualquier católico que conozca mínimamente su fe sabe que lo que hizo Juan Pablo II en Asís fue un pecado público contra el Primer Mandamiento, y por tanto es nuestro deber denunciar el escándalo, y hacer reparación por la ofensa causada a Dios. Sin embargo, nadie puede juzgar si subjetivamente era consciente de la ruptura con la Tradición que supuso su gesto. Tampoco podemos saber si lo hizo motivado por odio a Jesucristo o por un sentimiento de falsa caridad hacía los infieles.

Hay un artículo del Padre Dominique Boulet, FSSPX, que trata con mucha claridad (y mucha más erudición de la que yo soy capaz) el tema del sedevacantismo. Respecto a la imprudencia de juzgar a un Papa escribe lo siguiente:

¿Cómo es posible que algunos sujetos pretendan demostrar con certeza moral que el Papa, en su corazón, esto es, en su interior, realmente espera y desea causar y traer un gran mal sobre sus súbditos y que es debido a su maldad que promulga leyes malvadas? No es posible. Como típico liberal, Juan Pablo II está esparciendo declaraciones y concesiones ambiguas con el fin de complacer al mundo. Podría suceder que él realice declaraciones heréticas sin incluso darse cuenta de ello, y así, no podría acusársele de herejía formal. Por lo tanto, mientras no exista una prueba irrefutable, es más prudente abstenerse de juzgar. Esta fue la prudente línea de conducta del Arzobispo Lefebvre.

Hay una objeción a la tercera premisa del argumento de los sedevacantistas. Es una opinión controvertida afirmar que alguien que está fuera de la Iglesia no puede mantener un cargo en la Iglesia, lo que en términos técnicos se llama tener jurisdicción eclesiástica. Es verdad que hay una incompatibilidad de raíz, pero esa incompatibilidad no es absoluta. Así lo explica el P. Boulet:

De la misma manera que una planta puede todavía permanecer verde por mucho tiempo después de habérsele cortado la raíz, así, la jurisdicción podría mantenérsele, de forma precaria, sin embargo, incluso después de que el clérigo haya caído en herejía.

Si un obispo hereje no pierde su poder jurisdiccional mientras su superior no le destituye, ¿por qué no puede mantener su poder jurisdiccional un Papa hereje? Para el bien de la Iglesia Universal es necesario tener una cabeza visible, porque es una de las marcas esenciales de la Iglesia (¿Se trae el candil para meterlo debajo del celemín? Marcos 4:21), y por lo tanto podemos concebir que Cristo permite a veces que Su Vicario caiga en herejía, sin perder su jurisdicción. Esta opinión es apoyada por un teólogo de la talla de Garrigou-Lagrange, quien hace referencia al episodio en el libro de los Números (capítulo XXII:28-30), cuando Dios habla por la boca del asno de Balam.

Si se puede demostrar que a lo largo de la Historia de la Iglesia han habido Papas herejes, todos los argumentos de los sedevacantistas caen por sí solos. Una referencia interesante es esta declaración de Adriano VI (siglo XVI):

Si por la Iglesia romana usted se refiere a su cabeza o pontífice, está fuera de duda que podría errar incluso en materias tocantes a la fe. El haría esto cuando enseñara herejía por su propio juicio o decreto. En verdad, muchos Romanos pontífices fueron herejes, el último de ellos fue el Papa Juan XXII

Se sabe que Pío IX tampoco albergaba dudas de que un Papa pudiera en teoría ser hereje, ya que en una carta escribió la siguiente frase: “si un Papa en el futuro enseña algo contrario a la fe católica, no lo sigan”. Al caso de Juan XXII podemos sumar el nombre de Honorio I, condenado por herejía en el Tercer Concilio de Constantinopla (680) por su apoyo al monotelismo.

Sobre el asunto del sedevacantismo recomiendo encarecidamente una conferencia del Padre Gregory Hesse. En esta conferencia habla de la raíz del problema, el sufrimiento de la Iglesia. Muchos católicos piadosos que contemplan con horror los sacrilegios, la dejación de los pastores, y la sistemática demolición de la fe desde el Concilio Vaticano II, exclaman: “¿cómo es posible que esto ocurra en la Iglesia que Cristo fundó?” Como no pueden reconciliar la fe católica con los terribles sufrimientos y humillaciones actuales de la Iglesia, concluyen que la que ven no es la verdadera Iglesia.

Esto es lo que dijo también Mons. Lefebvre en una homilía de 1982; el problema hoy en día para los católicos es asimilar el sufrimiento de la Iglesia, que en el fondo está asociado a los sufrimientos de Cristo. Si meditamos sobre la Pasión de Nuestro Señor estaremos mejor preparados para afrontar los sufrimientos de Su Iglesia, y nos evitará caer en el sedevacantismo. Parafraseando al P. Hesse, históricamente muchas herejías han surgido por no entender el sufrimiento de Cristo. Primero, los arrianos decían que no era posible que Dios padeciera como padeció Cristo en la Cruz, por lo que Cristo no era realmente Dios. Luego los maniqueos decían algo similar, pero llegaron a la conclusión inversa; Cristo era Dios pero no realmente humano, sino tan sólo deapariencia humana.

Hoy en día existen las mismas dos corrientes frente a la crisis en la Iglesia; ambas dicen que es imposible que la auténtica Iglesia de Cristo sufra como sufre hoy. Por un lado los sedevacantistas dicen que el Papa no es realmente el Papa, porque al ver sólo el lado humano y pecador de la Iglesia, capaz de los peores crímenes, blasfemias y corrupciones, pierden de vista el lado divino de la Iglesia. Es como decir que un hombre que sufrió así en una cruz no puede ser verdadero Dios. Por otro lado están los neo-católicos que cierran los ojos y hasta son capaces de negar la existencia misma de la crisis. Ellos creen no solamente en un super-dogma de la infalibilidad papal, elevada hasta el absurdo de que absolutamente todo lo que dice el Papa es Revelación Divina, sino en la impecabilidad papal, la creencia ridícula de que el Papa reinante es necesariamente un santo y por encima de cualquier crítica. Los neo-católicos dicen que el Papa es siempre infalible y impecable, porque al ver sólo el lado divino de la Iglesia, se olvidan de su lado humano. Es como decir que un Dios que sufrió así en una cruz no puede ser verdadero hombre.

 TRADICIÓN DIGITAL

NOTAS

[1] En su libro “Jesús de Nazaret”, Ratzinger (alias Benedicto XVI) va hasta límites insospechados para intentar justificar la teoría ecuménica de que no deberíamos procurar la conversión de los judíos, aludiendo a una cita de San Bernardo. Tergiversa completamente el sentido del texto del gran santo del siglo XII, que dice que los judíos son tan duros de corazón (como el faraón ante Moisés), porque Dios ha reservado su conversión para los últimos tiempos. De ninguna manera se puede extraer de la lectura de este texto que los judíos no necesitan convertirse, o que sería inapropiado anunciarles el Evangelio.

[2] Hablando de los modernistas en su encíclica Pascendi Dominici Gregis, San Pío X dice:

De aquí que tropecemos en sus libros con cosas que los católicos aprueban completamente; mientras que en la siguiente página hay otras que se dirían dictadas por un racionalista. Por consiguiente, cuando escriben de historia no hacen mención de la divinidad de Cristo; pero predicando en los templos la confiesan firmísimamente. Del mismo modo, en las explicaciones de historia no hablan de concilios ni Padres; mas, si enseñan el catecismo, citan honrosamente a unos y otros.

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27 comentarios leave one →
  1. Jorge Pimienta permalink
    27 de octubre de 2013 6:10 PM

    También y me pregunto, si los sedevacantistas y los lefevristas no estarán pecando de soberbia al creerse que solo a ellos les asiste la razón, que según uds. la acción del Espíritu Santo llego solo hasta 1958, que Nuestro Señor no cumplió aquello de que estará hasta el fin del mundo. La confusión y el engaño siempre a existido antes del concilio Vaticano II y hasta la fecha. Lo que me reconforta es que sacerdotes pos conciliares como les nombran uds. realizan conversiones milagrosas, expulsan demonios y son ejemplo para el pueblo. Eso no lo he leído, lo he visto y para mi, es prueba fehaciente de que el Espíritu Santo sigue obrando maravillas en la Iglesia.

    • Eduardo permalink
      28 de octubre de 2013 1:39 AM

      Estimado Jorge,

      Claro que aun hay sacerdotes buenos “posconciliares”. Yo mismo me he ido a confesar muchos veces con ellos. El problema surge de los 95% de curas “posconciliares” que no profesan la doctrina católica y apostolica con la misma pureza, firmeza y coraje con que la predicaron los santos apóstoles. Porque no habla ud. del numero gigantesco de sacerdotes (en muchos casos la mayoria) que no creen en la doctrina de la transustanciación? La doctrina católica hoy casi siempre esta manchada de modernismo, y por eso apesta y aparta a muchísimas almas de buen corazón que antes (pre VII) se hubiesen convertido al catolicismo… Quizás ud no conozca las estadísticas para conversiones pre y post VII en países como EEUU… De otra manera quizás pensarías diferente.

      Y sobre si los lefebristas y los sedes pecan de soberbia, pues tal vez algunos si, pero calificar a todos de soberbiosos por la soberbia de una minoría no me parece muy honesto o caritativo. De la misma manera que no se puede calificar a todos los católicos que están dentro de las estructuras conciliares de apostatas a pesar de que muchos (en Europa y EEUU por lo menos, la mayoría) hayan perdido la santa fe católica y apostolica.

      ***

      “Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.” Mateo 10: 22

  2. 27 de octubre de 2013 8:38 PM

    Declarar que Bergoglio ha dicho una herejia e declararlo hereje dá en lo mismo. Denunciar las obras de las tinieblas y no apuntarles los tinieblosos es más incoerente que quedarse callado. La Caridad fuera de la Verdad es redundante hipocresía.

    “Y no comuniquéis con las obras infructuosas de las tinieblas; sino antes bien redargüidlas (reprobadlas abiertamente). (Ef 5, 11).

    ?Ora, como reprobar la obra tinieblosa sin apuntarle su operante? Como declarar que Bergoglio cometió una herejia sin declararle hereje?

    Si uno si aleja de la luz, no sirve más a la luz. No olvidemos lo de que nos ha advertido Nuestra Señora en La Salette:

    “Roma perderá la Fe y se convertirá en la sede del Anticristo”.

  3. Miguel echeverría permalink
    28 de octubre de 2013 1:39 AM

    Don Jorge, lo que es soberbia es apegarse a personas que enseñan lo contrario que la Iglesia ha enseñado siempre porque eso le da seguridad personal. Sobre todo cuando esos falsos maestros son aplaudidos por los enemigos de Cristo, como le ocurre a Bergoglio. En cuanto a los supuestos prodigios de los sacerdotes de la iglesia modernista… Bueno, el señor ya lo advirtio, que los anticristos harian prodigios aparentes.

  4. Miguel echeverría permalink
    28 de octubre de 2013 1:45 AM

    Este articulo de Christopher Fleming fue publicado inicialmente en Tradición Digital:

    http://tradiciondigital.es/2013/10/23/contra-el-sedevacantismo/

    Y en los comentarios intente mantener un dialogo critico con su autor, pero a pesar de que la discusión fue de lo más correcta, los moderadores de TD me censuraron y amenazaron y tuve que dejar tal conversación. Ahora me gustaria retomarla, pero francamente no estoy dispuesto a perder mi tiempo, por eso previamente quiero preguntar a los moderadores de este blog si estoy autorizado a continuar tal discusión.

  5. 28 de octubre de 2013 1:52 AM

    Sedevacante es poco. Estamos ya en Sedefinita.

  6. 28 de octubre de 2013 5:27 PM

    Christopher Fleming se equivoca, pues la Santa Sede sí está vacante, no sé si finita como dice Wulfrano, quien posiblemente tenga toda la razón, ya que parece que estamos ya en lo último, pero que la Santa Sede está bien vacante, hace ya bastante tiempo es innegable. Decir lo contrario es como querer tapar el Sol con un dedo, es simplemente no querer ver la realidad…
    Los falsos “tradicionalistas” (más bien lefebvristas), se contradicen todo el tiempo y son cismáticos…No tiene sentido esa postura “intermedia”; o se es o no se es…

    Yo voy a dejar a continuación el enlace a un video que yo mismo hice, que explica por qué el sedevacantismo es la verdad. Advierto que en el video se refutan todas las objeciones al sedevacantismo; aquí está: http://www.youtube.com/watch?v=x7YnqnPW3dM
    http://vsuis.forouruguay.net/t214-pruebas-de-que-el-sedevacantismo-es-la-verdad

  7. Miguel echeverría permalink
    28 de octubre de 2013 11:37 PM

    El artículo del señor Fleming afirma los siguientes extremos:

    1. Reconoce las herejías de Bergoglio.
    2. Pero distingue entre herejía material y herejía formal.
    3. Para que exista herejía formal hace falta una declaración de un tribunal competente que lo declare.
    4. Reconoce en Bergoglio la herejía material y no la formal, puesto que ningún tribunal puede juzgar al Papa (lo cual es cierto: el canon 1556 dice que “La primera Sede por nadie puede ser juzgada”).

    ¿Cuál es el error en ese razonamiento? El error es que:

    La herejía, el cisma y la apostasía están tipificados como delitos canónicos castigados con excomunión latae sententiae (cf. can. 1364). Ademas, el canon 194 § 1, 2, establece que queda removido del oficio eclesiástico ipso iure “quien se ha apartado públicamente de la fe católica o de la comunión de la Iglesia”.

    Por tanto, un papa, como es el caso de Bergoglio, que defiende públicamente y de forma reiterada herejías, está excomulgado latae sententiae y removido de su oficio eclesiástico ipso iure, es decir, sin necesidad de que ocurra un hecho o acto jurídico añadido, sino por el mismo Derecho.

    ¿Cómo podría ser depuesto en la práctica un papa que cae en la herejía, como es el caso de Bergoglio?

    Nadie lo puede juzgar a él, pero si puede ser juzgado sus afirmaciones. Por ejemplo, el Dicasterio de la doctrina de la Fe podría (debería) declarar que las afirmaciones de Bergoglio sobre que los miembros de otras religiones y hasta los ateos se salvan, son completamente heréticos. No habrá juzgado al papa, sino una afirmación del Papa, y automáticamente quedaría excluido del papado y de la Iglesia misma por el canon 1367, sin infringir en ningún momento el canon 1556.

  8. Héctor Adrián permalink
    29 de octubre de 2013 12:48 PM

    (El opinionismo)

    LA CUESTIÓN DEL PAPA: ¿“SÓLO UNA OPINIÓN”?
    Mons. Donald J. Sanborn

    image

    La vacancia de la Sede Apostólica, el no-papado de Francisco I, y por lo mismo también el de Benedicto XVI, Juan Pablo II, Juan Pablo I, Pablo VI y aún el de Juan XXIII, es una cuestión que siempre ha dividido a los tradicionalistas en los últimos cincuenta años, quizás más que cualquier otra.

    Entre los que han tomado el camino de la resistencia a las reformas del Concilio Vaticano II, una mayoría se declara SEDEPLENISTA, es decir, sostiene que Francisco I es el verdadero Romano Pontífice. Ellos siguen normalmente esta posición bajo la dirección de la Fraternidad San Pío X [o al menos están influidos por su mentalidad]. Otros, una minoría, aunque no insignificante, son SEDEVACANTISTAS, es decir, sostienen que Francisco I no es el verdadero Romano Pontífice, ni tampoco sus predecesores del Vaticano II.

    Esta diferencia de posición teológica ha causado un gran dolor en todo el mundo entre quienes resisten a las Reformas Conciliares. Cada una de las partes afirma que su propia posición es la correcta, y ciertamente necesaria para mantener la posición Católica. Ambas posiciones se acusan mutuamente de ser cismáticas.

    En el otoño de 1979, Mons. Lefebvre hizo pública una declaración en la que afirmaba que no toleraría en la Fraternidad San Pío X a quienes se rehusaran a nombrar a Juan Pablo II en el canon de la Misa. Expulsó a algunos sacerdotes en Europa porque se negaron a observar esta disciplina. En la primavera de 1980 llegó a Estados Unidos con la misma intención: expulsar de la Fraternidad a todos los que no querían nombrar a Juan Pablo II en el canon.

    Sin embargo, en el curso de las negociaciones con los sacerdotes norteamericanos, Mons. Lefebvre llegó a una especie de compromiso. El no iba a echar de la Fraternidad a los sacerdotes, si ellos estaban de acuerdo en conservar su sedevacantismo para sí mismos. Ellos podían omitir el nombre de Juan Pablo II en el canon, a condición de no hacer de ello algo público. El OPINIONISMO había nacido. El Arzobispo mismo había formulado el principio fundamental del opinionismo: “YO NO DIGO QUE EL PAPA NO ES PAPA, PERO TAMPOCO DIGO QUE UNO NO PUEDA DECIR QUE EL PAPA NO ES PAPA”.

    El propósito del presente artículo es examinar el opinionismo y dar un juicio sobre si es o no una posición legítima para ser sostenida. ¿Es posible que la identidad del Romano Pontífice sea una cuestión meramente de opinión?

    I. ¿QUÉ ES UNA OPINIÓN?

    Una opinión es una idea o doctrina que uno sostiene como PROBABLEMENTE verdadera. Sin embargo, uno tiene al mismo tiempo un temor fundado de que la idea contraria sea verdadera. Indudablemente la inteligencia se inclina hacia una idea y rechaza la contraria, pero no completamente. No acepta totalmente la propia como verdadera ni rechaza totalmente su contraria como falsa.

    A menudo también, entre grandes médicos existe sólo una opinión de los diagnósticos que hacen. Ellos no tienen una absoluta certeza, a causa de la falta de suficientes pruebas para obtener tal certeza. Así pues, PIENSAN uOPINAN que sus pacientes pueden tener tal enfermedad, pero no se sorprenderían mucho si con el pasar del tiempo encontraran algo diferente.

    II. ¿QUÉ ES UNA OPINIÓN TEOLÓGICA?

    Una opinión teológica es una doctrina que alguien sostiene, concerniente a una cuestión teológica, con el temor de que su contraria pueda ser verdadera. No se trata de algo que ya fue definido por la Iglesia. Se trata de una cuestión “libre”, es decir, que no hay una obligación, por declaraciones de la Iglesia, de sostener una parte o la otra.

    Muchos, sin embargo, confunden OPINIÓN teológica con CONCLUSIÓN teológica.

    Una conclusión teológica, que en latín es SENTENTIA THEOLOGICA, es una doctrina teológica firme y cierta, deducida de los principios tomados de la revelación y de la recta razón.

    El problema es que SENTENTIA en latín, es comúnmente traducido [en inglés] como OPINIÓN. Sin embargo, hay muchas, muchísimas conclusiones teológicas absolutamente ciertas que en latín se llamarían SENTENTIA, pero que de ningún modo son opiniones en el sentido [inglés] de la palabra. Así por ejemplo, es una conclusión teológica que Dios da a todos los hombres la gracia suficiente para salvarse. Este hecho no está directamente revelado ni fue declarado por la Iglesia, pero es sostenido por todos los teólogos como absolutamente cierto. No podría ser calificado como una “opinión teológica”.

    No obstante, la Teología Moral está llena de opiniones teológicas, en el verdadero sentido de la palabra. Los principios morales son en sí mismos ciertos, y en muchos casos DE FIDE, pero algunas veces, sin embargo, son difíciles de aplicar. Por lo mismo surgen fácilmente diferentes escuelas de pensamiento acerca de muchas cuestiones. Estas se llaman típicamenteOPINIONES PROBABLES, es decir, posiciones probablemente verdaderas, pero no cierta y absolutamente verdaderas.

    A veces la teología moral no nos permite ir más allá de lo probable. Los actos humanos son tan complicados con sus circunstancias, que a menudo no se puede llegar a una certeza completa; uno llega entonces a una opinión teológica con un cierto temor de que la contraria sea verdadera. Es por esta razón que una opinión puede diferir de un sacerdote a otro, en cuanto a la aplicación de un principio moral en particular. No se pone en discusión el principio, pero puede haber un desacuerdo en cuanto a su aplicación.

    Por el contrario, es una falacia decir que por el hecho de que la Iglesia no definió o no enseñó tal doctrina, deba ser considerada en la categoría de opinión teológica.

    La Teología es una ciencia, y como todas las ciencias, saca sus conclusiones a partir de sus principios generales. La Teología toma sus grandes principios de la revelación misma, verdades enseñadas por Dios a los hombres tal como se encuentran contenidas en las Sagradas Escrituras y en la Tradición, y son propuestas para ser creídas por la Iglesia Católica. De estas verdades que nosotros sostenemos de Fe, los teólogos sacan sus conclusiones que, aunque no han sido reveladas por Dios, derivan sin embargo cierta y razonablemente de las verdades reveladas por Dios.

    Hay algunas conclusiones teológicas tan ciertas y con tanta autoridad, que si uno las niega, estaría lógicamente obligado a negar la Fe misma. Aún si la Iglesia nunca las ha definido ni enseñado en su Magisterio Ordinario. Ellas son sólo conclusiones teológicas, pero ligadas íntimamente a la revelación.

    Ahora bien, muchos aplican la falacia de la “opinión teológica” al problema del papado de Bergoglio. Ellos alegan que, “porque la Iglesia no lo ha declarado papa inválido, entonces es una legítima opinión teológica sostener que él sea o no papa, es decir, sostener lo que uno prefiera. Ninguna de las dos posiciones es ofensiva a la Fe”.

    Esta afirmación está LLENA de errores.

    El primer error está en poner la identidad del Romano Pontífice, si Bergoglio es o no el Vicario de Cristo, en la categoría de las “opiniones teológicas”. El segundo error consiste en relegar la cuestión de la identidad del Romano Pontífice a una mera opinión teológica, como si fuera una discusión entre los teólogos acerca del número de ángeles que pueden entrar en la cabeza de un alfiler. El tercer error es confundir una conclusión teológica con una opinión teológica. El cuarto error es que uno pueda ser libre de sostener que Bergoglio es o no es papa por el SÓLO hecho de que la Iglesia no ha dicho nada al respecto. El quinto error es pensar que ninguna de las dos posiciones sea ofensiva a la Fe.

    Examinaré detalladamente cada uno de estos errores.

    III. CINCO ERRORES DEL OPINIONISMO

    ERROR 1°: EL OPINIONISMO PONE LA IDENTIDAD DEL ROMANO PONTÍFICE, SI BERGOGLIO ES O NO EL VICARIO DE CRISTO, EN LA CATEGORÍA DE “OPINIÓN TEOLÓGICA”

    El mismo término OPINIÓN indica que no es un hecho cierto que él sea o no papa. Sin embargo, es imposible sostener que exista una falta de certeza acerca de esta cuestión.

    Los que sostienen que ES papa, señalan absolutamente algunos signos ciertos: 1) la elección legal de Bergoglio universalmente aceptada; 2) su propia aceptación de dicha elección; 3) Bergoglio actúa como papa; 4) la aceptación universal de Bergoglio como papa.

    Ninguna de estas cosas es incierta. Si alguien usa estos argumentos como pruebas de su papado, ¿dónde cabe algún lugar a dudas al respecto?

    Los que argumentan EN CONTRA de este papado usan argumentos ciertos e incontestables en sí mismos: 1) que ha promulgado falsas doctrinas, enseñado una falsa moral, y disciplinas pecaminosas para la Iglesia universal; 2) que ha dicho cosas heréticas y obrado como hereje, y más aún como apóstata, en muchísimas ocasiones; 3) que ha designado a herejes y/o apóstatas en la Curia Romana y sedes episcopales, los mantiene en sus cargos y está en comunión con ellos.

    Ninguno de estos hechos es discutible o dudoso. Ellos son suficientes en sí mismos, particularmente el nº 1, para impedirle que sea papa.

    Así pues, si uno sostiene que él ES papa por las razones alegadas, ¿cómo podría admitir que decir que no es papa sea una opinión legítima? Si por el contrario, uno sostiene que NO es papa por las razones alegadas, ¿cómo podría admitir que decir que es papa sea una opinión legítima? ¿Dónde está la duda? ¿Dónde existe en estos argumentos algún temor a que la parte contraria pueda ser verdadera?

    El apuntalamiento teológico y la justificación moral del movimiento tradicionalista es que el Concilio Vaticano II y sus reformas son falsas y malas. Ellas son una tergiversación substancial del Catolicismo. ¿Por qué entonces establecemos un apostolado contra Bergoglio y el obispo local modernista, sino porque las doctrinas, los ritos y las disciplinas del Vaticano II y sus reformas son contrarias a la Fe y a la moral? Si ellas no son contrarias a la Fe y a la moral, ¿por qué entonces tenemos un movimiento tradicionalista? ¿Por qué pues estamos haciendo todo esto? ¿Qué justificación tendríamos para hacerlo ante los ojos de Dios?

    Si por el contrario, es cierto que el Concilio Vaticano II y sus reformas son contrarias a la Fe y a la moral, entonces es también cierto que ellas no fueron promulgadas por la Iglesia. Pero si es cierto que ellas no fueron promulgadas por la Iglesia, entonces es también cierto que quienes las promulgaron no representan a la Iglesia Católica. Por consiguiente, es cierto que Bergoglio no es papa.

    La conclusión que Bergoglio es papa comporta NECESARIAMENTE algunas conclusiones: que las doctrinas, las disciplinas y los ritos que él ha universalmente promulgado son Católicos y no pecaminosos. Si Bergoglio es papa, entonces, por la indefectibilidad e infalibilidad de la Iglesia, la religión que él aprueba y promulga es la verdadera Fe Católica. Uno podría practicarla con toda tranquilidad de conciencia; más aún, uno DEBE hacerlo.

    La conclusión que las doctrinas, las disciplinas y los ritos del Concilio Vaticano II son falsos y pecaminosos, contrarios a la Fe, a la religión y a las buenas costumbres, comporta NECESARIAMENTE una conclusión: que la persona o personas que los han promulgado no poseen la autoridad de Cristo. La infalibilidad e indefectibilidad de la Iglesia, que derivan de la asistencia de Cristo prometida solemnemente, no pueden permitir que tales cosas sucedan. Uno DEBE concluir en el no-papado de Bergoglio, si se concluye que el Concilio Vaticano II es una defección de la Fe.

    Así pues, es lógica y teológicamente imposible decir: “yo acepto a Bergoglio como papa, pero rechazo el Concilio Vaticano II y sus reformas”. Del mismo modo, es lógica y teológicamente imposible decir en el sentido opuesto: “yo rechazo el Concilio Vaticano II y sus reformas, pero acepto a Bergoglio como papa”.

    La Fraternidad San Pío X [y otros] es culpable de la primera falacia, aceptando a Bergoglio como papa pero rechazando al mismo tiempo su religión. Ellos montan en todo el mundo un desafío a Bergoglio, estableciendo un apostolado paralelo, en el que intentan apartar a las almas de él y de su jerarquía.

    El opinionista es culpable de la segunda falacia. Rechaza el Concilio Vaticano II y sus reformas, pero admite la aceptación de Bergoglio como teológicamente viable. Esto no tiene sentido.

    Si uno ha emprendido la resistencia al Concilio Vaticano II y sus reformas, no puede decir que es una opinión legítima sostener que Bergoglio es papa. Decir esto significa admitir implícitamente que uno no está seguro que el Concilio Vaticano II y sus reformas sean verdaderamente contrarias a la Fe y a la moral. Ser opinionista acerca de Bergoglio significa ser opinionista (y por lo mismo incierto) acerca de la base misma de la resistencia al Vaticano II.

    Si es posible que Bergoglio sea papa, entonces también es posible que el Vaticano II, la Misa Nueva, los nuevos sacramentos, el nuevo derecho canónico y el ecumenismo sean católicos. Si es posible que Bergoglio sea papa, entonces también es posible que estemos todos equivocados con respecto al Vaticano II.

    ERROR 2°: EL OPINIONISMO RELEGA LA CUESTIÓN DE LA IDENTIDAD DEL ROMANO PONTÍFICE A UNA MERA OPINIÓN TEOLÓGICA, COMO SI FUERA UNA DISCUSIÓN ENTRE LOS TEÓLOGOS ACERCA DEL NÚMERO DE ÁNGELES QUE PUEDEN ENTRAR EN LA CABEZA DE UN ALFILER

    Es como si la cuestión del Romano Pontífice no tuviera efectos dogmáticos y morales.

    La identidad del Romano Pontífice tiene enormes efectos dogmáticos y morales. En primer lugar, nuestra fe depende de su enseñanza. Estamos obligados a dar asentimiento a las enseñanzas de la Iglesia. Ahora bien, la autoridad de esta enseñanza proviene de una sola fuente, la autoridad de San Pedro. Sin esta autoridad, no hay ninguna doctrina que obligue; no habría lugar para ningún magisterio, ya sea solemne u ordinario.

    Por consiguiente, nuestra salvación depende de nuestra sumisión al Romano Pontífice. Si le desobedecemos en materia grave vamos al infierno, o lo que es peor aún, si no estamos sometidos a él.

    Ahora bien, ¿cómo podría alguien estar hastiado de la identidad del Romano Pontífice, a tal punto de decir que en el orden práctico no hay realmente ningún problema en pensar lo que uno quiera acerca de él? Es como si el Romano Pontífice fuera meramente un decorativo en la Iglesia Católica, algo de lo cual la Iglesia podría aún prescindir, un accesorio puramente accidental, una bagatela. Los opinionistas son muy buenos para decirnos que la cuestión del papa no debería dividirnos. Piensan que todos los tradicionalistas deberían estar unidos, sin preocuparse de lo que cada uno piense acerca del papa.

    Tal actitud, sin embargo, no es católica. La misma identidad y unidad de la Iglesia Católica Romana está íntima y esencialmente ligada al Romano Pontífice, y ser opinionista acerca de su identidad equivaldría a ser indiferente acerca de cual iglesia sea la verdadera.

    ERROR 3°: EL OPINIONISMO CONFUNDE UNA CONCLUSIÓN TEOLÓGICA CON UNA OPINIÓN TEOLÓGICA

    Una CONCLUSIÓN teológica es, como dije antes, absolutamente cierta, y a veces también conectada con las verdades de Fe, de tal modo que si aquella es negada, se tendría que negar también la Fe. Una OPINIÓN teológica es una posición que tiene pruebas defectuosas e insuficientes en su favor, de modo que alguien no se sorprendería si encontrara que la posición opuesta es verdadera.

    Como expliqué antes, los argumentos a favor o en contra del papado de Bergoglio quedan en el plano de las CERTEZAS. Ninguna de las partes niega los hechos. Se discute sobre las conclusiones sacadas de los hechos, pero no hay ninguna controversia acerca de los principios constitutivos de los argumentos.

    Por lo tanto, cada una de las partes debe producir, lógicamente, no una “opinión”, sino UNA CONCLUSIÓN TEOLÓGICA CIERTA. Esto es verdadero porque la conclusión debe ser tan fuerte como sus premisas (principios). Si no hay ninguna duda en las premisas (principios), tampoco tendría que haber ninguna duda en las conclusiones, a condición que, naturalmente, el proceso lógico no tenga ningún defecto.

    ERROR 4°: UNO PUEDE SER LIBRE DE SOSTENER QUE BERGOGLIO ES O NO ES PAPA POR EL SOLO HECHO QUE LA IGLESIA NO HA DICHO NADA AL RESPECTO

    Las causas del papado o no-papado de Bergoglio son principalmente teológicas y no meramente legales. En otras palabras, si Bergoglio no es papa, esto no es debido A CAUSA DE que la Iglesia lo haya declarado no-papa.

    Más bien lo opuesto es verdadero: la Iglesia lo declara no-papa A CAUSA DE que REAL Y VERDADERAMENTE él no es papa. La declaración de la Iglesia en este caso, daría solamente una certeza LEGAL a un hecho ya existente. Pero la Iglesia no podría declarar nunca algo LEGALMENTE cierto, si antes no fuera REAL y VERDADERAMENTE cierto.

    La Iglesia, por ejemplo, declara que un matrimonio es nulo. No es la declaración que causa la nulidad; es la nulidad la que causa la declaración.

    La declaración hace un hecho meramente legal de un hecho de nulidad realmente existente. La nulidad no puede tener efecto LEGAL hasta que no sea declarada, pero la nulidad ya existe realmente antes de su declaración. Mucho antes de la declaración de nulidad, el hombre y la mujer NO son marido y mujer. Ellos estarían obligados a los efectos MORALES de su no-matrimonio, desde el momento en que son concientes de su nulidad; la declaración legal podría llegar años más tarde.

    Así pues, nosotros estamos obligados a la conclusión teológica cierta del no-papado de Bergoglio, basada en pruebas ciertas existentes, y esto mucho antes de una futura declaración de su no-papado. Una pareja que está segura de la invalidez de su matrimonio, no podría comportarse como marido y mujer con la excusa de que, “porque todavía no hay una declaración de nulidad, entonces¡podemos hacer lo que queremos!” Así también, en nuestro caso, nosotros que obramos sobre la premisa que el Vaticano II y sus reformas son contrarias a la fe y la moral, no podemos reconocer el papado de Bergoglio con la excusa de que “porque todavía no hay una declaración, entonces ¡podemos pensar lo que queramos!”

    Por consiguiente, yo agregaría que quienes argumentan que él es papa, no podrían sostener justamente que la Iglesia no ha hecho una declaración al respecto, o que es una cuestión de opinión teológica, como si hubiera alguna duda sobre eso.

    Si los motivos para reconocerlo como papa son algunos de los que he enumerado antes, por ejemplo, su elección y aceptación general por parte de la gente, ¿entonces cómo podría haber alguna duda?

    ¿Cómo podría uno admitir que sea legítimo decir que él no es papa, a no ser que se de crédito a los principios del sedevacantismo?

    Pero los principios del sedevacantismo argumentan con certeza que él no es papa, y no meramente con probabilidad. En otras palabras, o se deben negar los principios del sedevacantismo, o bien se debe decir que sus conclusiones son verdaderas.

    ERROR 5°: PENSAR QUE NINGUNA DE LAS DOS POSICIONES SEA OFENSIVA A LA FE

    No es verdad. Es ofensivo a la Fe sostener que una persona es Papa, el Vicario de Cristo en la tierra, y al mismo tiempo llevar a cabo en todo el mundo un apostolado en desafío contra él. Es ofensivo a la Fe decir que las doctrinas, las disciplinas y los ritos litúrgicos promulgados por el Romano Pontífice son erróneos, heréticos, falsos, malos y/o pecaminosos.

    Ahora bien, ésta es justamente la posición de los sedeplenistas tradicionalistas de la Fraternidad San Pío X [y otros]. Peor aún, es la posición de los sedevacantistas opinionistas que sostienen que Bergoglio no es papa, pero al mismo tiempo dicen que la posición que he apenas descripto no es ofensiva a la Fe.

    Es igualmente ofensivo a la Fe el hecho de identificar con la autoridad de Cristo la promulgación de una doctrina falsa y una disciplina mala. Es ofensivo a la Fe el hecho de identificar con la Iglesia Católica Romana las creencias y observancias en todo el mundo del Vaticano II y sus reformas.

    Al contrario, si Bergoglio es verdaderamente papa, entonces es ofensivo a la Fe el hecho de sostener que él no sea papa, y/o sostener que sus doctrinas y disciplinas sean contrarias a la Fe y la moral.

    Por lo tanto, el sedeplenista convencido no puede, en buena conciencia, considerar la posición sedevacantista como una posición teológica sostenible sin ofender a la Fe. De igual modo, el sedevacantista convencido no puede, en buena conciencia, considerar la posición sedeplenista como una posición teológica sostenible sin ofender a la Fe.

    Identificar la defección del Vaticano II y sus reformas con la autoridad de la Iglesia, como lo hacen los sedeplenistas, es destruir completamente la naturaleza misma de la Iglesia, institución divina que goza de la perpetua asistencia de Cristo mediante el Espíritu Santo. Si la Iglesia pudiera hacer un tal desastre como el Vaticano II y sus efectos, desastre en contra del cual debemos reaccionar con una tenaz resistencia para salvar nuestras almas, entonces ¿dónde está la asistencia de Cristo? El sedevacantista resuelve el problema diciendo que “estas reformas no vienen de la autoridad de la Iglesia”. Pero el sedeplenista no tiene ninguna respuesta sin recurrir a una interpretación y rechazo privado del Vaticano II y sus reformas. Ésta es una actitud protestante.

    El sedevacantista no puede sostener la posición sedeplenista como una posición teológica viable, como si ella tuviera algún mérito probable. Si alguien es verdaderamente sedevacantista y convencido de ello, debería considerar al sedeplenista como alguien que defiende una posición absolutamente insostenible.

    IV. UNA OBJECIÓN: ¿QUÉ SE DEBE HACER SI UNO DUDA ACERCA DEL PAPADO DE BERGOGLIO?

    En primer lugar, respondo diciendo que la duda existe sólo en la mente y nunca en el mundo real. En la realidad, en efecto, Bergoglio es papa o no lo es.

    ¿Podemos permanecer moralmente en la duda?

    No. Como he explicado antes, LA IDENTIDAD DEL ROMANO PONTÍFICE CONSTITUYE ESENCIALMENTE LA IDENTIDAD DE LA IGLESIA CATÓLICA ROMANA, y es el fundamento de su unidad. Estando obligados a profesar la verdadera Fe y a pertenecer a la verdadera Iglesia, sin permanecer indiferentes, así pues ESTAMOS TAMBIÉN OBLIGADOS A RESOLVER NUESTRA DUDA CON RESPECTO A LA IDENTIDAD DEL ROMANO PONTÍFICE. Permanecer en la duda acerca de él, es permanecer en la duda acerca de la identidad misma de la Iglesia.

    Estamos, por consiguiente, OBLIGADOS A OBEDECERLE BAJO PENA DE PECADO. No podemos quedarnos satisfechos en la duda acerca de su identidad.

    La teología moral nos exige que resolvamos nuestra duda con una INDAGACIÓN DILIGENTE. En muchos casos, tal indagación remediará la duda acerca de Bergoglio en favor del SEDEVACANTISMO. En efecto, si uno duda acerca de él, es porque ya ha sido movido por los horrores del Vaticano II a cuestionarse sobre la ortodoxia de quienes lo promulgaron. Una investigación meramente exhaustiva revelará que nuestras sospechas son más que confirmadas, y la duda claudicará rápidamente ante la certeza.

    Si por alguna razón legítima, no podemos hacer una indagación hasta obtener las pruebas en contra de Bergoglio, entonces DEBEREMOS RESOLVER LA DUDA A TRAVÉS DE LOS PRINCIPIOS REFLEJOS, es decir, por medio de ciertos principios generales de moralidad y de la ley que nos dan una certeza, cuando no podemos resolver la duda por nuestra cuenta. Los principios reflejos harían que la duda se vuelva EN FAVOR DEL PAPADO DE BERGOGLIO, por el hecho de gozar, al menos aparentemente, de una elección válida y de la aceptación general de lo que comúnmente es considerado como la Iglesia Católica.

    Entonces, EL SEDEVACANTISTA PUEDE SER SEDEVACANTISTA SOLAMENTE SI ESTÁ SEGURO DEL NO-PAPADO DE BERGOGLIO, porque la duda irresoluble lo pondría inevitablemente en el campo del sedeplenismo. Además, EL SEDEVACANTISTA NO PUEDE CONSIDERAR LA POSICIÓN DEL SEDEPLENISTA COMO TEOLÓGICAMENTE SOSTENIBLE, como si se tratara de una cuestión dudosa.

    V. LA HIPOCRESÍA DE LA FRATERNIDAD SAN PÍO X

    Por lo que he escuchado de personas fidedignas, sea dentro como fuera de la Fraternidad San Pío X, ellos ofrecen a los sacerdotes que se rehúsan a mencionar el nombre de Bergoglio en el canon, la posibilidad de ser sedevacantistas en secreto pero sedeplenistas en público. Así pues, en el altar omiten el nombre del Modernista en el silencio del canon.

    Pero al mismo tiempo, dan pública adhesión a su pontificado con signos exteriores. En sus escritos consideran a los sedevacantistas como cismáticos, pero permiten a los sacerdotes sedevacantistas circular en sus filas y actuar como sacerdotes bien considerados.

    Esta solución permitió a la Fraternidad evitar otra escisión más grande dentro de sus filas. Ellos no admiten públicamente que tienen sedevacantistas entre las filas de sus sacerdotes. Su posición pública es que el sedevacantismo es cismático. Esto es para mí una completa falta de honradez.

    “DIRÉIS SOLAMENTE: SÍ, SÍ; NO, NO. TODO LO QUE EXCEDE A ESTO, VIENE DEL MALIGNO” (Mat. V, 37).

    VI. RESUMEN Y CONCLUSIÓN

    El opinionismo está basado, a mi parecer, en un indiferentismo hacia el Romano Pontífice.

    Los opinionistas quieren vivir en un mundo de Misa y sacramentos tradicionales sin ninguna alusión al Romano Pontífice. Para ellos no hay ningún problema en el orden práctico si Bergoglio es o no es el papa. Ellos asisten a la Misa de cualquier sacerdote, a condición que diga la Misa tradicional, sin ninguna preocupación en lo concerniente al Romano Pontífice.

    Tal actitud es extremadamente peligrosa. EN EFECTO, ESO QUITA AL ROMANO PONTÍFICE DEL CATOLICISMO, y reduce nuestra adhesión a la Fe tradicional a una forma de “elige y toma” protestante.

    Hubo momentos en la historia de la Iglesia en los cuales, para ser católico, uno tenía que ser sedevacantista. Me refiero al interregno de la muerte de un Papa, que en un momento llegó a durar hasta tres años. Si un católico reconociera a un papa durante la vacancia de la Sede Apostólica, sería cismático. Del mismo modo, un católico sería cismático si no reconociera a un Papa verdaderamente reinante.

    Así pues, en la situación presente, o es cismático el sedeplenismo o lo es el sedevacantismo. Ambos se excluyen mutuamente.

    Sin embargo, estos dos sistemas opuestos no pueden ser considerados ambos como “legítimas opiniones teológicas”.

  9. Teodosio permalink
    31 de octubre de 2013 6:41 AM

    No estoy en absoluto de acuerdo. Sí me resultan molestas las pretensiones de infalibilidad que ostentan la mayor parte de los sedevacantistas, ese es a mi juicio su mayor error. Pero que el asunto se pueda despachar con la simplicidad y debilidad argumental que aquí se muestra. Expongo mis ideas.

    Es cierto que nadie puede juzgar al Papa, su único superior es Dios. Pero también es cierto que la evidencia no necesita demostración. Si a esto le añadimos que agere sequitur esse, es decir, que el obrar sigue al ser, o lo que es lo mismo, que cada ser actúa de acuerdo con su naturaleza, podemos afirmar y es evidente que los papas posconciliares han pensado, hablado y obrado de una manera no ya un poco o accidentalmente distinta de sus antecesores, sino substancialmente distinta. Esto es evidente de por sí, la evidencia es lo que salta a la vista, la comparación con los Papas anteriores no puede ser más elocuente. Cualquier cristiano que en época de Pio X hubiera dicho o hecho lo mismo que los Papas posconciliares hubiera sido sin duda alguna condenado por el Santo Oficio. Esto es claro y evidente.

    Considero el sedevacantismo como una opinión teológica aceptable, hay motivos serios que militan a su favor. Incluso me parece más piadoso con la Iglesia romana, que jamás cayó en herejía, decir que aquellos no eran papas, que aceptar que ella cayó en herejía, eso nunca sucedió en dos mil años y no sé por qué lo habríamos de aceptar ahora. No basta con decir: ah, bueno, es que no tenían mala intención esos Papas… Aunque no la tuvieran su obligación era la de todo superior, es decir, cumplir sus obligaciones, y ellos no lo hicieron, antes al contrario, con sólo los nombramientos de obispos y cardenales tendríamos materia suficiente para dudar de su buena voluntad. La contumacia en el error se revela por la continua y sistemática exposición y defensa de los mismos errores, no es el error puntual como doctor privado en un aspecto puntual, es una pléyade de graves errores teológicos, litúrgicos, disciplinares promovidos desde la cabeza y que arrastra tras de sí a toda la Iglesia. De modo que caen los obispos, los sacerdotes, los fieles en esta herejía promovida por la cabeza, ¿y eximimos de herejía a la cabeza? No podemos juzgar al Papa, es cierta, pero sí podemos decir: estas doctrinas son herejía y este señor es evidente que las defiende de manera contumaz.

    De ahí no se sigue la certeza categórica de que aquellos Papas no lo fueran, ahí radica más que en ningún punto el error de la mayor parte de los sedevacantistas. Lo que se sigue es una opinión teológica perfectamente asumible y respetable, pero no se puede ir más allá.

    • Héctor Adrián permalink
      31 de octubre de 2013 4:06 PM

      Perdona, pero la Actual Vacancia de la Sede no es solo una Opinión Teológica sino que el Magisterio de la Santa Iglesia Católica por obra del Espíritu Santo enseño dogmáticamente que no solo se puede ir más allá sino que se debe ir mas allá para conservar la Fe en el Final de los Tiempos.

      Constitución Apostólica “Cum Ex Apostolatus Officio”, S.S. Pablo IV*

      Confirmada en la Constitución Apostólica Inter Multiplices S.S. San Pio V sucesor de S.S. Pablo IV

      VIVA CRISTO REY!!!!

      Constitución Apostólica del Papa Paulo IV:

      bula “Cum ex apostolatus officio”

      15 de febrero de 1559

      EXORDIO- El Papa tiene el deber de impedir el magisterio del error.

      Dado que por nuestro oficio apostólico, divinamente confiado a Nos aunque sin mérito alguno de nuestra parte, Nos compete un cuidado sin límite del rebaño del Señor; y que por consecuencia, a manera del Pastor que vela, en beneficio de la fiel custodia de su grey y de su saludable conducción, estamos obligados a una asidua vigilancia y a procurar con particular atención que sean excluidos del rebaño de Cristo aquellos que en estos tiempos, ya sea por el predominio de sus pecados o por confiar con excesiva licencia en su propia capacidad, se levantan contra la disciplina de la verdadera Fe de un modo realmente perverso, y trastornan con recursos malévolos y totalmente inadecuados la inteligencia de las Sagradas Escrituras, con el propósito de escindir la unidad de la Iglesia Católica y la túnica inconsútil del Señor, y para que no prosigan con la enseñanza del error, los que desprecian ser discípulos de la Verdad.

      I. Más alto está el desviado de la Fe. más grave es el peligro.

      Considerando la gravedad particular de esta situación y sus peligros al punto que el mismo Romano Pontífice, que como Vicario de Dios y de Nuestro Señor tiene la plena potestad en la tierra, y a todos juzga y no puede ser juzgado por nadie, si fuese encontrado desviado de la Fe, podría ser acusado. y dado que donde surge un peligro mayor, allí más decidida debe ser la providencia para impedir que falsos profetas y otros personajes que detentan jurisdicciones seculares no tiendan lamentables lazos a las almas simples y arrastren consigo hasta la perdición innumerables pueblos confiados a su cuidado y a su gobierno en las cosas espirituales o en las temporales ; y para que no acontezca algún día que veamos en el Lugar Santo la abominación de la desolación, predicha por el profeta Daniel ; con la ayuda de Dios para Nuestro empeño pastoral, no sea que parezcamos perros mudos , ni mercenarios, o dañados los malos vinicultores, anhelamos capturar las zorras que tientan desolar la Viña del Señor y rechazar los lobos lejos del rebaño.

      2. Confirmación de toda providencia anterior contra todos los desviados.

      Después de madura deliberación con los Cardenales de la Santa Iglesia Romana, hermanos nuestros, con el consejo y el unánime asentimiento de todos ellos, con Nuestra Autoridad Apostólica , aprobamos y renovamos todas y cada una de las sentencias, censuras y castigos de excomunión, suspensión, interdicción y privación, u otras, de cualquier modo adoptadas y promulgadas contra los herejes y cismáticos, por los Pontífices Romanos, nuestros Predecesores, o en nombre de ellos, incluso las disposiciones informales, o de los Sacros Concilios admitidos por la Iglesia, o decretos y estatutos de los Santos Padres, o Cánones Sagrados, o por Constituciones y Resoluciones Apostólicas. Y queremos y decretamos que dichas sentencias, censuras y castigos, sean observadas perpetuamente y sean restituidas a su prístina vigencia si estuvieran en desuso, y deben permanecer con todo su vigor. Y queremos y decretamos que todos aquellos que hasta ahora hubiesen sido encontrados, o hubiesen confesado, o fuesen convictos de haberse desviado de la Fe Católica, o de haber incurrido en alguna herejía o cisma, o de haberlos suscitado o cometido; o bien los que en el futuro se apartaran de la Fe (lo que Dios se digne impedir según su clemencia y su bondad para con todos), o incurrieran en herejía, o cisma, o los suscitaren o cometieran ; o bien los que hubieren de ser sorprendidos de haber caído, incurrido, suscitado o cometido, o lo confiesen, o lo admitan, de cualquier grado, condición y preminencia, incluso Obispos, Arzobispos, Patriarcas, Primados, o de cualquier otra dignidad eclesiástica superior; o bien Cardenales, o Legados perpetuos o temporales de la Sede Apostólica, con cualquier destino; o los que sobresalgan por cualquier autoridad o dignidad temporal, de conde, barón, marqués, duque, rey, emperador, en fin queremos y decretamos que cualquiera de ellos incurra en las antedichas sentencias, censuras y castigos.

      3. Privación ipso facto de todo oficio eclesiástico por herejía o cisma.

      Considerando que los que no se abstienen de obrar mal por amor de la virtud deben ser reprimidos por temor de los castigos, y que Obispos, Arzobispos, Patriarcas, Primados, o de cualquier otra dignidad eclesiástica superior; o bien Cardenales, Legados, condes, barónes, marqueses, duques, reyes, emperadores, que deben enseñar a los demás y servirles de buen ejemplo, a fin de que perseveren en la Fe Católica, con su prevaricación pecan más gravemente que los otros, pues que no sólo se pierden ellos, sino que también arrastran consigo hasta la perdición los pueblos que les fueran confiados; por la misma deliberación y asentimiento de los Cardenales, con esta Nuestra Constitución, válida a perpetuidad, contra tan gran crimen -que no puede haber otro mayor ni más pernicioso en la Iglesia de Dios – en la plenitud de Nuestra Potestad Apostólica, sancionamos, establecemos, decretamos y definimos, que por las sentencias, censuras y castigos mencionados (que permanecen en su vigor y eficacia y que producen su efecto), todos y cada uno de los Obispos, Arzobispos, Patriarcas, Primados, o de cualquier otra dignidad eclesiástica superior; o bien Cardenales, Legados, condes, barones, marqueses, duques, reyes, emperadores, que hasta ahora (tal como se aclara precedentemente) hubiesen sido sorprendidos, o hubiesen confesado, o fuesen convictos de haberse desviado (de la Fe católica), o de haber caído en herejía, o de haber incurrido en cisma, o de haberlos suscitado o cometido; o también los que en el futuro se apartaran de la Fe católica, o cayeran en herejía, o incurrieran en cisma, o los provocaren, o los cometieren, o los que hubiesen de ser sorprendidos o confesaran o admitieren haberse desviado de la Fe Católica, o haber caído en herejía, o haber incurrido en cisma, o haberlos provocado o cometido, dado que en esto resultan mucho más culpables que los demás, fuera de las sentencias, censuras y castigos, enumerados, (que permanecen en su vigor y eficacia y que producen sus efectos), todos y cada uno de los Obispos, Arzobispos, Patriarcas, Primados, o de cualquier otra dignidad eclesiástica superior; o bien Cardenales, Legados, condes, barones, marqueses, duques, reyes, emperadores, quedarán privados también por esa misma causa, sin necesidad de ninguna instrucción de derecho o de hecho , de sus jerarquías, y de sus iglesias catedrales, incluso metropolitanas, patriarcales y primadas; del título de Cardenal, y de la dignidad de cualquier clase de Legación, y además de toda voz activa y pasiva, de toda autoridad, de los monasterios, beneficios y funciones eclesiásticas, con cualquier Orden que fuere, que hayan obtenido por cualquier concesión y dispensación Apostólica, ya sea como titulares, o como encargados o administradores, y en las cuales, sea directamente o de alguna otra manera hubieran tenido algún derecho, o las hubieren adquirido de cualquier otro modo; quedarán así mismo privados de cualquier beneficio, renta o producido, reservados o asignados a ellos. Y del mismo modo serán privados completamente, y en cada caso, de sus condados, baronías, marquesado, ducado, reino e imperio, y en forma perpetua, y de modo absoluto. Y por otro lado siendo del todo contrarios e incapacitados para tales funciones, serán tenidos además como relapsos y exonerados en todo y para todo, incluso si antes hubiesen abjurado públicamente en juicio tales herejías. Y no podrán ser restituidos, repuestos, reintegrados o rehabilitados, en ningún momento, a la prístina dignidad que tuvieron, a sus Iglesias Catedrales, metropolitanas, patriarcales, primadas; al cardenalato, o a cualquier otra dignidad, mayor o menor, o a su voz activa o pasiva, a su autoridad, monasterio, beneficio, o condado, baronía, marquesado, ducado, reino o imperio, antes bien habrán de quedar al arbitrio de aquella potestad que tenga la debida intención de castigarlos, a menos que teniendo en cuenta en ellos aquellos signos de verdadero arrepentimiento y aquellos frutos de una congruente penitencia, por benignidad de la misma Sede Apostólica o por clemencia hubieren de ser relegados en algún monasterio, o en algún otro lugar dotado de un carácter disciplinario para hacer allí perpetua penitencia con el pan del dolor y el agua de la compunción. Y así serán tenidos por todos, de cualquier dignidad, grado, orden, o condición que sea, e incluso, arzobispo, patriarca, primado, cardenal, o de cualquier autoridad temporal, conde, barón, marqués, duque, rey o emperador, o de cualquier otra jerarquía, y así serán tratados y estimados, y además evitados como relapsos y exonerados, de tal modo que habrán de estar excluidos de todo consuelo humanitario.

      4. Pronta solución de las vacancias de los oficios eclesiásticos.

      Quienes pretenden tener un derecho de patronazgo, o de nombrar personas idóneas para las Sedes Eclesiásticas vacantes por estas cesantías, a fin de que tales cargos, después de haber sido librados de la servidumbre de los heréticos, no estén expuestos a los inconvenientes de una larga vacancia mas sean otorgados a personas capaces de dirigir los pueblos por las vías de la justicia, están obligados a presentar al Romano Pontífice los nombres de tales personas idóneas, dentro del tiempo fijado por derecho, de otra manera, transcurrido el tiempo previsto, la disponibilidad de tales Sedes retorna al Pontífice Romano.

      5. Excomunión ipso facto para los que favorezcan a herejes o cismáticos.

      Incurren en excomunión ipso facto todos los que conscientemente osen acoger, defender o favorecer a los desviados o les den crédito, o divulguen sus doctrinas; sean considerados infames, y no sean admitidos a funciones públicas o privadas, ni en los Consejos o Sínodos, ni en los Concilios Generales o Provinciales, ni en el Cónclave de Cardenales, o en cualquiera reunión de fieles o en cualquier otra elección. Serán también intestables y no podrán participar de ninguna sucesión hereditaria, y nadie estará además obligado a responderles acerca de ningún asunto. Si tuviese alguno la condición de juez, sus sentencias carecerán de toda validez, y no se podrá someter a ninguna otra causa a su audiencia; o si fuera abogado, su patrocinio será tenido por nulo, y si fuese escribano sus papeles carecerán por completo de eficacia y vigor. Además los clérigos serán privados también por la misma razón, de todas y cada una de sus iglesias, incluso catedrales, metropolitanas, patriarcales y primadas; de sus dignidades, monasterios, beneficios y oficios eclesiásticos incluso como ya se dijo, cualquiera sea el grado y el modo de su obtención. Tanto Clérigos como laicos, incluso los que obtuvieren normalmente y que estuvieren investidos de las dignidades mencionadas, serán privados sin más trámite de sus reinos, ducados, dominios, feudos y de todos los bienes temporales que poseyeran, Sus reinos, ducados, dominios, feudos y bienes serán propiedad pública, y como bienes públicos habrán de producir un efecto de derecho, en propiedad de aquellos que los ocupen por primera vez, siempre que estos estuvieren bajo nuestra obediencia, O de nuestros sucesores los Romanos Pontífices, elegidos canónicamente), en la sinceridad de la Fe y en unión con la Santa Iglesia Romana.

      6. Nulidad de todas las promociones o elevaciones de desviados en la Fe.

      Agregamos que si en algún tiempo aconteciese que un Obispo, incluso en función de Arzobispo, o de Patriarca, o Primado; o un Cardenal, incluso en función de Legado, o electo Pontífice Romano que antes de su promoción al Cardenalato o asunción al Pontificado, se hubiese desviado de la Fe Católica, o hubiese caído en herejía. o incurrido en cisma, o lo hubiese suscitado o cometido, la promoción o la asunción, incluso si ésta hubiera ocurrido con el acuerdo unánime de todos los Cardenales, es nula, inválida y sin ningún efecto; y de ningún modo puede considerarse que tal asunción haya adquirido validez, por aceptación del cargo y por su consagración, o por la subsiguiente posesión o cuasi posesión de gobierno y administración, o por la misma entronización o adoración del Pontífice Romano, o por la obediencia que todos le hayan prestado, cualquiera sea el tiempo transcurrido después de los supuestos antedichos. Tal asunción no será tenida por legítima en ninguna de sus partes, y no será posible considerar que se ha otorgado o se otorga alguna facultad de administrar en las cosas temporales o espirituales a los que son promovidos, en tales circustancias, a la dignidad de obispo, arzobispo, patriarca o primado, o a los que han asumido la función de Cardenales, o de Pontífice Romano, sino que por el contrario todos y cada uno de los pronunciamientos, hechos, actos y resoluciones y sus consecuentes efectos carecen de fuerza, y no otorgan ninguna validez, y ningún derecho a nadie.

      7. Los fieles no deben obedecer sino evitar a los desviados en la Fe.

      Y en consecuencia, los que así hubiesen sido promovidos y hubiesen asumido sus funciones, por esa misma razón y sin necesidad de hacer ninguna declaración ulterior, están privados de toda dignidad, lugar, honor, título, autoridad, función y poder; y séales lícito en consecuencia a todas y cada una de las personas subordinadas a los así promovidos y asumidos, si no se hubiesen apartado antes de la Fe, ni hubiesen sido heréticos, ni hubiesen incurrido en cisma, o lo hubiesen suscitado o cometido, tanto a los clérigos seculares y regulare, lo mismo que a los laicos; y a los Cardenales, incluso a los que hubiesen participado en la elección de ese Pontífice Romano, que con anterioridad se apartó de la Fe, y era o herético o cismático, o que hubieren consentido con él otros pormenores y le hubiesen prestado obediencia, y se hubiesen arrodillado ante él; a los jefes, prefectos, capitanes, oficiales, incluso de nuestra materna Urbe y de todo el Estado Pontificio; asimismo a los que por acatamiento o juramento, o caución se hubiesen obligado y comprometido con los que en esas condiciones fueron promovidos o asumieron sus funciones, (séales lícito) sustraerse en cualquier momento e impunemente a la obediencia y devoción de quienes fueron así promovidos o entraron en funciones, y evitarlos como si fuesen hechiceros, paganos, publicanos o heresiarcas , lo que no obsta que estas mismas personas hayan de prestar sin embargo estricta fidelidad y obediencia a los futuros obispos, arzobispos, patriarcas, primados, cardenales o al Romano Pontífice, canónicamente electo. Y además para mayor confusión de esos mismos así promovidos y asumidos, si pretendieren prolongar su gobierno y administración, contra los mismos así promovidos y asumidos (séales lícito) requerir el auxilio del brazo secular, y no por eso los que se sustraen de ese modo a la fidelidad y obediencia para con los promovidos y titulares, ya dichos, estarán sometidos al rigor de algún castigo o censura, como sí lo exigen por el contrario los que cortan la túnica del Señor.

      8. Validez de los documentos antiguos y derogación sólo de los contrarios.

      No tienen ningún efecto para estas disposiciones las Constituciones y Ordenanzas Apostólicas, así como los privilegios y letras apostólicas, dirigidas a obispos, arzobispos, patriarcas, primados y cardenales, ni cualquier otra resolución, de cualquier tenor y forma, y con cualquier cláusula, ni los decretos, también los de motu propio y de ciencia cierta del Romano Pontífice, o concedidos en razón de la plenitud de la potestad apostólica, o promulgados en consistorios, o de cualquier otra manera; ni tampoco los aprobados en reiteradas ocasiones, o renovados e incluidos en un cuerpo de derecho, o como capítulos de cónclave, o confirmados por juramento, o por confirmación apostólica, o por cualquier otro modo de confirmación, incluso los jurados por Nosotros mismos. Considerando pues esas resoluciones de modo expreso y teniéndolas como insertadas, palabra por palabra, incluso aquellas que hubieran de perdurar por otras disposiciones, y en fin todas la demás que se opongan, por esta vez y de un modo absolutamente especial, derogamos expresamente sus cláusulas dispositivas.

      9. Decreto de publicación solemne

      A fin de que lleguen noticias ciertas de las presentes letras a quienes interesa, queremos que ellas, o una copia (refrendada por un notario público, con el sello de alguna persona dotada de dignidad eclesiástica) sean publicadas y fijadas en la Basílica del Prícipe de los Apóstoles, y en las puertas de la Cancillería apostólica, y en el extremo de la Plaza de Flora por alguno de nuestros oficiales; y que es suficiente la orden de fijar en esos sitios la copia mencionada, y que dicha fijación o publicación, o la orden de exhibir la copia antedicha, debe ser tenida con carácter de solemne y legítima, y que no se requiere ni se debe esperar otra publicación.

      10. Ilicitud de las acciones contrarias y sanción divina.

      Por lo tanto, a hombre alguno sea lícito infringir esta página de Nuestra Aprobación, Innovación, Sanción, Estatuto, Derogación, Voluntades, Decretos, o por temeraria osadía, contradecirlos. Pero si alguien pretendiese intentarlo, sepa que habrá de incurrir en la indignación de Dios Omnipotente y en la de sus santos Apóstoles Pedro y Pablo.

      Dado en Roma, junto a San Pedro, en el año de la Encarnación del señor 1559, XVº anterior a las calendas de Marzo, año 4º de nuestro Pontificado (15 de febrero de 1559)

      FIAT Constitución Apostólica del Papa Paulo IV

      bula “Cum ex apostolatus officio”

      15 de febrero de 1559

      EXORDIO- El Papa tiene el deber de impedir el magisterio del error.

      Dado que por nuestro oficio apostólico, divinamente confiado a Nos aunque sin mérito alguno de nuestra parte, Nos compete un cuidado sin límite del rebaño del Señor; y que por consecuencia, a manera del Pastor que vela, en beneficio de la fiel custodia de su grey y de su saludable conducción, estamos obligados a una asidua vigilancia y a procurar con particular atención que sean excluidos del rebaño de Cristo aquellos que en estos tiempos, ya sea por el predominio de sus pecados o por confiar con excesiva licencia en su propia capacidad, se levantan contra la disciplina de la verdadera Fe de un modo realmente perverso, y trastornan con recursos malévolos y totalmente inadecuados la inteligencia de las Sagradas Escrituras, con el propósito de escindir la unidad de la Iglesia Católica y la túnica inconsútil del Señor, y para que no prosigan con la enseñanza del error, los que desprecian ser discípulos de la Verdad.

      I. Más alto está el desviado de la Fe. más grave es el peligro.

      Considerando la gravedad particular de esta situación y sus peligros al punto que el mismo Romano Pontífice, que como Vicario de Dios y de Nuestro Señor tiene la plena potestad en la tierra, y a todos juzga y no puede ser juzgado por nadie, si fuese encontrado desviado de la Fe, podría ser acusado. y dado que donde surge un peligro mayor, allí más decidida debe ser la providencia para impedir que falsos profetas y otros personajes que detentan jurisdicciones seculares no tiendan lamentables lazos a las almas simples y arrastren consigo hasta la perdición innumerables pueblos confiados a su cuidado y a su gobierno en las cosas espirituales o en las temporales ; y para que no acontezca algún día que veamos en el Lugar Santo la abominación de la desolación, predicha por el profeta Daniel ; con la ayuda de Dios para Nuestro empeño pastoral, no sea que parezcamos perros mudos , ni mercenarios, o dañados los malos vinicultores, anhelamos capturar las zorras que tientan desolar la Viña del Señor y rechazar los lobos lejos del rebaño.

      2. Confirmación de toda providencia anterior contra todos los desviados.

      Después de madura deliberación con los Cardenales de la Santa Iglesia Romana, hermanos nuestros, con el consejo y el unánime asentimiento de todos ellos, con Nuestra Autoridad Apostólica , aprobamos y renovamos todas y cada una de las sentencias, censuras y castigos de excomunión, suspensión, interdicción y privación, u otras, de cualquier modo adoptadas y promulgadas contra los herejes y cismáticos, por los Pontífices Romanos, nuestros Predecesores, o en nombre de ellos, incluso las disposiciones informales, o de los Sacros Concilios admitidos por la Iglesia, o decretos y estatutos de los Santos Padres, o Cánones Sagrados, o por Constituciones y Resoluciones Apostólicas. Y queremos y decretamos que dichas sentencias, censuras y castigos, sean observadas perpetuamente y sean restituidas a su prístina vigencia si estuvieran en desuso, y deben permanecer con todo su vigor. Y queremos y decretamos que todos aquellos que hasta ahora hubiesen sido encontrados, o hubiesen confesado, o fuesen convictos de haberse desviado de la Fe Católica, o de haber incurrido en alguna herejía o cisma, o de haberlos suscitado o cometido; o bien los que en el futuro se apartaran de la Fe (lo que Dios se digne impedir según su clemencia y su bondad para con todos), o incurrieran en herejía, o cisma, o los suscitaren o cometieran ; o bien los que hubieren de ser sorprendidos de haber caído, incurrido, suscitado o cometido, o lo confiesen, o lo admitan, de cualquier grado, condición y preminencia, incluso Obispos, Arzobispos, Patriarcas, Primados, o de cualquier otra dignidad eclesiástica superior; o bien Cardenales, o Legados perpetuos o temporales de la Sede Apostólica, con cualquier destino; o los que sobresalgan por cualquier autoridad o dignidad temporal, de conde, barón, marqués, duque, rey, emperador, en fin queremos y decretamos que cualquiera de ellos incurra en las antedichas sentencias, censuras y castigos.

      3. Privación ipso facto de todo oficio eclesiástico por herejía o cisma.

      Considerando que los que no se abstienen de obrar mal por amor de la virtud deben ser reprimidos por temor de los castigos, y que Obispos, Arzobispos, Patriarcas, Primados, o de cualquier otra dignidad eclesiástica superior; o bien Cardenales, Legados, condes, barónes, marqueses, duques, reyes, emperadores, que deben enseñar a los demás y servirles de buen ejemplo, a fin de que perseveren en la Fe Católica, con su prevaricación pecan más gravemente que los otros, pues que no sólo se pierden ellos, sino que también arrastran consigo hasta la perdición los pueblos que les fueran confiados; por la misma deliberación y asentimiento de los Cardenales, con esta Nuestra Constitución, válida a perpetuidad, contra tan gran crimen -que no puede haber otro mayor ni más pernicioso en la Iglesia de Dios – en la plenitud de Nuestra Potestad Apostólica, sancionamos, establecemos, decretamos y definimos, que por las sentencias, censuras y castigos mencionados (que permanecen en su vigor y eficacia y que producen su efecto), todos y cada uno de los Obispos, Arzobispos, Patriarcas, Primados, o de cualquier otra dignidad eclesiástica superior; o bien Cardenales, Legados, condes, barones, marqueses, duques, reyes, emperadores, que hasta ahora (tal como se aclara precedentemente) hubiesen sido sorprendidos, o hubiesen confesado, o fuesen convictos de haberse desviado (de la Fe católica), o de haber caído en herejía, o de haber incurrido en cisma, o de haberlos suscitado o cometido; o también los que en el futuro se apartaran de la Fe católica, o cayeran en herejía, o incurrieran en cisma, o los provocaren, o los cometieren, o los que hubiesen de ser sorprendidos o confesaran o admitieren haberse desviado de la Fe Católica, o haber caído en herejía, o haber incurrido en cisma, o haberlos provocado o cometido, dado que en esto resultan mucho más culpables que los demás, fuera de las sentencias, censuras y castigos, enumerados, (que permanecen en su vigor y eficacia y que producen sus efectos), todos y cada uno de los Obispos, Arzobispos, Patriarcas, Primados, o de cualquier otra dignidad eclesiástica superior; o bien Cardenales, Legados, condes, barones, marqueses, duques, reyes, emperadores, quedarán privados también por esa misma causa, sin necesidad de ninguna instrucción de derecho o de hecho , de sus jerarquías, y de sus iglesias catedrales, incluso metropolitanas, patriarcales y primadas; del título de Cardenal, y de la dignidad de cualquier clase de Legación, y además de toda voz activa y pasiva, de toda autoridad, de los monasterios, beneficios y funciones eclesiásticas, con cualquier Orden que fuere, que hayan obtenido por cualquier concesión y dispensación Apostólica, ya sea como titulares, o como encargados o administradores, y en las cuales, sea directamente o de alguna otra manera hubieran tenido algún derecho, o las hubieren adquirido de cualquier otro modo; quedarán así mismo privados de cualquier beneficio, renta o producido, reservados o asignados a ellos. Y del mismo modo serán privados completamente, y en cada caso, de sus condados, baronías, marquesado, ducado, reino e imperio, y en forma perpetua, y de modo absoluto. Y por otro lado siendo del todo contrarios e incapacitados para tales funciones, serán tenidos además como relapsos y exonerados en todo y para todo, incluso si antes hubiesen abjurado públicamente en juicio tales herejías. Y no podrán ser restituidos, repuestos, reintegrados o rehabilitados, en ningún momento, a la prístina dignidad que tuvieron, a sus Iglesias Catedrales, metropolitanas, patriarcales, primadas; al cardenalato, o a cualquier otra dignidad, mayor o menor, o a su voz activa o pasiva, a su autoridad, monasterio, beneficio, o condado, baronía, marquesado, ducado, reino o imperio, antes bien habrán de quedar al arbitrio de aquella potestad que tenga la debida intención de castigarlos, a menos que teniendo en cuenta en ellos aquellos signos de verdadero arrepentimiento y aquellos frutos de una congruente penitencia, por benignidad de la misma Sede Apostólica o por clemencia hubieren de ser relegados en algún monasterio, o en algún otro lugar dotado de un carácter disciplinario para hacer allí perpetua penitencia con el pan del dolor y el agua de la compunción. Y así serán tenidos por todos, de cualquier dignidad, grado, orden, o condición que sea, e incluso, arzobispo, patriarca, primado, cardenal, o de cualquier autoridad temporal, conde, barón, marqués, duque, rey o emperador, o de cualquier otra jerarquía, y así serán tratados y estimados, y además evitados como relapsos y exonerados, de tal modo que habrán de estar excluidos de todo consuelo humanitario.

      4. Pronta solución de las vacancias de los oficios eclesiásticos.

      Quienes pretenden tener un derecho de patronazgo, o de nombrar personas idóneas para las Sedes Eclesiásticas vacantes por estas cesantías, a fin de que tales cargos, después de haber sido librados de la servidumbre de los heréticos, no estén expuestos a los inconvenientes de una larga vacancia mas sean otorgados a personas capaces de dirigir los pueblos por las vías de la justicia, están obligados a presentar al Romano Pontífice los nombres de tales personas idóneas, dentro del tiempo fijado por derecho, de otra manera, transcurrido el tiempo previsto, la disponibilidad de tales Sedes retorna al Pontífice Romano.

      5. Excomunión ipso facto para los que favorezcan a herejes o cismáticos.

      Incurren en excomunión ipso facto todos los que conscientemente osen acoger, defender o favorecer a los desviados o les den crédito, o divulguen sus doctrinas; sean considerados infames, y no sean admitidos a funciones públicas o privadas, ni en los Consejos o Sínodos, ni en los Concilios Generales o Provinciales, ni en el Cónclave de Cardenales, o en cualquiera reunión de fieles o en cualquier otra elección. Serán también intestables y no podrán participar de ninguna sucesión hereditaria, y nadie estará además obligado a responderles acerca de ningún asunto. Si tuviese alguno la condición de juez, sus sentencias carecerán de toda validez, y no se podrá someter a ninguna otra causa a su audiencia; o si fuera abogado, su patrocinio será tenido por nulo, y si fuese escribano sus papeles carecerán por completo de eficacia y vigor. Además los clérigos serán privados también por la misma razón, de todas y cada una de sus iglesias, incluso catedrales, metropolitanas, patriarcales y primadas; de sus dignidades, monasterios, beneficios y oficios eclesiásticos incluso como ya se dijo, cualquiera sea el grado y el modo de su obtención. Tanto Clérigos como laicos, incluso los que obtuvieren normalmente y que estuvieren investidos de las dignidades mencionadas, serán privados sin más trámite de sus reinos, ducados, dominios, feudos y de todos los bienes temporales que poseyeran, Sus reinos, ducados, dominios, feudos y bienes serán propiedad pública, y como bienes públicos habrán de producir un efecto de derecho, en propiedad de aquellos que los ocupen por primera vez, siempre que estos estuvieren bajo nuestra obediencia, O de nuestros sucesores los Romanos Pontífices, elegidos canónicamente), en la sinceridad de la Fe y en unión con la Santa Iglesia Romana.

      6. Nulidad de todas las promociones o elevaciones de desviados en la Fe.

      Agregamos que si en algún tiempo aconteciese que un Obispo, incluso en función de Arzobispo, o de Patriarca, o Primado; o un Cardenal, incluso en función de Legado, o electo Pontífice Romano que antes de su promoción al Cardenalato o asunción al Pontificado, se hubiese desviado de la Fe Católica, o hubiese caído en herejía. o incurrido en cisma, o lo hubiese suscitado o cometido, la promoción o la asunción, incluso si ésta hubiera ocurrido con el acuerdo unánime de todos los Cardenales, es nula, inválida y sin ningún efecto; y de ningún modo puede considerarse que tal asunción haya adquirido validez, por aceptación del cargo y por su consagración, o por la subsiguiente posesión o cuasi posesión de gobierno y administración, o por la misma entronización o adoración del Pontífice Romano, o por la obediencia que todos le hayan prestado, cualquiera sea el tiempo transcurrido después de los supuestos antedichos. Tal asunción no será tenida por legítima en ninguna de sus partes, y no será posible considerar que se ha otorgado o se otorga alguna facultad de administrar en las cosas temporales o espirituales a los que son promovidos, en tales circustancias, a la dignidad de obispo, arzobispo, patriarca o primado, o a los que han asumido la función de Cardenales, o de Pontífice Romano, sino que por el contrario todos y cada uno de los pronunciamientos, hechos, actos y resoluciones y sus consecuentes efectos carecen de fuerza, y no otorgan ninguna validez, y ningún derecho a nadie.

      7. Los fieles no deben obedecer sino evitar a los desviados en la Fe.

      Y en consecuencia, los que así hubiesen sido promovidos y hubiesen asumido sus funciones, por esa misma razón y sin necesidad de hacer ninguna declaración ulterior, están privados de toda dignidad, lugar, honor, título, autoridad, función y poder; y séales lícito en consecuencia a todas y cada una de las personas subordinadas a los así promovidos y asumidos, si no se hubiesen apartado antes de la Fe, ni hubiesen sido heréticos, ni hubiesen incurrido en cisma, o lo hubiesen suscitado o cometido, tanto a los clérigos seculares y regulare, lo mismo que a los laicos; y a los Cardenales, incluso a los que hubiesen participado en la elección de ese Pontífice Romano, que con anterioridad se apartó de la Fe, y era o herético o cismático, o que hubieren consentido con él otros pormenores y le hubiesen prestado obediencia, y se hubiesen arrodillado ante él; a los jefes, prefectos, capitanes, oficiales, incluso de nuestra materna Urbe y de todo el Estado Pontificio; asimismo a los que por acatamiento o juramento, o caución se hubiesen obligado y comprometido con los que en esas condiciones fueron promovidos o asumieron sus funciones, (séales lícito) sustraerse en cualquier momento e impunemente a la obediencia y devoción de quienes fueron así promovidos o entraron en funciones, y evitarlos como si fuesen hechiceros, paganos, publicanos o heresiarcas , lo que no obsta que estas mismas personas hayan de prestar sin embargo estricta fidelidad y obediencia a los futuros obispos, arzobispos, patriarcas, primados, cardenales o al Romano Pontífice, canónicamente electo. Y además para mayor confusión de esos mismos así promovidos y asumidos, si pretendieren prolongar su gobierno y administración, contra los mismos así promovidos y asumidos (séales lícito) requerir el auxilio del brazo secular, y no por eso los que se sustraen de ese modo a la fidelidad y obediencia para con los promovidos y titulares, ya dichos, estarán sometidos al rigor de algún castigo o censura, como sí lo exigen por el contrario los que cortan la túnica del Señor.

      8. Validez de los documentos antiguos y derogación sólo de los contrarios.

      No tienen ningún efecto para estas disposiciones las Constituciones y Ordenanzas Apostólicas, así como los privilegios y letras apostólicas, dirigidas a obispos, arzobispos, patriarcas, primados y cardenales, ni cualquier otra resolución, de cualquier tenor y forma, y con cualquier cláusula, ni los decretos, también los de motu propio y de ciencia cierta del Romano Pontífice, o concedidos en razón de la plenitud de la potestad apostólica, o promulgados en consistorios, o de cualquier otra manera; ni tampoco los aprobados en reiteradas ocasiones, o renovados e incluidos en un cuerpo de derecho, o como capítulos de cónclave, o confirmados por juramento, o por confirmación apostólica, o por cualquier otro modo de confirmación, incluso los jurados por Nosotros mismos. Considerando pues esas resoluciones de modo expreso y teniéndolas como insertadas, palabra por palabra, incluso aquellas que hubieran de perdurar por otras disposiciones, y en fin todas la demás que se opongan, por esta vez y de un modo absolutamente especial, derogamos expresamente sus cláusulas dispositivas.

      9. Decreto de publicación solemne

      A fin de que lleguen noticias ciertas de las presentes letras a quienes interesa, queremos que ellas, o una copia (refrendada por un notario público, con el sello de alguna persona dotada de dignidad eclesiástica) sean publicadas y fijadas en la Basílica del Prícipe de los Apóstoles, y en las puertas de la Cancillería apostólica, y en el extremo de la Plaza de Flora por alguno de nuestros oficiales; y que es suficiente la orden de fijar en esos sitios la copia mencionada, y que dicha fijación o publicación, o la orden de exhibir la copia antedicha, debe ser tenida con carácter de solemne y legítima, y que no se requiere ni se debe esperar otra publicación.

      10. Ilicitud de las acciones contrarias y sanción divina.

      Por lo tanto, a hombre alguno sea lícito infringir esta página de Nuestra Aprobación, Innovación, Sanción, Estatuto, Derogación, Voluntades, Decretos, o por temeraria osadía, contradecirlos. Pero si alguien pretendiese intentarlo, sepa que habrá de incurrir en la indignación de Dios Omnipotente y en la de sus santos Apóstoles Pedro y Pablo.

      Dado en Roma, junto a San Pedro, en el año de la Encarnación del señor 1559, XVº anterior a las calendas de Marzo, año 4º de nuestro Pontificado (15 de febrero de 1559)

      FIAT

    • 1 de noviembre de 2013 9:59 AM

      Teodosio, le exhorto que por favor, mire este video: http://www.youtube.com/watch?v=x7YnqnPW3dM
      En el mismo no sólo leo el texto completo de la bula Cum Ex Apostolatus Officio , sino también respondo a todas las objeciones contra el sedevacantismo. Lo dejé unos comentarios más atrás…
      Vamos, ¡que el video no muerde!

      El asunto del sedevacantismo actual no es cuestión de opinión, lo acaba de decir Hector Adrián…Debería usted leer lo que se acaba de subir, por favor.

  10. 31 de octubre de 2013 6:11 PM

    El artículo manipula y distorsiona varias citas. Cuando dice que Adriano VI dijo una cosa, en realidad un escritor le atribuye haberla dicho antes de ser papa, y ese escritor está puesto en el Índex… Las supuestas palabras de Pío IX al inexistente “cardenal Brixen” son un grotesco invento. Las palabras atribuidas a Garrigou-Lagrange probabilísimamente no fueron esas, y no hay referencia alguna indicada. Etc. Un bruto y un enemigo causador de problemas.

    ¿Cómo es posible que algunos sujetos pretendan demostrar con certeza moral que el Papa, en su corazón, esto es, en su interior, realmente espera y desea causar y traer un gran mal sobre sus súbditos y que es debido a su maldad que promulga leyes malvadas?…..

    Esta frase me causó bastante gracia. El artículo es lamentable y flaco favor le hace a la “resistencia”, pero si tiene y destila un odio que lastima cualquier intento de unir la Tradición. Por citar un solo caso que abarca dos de los recientes antipapas: cuando se investigó el caso de los clérigos asesinados por los servicios de inteligencia soviéticos, durante el pontificado de SS Pío XII, las pruebas llevaron al despacho de Mons. Montini. Para “salvar” a Montini, se eligió un “cabeza de turco”….y este fue el Padre Alghiero Tondi. Tondi, fue acusado de entregar para ser ejecutados a estos misioneros encubiertos…pues bien: Montini siendo Pablo VI, avaló el matrimonio de Tondi, (quien se fuga para la RDA), con una agente de la STASSI. ¿ Esto no es hacer daño a sabiendas?…pero la cosa no queda aquí, cuando este Tondi enviuda, pide ser restituido como sacerdote, y se le concede, y luego Juan Pablo II, lo premia con el título de MOSEÑOR. ¡ hizo monseñor a quien todos sabían perfectamente que era un traidor delator y complice de homicidio!. ¿Esto no es hacer el mal a sabiendas?. Todo esto se narra muy bien en “Historia de los Papas” del P. Apeles, que no es un sedevacantista, ni siquiera un tradicionalista.

    Si estas cosas no les parecen suficiente prueba…si Cristo dice que por sus frutos conoces a alguien, ¿ acaso no ven los frutos?. Cristo enseña que se puede conocer el alma de una persona por sus frutos…¿ y este ganso que escribe el post dice que no se puede?…¿ acaso sabe mas que Cristo?. Eso si que es ser soberbio.

  11. Monreal permalink
    2 de noviembre de 2013 8:58 AM

    Siento asco al leer estos comentarios hechos por personas soberbias y orgullosas que creen ser encarnaciones de Santo Tomas de Aquino, porque juzgan y lo peor del caso es pretenden ocupar el lugar de Dios.”condenando a los Papas posconciliares”
    Este articulo de Sr. Fleming, es lo mejor que he leído, pues nos retrata fielmente lo que es el sedevacantismo, y será la Iglesia cuando el rio vuelva a su cauce y no los sabiologos al estilo de Héctor Adrian quien dirá la ultima palabra sobre si estos Papas posconciliares fueron o no antipapas.
    De todos estos comentarios, es Eduardo la única persona sensata, y efectivamente como el dice entre los sacerdotes posconciliares, a mi también me consta que hay muy buenos elementos, aunque desgraciadamente, al desacralizar la misa con el nuevo ordo, los errores modernistas siguen avanzando paso a paso para dar complimiento a la profecía de La Salette.
    Quien crea y se bautice se salvara, pero el que se “resista a creer” se condenara. Marcos 16:17

    • 3 de noviembre de 2013 3:26 PM

      Se equivoca Monreal, pues los comentarios de Héctor Adrián, Jorge López y por supuesto también los míos, son mejores que este artículo (y por supuesto, que su comentario) y no lo digo por “soberbia” ni “orgullo” como usted erróneamente alega, sino que lo digo porque es VERDAD.
      La Verdad es la Verdad, no importa quién lo diga, ni cómo lo diga; no importa que a usted le parezca que nosotros los sedevacantistas somos “soberbios” y “orgullosos”; esa es su opinión, esa es su juicio, pero el Juicio de Dios es otro.
      La bula Cum Ex Apostolatus Officio es clara, es una bula infalible por cierto, y nos da la razón a Héctor, a Jorge y a mí, no a Fleming, ni a usted.
      Si usted prefiere creer en Fleming, antes que a una bula INFALIBLE (VERDAD BAJADA DEL CIELO) de un Papa válido, entonces lo siento, pero objetivamente puedo aseverar que el verdadero soberbio y orgulloso es usted, que prefiere creerle a un tal de Fleming, antes que al Magisterio INFALIBLE de la Santa Madre Iglesia.
      Pero bueno, yo ya dejé mi video, que prueba por qué el sedevacantismo es 100% cierto: http://www.youtube.com/watch?v=x7YnqnPW3dM
      ¿Se atreverá usted a mirarlo?

      • Monreal permalink
        8 de noviembre de 2013 5:28 AM

        Ustedes, desde Arturo, Héctor Adrian, Jorge Lopez y por supuesto Ud Sr. Lordstob apestan a Azufre porque manipulan las citas bíblicas al igual que vuestro padre lo quiso hacer con Jesús en las tentaciones del desierto,
        Ustedes son herejes sedevacantistas, que desgraciadamente y con la complacencia de Cristeroo7 se dedican a predicar el error en esta pagina, y creen que a base de destilar veneno en sus kilométricos escritos, van a lograr adeptos, pero se equivocan, Cristo fue quien instituyo el papado, y será su Iglesia a su debido tiempo y no ustedes quien declarará como lo ha hecho hasta ahora, quienes son los Papas y los antipapas.

      • Lazaro permalink
        17 de noviembre de 2013 7:22 PM

        Sr. lordstob.- ERRAR ES DE HUMANOS, PERSEVERAR EN EL ERROR “ES DIABOLICO” Ud, a hecho caso omiso de toda la sana doctrina que le han indicado seguir varias personas, que han manifestado su opinión referente a esta discusión, y entresaco de entre ellas a Monreal, y mas específicamente al Sr. Alejandro Villarreal por su acertada dirección de su blog http://bibliaytradicion.wordpress.com
        Con su actitud, al salirse por la tangente y persistir contumazmente en el error Ud. cae en lo que el gran Santo Tomas de Aquino denomina pecado contra el Espiritu Santo que no tiene perdón ni en esta vida ni en la otra. El Sr. Villarreal fué muy explicito al responderle a Ud, cuando le indica: En el momento cumbre del roce con Roma, Mons. Lefebvre es categórico sobre su reconocimiento al Pontífice, al papa Juan Pablo II. Por lo tanto, todas las conjeturas que Ud. pretende extraer son imaginarias y sin sustento.
        Y de hecho la mención que Ud, hace de Gal. 1.8 cuando nos dice ” Mas aún si nosotros o un angel del cielo nos anunciara otro evangelio del que os hemos anunciado sea ANATEMA” a Ud le queda al dedo ya que nos está afirmando heredicamente en contra de lo anunciado en la apocalipsis, cuando nos habla de los 3 años y medio en que el anticristo usurpará la sede de Pedro, que durante 53 años la sede de Pedro ha estado vacante.
        Y por ultimo le pegaré, como conclusión, lo expresado por el Sr. Villarreal al final de su intervención, en la cual desenmascara a Uds. los sedevacantistas:
        Este “argumento” y manipulación de las palabras del heroico Mons. Lefebvre es una sucia estratagema sedevacantista que ya no sabe cómo impulsar sus implausibles hipótesis, ni cómo manchar la memoria de un coloso como Mons. Lefebvre.

    • Cirilox permalink
      8 de noviembre de 2013 10:02 AM

      Mis respetos Sr. Monreal, me parece buenísima su respuesta, a estos engreídos herejes sedevacantistas a los cual Ud, identifica y que pontifican como si fueran poseedores de la verdad absoluta.

  12. Héctor Adrián permalink
    8 de noviembre de 2013 3:21 PM

    Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo

    Monreal muerdete la lengua ofensiva que mal usas al expresarte, te recuerdo que tu no eres Papa para determinar como una herejía la actual posición Sede-Vacante y menos cuando es la única posición que defiende la Fé según la Ley Divina promulgada a perpetuidad por sus Santidad Pablo IV “Cum Ex Apostolatus Officio”. Muchas gracias Cristero007 por la publicación de un documento tan básico para la Fe Cristiana como la “Quo Primum Tempore” de S.S. San Pio V sucesor de S.S Pablo IV.

    Monreal como eres Fiel de la FSSPX te dejo las palabras de Mons. Lefebvre para que no inventes que distorsiono la palabra de Dios y así te vuelvas mejor un Fiel Cristiano.

    Monseñor Lefebvre, Sermón de la Pascua de 1986: HACE 27 AÑOS

    “Nos encontramos verdaderamente frente a un dilema gravísimo , que creo no se planteó jamás en la Iglesia: que quien está sentado en la Sede de Pedro participe en cultos de falsos dioses; creo que esto no sucedió jamás en toda la historia de la Iglesia. ¿Qué conclusión deberemos quizás sacar dentro de algunos meses ante estos actos repetidos de comunión con falsos cultos? No lo sé. Me lo pregunto . Pero es posible que estemos en la OBLIGACION de creer que este Papa no es Papa. No quiero decirlo aún de una manera solemne y formal, pero parece, sí, a primera vista, que es imposible que un Papa sea hereje pública y formalmente”. [2] Mons. Tissier de Mallerais, The Biography of Marcel Lefebvre, edición inglesa, p. 526.

    Y en la conferencia del 15 de abril de ese mismo año, completó:

    “Entonces el problema se plantea.

    Primer problema: la communicatio en sacris.

    Segundo problema: la cuestión de la herejía.

    Tercer problema: ¿el Papa es aún Papa cuando es hereje?

    ¡Yo no sé, no zanjo! Pero pueden plantearse la cuestión ustedes mismos . Pienso que todo hombre juicioso debe plantearse la cuestión . No sé. Entonces, ahora, ¿es urgente hablar de esto?…

    Se puede no hablar, obviamente… Podemos hablar entre nosotros, privadamente, en nuestras oficinas, en nuestras conversaciones privadas, entre seminaristas, entre sacerdotes…

    ¿Es necesario hablar a los fieles? Muchos dicen: — No, no habléis a los fieles. Van a escandalizarse. Eso va a ser terrible, eso va a ir lejos…

    Bien. Yo dije a los sacerdotes, en París, cuando los reuní, y luego a vosotros mismos, ya os había hablado, yo dije: pienso que, muy suavemente, es necesario, a pesar de todo, esclarecer un poco a los fieles…

    No digo que sea necesario hacerlo brutalmente y lanzar eso como condimento a los fieles para asustarlos… No. Pero pienso que, a pesar de todo, es una cuestión PRECISAMENTE DE FE . Es necesario que los fieles no pierdan la fe . Somos encargamos de guardar la fe de los fieles, de protegerla.

    Van a perder la fe… incluso nuestros tradicionalistas. Incluso nuestros tradicionalistas no tendrán ya la fe en Nuestro Señor Jesucristo. ¡Ya que esta fe se pierde! Se pierde en los sacerdotes, se pierde en los obispos.”

    La FSSPX dejo de prestarle, desde hace 27 años como pidió Mons. Lefebvre, la atención a un tema de FE como lo es la actual Sede Vacante y por eso se cumplió el escenario de Mons. ya son uno con la Iglesia del anti-Cristo

    FIAT

    • 11 de noviembre de 2013 10:04 AM

      El discurso de Mons Lefebvre que refiere, es de 1986, pero, si deseamos ver alguna “trayectoria” en su posición, entonces su discurso de 1988 (dos años después) durante la consagración de los 4 obispos deberá eliminar cualquier duda al respecto (un supuesto sedevacantismo), sobre su reconocimiento a la legitimidad del Papa reinante, así como sus predecesores (http://www.sspxasia.com/Documents/Archbishop-Lefebvre/Episcopal-Consecration.htm):
      +
      1. …Yesterday evening, a visitor came, sent from the Nunciature in Berne, with an envelope containing an appeal from our Holy Father the Pope…
      2. …It is in order to manifest our attachment to the Eternal Rome, to the Pope, and to all those who have preceded these last Popes who, unfortunately since the Second Vatican Council, have thought it their duty to adhere to grievous errors which are demolishing the Church and the Catholic Priesthood…
      3. …Far be it from me to set myself up as pope!…
      4. …This is why I sent a letter to the Pope, saying to him very clearly: “We simply cannot accept this spirit and proposals, despite all the desires which we have to be in full union with you…
      +
      Al menos cuatro menciones inequívocas de su reconocimiento al Papa que reinaba en ese entonces (JPII), refiriéndose al Papa como “nuestro Santo Padre”, “nuestra adhesión a la Roma Eterna, al Papa…”, “¡lejos estoy de proclamarme papa!” y la cuarta “a pesar de los deseos que tenemos de estar en total comunión con Ud. (con el Papa)”. Es decir, el comentario de 1986 ciertamente refleja la pesadumbre y la aflicción de Mons. Lefebvre hasta el punto de lanzar la pregunta retórica si de verdad el pontífice era legítimo, por supuesto, sin establecer ninguna posición sedevacantista. En el momento cumbre del roce con Roma, Mons. Lefebvre es categórico sobre su reconocimiento al Pontífice, al papa Juan Pablo II. Por lo tanto, todas las conjeturas que Ud. pretende extraer son imaginarias y sin sustento.
      +
      Este “argumento” y manipulación de las palabras del herioco Mons. Lefebvre es una sucia estratagema sedevacantista que ya no sabe cómo impulsar sus implausibles hipótesis, ni cómo manchar la memoria de un coloso como Mons. Lefebvre.

      • Monreal permalink
        11 de noviembre de 2013 8:27 PM

        Sr, Herericosedevacantista y “sabelotodo” De que mueren los quemados? ¡De ardidos porque la verdad no ofende pero incomoda, y a mi me gusta llamar las cosas por su nombre. Aunque con otro estilo de argumentar muy claro y especial de él, el Sr. Alejandro Villarreal le a puesto a Ud. los puntos sobre las ies, o ¿ Acaso me equivoco, Sr. hereje sedevacantista Héctor Adrian? .
        Sr. Villarreal lo felicito por la forma en que Ud, maneja su blog, ya que a diferencia del Sr. Cristeroo7. Ud, no permite que en: http://bibliaytradicion.wordpress, se haga proselitismo sedevacantista

      • Monreal permalink
        11 de noviembre de 2013 8:29 PM

        Corrijo la pagina.: http://bibliaytradicion.wordpress.com

      • 15 de noviembre de 2013 7:02 AM

        Alejandro Villarreal: El argumento de Héctor, es sólo para dar una idea de que hasta el propio Lefebvre llegó a afirmar el sedevacantismo (si bien no directamente), pero en realidad Monseñor Marcel Lefebvre fue blando y ambiguo. Un católico completo no debe actuar así, o se es o no se es sedevacantista.
        De hecho la posición sedevacantista, es ANTERIOR a la postura demasiado “prudencial” de Lefebvre, como puede leerse en este artículo esclarecedor: http://caballerodelainmaculada.blogspot.com/2009/11/historia-del-sedevacantismo-el-abbe-de.html

        Los hermanos benedictinos (y también de sangre, coincidentemente) Dimond, han explicado bien el asunto de por qué estos últimos “Papas” son falsos: http://www.vaticanocatolico.com/las_herejias_de_juan_pablo_ii_y_benedicto_xvi.php
        Y ellos han respondido a TODAS las objeciones al sedevacantismo: http://www.vaticanocatolico.com/Sedevacante_Sedevacantista_Iglesia_Catolica.php

        Esas mismas objeciones y la bula Cum ex apostolatus officio, más un razonamiento mío, o que cualquiera lo puede hacer, yo las coloqué en el video que difundí, que ni usted ni Monreal, se han dignado en mirar: http://www.youtube.com/watch?v=x7YnqnPW3dM

        Monreal: Por lo que veo Hector Adrián NO es un hereje…Los sedevacantistas NO somos herejes, sino que simplemente somos cristianos católicos auténticos que reconocemos la REALIDAD de que la Santa Sede está vacante desde el fallecimiento de Pío XII en 1958.

        Yo lo que veo es que ustedes los de la FSSPX y similares complican las cosas y así tergiversan la Doctrina cristiana que Cristo enseñó.
        Ustedes dicen que apestamos a azufre y que somos engreídos, pero al contrario nosotros somos humildes, aceptamos la Doctrina que Jesucristo enseñó sin “peros”…Mi fe es sencilla, no ando con vueltas y no le ando agregando nada, ni complicándome con lo de supuestos “Papas” herejes, esto y lo otro…NO existen “Papas” herejes, por el simple y sencillo hecho LÓGICO y DOGMÁTICO de que ¡los herejes no son miembros de la Iglesia!

        “Mas aun si nosotros o un ángel del cielo os anunciare otro evangelio del que os hemos anunciado, sea ANATEMA.” Gálatas 1:8.

        Simplemente eso: hay que seguir los dos fundamentos de nuestra fe: la Santa Biblia y la Santa Tradición (el Magisterio infalible de la Iglesia). Fuera de eso, nada importa; como católico no me interesan las innovaciones hechas por hombres. Si ustedes no pueden entender esto que estoy diciendo, que es tan sencillo, entonces no entienden qué es ser católico.

      • 19 de noviembre de 2013 7:46 AM

        Es una reiteración circular lo que Ud. propone, cuando lo que se le ofrece son argumentos incontrovertibles de la posición clara de Mons. Lefebvre (lo que Ud. y otros hacen es engañarse pretendiendo que él fue sedevacantista o tuvo dudas al nivel de un arzobispo Dinh Thuc, lo cual es absurdo, pues en sus ACTOS jamás se refleja duda alguna). Desafortunadamente Cum ex apostolatus ha sido tergiversada hasta el cansancio (véase el análisis del sacerdote Ceriani al respecto: http://radiocristiandad.wordpress.com/2011/07/29/especiales-de-cristiandad-con-el-p-ceriani-sobre-la-bula-cum-ex-apostolatus-oficcio-de-pablo-iv-%E2%80%93-1%C2%BA-parte/), demostrando que dicho documento fue abrogado por el Código de Derecho Canónico de 1918 y el cual además lo incluyó en sus puntos más importantes, mas nunca tuvo la intención de deponer PONTÍFICES. Vea quien tenga ojos para ver.

  13. martin permalink
    16 de abril de 2014 9:54 PM

    En cuanto al “OPINIONISMO”:

    No estoy seguro de estos asuntos de Fe (si es o no es papa) se los puedan resolver por medio de una razón matemática. Entiendo las dos posturas y ambas me parecen legítimas.
    Argumenta que el papa, aun siendo legalmente elegido, si no actúa a favor de Cristo NO ES papa, y que los fieles no deberían reconocerlo sin incurrir en una falta grave contra la Fe y la Iglesia.
    Para resolver esta cuestión se me vino a la mente el caso de Judas. Era un apóstol, y ellos a su vez tenían fieles que los seguían. Es decir, a Cristo, por medio de ellos. Esos fieles podríamos ser nosotros, y Judas, podría ser el papa.
    Ahora bien, Judas fue legalmente elegido. Hasta aquí, igual que estos papas. Dice que las dudas están en la cabeza se uno, pero en la realidad ES o NO ES.
    Los papas, dice, si su voluntad o actos están contra Cristo hay que reconocerlos y declararlos NO PAPA.
    En el caso de un apóstol (a quienes seguían fieles) si actuaba contra Cristo según esta justicia, habría que declararlo NO APÓSTOL.
    Seguramente ya actuaba así semanas antes de la Pasión, quién sabe desde cuándo. Aparentemente ya NO ERA apóstol. Sin embargo Nuestro Señor no lo trataba así. El que todo lo sabía, no le quitó su jerarquía nunca. En el caso de Judas algunos fieles hubiesen sido en relación a él, “sedevacantistas” o “sedeplenistas”, cada uno con sus razones o con su prudencia.
    Siendo un anticristo, Jesús seguía haciendo que lo traten los apóstoles como si siguiese siendo uno de ellos, lo mismo a los fieles que lo seguían.
    Segun esta lógica matemática, por cuanto Jesús no lo destituyó, ERA APOSTOL. Y por cuanto es la fuente de LA VERDAD los sedevacantistas tendrían resuelto el problema, ya no tendrían que llamar hipocritas a nadie.
    No sea cosa que esté llamando hipócritas a quienes actúan de la misma forma que actuó Jesucristo.
    Parece ser que para Cristo, seguía siendo APOSTOL. Y para los que están en la FSSPX tal vez estos papas, sigan siendo papas ¿quién lo sabe? Me parece que la opinión o la duda, no le quitan a un hombre la razón.

  14. carlos salamanca permalink
    10 de junio de 2016 11:58 AM

    señores, nuestra fe en cristo y su cuerpo que es la iglesia no se trata de quien es o no es , solo se trata de poner en evidencia si la cabeza visible de la iglesia osea el papa ( como se llame ) no esta guiando por caminos que llevan derechito al infierno y no al cielo , es como el enfermo que tiene una llaga y la esconde y que con pastillitas cree que se va a sanar y resulta que le da una gangrena y se muere o pierde el pie, sino que viendo la herida se pone a la luz de la medicina y se cura y sigue bien.
    Así que nosotros los que en algún punto u otro estamos en desacuerdo , lo mejor es orar y pedirle al paráclito al que llena de sabiduría y siempre tiene la razón y no permite que nos perdamos , pedirle su ayuda ya que la iglesia el barco que nos lleva a feliz termino se hunda en la mentira en la falsedad de que lo bueno es malo y lo malo es bueno por que ahora se esta dando esto, Unámonos si queremos de verdad a la madre iglesia a la esposa de nuestro señor , yo no les dejare aquí ninguna palabra de algún papa o alguna enciclica solamente en mi ignorancia pido a Dios me guié y me sostenga en la verdad y que me permita servirle fielmente como el quiere que le sirvamos. que nuestra señora la siempre virgen Maria nos lleve nos guíe nos ampare de caer en falsas creencias y que nos llene de esa humildad que solamente ella tuvo
    Dios les bendiga .

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  1. SOBRE EL TEMA “CONTRA EL SEDEVACANTISMO” | Ecce Christianus

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