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LA PASIÓN DEL SEÑOR SE REPITE AHORA EN LA IGLESIA

25 de octubre de 2013
Joaquín Sáenz y Arriaga“No dejo de ver que esta situación dolorosa y anormal significa para la Iglesia y para las almas una espantosa tragedia. El drama de la pasión del Señor parece que se repite ahora en su Cuerpo Místico. Pero el triunfo de Cristo es prenda del triunfo de la Iglesia.
Si, por un imposible o posible, el Papa o los Obispos se apartasen de la verdadera doctrina de Cristo, si, en sus dichos o hechos, se opusiesen a la tradición apostólica, de un modo palpable y manifiesto, ¿podríamos decir que siguen siendo los representantes de Jesucristo y que nosotros estamos obligados a obedecerles,aunque sea contra nuestra fe y nuestra conciencia, contra las no interrumpidas enseñanzas del Magisterio de la Iglesia, contra la misma doctrina revelada, que ha llegado hasta nosotros por la Tradición y la Sagrada Escritura?
He aquí el gravísimo problema, que estamos viviendo y que a muchos los ha arrastrado, por una falsa obediencia.”
† Pbro. Joaquín Sáenz y Arriaga, Sede Vacante, pagina 15.
ozdoba
8 comentarios leave one →
  1. 25 de octubre de 2013 9:53 PM

    Nuestro Señor Jesucristo nos está dando esta última oportunidad de que nos salgamos de esa falsa iglesia de Roma (la Gran Prostituta de Babilonia), las acciones de Bergoglio dan muestra de que la iglesia surgida del conciliábulo Vaticano II es la falsa iglesia profetizada en Apocalipsis, La Salette y en Fátima. Este antipapa ha desnudado a la ramera de Babilonia, la ha puesto tal cual es, una prostituta que ha fornicado con los reyes de la tierra y le ha entregado el reino de Dios al poder del gobierno mundial.
    Ha apostatado de la verdadera fe católica y se ha convertido en una cueva de ladrones.
    Ya se cumplieron las profecías católicas, la revelación de San Juan ha llegado a su cumplimiento, insisto, sólo falta la destrucción física de Roma, y el advenimiento de Nuestro Señor Jesucristo. AP XIX, Después de esto, me pareció escuchar en el cielo las fuertes voces de muchísimas personas, que gritaban:1¡Que todos alaben al Señor!
    Nuestro Dios es poderoso, y nos ha salvado. Por eso le pertenecen el poder y la gloria,
    2 porque Dios juzga con justicia y de acuerdo con la verdad.Castigó a la gran prostituta,
    que enseñó a todo el mundo a adorar a dioses falsos. Fue castigada por haber matado
    a los servidores de Dios.
    Debemos ser humildes ante la voluntad de Dios y aceptar que ya no hay tiempo, el Señor viene.
    Otra señal apocalíptica es que Bergoglio va a “canonizar” al Anticristo Juan Pablo II, ¡Van a convertir en “santo” al demonio!
    La palabra de Dios dice que todos los que adoren a la Bestia y a su imagen irán al fuego eterno: Ap. XIV, 9 Y el tercer ángel los siguió, diciendo a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano,
    10 él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero;
    11 y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre.
    12 Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.
    Comparto la idea del Pbro. Juan Sáenz y Arriaga, durante la apostasía los pérfidos judíos crucificaron a Nuestro Señor Jesucristo, pero ahora en su Cuerpo Místico, que es su iglesia, en estos momentos su cuerpo místico ha sido llevado al sepulcro, pero al tercer día resucitará glorioso en el fin del mundo, con la Parusía del Señor.
    El verdadero católico es que guarda integramente los mandamientos y la fe de Jesucristo, todo lo demás es frivolidad y apostasía.

    ¡Alabado sea Jesucristo!

    Arturo

  2. Antisedevacantista permalink
    26 de octubre de 2013 8:04 AM

    En los tres Evangelios sinópticos, en el discurso escatológico, los discípulos le preguntan al Señor: “Dinos cuándo sucederá eso, y cuál será el signo de tu venida y del final del mundo.” (Mateo 24:3) La respuesta de Nuestro Señor empieza así: “Mirad que no os engañe nadie.” Los últimos tiempos son por tanto tiempos de gran confusión y engaño. Los católicos de hoy en día que queremos salvar nuestra alma tenemos que enfrentarnos todos los días a mentiras y medias verdades que buscan alejarnos de la fe. Viendo la tremenda crisis en la Iglesia, con una apostasía generalizada entre los fieles, herejías difundidas por el clero, el episcopado, y hasta por el Vaticano, muchos han dudado y han terminado cayendo en el error del sedevacantismo. Propongo desmontar las tesis sedevacantistas, para que ningún lector sea víctima de este error por ignorancia.
    Primero, una definición del sedevacantismo. El término proviene de las palabras sede vacante, en referencia a la sede de San Pedro. Los sedevacantistas afirman que hoy no hay Papa, y la mayoría creen que no lo ha habido desde 1958, cuando fue elegido Juan XXIII. Los argumentos de los sedevacantistas tienen la misma base que los tradicionalistas, entre los que me incluyo; es decir, los que nos oponemos a la “nueva orientación” en la Iglesia inaugurada por el Concilio Vaticano II, esencialmente una apertura al mundo, o para usar la palabra de Juan XXIII, un aggiornamento. Los sedevacantistas, al igual que los tradicionalistas, ven en el Concilio Vaticano II doctrinas nuevas que son incompatibles con la Tradición, y perciben la Nueva Misa como un rito semi-protestante. Hasta aquí estamos de acuerdo.

    Donde se divergen los dos campos es la postura que hay de adoptar frente a los errores doctrinales y las aberraciones litúrgicas promovidos por los Papas desde el Concilio. Los tradicionalistas no dudamos en alzar la voz para criticar los errores doctrinales que hoy en día abundan en todos los ámbitos de la vida católica, y nos negamos a colaborar con los que buscan la ruina de la Iglesia. Pero no por eso dejamos de reconocer a Francisco I como el legítimo sucesor de San Pedro. Los sedevacantistas, por otro lado, razonan de la siguiente manera: Premisa 1: Francisco I ha pronunciado herejías públicamente, y es por tanto un hereje manifiesto. Premisa 2: cuando un católico cae en la herejía se sitúa fuera de la Iglesia. Premisa 3: una persona que está fuera de la Iglesia no puede ser cabeza de la misma. Ergo: Francisco I no puede ser el Papa.
    La cosa no es tan sencilla como nos la pintan los sedevacantistas. Veamos sus argumentos uno por uno.

    Respecto a su primera premisa, es cierto que Francisco, igual que todos los Papas desde Pablo VI, ha dicho cosas que son absolutamente irreconciliables con la fe católica. Por ejemplo, afirmar que los ateos se pueden salvar mientras hagan buenas obras, me suena a herejía, dado que contradice abiertamente la Sagrada Escritura (sin la fe es imposible agradarle, pues nadie se acerca a Dios si antes no cree que existe. Hebreos 11:6), por no mencionar el Concilio de Trento, donde se dice que la fe es el principio de la justificación, y un sinfin de declaraciones papales similares.

    Lo que no está tan claro es que por predicar un error así Francisco se puede calificar de hereje. Hay que tener en cuenta que, igual que con cualquier pecado, existe lo que se denomina herejía formal y herejía material. Un hereje material es aquel que cree y dice herejías, sin más. Yo no dudaría en situar a Francisco I en esta categoría. El hereje formal es aquel que cree y dice herejías con pleno conocimiento de causa y de manera pertinaz. ¿Cómo se puede saber si alguien ha caído en herejía formal? La Iglesia tiene mecanismos para determinar esto; hay tribunales eclesiásticos que pronuncian sentencias contra herejes, como se hizo con Lutero, por ejemplo. El problema estriba en que no hay ningún órgano competente en la Iglesia para juzgar a un Papa reinante, porque por encima del Papa sólo está Dios.

    Esto significa que cuando los sedevacantistas afirman que Francisco I es un hereje, en el sentido formal, se están abrogando una autoridad que no les corresponde. Es como si yo me pusiera a decidir si el matrimonio de mis vecinos es válido o no. Yo puedo sospechar, incluso tener un buen grado de convicción, de que no están válidamente casados por la razón que sea, pero no puedo abrogarme la autoridad para dictar sentencias de nulidad, porque eso corresponde exclusivamente a la Iglesia. Tiene que existir un tribunal eclesiástica competente para determinar estas cosas. Otra consideración es que dichos tribunales abusen de su autoridad; eso no afecta para nada lo esencial, que es su legítima autoridad para dictar sentencia, autoridad que proviene en última instancia de Cristo, quien le entregó las llaves del Reino de los Cielos a San Pedro, y le dijo: “lo que ates en la tierra quedará atado en el Cielo“.

    Si lo más prudente es dar por válido un matrimonio católico mientras no se demuestre lo contrario, cuánto más con un asunto que toca algo central en nuestra fe, como es la cabeza de la Iglesia. Hasta que un Papa posterior no declare hereje a los Papas posconciliares (algo que no descarto en absoluto), yo no diré nada por el estilo. Puedo decir que son materialmente heréticos por sus muchas declaraciones que objetivamente no son conformes a la Tradición católica, pero no puedo declarar por mi propia autoridad que estos Papas son formalmente heréticos.

    Además de la imposibilidad de los súbditos de formalmente juzgar a su superior, los Papas posconciliares no son culpables de rechazar explícitamente cualquier doctrina infalible de la Iglesia. Pongamos un ejemplo. Cuando Benedicto XVI decía que los judíos de hoy en día son nuestros “hermanos mayores en la fe”, es indudable que sembraba confusión entre los católicos. Esta frase desafortunada sugiere que la Antigua Alianza sigue vigente, y que los hombres se pueden salvar sin necesidad del bautismo, algo que contradice las palabras del Señor; “el que no nace de nuevo del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios“. (Juan 3:5) Además, contradice varios concilios ecuménicos que enseñan infaliblemente que “fuera de la Iglesia no hay salvación”.

    Sin embargo, hay que notar que S.S. Benedicto XVI nunca dijo algo por el estilo, “lo que enseñó el Concilio de Florencia sobre la imposibilidad de salvarse fuera de la Iglesia es falso”. Nunca dijo algo tan descarado como, “la Iglesia Católica siempre ha llamado a los judíos a la conversión, mas yo digo que no necesitan convertirse.”[1] Eso sería equivalente a auto-declararse un hereje, porque sería oponerse explícitamente a la enseñanza infalible de la Iglesia. Eso es lo que hicieron los herejes de antaño, por lo que era más fácil identificarlos como tales. Lutero, el arquetipo de hereje, decía; “la Iglesia Católica siempre ha dicho X, y yo digo Y”, oponiéndose abiertamente al Magisterio de la Iglesia. Los modernistas operan de otro modo. Como explicó San Pío X en su encíclica contra el modernismo, Pascendi [2], los modernistas dicen una cosa ortodoxa y luego otra heterodoxa, huyen de las definiciones teológicos, juegan con la ambigüedad. Por eso precisamente son tan peligrosos, porque son camaleónicos, camuflan sus errores entre doctrina recta y palabras que suenan católicas.

    Es por esta razón que aún podemos dudar de hasta qué punto los Papas posconciliares son conscientes de que sus opiniones teológicas contradicen el Magisterio de la Iglesia. Podemos tener serias dudas acerca de sus buenas intenciones, pero como no tenemos ninguna autoridad para juzgarlos debemos abstenernos de condenarlos como herejes. Yo, por ejemplo, creo que cuando Juan Pablo II convocó a los representantes de las falsas religiones en Asís en 1986, lo hizo con el sincero deseo de fomentar la paz en el mundo. Todos conocemos el dicho; “el camino hacía el Infierno está cubierto de buenas intenciones”. Es posible pensar que, debido a una defectuosa formación filosófica (Wojtyla, mucho antes de ser Papa era un fenomenólogo convencido), no era capaz de distinguir entre la esencia y la percepción de las cosas, un error en que un tomista jamás cometería. Objetivamente cualquier católico que conozca mínimamente su fe sabe que lo que hizo Juan Pablo II en Asís fue un pecado público contra el Primer Mandamiento, y por tanto es nuestro deber denunciar el escándalo, y hacer reparación por la ofensa causada a Dios. Sin embargo, nadie puede juzgar si subjetivamente era consciente de la ruptura con la Tradición que supuso su gesto. Tampoco podemos saber si lo hizo motivado por odio a Jesucristo o por un sentimiento de falsa caridad hacía los infieles.

    Hay un artículo del Padre Dominique Boulet, FSSPX, que trata con mucha claridad (y mucha más erudición de la que yo soy capaz) el tema del sedevacantismo. Respecto a la imprudencia de juzgar a un Papa escribe lo siguiente:

    ¿Cómo es posible que algunos sujetos pretendan demostrar con certeza moral que el Papa, en su corazón, esto es, en su interior, realmente espera y desea causar y traer un gran mal sobre sus súbditos y que es debido a su maldad que promulga leyes malvadas? No es posible. Como típico liberal, Juan Pablo II está esparciendo declaraciones y concesiones ambiguas con el fin de complacer al mundo. Podría suceder que él realice declaraciones heréticas sin incluso darse cuenta de ello, y así, no podría acusársele de herejía formal. Por lo tanto, mientras no exista una prueba irrefutable, es más prudente abstenerse de juzgar. Esta fue la prudente línea de conducta del Arzobispo Lefebvre.

    Hay una objeción a la tercera premisa del argumento de los sedevacantistas. Es una opinión controvertida afirmar que alguien que está fuera de la Iglesia no puede mantener un cargo en la Iglesia, lo que en términos técnicos se llama tener jurisdicción eclesiástica. Es verdad que hay una incompatibilidad de raíz, pero esa incompatibilidad no es absoluta. Así lo explica el P. Boulet:

    De la misma manera que una planta puede todavía permanecer verde por mucho tiempo después de habérsele cortado la raíz, así, la jurisdicción podría mantenérsele, de forma precaria, sin embargo, incluso después de que el clérigo haya caído en herejía.

    Si un obispo hereje no pierde su poder jurisdiccional mientras su superior no le destituye, ¿por qué no puede mantener su poder jurisdiccional un Papa hereje? Para el bien de la Iglesia Universal es necesario tener una cabeza visible, porque es una de las marcas esenciales de la Iglesia (¿Se trae el candil para meterlo debajo del celemín? Marcos 4:21), y por lo tanto podemos concebir que Cristo permite a veces que Su Vicario caiga en herejía, sin perder su jurisdicción. Esta opinión es apoyada por un teólogo de la talla de Garrigou-Lagrange, quien hace referencia al episodio en el libro de los Números (capítulo XXII:28-30), cuando Dios habla por la boca del asno de Balam.

    Si se puede demostrar que a lo largo de la Historia de la Iglesia han habido Papas herejes, todos los argumentos de los sedevacantistas caen por sí solos. Una referencia interesante es esta declaración de Adriano VI (siglo XVI):

    Si por la Iglesia romana usted se refiere a su cabeza o pontífice, está fuera de duda que podría errar incluso en materias tocantes a la fe. El haría esto cuando enseñara herejía por su propio juicio o decreto. En verdad, muchos Romanos pontífices fueron herejes, el último de ellos fue el Papa Juan XXII

    Se sabe que Pío IX tampoco albergaba dudas de que un Papa pudiera en teoría ser hereje, ya que en una carta escribió la siguiente frase: “si un Papa en el futuro enseña algo contrario a la fe católica, no lo sigan”. Al caso de Juan XXII podemos sumar el nombre de Honorio I, condenado por herejía en el Tercer Concilio de Constantinopla (680) por su apoyo al monotelismo.

    Sobre el asunto del sedevacantismo recomiendo encarecidamente una conferencia del Padre Gregory Hesse. En esta conferencia habla de la raíz del problema, el sufrimiento de la Iglesia. Muchos católicos piadosos que contemplan con horror los sacrilegios, la dejación de los pastores, y la sistemática demolición de la fe desde el Concilio Vaticano II, exclaman: “¿cómo es posible que esto ocurra en la Iglesia que Cristo fundó?” Como no pueden reconciliar la fe católica con los terribles sufrimientos y humillaciones actuales de la Iglesia, concluyen que la que ven no es la verdadera Iglesia.

    Esto es lo que dijo también Mons. Lefebvre en una homilía de 1982; el problema hoy en día para los católicos es asimilar el sufrimiento de la Iglesia, que en el fondo está asociado a los sufrimientos de Cristo. Si meditamos sobre la Pasión de Nuestro Señor estaremos mejor preparados para afrontar los sufrimientos de Su Iglesia, y nos evitará caer en el sedevacantismo. Parafraseando al P. Hesse, históricamente muchas herejías han surgido por no entender el sufrimiento de Cristo. Primero, los arrianos decían que no era posible que Dios padeciera como padeció Cristo en la Cruz, por lo que Cristo no era realmente Dios. Luego los maniqueos decían algo similar, pero llegaron a la conclusión inversa; Cristo era Dios pero no realmente humano, sino tan sólo de apariencia humana.

    Hoy en día existen las mismas dos corrientes frente a la crisis en la Iglesia; ambas dicen que es imposible que la auténtica Iglesia de Cristo sufra como sufre hoy. Por un lado los sedevacantistas dicen que el Papa no es realmente el Papa, porque al ver sólo el lado humano y pecador de la Iglesia, capaz de los peores crímenes, blasfemias y corrupciones, pierden de vista el lado divino de la Iglesia. Es como decir que un hombre que sufrió así en una cruz no puede ser verdadero Dios. Por otro lado están los neo-católicos que cierran los ojos y hasta son capaces de negar la existencia misma de la crisis. Ellos creen no solamente en un super-dogma de la infalibilidad papal, elevada hasta el absurdo de que absolutamente todo lo que dice el Papa es Revelación Divina, sino en la impecabilidad papal, la creencia ridícula de que el Papa reinante es necesariamente un santo y por encima de cualquier crítica. Los neo-católicos dicen que el Papa es siempre infalible y impecable, porque al ver sólo el lado divino de la Iglesia, se olvidan de su lado humano. Es como decir que un Dios que sufrió así en una cruz no puede ser verdadero hombre.

    • Lazaro permalink
      26 de octubre de 2013 8:01 PM

      Sr. Antisedevacantista.- Lo felicito por su excelente publicación, sobre el sedevacantismo, que no tiene desperdicio, echando por tierra cualquier torcida argumentación en su defensa, por parte del “grupo sedevacantista” que es protegido por la dirección administrativa de este blog

    • 26 de octubre de 2013 9:51 PM

      Estimado antisedevacantista, lo realmente importante de este asunto es discriminar si quien dirige a la “grey católica” es hereje o no, si es apóstata o no, le sugiero tomar en cuenta algunas consideraciones sustentadas en la doctrina CATÓLICA:
      Usted dice no se puede saber si alguien es un hereje material o formal, ni denunciarlo como tal, sin que primero haya un juicio y sentencia declaratoria.
      Según el Canon 2314, Código de Derecho Canónico de 1917: “Todos los apóstatas de la fe cristiana y todos y cada uno de los herejes o cismáticos: 1) incurren ipso facto [“en el acto” o “inmediatamente”] en excomunión…”, fuente: Código de Derecho Canónico de 1917, edición inglesa, traducido por el Dr. Edward Von Peters, San Francisco, CA: Ignatius Press, 2001, canon 2314, p. 735.
      La persona excomulgada ya está separada de la Iglesia. La mayoría de los herejes son conocidos por ser herejes sin ningún juicio o sentencia declaratoria, y deben ser denunciados como tal, eso es lo que estoy haciendo como católico:
      Papa Pío VI, Auctorem fidei, 28 de agosto de 1794: “47. Igualmente la proposición que afirma ser necesario según las leyes naturales y divinas que tanto a la excomunión como a la suspensión deba preceder el examen personal, y que por lo tanto las sentencias dichas ipso facto no tienen otra fuerza que la de una seria conminación sin efecto actual alguno, es falsa, temeraria, injuriosa a la potestad de la Iglesia y errónea”, fuente: Denzinger 1547.
      La Iglesia católica enseña que los procesos y sentencias formales NO son necesarios para surtir efecto en las excomuniones ipso facto (“en el acto” o “inmediatamente”). Son muy a menudo reconocimientos formales de la excomunión ipso facto que ya se han realizado, como en el caso del hereje Martín Lutero. Esto debería ser evidente para cualquier católico, pero para ilustrar este punto, he aquí lo que Martín Lutero dijo antes de ser públicamente condenado como hereje por el Papa.
      Martín Lutero, hablando antes de la bula del Papa León X en la que se le daba sesenta días para retractarse antes de que se publicara la declaración de excomunión: “En cuanto a mí, la suerte está echada: desprecio por igual el favor y la furia de Roma, no deseo reconciliarme con ella, ni tener comunión alguna con ella. Que me condene y queme mis libros, yo, a su vez, a menos que no pueda encontrar ningún fuego, condenaré y quemaré públicamente todo el derecho pontificio, ese pantano de herejías”, fuente: The Catholic Encyclopedia [La Enciclopedia Católica], edición inglesa, “Luther” [Lutero], Robert Appleton Company, 1910, pp. 445-446.
      ¿Acaso hemos de creer que el hombre que pronunció estas palabras (mucho antes de que fuera condenado formalmente como hereje por una sentencia declaratoria) hubiera continuado siendo católico o hubiera podido ser considerado como tal? Si esta idea no es evidentemente absurda, entonces nada lo es. Es obvio que Martín Lutero era un hereje manifiesto antes de la declaración pública, y cualquier católico consciente de sus creencias podría y debería haberlo denunciado como un hereje manifiesto una vez que ese católico llegare a enfrentarse con esas opiniones escandalosamente heréticas.
      La mayoría de los herejes en la historia de la Iglesia, y casi todos los herejes en el mundo de hoy (incluyendo a los antipapas del Vaticano II), han sido y deben ser considerados herejes, sin ningún tipo de declaración, por el simple hecho de que su herejía es manifiesta, fuente: Canon 1325 §1-2, Código de Derecho Canónico de 1917: “§1. Están obligados los fieles cristianos a confesar públicamente la fe siempre que su silencio, tergiversación o manera de obrar llevaría consigo negación implícita de la fe, desprecio de la religión, ofensa de Dios o escándalo del prójimo. §2. Si alguien después de haber recibido el bautismo, conservando el nombre de cristiano, niega pertinazmente alguna de las verdades que han de ser creídas con fe divina y católica o la pone en duda, es hereje; si abandona por completo la fe cristiana, es apóstata…”.
      Cuando la herejía es manifiesta y claramente obstinada (pertinaz), como en el caso de Lutero o de Juan Pablo II, o de Benedicto XVI, o de Bergoglio (que dicen que no debemos convertir a los no católicos,toman parte activa en el culto de la sinagoga y hacen “oración” con las religiones falsas), los católicos no sólo podemos denunciarlos como unos NO CATÓLICOS sin ningún juicio, sino que debemos hacerlo. San Roberto Belarmino, De Romano Pontifice, II, 30, hablando de un reclamante del oficio papal: “Porque, en primer lugar, se demuestra con argumentos de autoridad y por la razón de que el hereje manifiesto es depuesto ‘ipso facto’. El argumento se basa en la autoridad San Pablo (Tito 3, 10), que ordena que evitemos al hereje después de dos advertencias, es decir, después de haber mostrado ser manifiestamente obstinado – lo que significa que es antes de cualquier excomunión o sentencia judicial. Y es por eso que San Jerónimo escribe, agregando que los otros pecadores están excluidos de la Iglesia por la pena de excomunión [ferendae sententiae=proceso formal], pero los herejes, por sus propios actos, se destierran y se separan del cuerpo de Cristo [latae sententiae = excomunión automática]”.
      Según la conclusión de los anti-sedevacante, los católicos tendríamos que afirmar que estamos en comunión con unos hombres que admitieron públicamente que no querían tener comunión con la Iglesia católica y que sostenían que todo el derecho pontifico es un pantano de herejías; o con unos hombres que están obstinadamente a favor del aborto, de la homosexualidad, del “matrimonio” gay, de la salvación fuera de la Iglesia católica, de que todas las “religiones” llevan a Dios, y muchos etcéteras. Decir que los católicos deben estar en comunión con unos “papas” herejes manifiestos porque contra ellos no se ha llevado a cabo ningún proceso, es contrario a la doctrina católica, a la tradición católica y al sentido católico; además de que es contrario a la caridad.

      ¡Alabado sea Jesucristo!

      Arturo

      • Monreal permalink
        27 de octubre de 2013 1:24 PM

        Sr. Arturo Ud, como de costumbre quiere pasarse de listo dejese de darle vueltas al pandero, puesto que Ud, no convence a nadie, ya que cualquier persona que sea fiel a la tradición y que además sea sensata, después de leer el escrito de ANTISEDEVACANTISTA queda convencido que la única opción real que representa a la tradición es la fsspx, Y a los herejes sedevacantistas como lo es Ud, les deja cortadas todas las salidas

  3. Codreanu permalink
    27 de octubre de 2013 2:01 PM

    Bravoooo..Bravisimooo Bravooo, Mis respetos Sr. Antisedevacantista, Lo Felicito, porque Ud, si supo poner los puntos sobre las ies.
    VENI DOMINE JESÚS

  4. Eduardo permalink
    27 de octubre de 2013 4:12 PM

    Mi pregunta es esta:

    Si santos y DOCTORES de la iglesia nos han ido avisando durante SIGLOS la POSIBILIDAD de que REALMENTE pueda existir un papa que pierda la santa fe católica y apostolica, porque se ha de insistir de que gente como el “Obispo de Roma” Bergoglio tienen que ser POR NECESIDAD católicos, y por tanto ocupan su cargo legítimamente?? No puede ser que realmente haya llegado la hora profetizada por santos durante siglos donde en la sede de Pedro se sienta un usurpador?

    No es decir, “NO EXISTE UN DIOS CATOLICO” una EXPLICITA herejía?

    Me pensaba que decir una herejía públicamente era un requisito para que alguien ipso facto deje de ser católico?

  5. Héctor Adrián permalink
    29 de octubre de 2013 12:43 PM

    Pío XII en su discurso a la juventud italiana había dicho en 1957: “La Iglesia se encuentra hoy como Cristo camino al Calvario, indefensa y en manos de sus enemigos”.

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