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UN HOMBRE SIN VOCACIÓN RELIGIOSA

20 de octubre de 2013

565826-01-02“El mal más grave que afecta al mundo en estos años es el paro juvenil y la soledad de los ancianos. Los mayores necesitan atención y compañía, los jóvenes trabajo y esperanza, pero no tienen ni el uno ni la otra; lo peor: que ya no los buscan más. Les han aplastado el presente. Dígame usted : ¿se puede vivir aplastado en el presente?¿Sin memoria del pasado y sin el deseo de proyectarse en el futuro construyendo un proyecto, un futuro, una familia? ¿Es posible continuar así? Este, en mi opinión, es el problema más urgente que la Iglesia tiene que enfrentar”(Francisco en su entrevista 1 de octubre)

Francisco da su herejía de la memoria fundante: “¿se puede vivir aplastado en el presente? ¿Sin memoria del pasado y sin el deseo de proyectarse en el futuro construyendo un proyecto, un futuro, una familia?”

Este problema no es de la Iglesia, sino de la nueva iglesia que ha fundado Francisco. Para él las personas están aplastadas por los problemas económicos, políticos, sociales, humanos, materiales, pero no por sus pecados. No dice nada del problema espiritual, porque -para Francisco- no existe el pecado, sino el mal social.

Francisco, en este aplastamiento del presente ve que no hay una memoria del pasado. ¿En qué consiste esa memoria, ese recuerdo? En una cosa: la vida feliz que antes se daba en cada lugar que vivía la fe, como él la entiende.

Su fe nace de sus conquistas en la vida. Su fe no nace de la escucha de la Palabra de Dios en su corazón.

“Fui a la universidad. Tuve una profesora de la que aprendí el respeto y la amistad, era una comunista ferviente.”

El respeto y la amistad no lo aprendió de rodillas ante el Santísimo, sino de las enseñanzas de una comunista que “A menudo me leía o me daba a leer textos del Partido Comunista. Así conocí también aquella concepción tan materialista”.

Un joven que aprende la doctrina del Partido Comunista se hace un joven marxista, comunista, con unos ideales propios del Comunismo que son contrarios al Sacerdocio. Francisco no leyó de joven a los Santos, los Santos Padres, el Magisterio de la Iglesia, a los Doctores de la Iglesia, sino que se embebió en el espíritu marxista: “Me acuerdo que me dio el comunicado de los comunistas americanos en defensa de los Rosenberg que fueron condenados a muerte”. El matrimonio Rosemberg eran judíos comunistas, acusado de presuntas actividades de espionaje contra EEUU y ejecutados por esto.

Un joven que se empapa de todo el conflicto político entre judíos, americanos y rusos, es una señal de que ese joven no busca la verdad de la Iglesia. Leyó ese manuscrito para defender a los comunistas que perseguían imponer su doctrina en EEUU con toda clase de medios para ello. Y no defiende a la Iglesia que no permite que nadie sea ejecutado por ningún gobierno, se llame como se llame. Y no defiende a la Iglesia que lucha en contra de los judíos por su pecado contra Jesucristo. Y no defiende a la Iglesia que niega seguir la doctrina comunista a los sacerdotes y Obispos. Y Francisco se mete en un lío político, sólo por seguir los dictados comunistas que ha bebido desde su juventud.

Y termina defendiendo a la mujer que “fue después arrestada, torturada y asesinada por el régimen dictatorial que entonces gobernaba en Argentina.” Y tenía que condenar a esa mujer que le enseñó el camino hacia la masonería en su sacerdocio. Pero él no condena a nadie, él no juzga a nadie.

Su vocación religiosa la define así en busca de “algo fundamental para mí: la comunidad. Había buscado desde siempre una comunidad. No me veía sacerdote solo: tengo necesidad de comunidad” (Francisco en la entrevista del P. Antonio Spadaro, S.J. Director de La Civiltà Cattolica).

Es revelador ver que no tiene llamado a la vocación sacerdotal, sino sólo a vivir en comunidad, en común. Y eso siempre lo ha tenido y, por eso, ”lo deja claro el hecho de haberme quedado en Santa Marta: cuando fui elegido ocupaba, por sorteo, la habitación 207… y yo, la verdad, sin gente no puedo vivir. Necesito vivir mi vida junto a los demás”.
Un sacerdote verdadero no necesita de nadie para vivir su sacerdocio. Un sacerdote verdadero vive sin gente, porque vive sólo para Cristo. Y Cristo lo llena. Y Cristo es su vida.

Francisco deja claro que nunca ha tenido vocación al sacerdocio y que, ahora, estando en la Silla de Pedro, siente lo mismo que al principio de su vocación. Y eso es una señal de que no posee el espíritu del sacerdocio. Él mismo lo revela: necesita la comunidad para vivir, necesita tener gente a su lado, necesita un apoyo humano a su lado. Eso es clara vocación al matrimonio, no al sacerdocio.

En esas declaraciones de Francisco se ve que no tuvo discernimiento espiritual para seguir el sacerdocio, sino que se metió en esa vocación sin ser llamado por Dios para ello. Eligió esa vocación por otros motivos, relacionados con la doctrina comunista que embebió su alma y su espíritu en la juventud.

Y eso le marca en el sacerdocio, porque esté en él sin seguir a Cristo Jesús. Está en él sólo por un motivo humano, por un interés personal, pero no buscando la Gloria de Dios en la Iglesia a través del sacerdocio.

Para Francisco “el discernimiento es un instrumento de lucha para conocer mejor al Señor y seguirlo más de cerca”. En esta concepción del discernimiento se ve su nulidad para escoger su vocación.

Porque discernir una vocación no es pensar, no es conocer, no es encontrar una razón que lleve a la vocación. Sino que discernir es ver la Voluntad de Dios, que no se muestra en un sentimiento, en una idea, en una comunidad religiosa o practicando una serie de cosas para seguir a Cristo.

Ver la Voluntad de Dios sólo es posible cuando el alma entra en el Corazón Divino y allí aprende qué Dios quiere de su vida. Por eso, discernir la vocación es ver la verdad de la vida en Dios y sólo en Dios. No es pensar qué es lo bueno o lo mejor para la vida, que es el error de muchas almas que no saben lo que es la oración, lo que es la fe, lo que es la Verdad. Y hacen como Francisco: hacen de su vida un error, un camino equivocado, un absurdo.

Por eso, Francisco dice: “el discernimiento se realiza siempre en presencia del Señor, sin perder de vista los signos, escuchando lo que sucede, el sentir de la gente, sobre todo de los pobres”. Este es su error, porque sólo hay que ponerse en la Presencia de Dios, que Él sabe lo que es necesario para la gente, para los pobres. No hace falta escuchar a los demás para comprender lo que Dios quiere de esa persona. Sólo hace falta saber hacer oración, saber ponerse en la Presencia de Dios, en el silencio de todo lo humano, en la soledad de todo lo humano. Si no se hace esto, entonces se yerra como Francisco:

“Mis decisiones, incluso las que tienen que ver con la vida normal, como el usar un coche modesto, van ligadas a un discernimiento espiritual que responde a exigencias que nacen de las cosas, de la gente, de la lectura de los signos de los tiempos”. Ningún sacerdote que viva su sacerdocio atiende a vivir su vida por las exigencias que vienen de las cosas, de las personas, de las circunstancias de la vida, etc. No se vive mirando al mundo en el sacerdocio, porque Dios no habla al mundo. Dios habla al corazón y -en él- pone Su Voluntad. Dios no está en los problemas de los hombres, porque Dios no resuelve los problemas humanos de los hombres; sino que Dios da al hombre un camino para salvarse y santificarse, diferente a todos los caminos humanos que sólo saben fijarse en lo humano, pero no en lo espiritual de la vida.

Las decisiones de Francisco en su sacerdocio y en la Iglesia son decisiones sin la Voluntad de Dios, nacidas sólo de su empeño por ser hombre, por estar pendiente de todo lo humano, de resolver cosas a los hombres; cuando Dios da la Vida al sacerdote para guiar a las almas hacia el Cielo, no hacia la conquista del mundo.

“El jesuita debe ser persona de pensamiento incompleto, de pensamiento abierto”: así define Francisco su vocación al sacerdocio en la Compañía de Jesús. Grave equivocación definir a San Ignacio como un sacerdote de pensamiento incompleto y abierto. Francisco no ha aprendido en la Compañía de Jesús el Espíritu Ignaciano, que es un espíritu de obediencia a la Verdad y, por tanto, hace del sacerdote una persona completa en la Verdad y cerrada a toda otra verdad que esté en el mundo o entre los hombres.

Por estar en la Compañía de Jesús sin Espíritu, entonces su sacerdocio no sirve para dar en la Iglesia ninguna enseñanza de la verdad, porque no se pone en la verdad. Y, en la Silla de Pedro, es imposible que gobierne con la verdad, porque se ha apartado de la verdad ya siendo jesuita. Lo que ha hecho ahora es la consecuencia de su mala vida sacerdotal.

“Me enfada mucho cuando oigo decir que los Ejercicios Espirituales son ignacianos solo porque se hacen en silencio. La verdad es que los Ejercicios pueden ser perfectamente ignacianos incluso en la vida corriente y sin silencio”. Es claro, para aquel que sepa qué son los Ejercicios Espirituales, que se deben hacer en silencio y apartado de todo lo del mundo, que Francisco aquí declara su nulidad en el Espíritu de la Compañía de Jesús. Ha estado en esa Compañía y no ha comprendido nada de lo que es la Obediencia. Y, por eso, él da su forma de gobernar la Iglesia y su forma de obedecer en la Iglesia, que se aparta de la verdadera espiritualidad, porque dice: “La tendencia que subraya el ascetismo, el silencio y la penitencia es una desviación que se ha difundido incluso en la Compañía”.

Con Francisco no hay ascetismo, no hay silencio, no hay penitencia, no hay sacrificios por el pecado, porque la vida no está para eso. La vida está para vivirla con la gente, para estar con los problemas de la gente, para que todo el mundo disfrute de los placeres y felicidades temporales que trae la vida.

Francisco es un ejemplo de vividor en la Iglesia. Es la típica persona que está en la Iglesia sin sujetarse a ninguna disciplina sólo para conquistar un puesto en la Iglesia.

El pensamiento de Francisco es el de muchos sacerdotes y Obispos que entran en una vocación sacerdotal sin el llamado divino, sólo para buscar un fin humano en sus vidas. Son los que hacen del sacerdocio un estudio y un trabajo más en la vida. Ven la vocación sacerdotal como si fuera una carrera universitaria como otra cualquiera. Y, por eso, consiguen ser sacerdotes para obrar en la Iglesia sus fines humanos, sus ideales sociales, sus mentes llenas de todo lo que en el mundo se persigue como bueno y verdadero.

Este es Francisco: un hombre sin vida espiritual y sin el llamado al sacerdocio por Dios. Un hombre que quiere hacer su nueva iglesia destruyendo lo que a él no le gusta de la Iglesia, que es todo.

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LUMEN MARIAE

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