DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS
6 de julio de 2013
“Para ser verdaderamente católicos hay que trabajar sin descanso por el bien de la sociedad, pues este es el sentido más alto y más profundo de aquel precepto: ‘Amarás a tu prójimo como a tí mismo’”.
“Nosotros los católicos hemos visto con nuestros propios ojos la caída estrepitosa del edificio de la sociedad, y en estos momentos andamos entre escombros. Sin embargo, poco nos hemos preocupado de conocer con toda claridad la verdadera causa del desastre. Y si hemos de ser sinceros y deseamos sanar, debemos empezar por reconocer que nada nos ha perjudicado tanto como el hecho de que los católicos nos entregamos a vivir con éxtasis en nuestros templos, y abandonamos todas las vías abiertas de la vida pública a todos los errores […], en lugar de haber estado en todas partes… Y hemos dejado la escuela, la prensa, el libro, la cátedra en todos los establecimientos de enseñanza, les hemos dejado todas las rutas de la vida pública… no hemos podido amurallar las almas de las masas, de los jóvenes, de los viejos ni de los niños”.
“Dios sobre todas las cosas. Dios sobre el hambre, sobre la sed, sobre todo”.
“Amar a Dios es apasionarse por Él; es vivir para Él, es dolerse por las ofensas que se comenten contra Él. Amar a Dios, para un joven, debe significar entusiasmos sin medida. Ardores apasionados de santo, sueños de heroísmos, ardores y arrojos de leyenda”.
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