Ecce Christianus

PENSAMIENTOS, PADRE PÍO DE PIETRELCINA

«Reconozco muy bien que nada en mi alma ha sido capaz de atraer las miradas de este dulcísimo Jesús. Sólo su bondad me ha colmado de tantos bienes. Él nunca me abandona y con su mirada me sigue a todas partes. Vivifica mi alma envenenada por el pecado. Disipa en mí las densas tinieblas en que estaba envuelta después del pecado. Aún por la noche, al cerrar los ojos, veo descorrerse el velo y abrírseme delante el paraíso. Consolado por esta visión, me duermo con una sonrisa de dulce beatitud en los labios y con una perfecta calma en la mente, esperando que el pequeño compañero de mi infancia venga a despertarme y así entonar juntos las alabanzas matutinas al Amado de nuestros corazones».

«¡Oh padre mío! Si el conocimiento del estado de mi alma despierta en usted un sólo pensamiento que no sea de compasión, le ruego que lo enderece al Amado por mí como signo de reconocimiento y gratitud».