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¡HACED PENITENCIA PORQUE SE ACERCA EL REINO DE DIOS!

8 de agosto de 2011

Contra la relajación de los cristianos de todos los tiempos se levanta el grito de guerra de San Juan Bautista:

“¡Haced penitencia porque se acerca el Reino de Dios!”

 

En esta simple frase  muchas cosas quedan resumidas. Nosotros trataremos de:

  • La Penitencia
  • La proximidad del Reino de Dios en el orden del ser y en el orden del tiempo.

La Penitencia es una virtud que puede considerarse de dos modos:

  • Internamente, y así consiste en el dolor y arrepentimiento por los pecados.
  • Externamente, y así consiste en la manifestación de ese dolor cambiando de vida o reformándola, y castigando los pecados. Esto último de tres maneras distintas: en el comer y beber; en la manera de dormir, y en el dolor sensible de la carne.
Aquí conviene aclarar que la penitencia en estas tres cosas se hace quitando de lo conveniente. Cuando sólo se quita lo superfluo no es penitencia sino templanza.
Además, para hacer cualquier penitencia voluntaria en cualquiera de estas tres maneras señaladas es necesario el consejo de un PRUDENTE CONFESOR, que es quien conoce las fuerzas del alma.
No es conveniente guiarse por sí mismo para que no suceda el efecto contrario: se hace penitencia para ganar humildad, no para crecer en orgullo.
La virtud de la penitencia es una virtud de preparación. Alguien se prepara cuando espera algo.
Decimos que es virtud de preparación porque dispone y limpia el alma de los pecados para recibir a Nuestro Señor Jesucristo en la humildad de la Eucaristía, y en la majestad gloriosa de su Segunda Venida.
Es virtud de preparación porque “el Reino de Dios está cerca”.
Expliquemos un poco esta cercanía. Bien, la proximidad del Reino de Dios es doble:
  • real en el Orden del Ser
  • real en el Orden del Tiempo
En cuanto al Orden del Ser esta proximidad es por naturaleza y por gracia.
POR NATURALEZA: Es en teología presencia de Inmensidad. Así Dios está en todas las cosas como Causa Primera y Eficiente, es decir como Creador que da y conserva el ser.
POR GRACIA: En las creaturas racionales Dios puede estar presente de un modo nuevo y especial, y esto se llama presencia de Inhabitación.
O sea, no sólo como Creador y Uno en esencia, sino también como Padre, Esposo y Amigo.
Este cambio de presencia no se realiza en Dios -que es Eterno e Inmutable- sino en la creatura. He aquí la razón de la penitencia.
La penitencia quita los obstáculos de la Gracia para que ésta pueda desarrollarse en el alma; porque en efecto, la Gracia tiende a crecer . La Gracia es algo real, creado, que se recibe intrínsecamente en el alma haciéndola participar de la misma naturaleza de Dios y la hace heredera del cielo.
Consigo trae todo un organismo sobrenatural a través del cual obra y esta compuesto por:
  • Las virtudes infusas
  • Los dones del Espíritu Santo
  • Las Bienaventuranzas.
La Gracias nos da posesión de Dios y el derecho a gozar de Él; porque la Gracia es el comienzo de la vida eterna desde esta tierra.
La Gracia por sí misma no puede obrar porque es un hábito entitativo (que se da en el orden del ser y no en el de la operación). El alma substancialmente elevada, por la Gracia, puede gozar de Dios a través del organismo sobrenatural, según las operaciones de conocimiento -en cuanto que su inteligencia adhiere a la Suma Verdad por la virtud de la FE- y amor -en cuanto que su voluntad adhiere a la Suma Bondad por la virtud de la CARIDAD.
Y el Espíritu Santo a través de sus Dones de Entendimiento y Sabiduría, que corresponden respectivamente a la Fe y a la Caridad, hace que el alma GUSTE EXPERIMENTALMENTE A DIOS.
El Gozo perfecto que una creatura puede experimentar en esta tierra Nuestro Señor Jesucristo lo expresa diciendo:
“Si alguno me ama guardará mi palabra, y mi padre lo amará, y vendrémos a él, y en él haremos morada” (San Juan XIV, 23)
“Si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré a él y cenaré con él, y él conmigo” (Apoc. III, 20)
ESTO ES LO QUE EN REALIDAD SE LLAMA MÍSTICA
En la mística consiste la perfección cristiana. Todos los bautizados estamos llamados a ser perfectos, por lo tanto todos los cristianos estamos llamados a ser místicos.
La mística, en efecto, no es patrimonio de unos aristócratas del espíritu. Todos los santos son místicos y todos los místicos son santos.
Se podrá objetar que sin embargo no todos los mártires son místicos. Pero se puede responder negando absolutamente la objeción, porque si la perfección cristiana consiste en la caridad perfecta quién podrá decir que la caridad de los mártires es imperfecta, cuando Nuestro Señor Jesucristo asegura que “no hay amor más grande que dar la vida por los amigos”.
Los místicos son, además, los que habiendo pasado por la purificación del espíritu y por habérseles inflamado en el pecho la Caridad Sobrenatural, los dones del Espíritu Santo no obran ya en ellos al modo humano, es decir, remisa y pesadamente, sino al modo divino, que es el que le es propio; por tanto el ejercicio de las virtudes y de las bienaventuranzas , tanto en los mártires cuanto en los santos que no son mártires, es perfecto, y éste pertenece a la mística.
El principio para todos es el mismo: la Gracia Santificante.
El desarrollo normal de la Gracia conduce necesariamente a la vida perfecta, es decir, a la mística; pero entonces, ¿porqué hay tan pocos místicos?
La experiencia mística es el fin normal de la inhabilitación de Dios en un alma. Si el alma no experimenta la dulzura y la suavidad de la presencia de Dios en ella, el obstáculo no se encuentra ni en la Gracia ni en Dios, sino en el alma misma que, aún no ha trabajado suficientemente  para disponerse a la unión, no habiendo despegado el afecto a los bienes terrenos ni negado el gusto en ellos. Así no se ha entregado plenamente a Dios y así tampoco tiene derecho a gozar plenamente de Dios.
Hasta que un alma no corte las ataduras, no puede volar hacia Dios, sea lo que se lo impide, una cadena o un hilo de coser.
Aún aquí se ve la importancia y la virtud de la necesidad de la penitencia. Todo lo dicho hasta aquí es para mostrar la real proximidad del Reino de Dios en el Orden del Ser.
“Deseo más ardientemente que nunca que Dios tenga a su servicio hombres que unan a la ciencia un completo desprendimiento de todas las cosas de aquí abajo, que no son sino mentira e irrisión: siento que la Iglesia tiene una extrema necesidad de tales hombres y estoy tan vivamente impresionada por ello, que me parece una burla afligirse por otra cosa. Por lo que no ceso de encomendar a Dios este asunto, persuadida de que uno solo de esos hombres perfectos y verdaderamente abrazados del fuego de su amor, llevará más fruto y será más útil a Su gloria que gran número de tibios e ignorantes”. SANTA TERESA
Continuará con el segundo punto: La real proximidad del Reino de Dios en el Orden del Tiempo y como prepararse.

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