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LA IGLESIA CATÓLICA EN MÉXICO

3 de julio de 2010

Es algo muy generalizado que en las escuelas públicas o en las privadas no católicas se inculque a los educandos que la Iglesia Católica ha sido nefasta para México, factor de retroceso y explotación, y sembradora de fanatismo e ignorancia.

Se hace poco o ningún caso de testimonios como el del Barón Alejandro Von Humboldt, quien en su “Ensayo Político sobre el Reino de la Nueva España”, estaba asombrado por todas las instituciones de beneficencia y científicas que bajo el auspicio de la Iglesia Católica se habían erigido en el país.

Nuestra Iglesia fundó en México la primera Universidad de las Américas y en la capital del virreinato y en todo el país sostenía gratuitamente cientos de hospitales, que existirían hasta la fecha de no haber habido tantas persecuciones. Algunos ejemplos fueron: El Amor de Dios, San Juan de Dios, El Divino Salvador, San Camilo, el Hospital de Jesús, San Bernardino –primer manicomio que se fundó en el mundo–, San Andrés, San Lázaro, el de los Padres Antoninos, el de Los Leprosos…
También tenía hospicios, como La Casa de Cuna para niños expósitos, San Nicolás, San Felipe Neri, La Casa de los Pobres, la Casa de las Recogidas, La Casa de las Bonitas ¬–para enseñar oficios a las jóvenes para no caer en la prostitución–, etcétera.

Para la ilustración de los indios la Iglesia tenía el Colegio de San Pedro y San Pablo, el Colegio de San Francisco, el de Santa Cruz, Santiago Tlatelolco, San Buenaventura, Escuela de María, Colegio de Cristo, San Ramón, etcétera, donde miles de indígenas recibían no sólo instrucción religiosa y secular elemental, sino también superior en las letras y las artes (García Cubas: “México de mis Recuerdos”).
Se ha olvidado que es gracias a la Santa Iglesia Católica que la cultura grecoromana nos ha sido transmitida intacta, pues fueron los frailes y clérigos quienes preservaron en sus monasterios y conventos todos los escritos clásicos de ciencia, literatura y filosofía durante las invasiones de los bárbaros. Esto, desde luego, debemos agradecérselo no sólo los mexicanos, sino la humanidad entera.

Hemos olvidado quiénes fueron nuestros civilizadores: Fray Pedro de Gante, Fray Toribio Benavente (Motolinía), Fray Bartolomé de las Casas, San Fray Junípero Serra, el “Tata” Vasco de Quiroga, Fray Alonso de la Vera Cruz, Fray Bernardino de Sahagún, Fray Eusebio Kino, etcétera, que los liberales más cultos e inteligentes reconocen y ponderan.

No debemos olvidar tampoco que quienes ocupaban el poder durante la época independentista y desde mucho antes, no eran ciertamente el clero católico o sus allegados, sino fuerzas masónicas, ya fueran francesas o francófilas. Tampoco olvidemos que luego de la derrota de Napoleón, las redactoras de la Constitución de Cádiz obligaron a Fernando VII a jurarla, a lo que los católicos de México respondieron, con Iturbide a la cabeza, para alcanzar la independencia efectiva.
Los enemigos de la Iglesia persiguieron a los frailes que levantaron El Álamo, el cual ya estaba convertido en ruinas durante la guerra contra Texas y fueron también sus enemigos los que abatieron a Iturbide cuando levantó un Imperio que colindaba con Oregón, Luisiana y Colombia.

Los personajes que derribaron ese Imperio, como Santa Anna y Valentín Gómez Farías, estaban de acuerdo con las logias de Estados Unidos para cercenar nuestra nación. Durante el interinato presidencial de Gómez Farías en 1833, éste ordenó cerrar la Universidad Pontificia de México e incautó los bienes de las misiones de California.
Sin embargo, fondos de esas misiones no servían sólo para instruir a los indios en la fe, sino para darles una educación de la misma categoría que la que se alcanzaba en Europa y con la que lejos de explotarlos, se les enseñaba a cultivar la tierra, a pastorear el ganado y a administrar ingenios azucareros, plantíos de algodón y toda clase de legumbres y frutales.

Por otro lado, las luchas intestinas provocadas por las logias no sólo impidieron que México pudiese tener control sobre Texas y los territorios del Norte, sino que auspiciaron incluso enfrentamientos con Europa, como cuando al luchar Vicente Guerrero contra Manuel Gómez Pedraza en la “Revolución de La Acordada”, arruinaron negocios extranjeros originando la “Guerra de los Pasteles”.

Mientras las riñas entre las facciones masónicas se agudizaban, Texas se hacía independiente en 1836 y 10 años después, en tanto México luchaba contra EU, Gómez Farías ¬–el gran enemigo del clero– en otro interinato presidencial en que lo colocó Santa Anna, se dedicó a perseguir y esquilmar a la Iglesia Católica.

Más tarde, durante el gobierno de Benito Juárez, los leprosos, los inválidos, los orates y los niños expósitos que ocupaban los hospicios y hospitales que sostenía la Iglesia, fueron arrojados a la calle, al ser despojada ésta de sus “bienes de manos muertas” y sus instituciones de beneficencia (Tomo V de la “Historia de la Iglesia en México” de Mariano Cuevas).
La Iglesia requería de inmuebles para poder atender sus funciones de beneficencia, pero éstos fueron convertidos en bodegas, arsenales y cuarteles, y durante la Revolución, también en bares y prostíbulos
Durante la Guerra de Reforma, posesiones que en aquellos años valían sumas de 60 millones de pesos, fueron rematadas a menos del 5 por ciento de su valor para caer en manos de ricos hacendados, nunca del pobre pueblo de México. Ése fue el origen del latifundismo que provocó la Revolución.
Con base en la Ley Lerdo, a los mismos indígenas les parcelaron sus propiedades comunales o calpullis –que la monarquía o el virreinato jamás afectaron–, para engrosar las tierras de los hacendados. (Agustín Cué Cánovas: “Historia Mexicana”, Vo.l II)

Se culpa a la Iglesia de haber traído a Maximiliano, pero en las circunstancias mencionadas lo hizo como los náufragos que se acogen a quien los rescata de ahogarse en el mar, es decir, por no haber tenido entonces opción para liberarse del poder de sus enemigos coludidos con el poder, las armas y el dinero de EU.
Más delante, la Constitución de 1917 originalmente discriminaba al clero, negándole en su artículo 24 la posibilidad de ejercer la beneficencia pública.
En el régimen de Plutarco Elías Calles fueron asesinados el Beato Miguel Agustín Pro y cientos de mártires mexicanos (y fueron perseguidos santos evangelizadores, como San Rafael Guízar Valencia), mientras que sus persecutores, Álvaro Obregón, Pablo González, etcétera han sido considerados héroes o próceres.

La Iglesia Mexicana ha sido civilizadora, educadora, benefactora y mártir… Los elementos putrefactos que han hecho daño son unas cuantas y casi microscópicas manchas, que nuestros enemigos se encargan de exagerar para sembrar ignorancia y la ingratitud hacia ella.

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4 comentarios leave one →
  1. 5 de febrero de 2017 4:05 PM

    “Es algo muy generalizado que en las escuelas públicas o en las privadas no católicas se inculque a los educandos que la Iglesia Católica ha sido nefasta para México, factor de retroceso y explotación, y sembradora de fanatismo e ignorancia”

    Si eso es así,¿Cómo es posible que el capitalismo, es decir, la Europa rica, haya nacido justamente en países católicos?

    El capitalismo aparece en Venecia, Florencia, Bélgica, Holanda (cuando era católica), Inglaterra (cuando era católica), Austria…Incluso, en la rica Alemania, el país más rico no es luterano o calvinista, sino católico (Baviera ).

    Enrique VII de Inglaterra, copia la experiencia de Flandes, y eso es lo que enriquece Inglaterra; Posteriormente la experiencia económica inglesa será la que se copie y aplique en Alemania y Estados Unidos para salir de la pobreza, con los resultados evidentes para todos.

    No es que la religión católica sea motor de “progreso” ; es que no es motor determinante, salvo en un aspecto fundamental: por su humanismo y la influencia del derecho romano, es garante de derechos que permiten la seguridad jurídica, la protección de la persona, y la protección de la propiedad; factor éste fundamental si se quiere que haya inversión y desarrollo.

    Lo que es determinante es la estructura económica del país; y ésta es la que ordena la sociedad dándole forma (por eso una sociedad cazadora es distinta en todo a una sociedad agrícola; y una agrícola es completamente distinta a una mercantil)

    (cuando digo “agrícola”, digo realmente a sector primario: agricultura, minería y pesca)

    Bélgica, Holanda, Venecia y Florencia son países cuya riqueza viene de la manufactura, no de la agricultura. Es la manufactura la que permite agregar valor añadido (ej; un telar permite producir más metros de tela y de mejor calidad que tela hecha a mano; un tapiz, objeto de lujo, permite agregar todavía más valor añadido), la que permite especializarse (la competencia fuerza la especialización: nuevos mercados, nuevos tipos de género (ej pasar de la lana a la seda; del tejido liso al brocado), pasar de un telar manual a otro semiautomático)…y es la manufactura la que crea las ciudades y la que estimula el conocimiento y la ciencia (es una inversión que se aplica en la industria para ganar más dinero). La industria necesita del trabajo de varios especialistas (ej, maquinistas, reparadores, vendedores, imprenta, diseño, técnicos e investigadores), mientras que la agricultura, no.

    ¿Por qué si es tan fácil no se aplica en todas partes?

    Porque la industria es enemiga de la tierra; y los que tienen poder en un país agrícola son latifundistas.

    La industria quiere materias primas baratas y protección para lo que produce; mientras que los países agrícolas quieren protección para sus productos; y productos industriales baratos.

    Además, la manufactura paga más a los trabajadores que la agricultura; y si la agricultura quiere competir, tiene que pagar más por lo mismo, reduciendo el beneficio.

    (en la manufactura, el precio de la mano de obra puede ir desde muy poco hasta el suficiente para mantener una familia de “clase media” diríamos hoy; pero en cualquier caso, el que trabaja en la industria trabaja todo el año; y por poco que gane, gana todo el año; mientras que el que trabaja en la agricultura, solo lo hace durante la siembra y la cosecha (un mes de trabajo en total, si acaso). Además, “cualquiera” puede sembrar o arar -lo cual baja doblemente los salarios (como es cualquiera -hay mucha competencia-, y no se necesita aprendizaje); mientras que depende del tipo de manufactura, siempre hay un aprendizaje. Cuanta más sofisticado sea el producto fabricado, el salario es mayor.

    Venecia, como era un conjunto de islotes, no tenía tierra cultivable; por lo que la necesidad les forzó al comercio (con Bizancio, países árabes ). Su situación hacía que exportasen a los países alemanes (está en su camino natural) y a Italia. El comercio acaba produciendo como un subsector necesario al banquero (inversor, prestamista y cambista)

    Florencia, por donde pasa la vía que une la Italia del norte con la del sur, echó a la aristocracia (que basaba su riqueza y poder en la tierra) de la ciudad; y el poder lo tomó la oligarquía pañera y banquera. El origen de su riqueza fue la fabricación de paños de lana; de ahí pasaron a los de seda; y de la fabricación y comercio salen los banqueros (llegó a haber 500 en la ciudad). Los Médicis, que son los más conocidos, pero no los únicos, prestaban dinero al rey de Francia y al de Inglaterra.

    ¿Qué pasa con México?

    Hasta hace muy poco, México era un país eminentemente agrícola, dominado por los descendientes de los independentistas: ricos terratenientes, agricultores y dueños de minas de plata.

    Ellos, por necesidad tienen que tomar el poder para proteger su riqueza; y por tanto las leyes y las decisiones políticas están todas dirigidas a defenderlo y perpetuarlo.
    Y como ya sabemos, la tierra es contraria a la industria; y es en la industria donde se produce el dinero, la educación y el progreso personal.

    Además, en México se hizo algo que atrasó todavía más el “progreso” (digamos “capitalista”, porque progreso no es necesariamente eso):

    Copió las leyes masónicas francesas para apropiarse de los bienes de la Iglesia Católica, Universidades y los propios y baldíos de los pueblos y aldeas (éstas eran tierras comunes, existentes en toda Europa, y que servían para que los más pobres del poblado pudieran ganarse la vida aprovechando pastos y leña).

    Estas medidas de rapiña hicieron a los terratenientes ricos, más ricos todavía, sin que hubiese necesidad de fomentar la industria. (hasta que Estados Unidos deja de usar el dolar de plata, la principal exportación mexicana es la plata -con nulo valor añadido-; con el producto de la venta, los ricos mineros pueden importar productos industriales estadounidenses, ingleses y franceses, haciendo más ricos esos países fabricantes.

    Nótese que estas medidas masónicas anti católicas y anti pueblo se hacen en nombre del “progreso” (sí, el progreso de unos pocos muy bien conectados con el Gobierno).

    Lo que uno tiene que preguntarse ahora es cómo México, después de imponer tras la independencia la ideología masónica, no ha tenido el “progreso” de los Estados Unidos o de Inglaterra; y por qué se ha seguido igual (y encima echando la culpa a otros, como a la Iglesia Católica, que ya vemos que no tiene ninguna culpa en esta catástrofe).

    Insisto, porque han pasado 200 años desde que México se independizó y fue libre de imponer sus propias políticas; y el resultado ha sido nefasto, salvo para los ricos.

    Insisto en ello, porque Japón sale del feudalismo y se industrializa (llega a destruir la flota del imperio ruso) en 45 años; Corea, de ser un país del tercer mundo con una renta percápita similar a la de Egipto en los años 60, hoy es una potencia económica. España, que tenía solos unos puntos industriales en Cataluña (paños) y Vizcaya (siderurgia), se industrializa entre 1950 hasta 1974 (crisis del petróleo)

    Si hay algo que reprochar a la Iglesia Católica es que para ella todos son hijos de Dios, sin diferencias: por tanto vale igual un blanco que un indio; un libre que un esclavo.
    Y por tanto, cuando tiene que defender la Ley de Dios, porque un poderoso está abusando de un pobre, lo hace.

    Es lógico que los que tienen el poder la odien: les impiden hacer sus fechorías.
    Lo que no es lógico es que los mismos sigan utilizando las mismas mentiras para obtener los mismos resultados.

  2. 5 de febrero de 2017 5:34 PM

    “la Iglesia Católica ha sido nefasta para México, factor de retroceso y explotación, y sembradora de fanatismo e ignorancia.”

    Factor de retroceso:

    La Iglesia Católica, en el régimen novohispano, no retrocede nada; porque lo que había antes de que llegasen los españoles eran grupos tribales más o menos sometidos a los aztecas. Pero por mucho que se pueda alabar su cultura, la estructura económica es la de subsistencia. Nada similar a lo que ha traído el “progreso” en el mundo: la industria.

    Las universidades mexicanas y especialmente los colegios de jesuitas dan una educación humanista similar y con la misma calidad a la que en ese momento se daban en cualquier otra universidad europea.

    El hecho de que no se enseñase técnica o ciencias, (sí matemáticas y ciencias afines) es porque en Europa no se enseñaban en la Universidad. Sí que se daba; y hasta el punto que fuese necesario en los gremios y en al pie de obra (minas, barcos y edificación).

    Es a partir del siglo XVII cuando la ciencia en Europa empieza a desarrollarse. Pero la ciencia depende de que se utilice; es decir, si no hay una industria que lo demande y pague como inversión para producir más o mejor, no hay ciencia. No existe la ciencia recreativa. La industria va primero; y la ciencia, después.

    Lamentablemente México no ha tenido ciencia como la entendemos hoy.
    Probablemente la industria licorera es lo más parecido a una industria que, como todas, sale de una actividad manual, que para dar más calidad o tener más producción, va aplicando lo que aprende por ensayo o error; o lo que en otros países se ha descubierto

    (la ciencia no es de un país: surge en muchos sobre los descubrimientos de todos)

    Factor de explotación:
    Lo que explota a la gente es el trabajo, no la religión.
    Cuando el trabajo es la tierra, se dan situaciones de explotación (o lo tomas, o lo dejas; pero es lo que hay en el lugar; y en el lugar de al lado es igual -es la misma agricultura y las mismas técnicas-)
    Además, la agricultura no permite aprender nada con la que se pueda ganar más: siempre es igual.
    La agricultura no permite que haya producciones asociadas a ella, como sí que pasa con la industria (ej en la industria de coche moderna, la fábrica digamos Peugeot, fabrica coches, sí; pero sus componentes, empezando por la moqueta del suelo, lo fabrican otras compañías): esto reduce totalmente las posibilidades de ser empleado; y por tanto favorece la explotación. Para que no haya explotación, tiene que haber competencia de empleadores.
    La agricultura solo paga salarios cuando se necesita: la siembra y la cosecha.
    Esto no es más que 2 meses al año como mucho. Y el salario de un peón agrícola es siempre bajo (por el poco valor añadido que aporta; y por la competencia que tiene)

    (la industria en el siglo XIX crea otro tipo de explotación, pero no me voy a desviar más)

    Marx observó que “la religión es el opio del Pueblo”; y Gramsci estaba convencido de que la familia y la religión (católica) impedían que triunfase el comunismo.

    Algo de razón tendrán: pero si vemos los países no católicos, como China, países Islámicos…la manera de controlar a la población y que no se alzase contra el poder era exigir sumisión total (o si no, exterminio; y no de una persona, sino de la familia, clan o pueblo): la estabilidad y el humanismo que da la religión católica protege también al inferior.

    Como hemos visto, tras la aplicación de las leyes masónicas para robar a la Iglesia y al Pueblo, el Pueblo mexicano ha estado más explotado, no menos. Los explotadores son sus nuevos amos, no la Iglesia. Si ha habido alguna influencia de la Iglesia es precisamente que su falta de influencia por estar perseguida por los plutócratas es no poder defender al pobre del rico.

    Sembradora de fanatismo.
    Las religiones, que forman parte de la naturaleza humana, y por tanto necesarias, no son científicas, o racionales, o filosóficas…Tienen una misión, que a nivel personal es dar seguridad al individuo; y a nivel general dar forma a la comunidad y protegerla. Lo es la religión católica y lo son también la luterana, la calvinista….

    La gente es fanática cuando siente su bienestar amenazado. Cuando lo es por no querer dejar su religión, no es fanatismo (otros lo llamarían tener “personalidad”.

    Insisto lo de “luterana” y “calvinista” porque estas falsedades de “progreso”, “explotación, “fanatismo”, “ignorancia” forman parte de la leyenda negra española creada precisamente por los países protestantes (aunque nace realmente en la Italia antiespañola) como propaganda de guerra contra un país en guerra, España (de la que formaba parte la Nueva España).

    Esta propaganda la recogen los masones para imponer su ideología, porque la población ya tiene una religión, la católica; y hay que difamarla. (y al mismo tiempo están diciendo que son más inteligentes y más patriotas que el Pueblo, lo cual no es verdad)

    ¿Por qué la gente de campo es más “fanática” que la de la ciudad?
    Porque las oportunidades de prosperar y de protección son mucho más altas en la ciudad que en el campo. No tiene nada que ver con la religión.

    Sembradora de ignorancia.
    Esto viene de la reforma protestante y del humanismo.
    Los protestantes, al incidir que el individuo tuviese que leer él mismo la Biblia, promueven la lectura. Basta.
    En ningún momento promueven el librepensamiento.

    Pero si las necesidades económicas no imponen a la gente saber leer, la gente no lee -hoy diríamos: “estudia”.

    Aun así, en los países católicos, como en los protestantes, sobre todo antes de que el sistema lo destruyesen los liberales masones, los niños Y niñas iban a la amiga, la escuela primaria, donde aprendían a leer, aritmética básica y doctrina cristiana (en la Ciudad de México se conserva la capilla de los niños de la Doctrina).

    La alfabetización ha variado a través de los siglos, siguiendo las necesidades de las crecientes clases medias, pero en cualquier caso, los niños empezaban a aprender un oficio a los 10 años (salvo los que iban a entrar en la Iglesia, o ir a la Universidad, donde solo había clase de Derecho y Medicina. Más tarde se crearían los colegios de oficiales del Ejército y la Marina y los reales colegios de cirugía -fuera de la Universidad-)

    Es decir, que a partir de los 10 años dejaban de estudiar y empezaban a producir.
    Por eso, a diferencia de hoy, a los 18 años podían ganarse la vida con su oficio; y mantener una familia.

    Respecto al humanismo, Erasmo (él mismo canónigo premostratense y que acaba como cardenal de la Iglesia Católica), les causa de ser analfabetos (entre otros muchos vicios).
    No es el único.

    Ahora bien, aquí hay varias cosas:
    1 crítica del latín medieval (por los que se empeñan a refinar el latín y hacerlo más elegante)
    2 el conocimiento en general; y la escolástica como lógica y metafísica en particular.

    En general, los frailes en sí no tienen que estudiar nada. Es como si dijésemos que un carnicero o un zapatero tiene que estudiar latín o metafísica; y si no es un lerdo. Es un modo de vida con sus propios oficios dentro del convento. Pero normalmente, como los rezos son en latín, algo de latín tienen que aprender. Hay varios tipos de órdenes; unas más intelectuales que otras, por lo que las críticas son falsas.

    Normalmente los frailes dominicos y agustinos, tienen como actividad la prédica, por lo que estudian -en latín- sus años de filosofía y teología.

    Respecto al latín, aunque los grandes cultivadores del latín son los jesuitas en sus colegios, un religioso necesita el latín para las funciones que realiza. Lo que llaman degeneración del latín viene de haber sido usado y por tanto evolucionado como cualquier otra lengua. Son los monjes los que han conservado el latín, no los protestantes o los nobles.

    Respecto a la escolástica, que es una adaptación de Aristóteles, el problema viene de su profesionalización (el mismo problema que tienen hoy los departamentos de filosofía de las Universidades en todo el mundo, no solo en las católicas); y que hace que el que solo quiera la filosofía o la teología para predicar encuentre todo el sistema inútilmente absurdo.

    Los masones, que utilizan la experiencia de la “ilustración” (solo la francesa) como crítica a la Iglesia y al antiguo régimen, al que quieren destronar y ponerse ellos de gobernantes, son bien acomodados y muy bien educados (la mayoría en colegios de jesuitas): desprecian a las clases trabajadoras -las que su fortuna no les permite tener una cultura literaria y brillar en los salones elegantes con su elegante conversación-.

    Es un error confundir analfabetismo o poca instrucción con estupidez.

    Al contrario: la falta de instrucción hace a los hombres mucho más cautos y con los pies en la tierra: todo lo contrario de las personas con cultura libresca, como Don Quijote, que acaba creyendo que los molinos de viento son gigantes.

    Protestantes, masones, liberales, comunistas…utilizan los mismos falsos argumentos para lograr sus propios fines. A ellos hay que añadir el nacionalismo:

    El nacionalismo personal (el enorgullecerse de los productos de la nación; o ponerse plumas ajenas para ocultar la propia desnudez) se compara con lo que cree ver de las demás naciones (normalmente ve solo los triunfos, nunca las miserias), y se deprime pensando que si fuese un usero, por ejemplo, sería mejor.

    Nosotros sabemos por la Iglesia y los filósofos griegos que no existe una persona mejor ni peor que otra. Y que por lo tanto no hay que sufrir por ello.

    Lamentablemente, lo que podía ser un acicate para ayudar al propio país a compararse en cifras con USA o Japón, no lo utiliza; ésto es: montar una fábrica, ayudando así a industrializar el país y a dar mejor vida a sus paisanos.

    No: sufre y patalea porque la malvada Iglesia Católica le pone al mismo nivel, digamos que los guatemaltecos.

    Y mientras tanto, a ver si vienen los socialistas, que prometen a cambio de mi voto que voy a parasitar del trabajo de mi vecino mientras me tomo un tequila en la playa.
    Como en USA y Japón, claro.

    Normalmente suele salir, aunque aquí todavía no:

    ¿Y qué pasa con los malvados españoles?

    Los conquistadores, encomenderos y colonos son los actuales mexicanos: los antepasados de los españoles actuales no salieron de su península.

    Mientras ustedes se empeñen en tirar balones fuera, nunca van a marcar gol.
    El hecho de que lleven tanto tiempo con estas historias y no arreglen nada ya es una indicación de que el problema es otro.

    Lástima de todos los indígenas, campesinos y cristeros mártires: parece que su sacrificio a manos de la oligarquía masónica ha sido en balde.

    Menos mal que con las leyes comerciales con Estados Unidos, por malas que sean, México tiene una oportunidad de burlar a sus malhechores, industrializarse y recuperar el tiempo perdido.

    ¡Viva México y la Virgen de Guadalupe!

  3. 5 de febrero de 2017 5:56 PM

    Como mínima regla de prudencia (rule of thumb) debería preguntarse:

    ¿A quién benefician estas críticas?

    Sabemos por la Historia que son infundadas; son burdas mentiras; pero aun así los mismos siguen repitiendo la misma cantilena una y otra vez: eso es que no han terminado de enriquecerse robando de todos.

    O que su ideología no puede imponerse por medios pacíficos (el Pueblo mexicano la rechaza)

    Por eso alguien muy famoso, hace 2000 años dijo: “la verdad os hará libres”

    Y tenía más razón que un santo.

    Por último, hay una cosa absolutamente necesaria para que haya progreso.
    No, no es la masonería ni el comunismo, que la Historia ha probado con hechos que no funcionan: es la ESTABILIDAD SOCIAL.

    Si no hay estabilidad social, la gente ni invierte ni consume (tiene miedo; o no está segura del futuro; la prudencia exige ahorrar)

    Si no se invierte ni consume, las empresas no pueden funcionar; y hay paro.

    Es decir, la inestabilidad social trae retraso y pobreza general.

    El anticlericalismo masón, que tanta desgracia y destrucción ha traído ya a México y a los mexicanos, está promoviendo la inestabilidad con humo; porque como hemos probado, se le acusa de problemas que no tienen nada que ver con la Iglesia; y sí con la masonería y las clases altas liberales oligárquicas.

    La historia no ha terminado, como tenemos la ocasión de ver ahora mismo en Francia: los que controlan esta asociación monárquica secreta, que ya no son protestantes, la están usando otra vez contra la Iglesia Católica y contra la misma población nativa del país. ¡Menuda obsesión!

    Por lo tanto, eso mismo es lo que puede esperar México: otra guerra cristera, pero más sofisticada.

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