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ENTONCES… ¿SIGUE EL PROCESO DE CANONIZACIÓN DE JUAN PABLO II?

19 de abril de 2010

Abusos por todos lados, la prensa mundial nos ha traído los escandalosos casos de pedofilia que se habían estado amontonando y encubriendo dentro de la Iglesia Católica Romana.

Los números en los EE.UU.: 54 condenas en 42 años
El recuento de los casos de abuso infantil por parte del clero no es para menospreciar, pero sí para entenderla en su dimensión correcta. Massimo Introvigne, en un artículo publicado en Avvenire ha mostrado algunos datos de EE.UU.. Según el estudio del año 2004 del John Jay College of Criminal Justice, los sacerdotes acusados de efectiva pedofilia en 42 años fueron 958, 18 por año. Las condenas fueron 54, poco más de una al año (los sacerdotes y religiosos en los Estados Unidos son alrededor de 109.000). Durante el mismo período hubo 6.000 condenas a profesores de gimnasia y entrenadores, declarados culpable de ese delito por tribunales de los EE.UU.

94 casos sospechosos en Alemania sobre un total de 210.000; los problemas de Irlanda son del sistema educativo
En un artículo del periodista Andrea Tornielli, informa de que en Alemania desde 1995 se notificaron 210.000 casos de delitos contra menores. Los casos sospechosos dentro de la Iglesia católica fueron 94 (1 sobre 2000). En Irlanda, el Informe Ryan del año 2009 ha recogido los testimonios de 1090 personas con casos de violencia (no sólo sexuales, sino sobre todo física y psicológica) en el sistema escolar de la isla desde 1914 hasta 2000. Tras un examen minucioso de cientos de casos de violencia, los religiosos acusados de abuso sexual a niños fueron 23, si bien los datos no son completos porque en dos escuelas no se especifica el número. En las escuelas de niñas fueron acusados sólo 3 seglares empleadas. En varias escuelas los abusos fueron cometidos por el personal o por visitantes externos o por alumnos mayores y no por parte de sacerdotes.

300 casos en todo el mundo, alrededor de 400.000 sacerdotes
Mons. Scicluna, de la Congregación para la Doctrina de la Fe, afirmó que desde 2001 hasta 2010, la congregación ha trabajado en cerca de 3000 casos de sacerdotes diocesanos y religiosos relacionados con crímenes cometidos durante los últimos cincuenta años. Sólo en el 10 % de los casos se ha tratado de actos de pedofilia, es decir 300 en todo el mundo. El número total de sacerdotes diocesanos y religiosos en el mundo es de 400.000.

Los documentos con disposiciones explícitas
En los discursos sobre la pedofilia, se citan a menudo documentos, dando una información errónea sobre instrucciones para la cobertura de los casos de pedofilia. De hecho, todos los documentos tienen carácter oficial y son públicos y la actitud de condena es clara y fuerte. El primer documento de referencia es la instrucción “Crimen Sollicitationis”  un texto de 1922, nuevamente propuesto por Juan XXIII en 1962. La Instrucción trata del delito de incitación a actos indecentes por confesores. El documento, que se refiere principalmente a otros abusos, hace directa mención a la pedofilia llamándola “crimen pessimus”. Es explícita en el documento la obligación de denunciar los delitos. El segundo documento es el “De delictis gravioribus“, firmado por Joseph Ratzinger y el cardenal Tarcisio Bertone, en 2001, que fue escrito para actuar el motu proprio “Sacramentorum Sanctitatis tutela”  del Papa Juan Pablo II que, para evitar los encubrimientos y corruptelas locales, asigna la competencia sobre cuestiones de pedofilia a la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Legionarios de Cristo
El ejemplo más repugnante lo tenemos en la increíble vida del sacerdote Marcial Maciel, el fundador de los Legionarios de Cristo. Este hombre de Dios vivió una doble vida por largos años. Pero sus andanzas fueron descubiertas. Sus pecados fueron sacados a la superficie y llegaron hasta el trono mayor, a los oídos y vista del Papa Juan Pablo II. La prueba contra este eminente líder religioso era contundente y abundante. ¿Qué pasó? El Vaticano calló y escondió los demoledores informes que ponían a este mimado prelado en las mismas puertas del Infierno. Lo que ya se sabía de él era algo infernal: que era un notorio pederasta, que tenía el vicio de las drogas, que tuvo mujeres e hijos y que uno de sus antiguos colaboradores lo acusó de haber envenenado a su tío abuelo, el Obispo Guízar, quien avaló la exitosa carrera eclesiástica del ambicioso sobrino en el convulso México de los años treinta del siglo pasado.

El caso más cercano
El 24 de Marzo pasado el papa Benedicto XVI aceptó la dimisión del obispo irlandés John Magee, ex secretario privado de varios pontífices y acusado de haber encubierto casos de pedofilia, en un gesto emblemático tras los escándalos que estallaron en varios países de Europa.
“El Santo Padre aceptó la renuncia al gobierno pastoral de la Diócesis de Cloyne presentada por monseñor John Magee, de conformidad con el artículo 401, párrafo dos, del código de Derecho Canónico”, precisa la nota.
Magee, de 73 años, fue secretario particular de Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II y maestro de Ceremonias Pontificias en 1992. Está implicado en el escándalo de abuso sexual contra niños en un informe divulgado en el 2008 por la Iglesia irlandesa.

Paradoja
“Es la paradoja de Benedicto XVI, atacado en el exterior (de la Iglesia) por no haber actuado, y desde el interior por haber actuado demasiado”, analizaba el italiano Corriere della Sera.
Muchos católicos recuerdan todavía las duras palabras pronunciadas por Ratzinger pocas semanas antes de la muerte de su predecesor Juan Pablo II y de su ascenso al pontificado.
“Tantas mancillas en la Iglesia, y en particular entre los que, en el sacerdocio, deberían pertenecerle totalmente”, lanzó en marzo de 2005. “A menudo, Señor, tu Iglesia nos parece una barca lista a hundirse, una barca que hace aguas por todos lados”, agregó.
Pensaba seguramente en todos los delitos graves que había debido instruir como prefecto de la Congregación por la Doctrina de la Fe. En ese cargo, fue artífice en 1981 de un decreto que exigía a los obispos que hiciesen llegar todas las informaciones al Vaticano y alejasen a los curas pedófilos de los niños.
Benedicto XVI “fue el primero en sentir la necesidad de reglas nuevas, más severas” para combatir la pedofilia en el seno de la Iglesia, recuerda el cardenal alemán Walter Kasper, presidente del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos.
“Limpieza” sí, pero en Roma nadie cree en un “big bang”, según la expresión del vaticanista Sandro Magister. “Tras cada polémica, algunos aprovechan para proponer una reforma total de la Iglesia, de su funcionamiento estructural”

Pregunta. ¿Qué va a pasar con el proceso de canonización y santidad de Juan Pablo II? ¿El infierno será como él lo explicó?¿Cómo verá Dios todo esto? La Iglesia Católica Romana, está atrapada en sus propias redes de las muchas mentiras y ocultamientos sobre estos casos. Con razón el cardenal Ratzinger pudo decir: “¡Cuánta suciedad hay en la Iglesia!” Dos días más tarde Joseph Ratzinger era elevado al Trono de Pedro, convirtiéndose así en el Papa Benedicto XVI.

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