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“NO PODEMOS SER CATÓLICOS Y NO ACEPTAR EL CONCILIO VATICANO II”

18 de mayo de 2012

«La situación de la Iglesia es tal, que sólo un Papa comparable a Pío X puede detener la autodestrucción que sufre desde el Concilio Vaticano II»

Marcel Lefebvre

CARTA ABIERTA DEL ABBE NOEL BARBARA A LOS SACERDOTES QUE USAN EL NOVUS ORDO MISAE

17 de mayo de 2012

A todos los buenos sacerdotes, que han aceptado el Novus Ordo Missae.

Esta carta no la dirijo a los sacerdotes progresistas, los que han aceptado ya las herejías reinantes, los que a ciencia y conciencia trabajan por la destrucción de la Iglesia, a los “contestatarios”; la dirijo, más bien, a los sacerdotes buenos y dignos, que con repugnancia han aceptado el “Novus Ordo Missae” y me permito dirigirla nominalmente a:

• V.R. Dom Prou, Reverendísimo Abad de Solesmes. la más importante abadía benedictina de Francia, que es el sucesor de Dom Delatte y Dom Guéranger, defensores de la fe y restauradores de la santa Liturgia.
• Al Canónigo Etienne Carta, Profesor de la Facultad católica de Angers, Fundador del “Opus Sacerdotale”, que congregó a tantos millares de buenos sacerdotes de Francia.

• Al Abbé André Richard de “L’Homme Nouveau” y de “L’Armée Bleue”, que los buenos católicos creen poder seguir con toda confianza.
• A Dom Gérd Lafond, Fundador y animador de la “Orden de Caballeros de Ntra. Señora”, cuyo fin principal es la defensa de la fe y no de la gente que está en posición de comando.
• Al por tantos títulos benemérito Abbé George de Nantes, Director de la “Contra Reforma”, cuya influencia usa para hacer a los buenos católicos, que creen en él, aceptar la misa reformada.
• A tantos y tantos sacerdotes, de vida ejemplar, de celo apostólico, de buena fe y de buena voluntad, que viven engañados.

Vosotros sois, queridos hermanos en el sacerdocio, los que habéis logrado vencer en la conciencia católica de los fieles, con vuestro ejemplo, con vuestra aparente conformidad, con vuestra influencia determinante, quizá también con vuestra predicación y con vuestras críticas a los sacerdotes que han resistido a esta subversión en la Iglesia de Dios; vosotros sois los mejores auxiliares de la subversión, instalada en la Iglesia de Dios, vosotros sois los mejores auxiliares, los que habéis ayudado con más eficacia a esta “autodemolición” de la fe, de la moral, de la liturgia y de la misma disciplina católica.

Me explicaré: Por subversión instalada en la Iglesia., yo entiendo la herejía que se ha hecho eficaz, victoriosa, que se ha impuesto en los fieles católicos. Siempre he habido en la Iglesia, ciertamente, herejías. San Pablo mismo nos habla de estas divisiones y de los efectos funestos que ellas tienen. Pero siempre también las herejías habían sido vencidas, al menos dentro de la Iglesia, que las rechazaba inexorablemente como lo hace todo cuerpo sano con los cuerpos extraños, que no puede asimilar.

El neo-modernismo ha tomado del marxismo su ideologia y, sobre todo, su “práctica”; de esta manera la herejía se ha convertido en una “herejía eficaz”, contagiosa.

Instalada en el seno mismo de la Iglesia. Sin negar aparentemente ningún dogma, los niega todos, los corroe todos, imponiendo en todas partes sus novedades.”Hazlo. . . y se hará”. Se nos sugiere primero, se nos impone después; y todos aceptamos.

Si no queremos ser como esos ídolos, de los cuales el profeta se burlaba: “oculos habent et non videbunt”, tienen ojos, pero nunca verán, tenemos que ver, tenemos que darnos cuenta de que, en todas partes se instala, en la práctica, una nueva religión.

“Destruid la Misa”, dijo un especialista en la subversión, MARTIN LUTERO, y “destruiréis todo el catolicismo”.

Por eso, la causa principal, que agrava y acelera la auto-destrucción de la Iglesia está en la destrucción “de facto” (de hecho) de la Misa católica, por la “práctica”, es decir, por la sustitución atentatoria del Novus Ordo Missae (de la nueva Misa) al “Santo Canon” “tan depurado de todo error que no hay en él nada que no respire una santidad y una piedad extrema y que no eleve hacia Dios los espíritus de los que lo ofrecen”. (Concilio de Trento).

Pues bien, es necesario que nuestros fieles católicos se den cuenta que para esta obra nefasta, para esta empresa diabólica de destrucción de la Santa Misa, la subversión reinante no ha podido tener mejores colaboradores que a los sacerdotes buenos, entre los cuales, tal vez, ocupéis un lugar prominente, que hace recaer una mayor responsabilidad en vosotros.

Esta acusación es grave; pero, por desgracia, es verdadera. Para probarla, permitidme citar un texto del Papa Pío XII, que vosotros, sin duda, conocéis. Está tomado de una alocución a la Juventud Femenina de la Acción Católica de Roma, miembros de la Cruzada por la pureza”. (22 de mayo 1941): “… Un buen número de mujeres creyentes, e incluso piadosas,. .., al aceptar seguir alguna moda atrevida, derrumban, con su ejemplo, las últimas vacilaciones, que hablan retenido a muchas de sus hermanas lejos de esas modas, que podrán convertirse para ellas en una causa de ruina espiritual. Mientras que ciertos vestidos provocadores sean el triste privilegio de mujeres de reputación dudosa y como la señal para que ellas sean reconocidas, las demás no se atreverán a aceptarlos. Pero el día en que estas modas se sigan por personas sobre las que no hay sospecha, nadie vacilará ya en seguir la corriente, una corriente que las arrastrará, tal vez, a las caídas más insospechadas y dolorosos”.

DEL MISMO MODO: 
• Aceptando vosotros con tanta docilidad la celebración de los Santos Misterios, según el “Novus Ordo Missae”, que, en el mejor de los casos, es EQUIVOCO y, por lo mismo, gravemente injurioso para Dios.
• Resignándoos pasivamente, (algunos con disgusto, pero, no por eso menos eficazmente)- a abandonar este Santo Canon, “tan depurado de todo error, como lo ha afirmado el Santo Concilio de Trento, que no hay nada en él que no respire una santidad y piedad extrema y que no eleve hacia Dios los espíritus de los que lo ofrecen”.
• Queriendo tan sólo salvar la validez, sin poner atención al ultraje que indudablemente se hace a Dios por este nuevo ORDO MISSAE.

Vosotros, a quienes los fieles, con razón, miraban como a buenos sacerdotes, habéis hecho caer, con vuestro ejemplo las últimas resistencias, que pudieran haber opuesto vuestros hermanos en el sacerdocio, a los que el instinto de la fe de los fieles miraba, tal vez, como sospechosos, o, por lo menos, poco edificantes; y vuestro ejemplo, sacerdotes buenos, ha hecho aceptar a los sacerdotes menos buenos y a los mismos fieles esas novedades que huelen a herejía y que pueden convertirse para ellos y para todos los fieles en una verdadera ruina espiritual.

Si este rito sólo hubiera sido adoptado por “los contestatarios”, por los sacerdotes del “diálogo” o por los “progresistas” de toda índole, no se hubiera impuesto en la Iglesia, y, como las herejías de antaño, este Ordo Missae equívoco, no hubiera durado mucho tiempo.
Pero desde que el Novus Ordo Missae fue adoptado por los sacerdotes, a los que los fieles todos creían intachables; desde que los buenos sacerdotes, de los que sois parte, habéis aceptado celebrar la nueva misa, negándoos a ver su equívoco, y la injuria que se hace a Dios (aun suponiendo que fuera válido), desde que os negasteis a estudiar a fondo este gravísimo problema, con el pretexto de una obediencia a los superiores, que no es excusa, la “masa” de nuestros hermanos en el sacerdocio y de los fieles católicos ya no opusieron la resistencia que se debía y la multitud siguió a los sacerdotes, a quienes seguía con fe.

De esta manera, en la empresa satánica de la auto-demolición de la Iglesia, que la “mafia” progresista hace con velocidad vertiginosa, vosotros, los buenos sacerdotes, con vuestra influencia, con vuestro ejemplo y, tal vez, con vuestros sofismas, de los que no estáis ni podéis estar convencidos, habéis sido y seguís siendo los mejores auxiliares de la subversión instalada en la Iglesia de Cristo.

Amados hermanos en el sacerdocio, conocéis muy bien el antiguo probervio: “errare humanum est, perseverare tantum diabolicum”, es propio de los hombres errar; pero perseverar en el error, eso es diabólico. Debéis, pues, reflexionar y volver atrás.

Lo debéis a vuestros predecesores, que os han transmitido el “Ordo Tradicional”, “compuesto con las palabras mismas que el Señor usó en la Ultima Cena, con las tradiciones apostólicas y con las piadosas instrucciones de los Santos Pontífices”. (Concilio de Trento).

Lo debéis a nuestros fieles, a los buenos católicos, “los pequeñuelos, del Evangelio, que os pidieron pan y les disteis un “escorpión”.

Lo debéis, sobre todo, a Jesucristo N.S., el que nos ha “preferido” y “escogido”, para hacernos sus amigos, sus íntimos amigos. “In finem dilexit eos”; hasta el fin nos amó, hasta abandonar totalmente a nuestra libertad la transubstanciación del pan y del vino en su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad.

En tiempos anteriores -bien lo sabéis- nuestros padres en la fe han dado su vida para defender, no sólo la persona misma de Nuestro Señor, sino, como añadidura piadosa, las representaciones, las imágenes sagradas, que de El se hacían o las imágenes de Su Santísima Madre y sus santos.

En la actual persecución, no son las imágenes o alguna representación del Señor las que defendemos, sino al mismo Señor Nuestro Jesucristo, que en la Misa, Sacerdote y Víctima, se inmola por nuestros pecados en el altar de una manera incruenta, pero real y verdaderamente, como nos enseña el Concilio de Trento.

Defendamos la Misa y defenderemos todo el catolicismo, porque, si los enemigos llegasen a triunfar en esta lucha, si llegasen a eliminar la Misa de siempre, el catolicismo habría sido vencido.

Ante lo que se arriesga en la lucha, que nos han impuesto, ¿qué pueden valer nuestras razones más legítimas? Nuestra situación, nuestra tranquilidad, nuestro prestigio, nuestra subsistencia, nuestra vida misma, e incluso, sí, incluso el mismo bien que por las almas podamos hacer: nada de esto vale ni significa en comparación de la Iglesia, de Cristo Nuestro Redentor.

Y, sobre todo, debemos pensar que, ante el Tribunal de Dios, ninguna excusa podremos presentar, que justifique esa aparente obediencia en la cual algunos quieren justificarse. Sabemos muy bien que nunca un abuso de autoridad ha tenido el poder de ligar las conciencias ante Dios y que siempre será verdadera la respuesta de San Pedro ante las autoridades religiosas de su tiempo: *’ES NECESARIO OBEDECER A DIOS ANTES QUE A LOS HOMBRES”.

Reconozco en Paulo VI a nuestro Papa legítimo y confieso que sus poderes vicarios son muy grandes; pero no podéis dejar de confesar conmigo que, si está en las atribuciones del Papa codificar, como lo hizo San Pío V, un Ordo Missae, que sea totalmente conforme a la Tradición, no está en su poder confeccionar un Ordo Missae equívoco y, mucho menos, imponerlo a la Iglesia. Y tampoco está en su poder el hacer esa imposición de un modo tan arbitrario, tan hipócrita, tan brutal. Recordemos la declaración clara y verdadera, teológicamente hablando, y tan resuelta y valiente del R.P. Calmel, O.P.: “Reconozco, sin vacilar, la autoridad del Santo Padre. Afirmo, no obstante, que todo Papa, en el ejercicio de su autoridad, puede cometer abusos del poder recibido. Y sostengo que el Papa Paulo VI ha cometido un abuso de autoridad de una gravedad excepcional, cuando construye un rito nuevo de la Misa sobre una definición de la Misa, que ha dejado de ser católica”.

Venerables y queridos hermanos en el sacerdocio de Cristo, no queráis ver en esta carta ninguna malévola intención; ved tan sólo el deseo de haceros comprender y tomar conciencia como ahora dicen, en presencia de Dios y de la Iglesia, de vuestra responsabilidad personal, a fin de que, reaccionando sacerdotalmente, emprendáis la defensa de la Santa Misa que nos están robando.

Viernes Primero de Noviembre 1971.

Noel Barbara, Prêtre catholique.

 

Derechos de Dios.

CARTA DE M. LEFEBVRE A DOM TOMÁS

17 de mayo de 2012

Carta de M.Lefebvre a Dom Tomas, Prior del Monasterio de Sta. Cruz, escrita en momentos en que éste viajaba a Brasil, mientras Dom Gérard hacía los arreglos con Roma.

Ecône 18 de agosto de 1988

Muy Estimado Dom Tomas de Aquino:

Como lamento que el Señor haya partido antes de los acontecimientos del Barroux. Habría sido más fácil considerar la situación provocada por la decisión desastrosa de Dom Gérard…

Dom Gérard en su declaración, expone lo que le es concedido y acepta ponerse bajo la obediencia de la Roma modernista, que permanece fundamentalmente anti tradicional, lo que motivo mi alejamiento.

El quería al mismo tiempo guardar la amistad y el apoyo de los tradicionalistas, lo que es inconcebible. El nos acusa de “resistencialismo”.

Yo bien le avise. Mas su decisión estaba ya tomada hacía mucho tiempo y el no quiso escuchar mas consejos. Las consecuencias ahora son inevitables. Ya no tendremos ninguna relación más con el Barroux y avisamos a todos nuestros fieles para que no ayudasen más, una obra que, de aquí en adelante, está en manos de nuestros enemigos, de los enemigos de Ntro. Señor y de su reino universal.

Las hermanas benedictinas están angustiadas. Ellas vinieron a verme. Yo les aconsejé lo que le aconsejo igualmente: guardar su libertad y recusar todo lazo con esta Roma modernista. Dom Gérard usa de todos los argumentos para paralizar la resistencia…

El suicido su obra…

Pido a Ntra. Sra. que lo ayude en la defensa de la honra de su divino Hijo.

Que Dios lo bendiga y bendiga a su monasterio.”

Mons. Lefebvre

En Portugués

Mons. M. LefebvreCarta de Mons. Lefebvre a Dom Tomás, Prior do Mosteiro de Santa Cruz, escrita quando este viajava para o Brasil, enquanto Dom Gérard fazia os acordos com Roma. + Ecône, 18 agosto de 1988 Muito Estimado Dom Tomás de Aquino: Como lamento que o senhor tenha partido antes dos acontecimentos do Barroux. Teria sido mais fácil considerar a situação causada pela decisão desastrosa de Dom Gerard…

Dom Gerard, em sua declaração, expõe o que lhe foi concedido e aceita colocar-se sob a obediência da Roma modernista, que permanece fundamentalmente antitradicional, o que motivou a minha saída.

Ele queria, ao mesmo tempo, guardar a amizade e o apoio dos tradicionalistas, o que é inconcebível. Ele nos acusa de “resistencialismo”. Eu o avisei bem. Mas sua decisão já estava tomada há muito tempo, e ele não quis ouvir mais conselhos. As consequências agora são inevitáveis. Nós não teremos mais qualquer relação com o Barroux, e avisamos a todos os nossos fiéis para que não ajudem mais uma obra que, a partir de agora, está nas mãos de nossos inimigos, os inimigos de Nosso Senhor e do seu reino universal.

As irmãs beneditinas estão angustiadas. Elas vieram me ver. Eu as aconselhei o que lhe aconselho também: manter sua liberdade e rejeitar todos os laços com esta Roma modernista. Dom Gérard usa de todos os argumentos para paralisar a resistência…

Ele suicidou sua obra…

Peço a Nossa Senhora que o ajude na defesa da honra de seu divino Filho.

Que Deus o abençoe e abençoe seu mosteiro.”

 

Mons. Lefebvre

CARTA DE MONS. CARMONA A UN ARZOBISPO POSTCONCILIAR DE BOLIVIA

16 de mayo de 2012
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de: El Integrista Mejicano

Santa Cruz da la Sierra, 24 de febrero de 1987
Monseñor
Luis Rodríguez Pardo
Arzobispo da la Nueva Iglesia Postconciliar.
Presente.-Señor arzobispo:

Leyendo sus desplegados en los diversos diarios del lugar, no he podido menos de sentir para con usted un profundísimo agradecimiento por haber públicamente declarado que mi nombre no está en la lista de todos los obispos del mundo, que cada año publica el anuario pontificio, ¡Gracias señor Rodríguez! Ahora ya todos saben que NO HE APOSTATADO como lo han hecho en masa todos los obispos con muy raras excepciones; ¡no, no! mi nombre no está en la lista DE LOS APOSTATAS, en la lista de esos obispos que sin vergüenza han claudicado, y que en al Vaticano II se portaron como COBARDES, no irguiéndose para defender el depósito de la Fe que les fue confiado, y aceptando cuantos cambios y novedades les proponían quienes interesados estaban en la ruina de la Iglesia.
 Habéis dicho una estupenda verdad: Mi nombre no está ni estará jamás en esa ignominiosa lista de obispos renegados, que ahora queman lo que antes adoraban, y adoran lo que antes quemaban.
 Tampoco en la lista de los auténticos y legítimos Obispos están los nombres de todos esos obispos desertores, entre los cuales está usted, y los fieles deben darse cuenta de esta verdad que es innegable: Usted YA NO ES OBISPO DE LA IGLESIA CATÓLICA, sino de la NUEVA Iglesia que es la Iglesia DE LA APOSTASÍA.
 Afirma que soy un Impostor. ¡Con qué facilidad para decirlo! .¿Pero impostor no es aquel que no siendo ya un Obispo católico ni predicando ya las verdades divinas, aparenta que lo es y que es divino lo que predica?.
 PUES ESE ES USTED SEÑOR RODRÍGUEZ, porque habiendo desertado de la Iglesia que Cristo Instituyó se pasó a las filas da la Iglesia Montiniana y sigue actuando COMO SI FUERA católico, y como si fueran verdades divinas predica SUS AMBIGÜEDADES.
 También afirma que no estoy en comunión con la Iglesia Católica. Pues debe saber usted y deben saberlo todos, que desde que por el bautismo ingresé en el reino de Dios, que es la Iglesia, por Cristo divinamente instituida, JAMAS ME HE SEPARADO DE ELLA; cuando de el Obispo recibí el sacramento del Orden Sacerdotal, y cuando aunque sin merecerlo, me consagraron Obispo, hice mi profesión de Fe y el JURAMENTO ANTIMODERNISTA que mandó se hiciera el Papa Santo Pío X, y en ningún momento la he quebrantado.
 Sigo, pues, en comunión CON LA VERDADERA IGLESIA, y quienes no están en comunión con ella son los desertores, los que por hacerse herejes, de Ella se apartaron por no perder su cargo; los que se hicieron una NUEVA Iglesia que yo detesto con toda mi alma; Verdad es que NO ESTOY con Juan Pablo II, como tampoco estuve con Juan XXIII, con Pablo VI y con Juan Pablo I, porque estos 4 ”papas”, emanados del MODERNISMO condenado por el mismo Papa Santo Pío X, NO HAN SIDO LEGÍTIMOS sucesores de Sen Pedro, aunque se presenten como talas; y no he estado con estos “papas”, porque el Papa Paulo Cuarto en su Bula ”Ex Apostolatus Officio”, dice que debemos evitar a los ilegítimos como si fueran hechiceros, paganos, publicanos, o heresiárcas.
 Que sepan todos que yo NO ESTOY EN COMUNIÓN con esa NUEVA Iglesia que en el Vaticano II, inspirado NO por el Espíritu Santo sino por si espíritu de Montini, dieron a luz los obispos “conciliares”.
 Esa Iglesia NO ES LA IGLESIA CATÓLICA, aunque sea aceptada por todo el pueblo, y aunque en ella esté la jerarquía, pues es precisamente esa jerarquía APOSTATA la que traicionando a Cristo y a su Iglesia, traiciona también A LOS FIELES conduciéndoles a la apostasía universal.
 Esa Iglesia NO ES LA IGLESIA DE CRISTO, sino la Iglesia DEL ANTICRISTO, y tampoco debe extrañarnos que sucedan estas cosas, puesto que desde hace cien años la Virgen de Lasalette anunció que Roma PERDERÁ LA FE y que EL ANTICRISTO ESTABLECERÁ SU SEDE EN ROMA.
 NO dije que no saben celebrar la Misa, sino que la “misa” que celebran NO ES LA MISA CATÓLICA, que es la renovación del Sacrificio de la Cruz y cuyas partes esenciales se remontan a los tiempos de los Apóstoles; la “misa” que celebran es una CENA PROTESTANTE y con ella están PROTESTANTIZANDO A LOS FIELES sin que se den cuenta de ellos la NUEVA “misa” fue el signo de que una NUEVA RELIGIÓN sustituía a la que Cristo instituyó.
 El mismo cardenal Bonelli reconoció el 13 de octubre de 1976, conversando con M. de Sebestrer, presidente de “Una Voce Internacional”, que todas las nuevas formas de celebrar van en la misma dirección, mientras que la antigua Misa representa otra eclesiología.
 Quienes ahora quieren salvar su alma deben REGRESAR a la Iglesia de siempre, a la Iglesia que NADIE puede cambiar, porque es INMUTABLE, ni NADIE puede destruir porque es DIVINA. Ahora que los herejes se han quedado con nuestros templos, no queda a los fieles otro recurso que orar en sus propios hogares, rezar el Santo Rosario, estudiar el Catecismo de antes y vivir piadosamente cumpliendo con fidelidad los Mandamientos de Dios.
Monseñor Moisés Carmona R.
OBISPO DE LA IGLESIA CATÓLICA

EXHIBEN EN LOS ÁNGELES RELIQUIAS DE SACERDOTES DE LA GUERRA CRISTERA

16 de mayo de 2012
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Las reliquias de sacerdotes asesinados en la Guerra Cristera del siglo pasado en México, serán exhibidas a partir de hoy en la catedral de Los Ángeles.

La exhibición, que estará abierta al público hasta el 24 de este mes en la catedral de Nuestra Señora de Los Ángeles, presenta la historia de los religiosos asesinados por la persecución religiosa en México en la década de 1920.

“Los mártires mexicanos nos ayudan a entender el valor de vivir nuestra fe y nuestra vida diaria”, expresó el arzobispo de la arquidiócesis de Los Ángeles, José Gómez.

“Fueron sacerdotes y gente que llamó a defender su fe y el derecho a practicarla. Es una bendición tener estas reliquias. Su sacrificio es un ejemplo de la importancia de la libertad religiosa”, resaltó.

La muestra ha aprovechado el estreno en cines de Estados Unidos a partir del 1 de junio de la película “Por una Gloria mayor”, estrenada en México bajo el título de “Cristeros”, protagonizada por Andy García, Eva Longoria y Eduardo Verástegui.

Los seis sacerdotes mártires que fallecieron en aquella guerra fueron canonizados por el Papa Juan Pablo II en 2000.

La visita de las reliquias, organizada por los Caballeros de Colón, ha incluido Houston, Chicago, Nueva York, Tucson y Phoenix, y proseguirá por Miami y San Antonio.

Los seis sacerdotes ejecutados son José María Robles Hurtado, Pedro de Jesús Maldonado Lucero, Miguel de la Mora de la Mora, Luis Batiz Sainz, Rodrigo Aguilar Alemán y Mateo Correa Magallanes.

“Por muchos años este periodo de la historia había sido olvidado en ambos lados de la frontera”, comentó Carl Anderson, líder de los Caballeros de Colón.

“Con el estreno de la película y el lanzamiento de un libro sobre esta lucha por la libertad religiosa en México empezará a contar esa verdad”, apuntó.

A MERCED DE LOS LEONES

15 de mayo de 2012

 

 

Después de dos años y medio de combates, los Cristeros afrontaron el duro trance de la rendición, y su comandante -a la muerte de Gorostieta-, Jesús Degollado Guízar, les dijo en su proclama de licenciamiento:

«Nuestra resistencia ha sido un hecho cuya magnitud no pueden comprender los que se gozan en deturparnos siempre… Aunque se han tenido que dar pruebas repetidas y constantes de bravura y tenaz perseverancia, que soportar por larguísimo tiempo acerbísimas penas, han sido nuestro sostén en la contienda, no sólo el valor y el desinterés que los combatientes nos hemos comunicado, sino de un modo especial, la cooperación que sin descanso y con una abnegación que no tiene límites, nos han prestado los habitantes de las comarcas en que hemos luchado, y en forma asombrosa, miles y miles de personas desde muchos puntos del país. Este esfuerzo, esta cooperación explican, en parte, el motivo de nuestra resistencia contra el enemigo provisto de toda clase de elementos y sostenido por el oro y el poder de la nación más rica de la tierra.

«Su Santidad el Papa por medio del Excelentísimo señor Delegado Apostólico, ha dispuesto, por razones que no conocemos pero que, como católicos aceptamos, que sin derogar las leyes, se reanudarán los cultos… En el acto, nuestra situación, compañeros ha cambiado… En realidad, el arreglo inicial concertado entre el Excelentísimo Señor Delegado Apostólico y el licenciado Portes Gil nos ha arrebatado lo más noble, lo más santo, que figuraba en nuestra bandera desde el momento en que la Iglesia ha declarado que, por de pronto, se resignaba con lo obtenido, y que esperaba llegar por otros medios a la conquista de las libertades que necesita y a las que tiene legítimo derecho. En consecuencia, la Guardia Nacional ha asumido toda la responsabilidad de la contienda, pero esa responsabilidad no le será imputable desde el 21 de junio próximo pasado: la actual situación no ha sido creada ni apetecida por ella.

«Como hombre, cábenos también otra satisfacción que jamás podrán arrebatarnos nuestros contrarios: la Guardia Nacional desaparece, no vencida por sus enemigos, sino en realidad, abandonada por aquellos que debían recibir, los primeros, el fruto valioso de sus sacrificios y abnegaciones…

«¡Ave Cristo, los que por Tí vamos a la humillación, el destierro, tal vez a una muerte ingloriosa, víctima de nuestros enemigos, con todo remordimiento, con el más fervoroso de nuestros amores te saludamos, y, una vez más, te aclamamos Rey de nuestra Patria!»

Y en efecto, los Cristeros, excelentes cristianos del siglo XX, quedaron a merced de los leones. El compromiso oficial de conceder pasaportes a los amnistiados fue violado por numerosos funcionarios sedientos de venganza. Después de rendir las armas, valientes jefes de la Guardia Nacional, e incluso tropa cristera, fueron asesinados en diversas partes del país. Durante meses duró este festín de sangre en ciudades, poblados, villas y rancherías eran buscados y muertos los que se habían distinguido en una acción de guerra.

Si no se les había podido abatir en el combate, era fácil liquidarlos ya rendidos.

 

LAS GRANDES HEREJÍAS

14 de mayo de 2012

LA FASE MODERNA

POR: HILAIRE BELLOC

 

Hilaire Belloc

 

Nos acercamos al mayor momento de todos.

La Fe no está ahora en la presencia de una herejía particular – como lo estuvo en el pasado ante la herejía arriana, la maniquea, la albigense o la mahometana – ni tampoco está en presencia de una especie de herejía generalizada como lo estuvo cuando tuvo que enfrentar a la revolución protestante hace trescientos o cuatrocientos años atrás. El enemigo al cual la Fe tiene que enfrentar ahora, y que podría ser llamado “El Ataque Moderno”, constituye un asalto integral a lo fundamental de la Fe – a la existencia misma de la Fe. Y el enemigo que ahora avanza sobre nosotros está cada vez más consciente de que no existe la posibilidad de ser neutrales. Las fuerzas que ahora se oponen a la Fe están diseñadas para destruir. De aquí en más la batalla se librará sobre una bien definida línea divisoria y lo que está en juego es la supervivencia o la destrucción de la Iglesia Católica. Y toda su filosofía; no una parte de ella.

Sabemos, por supuesto, que la Iglesia Católica no puede ser destruida. Pero lo que no sabemos es la medida del área en la cual habrá de sobrevivir. No conocemos su poder para revivir ni el poder del enemigo para empujarla más y más hacia atrás hasta sus últimas defensas, hasta que parezca que el Anticristo ha llegado y estemos a punto de decidir la cuestión final. De tal envergadura es la lucha ante la cual se halla el mundo.

A muchos que no sienten simpatía por el catolicismo, a quienes heredaron la antigua animosidad protestante contra la Iglesia (aún cuando el protestantismo doctrinario ya está muerto), y a quienes piensan que cualquier ataque contra la Iglesia tiene que ser de alguna manera una buena cosa, a todos ellos la lucha ya les parece como un ataque, actual o inminente, contra lo que ellos llaman el “cristianismo”.

Por todas partes es posible hallar personas diciendo que el movimiento bolchevique (por ejemplo) es “decididamente anticristiano” – “opuesto a toda forma de cristianismo” – y debe ser “resistido por todos los cristianos, sin importar la iglesia particular a la que cada uno pueda pertenecer”, y así sucesivamente.

El discurso y los escritos de esta clase son insubstanciales porque no significan nada definido. No existe una religión que se llame “religión cristiana”. Nunca existió una religión así.

Existe y siempre existió la Iglesia y varias herejías procedentes del rechazo de algunas de las doctrinas de la Iglesia por parte de personas que seguían queriendo retener el resto de sus enseñanzas y de su moral. Pero nunca hubo, nunca podrá haber y nunca habrá una religión cristiana general, profesada por todas las personas dispuestas a aceptar algunas importantes doctrinas centrales y poniéndose de acuerdo en disentir respecto de otras. Desde el principio siempre estuvo, y siempre estará, la Iglesia por un lado y, del otro, una variedad de herejías condenadas ya sea a decaer, o bien, como el mahometanismo, a crecer y convertirse en una religión aparte. Nunca hubo y nunca podrá haber una definición de una religión cristiana común porque algo así no existió jamás.

No hay una doctrina esencial de una característica tal que, habiéndonos puesto de acuerdo sobre ella, podamos diferir en cuanto al resto. Por ejemplo, no es posible aceptar la inmortalidad pero negar a la Trinidad. Una persona podría autodenominarse cristiana aún negando la unidad de la Iglesia Cristiana; podría autodenominarse cristiana aún negando la presencia de Jesucristo en el Sagrado Sacramento; podría autodenominarse alegremente cristiana aún negando la Encarnación.

No; la lucha es entre la Iglesia y la anti-Iglesia; entre la Iglesia de Dios y el anti-dios; entre la Iglesia de Cristo y el Anticristo.

La verdad se está volviendo cada día más obvia y dentro de unos pocos años será universalmente admitida. Al ataque moderno no le he puesto la denominación de “Anticristo”, aunque en mi fuero interno creo que ése sería el término adecuado. No le he puesto ese nombre porque, por el momento, parecería exagerado. Pero el nombre no importa. Sea que lo llamemos “Ataque Moderno” o “Anticristo”, es la misma cosa: hay una clara cuestión establecida entre el mantenimiento de la moral, la tradición y la autoridad católicas por un lado, y el esfuerzo activo orientado a destruirlas por el otro. El ataque moderno no nos tolerará. Tenemos que intentar destruirlo porque es el enemigo, totalmente equipado y apasionado, de la Verdad por la cual viven los seres humanos. El duelo es a muerte.

A veces las personas se refieren al ataque moderno llamándolo “un retorno al paganismo”. Esa definición es cierta si por paganismo entendemos una negación de la verdad católica: si por paganismo entendemos la negación de la Encarnación, de la inmortalidad, de la unidad y personalidad de Dios, de la responsabilidad directa del ser humano ante Dios y de todo ese cuerpo de pensamiento, sentimiento, doctrina y cultura que se resume en la palabra “católico”. Entonces, y en ese sentido, el ataque moderno es un regreso al paganismo.

Pero hay más de un paganismo. Hubo un paganismo del cual todos provenimos: el noble y civilizado paganismo de Grecia y de Roma. Existió el paganismo bárbaro de las salvajes tribus externas, los germanos, los eslavos y todos los demás. Está el paganismo degradado del África; el foráneo y desesperanzado paganismo del Asia. Ahora bien, desde el momento en que de todos estos paganismos fue posible atraer a personas hacia la Iglesia universal, cualquier nuevo paganismo que rechace a la Iglesia ciertamente sería bastante distinto de los paganismos para los cuales la Iglesia fue, o es, desconocida.

Una persona subiendo una montaña puede estar al mismo nivel que otro bajándola; pero ambos caminan por sendas diferentes y tienen destinos finales distintos. Nuestro mundo, al salir del antiguo paganismo de Grecia y de Roma para dirigirse hacia la consumación de la Cristiandad y de la civilización católica de la que todos derivamos, es la negación propiamente dicha del mismo mundo que abandona la luz de su religión ancestral y se desliza hacia atrás para llegar a la oscuridad.

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CARTA DE LECTORES: AL PAN, VINO Y AL VINO, PAN.

13 de mayo de 2012

PARA ADMINISTRADOR DE ECCE CHRISTIANUS: LARGO, PERO EXPLÍCITO E INTERESANTE DISCERNIMIENTO.

Monasterio Ntra. Sra. De Guadalupe

Compañía de Jesús y de María

Al Pan Vino y al Vino Pan

Sit autem sermo vester: Est, est; non, non; ut non sub juicio decidatis 

«Que vuestro hablar sea: Si, si; no, no; para que no caigáis bajo el juicio»

(Epístola del Ap. Santiago cap. 5, v. 12; San Mateo cap. 5, v. 37)

1. Introducción.

Empeñar la pluma es como abrir la boca, debe uno medir lo que dice y más lo que escribe porque ambas cosas comprometen al hombre delante de Dios ya que de las dos maneras, hablando o escribiendo, se puede decir verdad o error, se puede ejercer la caridad o faltar contra ella.

El día lunes de la octava de Pascua, en el rezo del Oficio Divino (el Breviario), al comienzo de la tercera lección de Maitines que la Santa Iglesia toma de las Homilías del Papa San Gregorio Magno se lee esta frase en la que el Santo Papa comenta el encuentro de los discípulos de Emaús con Nuestro Señor y al cual invitan a pasar a la posada, ya que atardecía y se sentía el cansancio del día y de la marcha: Sed quia extranei a caritate non poterant hi, cum quibus Veritas gradiebatur; «No podían ser ajenos a la caridad aquellos con quienes caminaba la Verdad». (San Gregorio, Hom. 23 in Evang. Maitines de Feria secunda, infra octava Paschae, lectio 3, in ppio.). La afirmación es tajante, es de un Santo y de uno de los más grandes Papas de la historia de la Iglesia: No puede faltar a la caridad quien afirma la Verdad.

Obligados por lo dicho trataremos de escribir acerca de la realidad que nos rodea y que de alguna manera nos atañe. Será necesario escribir de otros ya que la realidad humana siempre la conforman otros, a Dios de juzgar lo inocente o lo culpable de cada quien y, naturalmente, de dar el merecido premio o castigo; pero las cosas son como son y la Verdad es como es y de eso hablaremos en las líneas que siguen.

Queremos indicar qué sucede y qué es eso que sucede, qué tiene de malo y por qué, qué comportamiento exige de nosotros.

2. Un preámbulo necesario.

La realidad es como es. La misma historia, hecha de realidades, es como es y sucede como sucede o sucedió, independientemente de que yo la lea de alguien mentiroso o de alguien veraz.

Las cosas son como son, tienen su realidad y su ser propio que nosotros conocemos con nuestros sentidos. Si las cosas pudieran hablar gritarían lo que son para que los que las pudieran conocer y entender supieran de ellas. Por eso quizás dice el Génesis que Dios mostró a Adán todo lo creado para que le pusiera nombre, es decir, para que viendo conociera y entendiera, y entendiendo nombrara  a las cosas (Génesis 2, 20).

Hay allí todo un compendio de nuestra naturaleza cognoscitiva: Conocemos por los sentidos, formamos conceptos o ideas que son en nuestro interior la expresión misma de lo que percibimos y esto lo enunciamos en los términos o palabras. Decimos lo pensado y hemos pensado lo conocido que es lo que es. Breve, la idea corresponde a la realidad y las palabras expresan esas ideas de lo real.

Si Usted reflexiona un momento se dará cuenta sin dificultad que si las palabras se falsean ya no dicen lo que la inteligencia conoció de la realidad.

La palabra es esclava de la idea y ésta de la realidad.

Tergiversar las palabras, vaciarlas de contenido o cambiarlas es afirmar distinto de lo que se conoce y decir algo que no corresponde con la realidad.

Si lo decimos más difícil: La realidad tiene la verdad del ser, la inteligencia alcanza la verdad del conocer y la palabra enuncia la verdad del decir. Todo está en que lo que es, lo que se piensa y dice de eso, digan y sean la misma realidad.

Si no pienso la realidad como ella es me equivoco, pienso mal.

Si digo lo que me equivoco como verdadero, digo falso.

Si digo que esto pienso pero en realidad no digo lo que pienso, entonces miento.

Si se que digo falso, que digo mal, pero digo eso igual, miento más todavía.

3. Un ambiente general.

Si Adán naciera de nuevo estaría completamente mareado. ¿Por qué? Porque los hombres piensan cualquier cosa de la realidad y dicen de ella lo que quieren y no lo que es. Basten unos ejemplos de la sociedad contemporánea: La hombría o la femineidad ya no son una realidad biológica sino una opción; un niño que los papás que le engendraron no lo quieren no es la víctima de un asesinato inminente sino un embarazo no querido; si la mamá fue violentada, lo cual es soberanamente injusto, es preciso condenar a muerte al que quiere nacer sin culpa de su parte y sólo mandar a la cárcel por un rato al bruto apasionado.

¿Qué intentamos decir? No que la realidad está cambiada, la realidad es lo que es y no puede cambiarse con sólo cambiarle el nombre. Un aborto será siempre el asesinato de un inocente por más leyes humanas que lo llamen “embarazo no deseado”; Sodoma recibiría hoy de Dios el mismo castigo que recibió ayer; por eso dice San Pablo enumerando ciertos pecados que impiden la entrada al Cielo y entre los cuales nombra el de los homosexuales: «No poseerán el Reino de Dios» (I Carta a los Corintios cap. 6, vs. 9 y 10).

Los que están cambiados son los nombres, están vaciados de contenido, están forzando para tener otro concepto atrás de la palabra tratando de modificar la realidad. A esto en filosofía le llamaríamos “nominalismo”, es decir que el nombre que le damos a la cosa no representa ya a la cosa, lo que decimos ya no correspondería ni a la idea ni a la realidad.

Va de suyo que si yo le busco un nombre a esto en moral no le cuadran más que el de engaño o mentira. Vale el adagio popular “la mona aunque se vista de seda, mona queda”.

4. Lo mismo en el ámbito religioso y entre los mismos católicos tradicionalistas.

La Religiónno puede escapar a un ambiente apestado de irreligión a no ser que le oponga una doctrina esclarecida e inamovible y una virtud aún mayor. Baste el recuerdo de la conducta y doctrina admirables de San Atanasio, fidelísimo aún en medio de las persecuciones y destierros y hasta de las excomuniones de los otros obispos.

Este nominalismo religioso, por llamarle de alguna manera, se ha insinuado, se ha filtrado dentro dela Doctrina Católicahasta presentarse como doctrina oficial dela Iglesiavisible. Rodeados de ese ambiente de un catolicismo falseado, y al amparo de báculos y de mitras, los fieles aún católicos creen ver, a veces, religión donde sólo hay apostasía.

Pondremos un sólo ejemplo. Cuando murió Juan Pablo II, la misa de exequias fue dicha por el entonces Decano del Colegio Cardenalicio, en su momento, el Cardenal Joseph Ratzinger (hoy Benedicto XVI); al momento de dar la comunión, el primero que comulgó  fue un monje en silla de ruedas, era el Hermano Roger dela Comunidad Protestantede Taizé; el primero en comulgar fue un nó católico, un protestante bien conocido del Cardenal. En la moral católica de siempre esto se llama un “sacrilegio real” en materia gravísima, la más grave que puede darse. ¿Qué es para la iglesia nueva? ¿Es para algunos tradicionalistas algo gravísimo hecho por el Cardenal Ratzinger, o es algo que se olvida fácilmente para decir que él está a favor dela Tradición? ¿No están cambiadas las palabras? ¿No están vaciados los conceptos? ¿No es decir que es muy bueno el que hace muy mal?

El ambiente general del mundo y de la iglesia oficial es un ambiente relativista, los contornos están desdibujados, ya lo malo no parece tan malo ni lo bueno tan importante. Todos hablan de San Pío X, este Papa grandioso ¿Habría dado la comunión al monje protestante? San Pio V ¿Qué diría de la conducta del Cardenal? No diga usted que era otra época; sí era otra Fe la de esos hombres y sabían respetarla.

5. ¿Cómo se llega a este ambiente en que todo es relativo?

Por el derrumbe progresivo y constante de aquellas cosas que forman la estructura de la sociedad y de la religión.

Tres cosas son las que caen bajo la picota: Los conceptos, las personas, las instituciones. Los conceptos se diluyen como ya dijimos, variando el contenido y dejando que los maestritos de la nueva fe digan lo que quieran, así la gente poco a poco va pensando completamente distinto. Las personas y las instituciones se diluyen y caen a pedazos gracias a los escándalos de ambas. El sacerdote, el religioso, eran antes hombres virtuosos que aún en medio de la inmoralidad generalizada brillaban como faros en un puerto seguro y allí podían confiarse niños y jóvenes para su formación. ¿Qué queda en pié después de los últimos escándalos conocidos? Pensará Usted que no todos son así, claro que no, pero queda la duda o cabe la posibilidad. Los escándalos personales repetidos y multiplicados van minando las instituciones y creando o la desconfianza hacia ellas o la falsa necesidad de cambiarlas. No es el celibato lo que debe suprimirse sino lo que debe vivirse y para eso tener y usar los medios que siempre usó la Iglesia y evitar los riesgos, los peligros, las ocasiones en las que cualquier virtud se vería puesta a prueba.

Poco a poco va pasando y se va sintiendo en las sociedades lo que al final de las grandes guerras e invasiones, nada parece grave o no tanto.

Recuerda esto aquellas palabras horrorosas, citadas por Cretineau Joly en “La Iglesia faz a la Revolución”, del famoso Carbonario de las Altas Ventas, Nubius, en carta a Víndice del 9 de agosto de 1838: Popularicemos el vicio en las multitudes. Que éstas lo respiren por los cinco sentidos, que lo beban, que de él se saturen… Haced corazones viciosos y dejará de haber católicos… El mejor puñal para herir a la Iglesia es la corrupción”.

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ALEMANIA PIDE GARANTÍAS SOBRE LA FRATERNIDAD DE SAN PÍO X

13 de mayo de 2012

El vicepresidente del Bundestag (Parlamento Alemán) ha visitado la Santa Sede para transmitir las preocupaciones del gobierno alemán sobre las negociaciones entre el Vaticano y la Sociedad de San Pío X .

Las ansiedades alemanas giran en torno al hecho de que la Fraternidad San Pío X se niega a aceptar Nostra Aetate , del Vaticano II el documento del Concilio que rechazó todas las formas de antisemitismo y preparó el terreno para una nueva relación entre la Iglesia y el judaísmo e Israel.

Wolfgang Thierse, un católico comprometido (?), se reunió con el cardenal Kurt Koch, Presidente del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos.

El cardenal Koch le dijo que la Fraternidad San Pío X tiene que aceptar la autoridad del Magisterio de la Iglesia y deben reconocer el Concilio Vaticano II.

Fuente

SERMÓN XXVI PARA LA DOMINICA QUINTA DESPUÉS DE PASCUA

13 de mayo de 2012

CONDICIONES DE LA ORACIÓN

POR: SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

Petite et accipietis

«Pedid y recibiréis»

(Joann, XVI, 24)

En otra platica demostraré la necesidad que tenemos de orar, y que ella es un medio eficacísimo para obtener todas las gracias que puedan ayudarnos a conseguir la salvación eterna. San Cipriano escribe, que la oración es omnipotente, y siendo una, todo lo alcanza. Dijo antes el Eclesiático: ¿Quién invocó al Señor que haya sido despreciado? (Eccl. II, 12). Esto no puede suceder; porque el Señor prometió oír a quien le invoca, cuando dijo Pedid, y recibiréis. No se olvide, empero, que para ser oídos es necesario que le pidamos como se le debe pedir. Muchos piden; con todo, algunos no reciben, porque no piden como deben pedir. Para obtener lo que deseamos debemos pedir:

  • CON HUMILDAD
  • CON CONFIANZA
  • CON PERSEVERANCIA

PUNTO 1

SE DEBE PEDIR CON HUMILDAD

1. Santiago dice, que «Dios no escucha las súplicas de los soberbios». (Jac. IV, 6). Dios no puede sufrir a los soberbios, y por tanto, se resiste a escuchar sus súplicas y no las oye. Tengan presente estos aquellos hombres soberbios, que confían en sus propias fuerzas y se creen mejores que los demás; y sepan que sus oraciones no serán escuchadas del Señor.

2. Al contrario; el Señor oye las súplicas de los humildes. La oración del humilde traspasará las nubes, y no reposará hasta acercarse al Altísimo. Y David escribió que «Dios atiende la oración de los humildes» (Psal. CI, 18). La oración de aquel que se humilla, sube al Cielo, y no vuelve sin que Dios la oiga y la atienda. Cuándo nos humillamos, Dios mismo viene a abrazarnos espontáneamente; pero si nos ensorbecemos y engreímos de nuestra sabiduría y de nuestras acciones, Dios nos abandona a nosotros mismos y se aparta de nosotros.

3. Dios no sabe despreciar, ni aún a los pecadores que han sido los más disolutos, cuando se arrepienten de corazón de sus pecados, y se humillan en su presencia, confesando que son indignos de sus gracias: Cor contritum et humiliatum. Desu, non despicies. (Psal. L, 19). Pasemos a tratar el segundo punto, sobre el cual tenemos mucho que decir.

PUNTO 2

SE DEBE PEDIR CON CONFIANZA

4. El Eclesiástico (II, 11) dice: «Ninguno que confió en el Señor, quedó burlado». ¡Oh, como alientan a los pecadores éstas palabras! Por muchas iniquidades que haya cometido, jamás ha habido uno que haya puesto su confianza en Dios que el Señor le haya abandonado. El que le ruega con confianza obtiene todo cuanto le pide. Cuando las gracias que pedimos son espirituales y útiles al alma, estemos seguros de que las alcanzaremos. Por esto es Señor nos enseñó, que cuando le pidamos alguna gracia, le llamemos con el nombre de Padre; Pater Noster: para que recurramos a Él con aquella confianza con que suele recurrir un hijo a un padre que le ama.

5. Si atendemos, pues, a la promesa que os ha hecho Jesucristo de escuchar a quien le ruega, ¿quién puede recelar, dice san Agustín, que falte a su promesa la misma verdad? ¿Es por ventura Dios, dice la Escritura, semejante a los hombres, que prometen y no cumplen, o porque mienten al prometer, o porque mudan de parecer después de haber prometido? Nuestro Dios no puede mentir, porque es la misma verdad; no puede mudarse, porque es la justicia, la rectitud, y sabe las consecuencias de cuanto dispone. ¿Cómo pues, ha de dejar de cumplir lo que nos prometió?

6. Por lo mismo que desea nuestro bien, nos exhorta y excita a que le pidamos las gracias que necesitamos. Por eso nos dice por san Mateo: «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y os abrirán». Y ¿cómo nos había de exhortar a que le pidamos gracias, dice san Agustín, si no tuviese la voluntad de dárnoslas? Y debemos estar tanto más confiados en que nos dará lo que le pedimos, en cuanto Él mismo se obligó a oír nuestras súplicas.

7. Pero dirá alguno: Yo tengo poca confianza en Dios porque soy pecador: le he sido muy ingrato, y conozco que no merezco ser oído. Santo Tomás le contesta diciendo: «Nuestras súplicas no se apoyan en nuestros méritos, sino en la divina misericordia». Siempre que le pedimos cosas útiles a nuestra eterna salvación y le suplicamos con confianza, Dios nos escucha. He dicho «cosas útiles a nuestra salvación», porque si fueren cosas nocivas a nuestras almas, el Señor no nos oye ni puede oírnos. Por ejemplo, si alguno quisiese vengar una injuria, o llevar una ofensa a Dios , y le pidiese auxilio con éste fin, seguramente el Señor no le oiría, porque en tal caso, dice san Juan Crisóstomo, es una ofensa a Dios la misma súplica; y nunca debemos pedir a Dios cosas malas e injustas.

8. Del mismo modo, si imploráis el auxilio divino y queréis que el Señor os ayude, es preciso que vosotros no pongáis ningún impedimento que os haga indignos de ser oídos. Por ejemplo, si pidiereis a Dios que os dé fuerzas para no reincidir en el pecado, y no quisieseis evitar las ocasiones de pecar, ni absteneros de frecuentar tal casa, ni alejaros de tal objeto, o de tal mala compañía, Dios no os escuchará; porque ponéis un impedimento para que oiga vuestra plegaria. Si después pecáis, no debéis quejaros de Dios, diciendo: He pedido al Señor que me diera fuerzas para no recaer en el pecado, más no me ha oído. Porque esto sería desconocer que vosotros pusisteis impedimento, no quitando la ocasión, inutilizando de este modo vuestra súplica, y haciendo que Dios no la oyera.

9. Es preciso advertir, que la promesa que hizo Jesucristo de oír al que le suplica, no se entiende respecto a las gracias temporales que le pedimos, como ganar un pleito, tener buena cosecha, librarnos de alguna enfermedad o persecución; porque, aunque Dios concede también estas gracias cuando se las pedimos, solamente las concede cuando son útiles a nuestra salud espiritual, pues de otro modo nos las niega porque nos ama, sabiendo que tales gracias serían desgracias para nosotros y dañaría nuestra alma. Dice san Agustín (tomo III, cap. 212), que «lo que es útil al enfermo lo conoce mejor el médico que el enfermo mismo». Añade que Dios niega a algunos por misericordia, lo que concede a otros por castigo. Por esto san Juan Damasceno dice que: «Cuando no conseguimos las gracias que pedimos, debemos alegrarnos, porque es mejor para nosotros que tales gracias nos sean negadas, que concedidas». Sucede, en efecto, que muchas veces pedimos el veneno que nos ha de matar. ¡Cuántos, por ejemplo, se hubiesen salvados, si hubieran muerto durante el estado de aquella enfermedad o pobreza que sufrían! Pero que recobraron la salud, o porque consiguieron grandes honores y dignidades, se aumentó su soberbia, se olvidaron de Dios, y se condenaron. Por este motivo nos exhorta san Juan Crisóstomo, a dejar a la voluntad de Dios que nos conceda lo que pedimos, si es que nos conviene. Debemos por tanto pedir a Dios las gracias temporales, siempre con la condicion de que sean útiles a nuestra alma.

10. Al contrario, las gracias espirituales, como son el perdón de los pecados, la perseverancia en la virtud, el amor de Dios, debemos pedirlas absolutamente y sin condición, con firme esperanza de obtenerlas. Dice Jesucristo por san Lucas (XI; 13): que si los hombres, siendo malos, como con, saben a sus hijor dar cosas buenas que no le sean perjudiciales, mucho mejor sabrá el Padre celestial dar la virtud, el arrepentimiento de las culpas, el divino amor, la conformidad con la divina voluntad a los que piden estas cosas. Y «¿cómo podrá Dios, -dice san Bernardo-, negar a los que le piden las gracias convenientes a su salvación, cuando Él mismo nos exhorta a todos a que le pidamos?» (S. Bern. serm. 2, de S. Andr.)

11. Cuando al Señor se le pide, no atiende a si es justo o pecador el que le ruega; porque Él mismo dijo generalmente respecto de todos: Omnis enim, qui petit, accepit (Luc. XI, 10). El autor de la Obra imperfecta interpreta estas palabras y dice: «Quiere decir todo todo hombre, sea justo o pecador»  (Hom. 18) Y Jesucristo, para animarnos a pedir con gran confianza estas gracias espirituales nos dijo: «En verdad os digo, que mi Padre os concederá cuanto le pediréis en mi nombre» (Joann. XXIII, 23) Como si dijera: Pecadores si vosotros no merecéis obtener las gracias, yo tengo grandes méritoa ante mi Padre; pedid en mi nombre, es decir, por mis méritos, y os prometo que obtendréis cuanto pidiereis.

PUNTO 3

SE DEBE PEDIR CON PERSEVERANCIA

12. Sobre todo, debemos pedir con gran perseverancia hasta la muerte, sin cansarnos jamás de hacerlo. Esto nos dan a entender aquellos textos de la santa Escritura: «Conviene orar perseverantemente» (Luc. XVIII, 1) «Velad pues, orando todo el tiempo» (Luc. XXI, 36) «Orad sin intromisión» (I. Thess. V. 17) Por esta razón el Eclesiástico nos amonesta, diciendo: «Nada te detenga de orar siempre que puedas» (Eccl. XVIII, 22); porque dejando de orar nos privaremos de los auxilios divinos, y quedaremos vencidos en las tentaciones. La perseverancia en la gracia de Dios es un don absolutamente gratuito, que no podemos merecer nosotros, como lo declaró el Concilio de Trento (sess. 6, cap); pero san Agustín dice que este don puede merecerse suplicando o por medio de la oración. Y por esto dice el cardenal Belarmino, que la gracia de la perseverancia debe pedirse cada día, para obtenerla todos los días. De otro modo, caeremos en el pecado el día que dejemos pedirla al Señor.

13. Si queremos, pues, perseverar y salvarnos, porque sin la perseverancia ninguno se salva, debemos pedir continuamente. Nuestra perseverancia hasta la muerte, no depende solamente de un auxilio, sino de muchos, los cuales esperamos alcanzar de Dios durante toda nuestra vida, para conservarnos en su santa gracia. Pues a esta cadena de los auxilios divinos, debe corresponder la cadena de nuestras súplicas, sin la cual el Señor suele dispensar las gracias. Y si nosotros interrumpimos las cadenas de nuestras súplicas, y dejamos de pedir, el Señor interrumpirá también la cadena de los auxilios, y perderemos la perseverancia.  Dice san Lucas (XI, 5, 8): «Si alguno de vosotros tuviese un amigo, y fuese a encontrarle a media noche, y a decirle: Amigo, préstame tres panes, porque otro amigo amigo mío acaba de llegar de viaje a mi casa, y no tengo nada que darle, aunque aquél, desde adentro, le respondiese: «No me molestes, la puerta está ya cerrada, y mis criados están como yo acostados: no puedo levantarme a dártelos». Si el otro porfiase en llamar y más llamar, yo os aseguro que cuando no se levantase a dárselos por razón de su amistad, a lo menos por librarse de su impertinencia, se levantaría al fin, y le daría cuantos hubiese menester. Pues si le dais al amigo tres panes para que no os inoportune, ¿cuánto mejor, dice san Agustín, nos dará Dios lo que le pedimos con instancia, cuando nos exhorta a que le pidamos, y se disgusta si no le pedimos.

14. Los hombres se incomodan cuando se les importuna, pidiéndoles alguna cosa; más Dios nos exhorta a que le pidamos repetidamente; y no se incomoda, antes se complace ver  que le pedimos incesantemente. Escribe Cornelio a Lápide (in Luc. 11): que el Señor quiere que perseveremos, pidiéndole  hasta ser inoportunos. Y antes que él, dijo san Jerónimo: que esta importunidad con Dios es oportuna, porque Él mismo nos dijo por san Lucas: «Pedid y se os dará…

15. Luego, si queremos que Dios nos conceda la perseverancia, debemos pedírsela hasta serle importunos al levantarnos por la mañana, cuando oramos, cuando oímos misa, cuando visitamos al santísimo Sacramento, cuando nos acostamos, y, especialmente, cuando nos induce el demonio a cometer algún pecado; de manera que debemos estar con la boca abierta, suplicándole y pidiéndole: Señor, ayudadme, asistidme, alumbradme, dadme fuerza, no me abandonéis. Y esta inoportunidad con que le suplicamos, no le incomoda como dice Tertuliano: Hæc vis grata Deo, antes bien le es muy agradable, y le mueve a concedernos cuanto le suplicamos. y por lo mismo que se complace mucho de ver honrada a su divina Madre, quiere también, como dice san Bernardo, que recibamos por intercesión de Ella todas las gracias que nos dispensa. Acerca de esta poderosa intercesión añade el mismo santo: «Pidámosle la gracia por medio de María; porque es su Madre, y no puede negarle alguna cosa». (S. Bern. de Aquœd) ¡Ea, pues, amados oyentes míos! Si queréis que Dios os conceda la perseverancia en la virtud, y la gracia divina que necesitáis para salvaros, pedidla con confianza a Dios incesantemente, cuando os levantéis, cuando coméis, cuando os acostéis, de noche, de día, y, especialmente, cuando os veáis tentados por el enemigo de vuestras almas: y poned por mediadora a la Virgen María, su purísima Madre, que es consuelo de los pecadores, el auxilio de los afligidos y la fuente de toda gracia.

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